“Yo era una niña, pero ya madre”
El programa Jakairá acompaña en la crianza a quienes han parido siendo adolescentes. Un acompañamiento integral para garantizar derechos, retomar la escolaridad y acceder a métodos anticonceptivos.
Está frente a un pizarrón. Escribe cuatro palabras: “Estoy orgullosa de mí”. Tiene 19 años recién cumplidos y su hijo, 5. Tuvo un embarazo forzado a los 13 como consecuencia de un abuso sexual y hoy vive en un hogar convivencial para adolescentes con hijos. La llamaremos Nicki, para preservar su identidad.
Terminó el secundario, hace una pasantía como promotora en el mismo espacio que la acompañó durante los primeros momentos de su maternidad y sueña con seguir estudiando para ser docente de nivel inicial. La frase que escribió con tiza podría leerse como el resultado de una enorme voluntad personal, pero su historia da cuenta de algo mucho más complejo: de un Estado que llegó tarde para garantizar la protección de sus derechos y, a la vez, de cuánto puede cambiar una trayectoria cuando hay instituciones y personas que sí intervienen.
Desamparo
Según el Observatorio de Salud de la Universidad ISALUD, la fecundidad adolescente en Argentina cayó un 71% entre 2014 y 2024, una tendencia descendente que convive con profundas desigualdades territoriales: en 2024, la tasa de algunas provincias del nordeste, a pesar de registrar una baja, fue hasta 550% más alta que la de la Ciudad de Buenos Aires.
Mientras crecen, crían es un intento de ver detrás de esos números. Se trata de una investigación federal cualitativa de Fundación Kaleidos y Red MAPA con 32 adolescentes madres y padres de 13 provincias. En esas experiencias predominaron los embarazos no intencionales y barreras de acceso a información, anticoncepción y servicios de salud. Después, las posibilidades de seguir estudiando, trabajar, cuidar la propia salud y sostener un proyecto de vida quedan atravesadas por la existencia o no de una red que acompañe.
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SumateNicki creció en una casa marcada por situaciones de violencia y hoy relata con tristeza los abusos que vivió. Durante mucho tiempo no pudo pedir ayuda ni hablar, por miedo a la persona que la tenía amenazada. Cuando habla de aquellos años, aparecen una y otra vez el miedo y la soledad.
Ni siquiera sabía que estaba embarazada. Se enteró al séptimo mes de gestación. Estaba anémica y tampoco comprendía del todo qué significaba lo que le estaba pasando. “Yo no sabía qué eran contracciones, qué era un parto o llevar un embarazo”, recuerda.
Después del nacimiento del bebé, las violencias y privaciones dentro del hogar continuaron. Nicki cuenta que su progenitora cobraba la asignación que correspondía a ella y a su hijo, pero no le daba dinero para cargar la tarjeta SUBE ni para comprar comida. “O sea, me cagaba de hambre”, resume con crudeza.

En los meses siguientes, distintas instituciones empezaron a conformar una red que le permitiría imaginar otra vida: su escuela, el centro de salud y, en especial, el espacio Jakairá del barrio porteño de Chacarita, un proyecto de Fundación Kaleidos que desde 2003 acompaña a adolescentes que son madres y padres, y a sus hijos e hijas, y por el que ya pasaron cerca de 2.000 jóvenes.
Acompañar
Nacido en la Ciudad de Buenos Aires, en 2007 Jakairá comenzó también a trabajar en Traslasierra, Córdoba. El proyecto, que cuenta con el apoyo de la fundación suiza Children Action, tiene como particularidad que no pone el foco exclusivamente en la maternidad ni en la primera infancia, sino que brinda apoyo y contención en las dos etapas al mismo tiempo.
Alejandra Scialabba, directora ejecutiva de Kaleidos, destaca que esta experiencia de más de veinte años puede resumirse en una sola palabra, tan sencilla como fundamental: acompañar.
El programa trabaja sobre cuatro ejes: acceso a la salud –incluida la salud sexual y reproductiva–, situaciones de violencia, proyecto personal y desarrollo infantil temprano. Hay seguimiento personalizado, espacios grupales entre pares, apoyo educativo y articulación con otras instituciones.
En el espacio del barrio porteño de Chacarita funciona además un jardín maternal gratuito y de jornada completa. Scialabba subraya que la propuesta educativa está pensada para fortalecer el desarrollo y los vínculos. A la vez, cumple una función decisiva para sus madres y padres, al permitirles continuar la escuela o trabajar mientras sus hijos están cuidados por personas de confianza.
El modelo comienza por hablar de adolescentes madres antes que de madres adolescentes. “Siempre decimos que la adolescencia va primero, porque justamente lo que hay que acompañar es ese período, esas cosas que no tienen que dejar de hacer por el hecho de ser madres”, explica Scialabba.
Nicki lo dice desde su propia experiencia: “Yo era como una niña, pero siendo ya madre”. Cuando su bebé tenía cinco meses, empezó a llevarlo a Jakairá. Desde allí se iba al colegio y después volvía a buscarlo. También participaba de talleres de crianza y de espacios junto a otras adolescentes madres.
Pero el acompañamiento fue mucho más decisivo que resolver quién cuidaba a su hijo mientras ella estudiaba. Un día, después de una nueva situación de violencia con su progenitora, Nicki contó que tenía miedo de regresar a su casa. Una de las coordinadoras articuló con la defensoría que ya intervenía y, en noviembre de 2021, ella y su hijo ingresaron a un hogar convivencial para madres adolescentes.

Pero no alcanzaba con conseguir un lugar seguro donde vivir. Nicki tenía que construir un vínculo con un bebé nacido de una violencia que ella nunca había elegido. Habla de aquellos primeros meses sin acomodar su relato a lo que suele esperarse de una madre. Primero hubo rechazo. “Me costó una banda –se sincera–. No lo podía ver a la cara, porque yo sabía que era fruto de lo peor. Verlo era feo y fue complicado”. Necesitó terapia, acompañamiento especializado y tiempo.
Por su edad y por las circunstancias del embarazo, también apareció la posibilidad de que fuera dado en adopción al nacer. Pero no sucedió. Hoy, cuando habla de él, se emociona: “Algo quiso que se quede conmigo, como que esa luz y ese corazón que tiene… es un niño hermoso”.
Entre aquella imposibilidad de mirarlo y estas palabras hubo muchas personas: profesionales de salud mental, educadores, trabajadoras sociales, organismos de protección y otras jóvenes. Esa trama es justamente lo que el programa busca construir.
Impacto
Los resultados que releva Kaleidos muestran cómo el acompañamiento puede incidir en las trayectorias: el 85% de las adolescentes que pasaron por sus espacios retomó o sostiene la escolaridad, el 80% está empleada y el 92% usa métodos anticonceptivos.
Con Nicki, esas cifras adquieren nombre propio, incluso en el trabajo que hace promocionando Jakairá con otras jóvenes. Pero el desafío de la fundación era llegar también a adolescentes de otros territorios.
Así, en 2022, nació Red MAPA. Geraldine Kahan, su coordinadora, explica que el objetivo fue transferir la metodología de trabajo de Jakairá a otras organizaciones. Con esa experiencia como punto de partida, cada una diseña una respuesta posible según las características de su comunidad, y recibe formación y respaldo técnico al inicio de la implementación. Hoy, la red está presente en 17 provincias y reúne a más de 30 organizaciones de la sociedad civil y algunos municipios.

Para Kahan, la necesidad aparece justamente en un momento que muchas políticas dejan fuera de foco: “Hay pocos dispositivos y programas que estén pensando en las adolescentes cuando ya tienen a sus bebés en brazos”.
Una de esas experiencias funciona en Río Grande, Tierra del Fuego, donde el proyecto Caminando Juntos, coordinado por el espacio municipal Casa de María, acompaña a adolescentes embarazadas y jóvenes madres. Allí asiste Naila, que tiene 21 años y quedó embarazada a los 19, cuando cursaba sexto año en una escuela técnica.
Ella tenía otros planes: terminar el secundario e irse al norte del país a estudiar. Su embarazo llegó inesperadamente cuando además atravesaba un momento personal difícil. Tenía novio, pero no convivían. Tampoco lo hacen ahora: ambos viven en las casas de sus padres, en el mismo barrio, y el padre de su bebé participa del cuidado.
Naila se enteró en la escuela. Se venía sintiendo mal y buscó a una preceptora con quien tenía confianza. “Cuando vi que salió positivo, me puse a llorar”, recuerda. Más allá de todo, su decisión fue seguir adelante con el embarazo.
Lo primero que sintió fue miedo de contárselo a su mamá, porque la relación no era buena. La escuela llamó a una psicóloga y después a su madre. Durante las primeras semanas del embarazo, cuenta Naila, su mamá estaba enojada y no le hablaba. Con el tiempo, el vínculo mejoró y hoy es parte de la red que la ayuda con su hijo.
La escuela también se volvió una preocupación. No terminó en la técnica en la que cursaba y actualmente completa el secundario en un CENS nocturno. Durante el embarazo, además, se fue quedando sola. Sus amigos habían empezado la facultad, vivían lejos y ella casi no salía de su casa.
Entonces, en Instagram, encontró a Casa de María, un ámbito que ofrecía actividades para embarazadas, lactancia y posparto, y donde la invitaron a sumarse al grupo específico para adolescentes. “Me ayudó bastante, porque yo en ese momento no salía de mi casa”, relata.
Romina Sánchez, licenciada en obstetricia y coordinadora del espacio, explica que trabajan salud, lactancia, crianza y desarrollo infantil, pero también los proyectos de vida. “Siempre tratamos de llevar a las charlas la pregunta sobre cómo ellas se imaginaban antes, qué querían hacer y cómo pueden seguir construyendo ese proyecto siendo mamás”, describe.
Casa de María todavía no tiene un dispositivo propio de cuidado infantil. Para Romina, contar con uno permitiría que las chicas pudiesen estudiar, capacitarse o trabajar sin depender de forma exclusiva de la red familiar.
Para Naila, los encuentros con pares son una de las cosas más importantes. “Es muy bueno estar acompañada –describe–. Yo perdí contacto con un montón de gente y la verdad que no sé qué sería de mí, porque ahí conocí a las chicas y formamos un grupo”. Esa ruptura de vínculos aparece también en otras experiencias relevadas por Mientras crecen, crían: la maternidad y la paternidad en la adolescencia suelen reconfigurar las amistades, ya sea por diferencias en las etapas vitales y las prioridades o por el distanciamiento asociado a prejuicios y estigmas.

Scialabba lo resume así: “Esta sensación de estar 24 horas, siete días a la semana sola con un niño es un montón. Entonces, se trata de poder conversar con alguien, sentirse acompañada e intercambiar qué hiciste vos, cómo lo hiciste”.
Naila volvió también a preguntarse qué quiere hacer después del secundario. Su idea era estudiar Criminalística, pero en Río Grande la opción que encontró era a distancia y ella siente que necesita presencialidad. Ahora, revisa otras carreras y busca una que sea gratuita, porque no sabe si podrá sostener una cuota. En el relevamiento federal, las expectativas de autonomía, vivienda, trabajo y educación aparecen ligadas al deseo de ofrecerles a hijos e hijas un “futuro mejor”.
Escuchar
La experiencia de Naila muestra, a escala local, algo que la socióloga Silvina Ramos, investigadora titular del CEDES y excoordinadora técnica del Plan Nacional de Prevención del Embarazo no Intencional en la Adolescencia (ENIA), considera central para cualquier política destinada a adolescentes: no alcanza con esperar que lleguen a las instituciones.
“La política pública –plantea– tiene que comprender la situación de los chicos y las chicas, e ir a buscarlos donde ellos están”. También sostiene que deben registrar sus experiencias. “Cuando uno diseña políticas públicas siempre tiene que escuchar las voces de quienes serán beneficiarios o beneficiarias”, explica Ramos.
Ese fue uno de los objetivos de la investigación de Red MAPA, identificar, a partir de las voces de adolescentes madres y padres, qué facilita y qué obstaculiza el ejercicio de sus derechos.
Las historias son diferentes, pero hay patrones. Entre quienes atravesaron embarazos no intencionales se registró falta de información sobre anticoncepción, falta de turnos o insumos y otras barreras de acceso a la salud. Kahan señala que esas dificultades aumentan cuanto más lejos se está de los centros urbanos y que algunas jóvenes llegan al sistema de salud por primera vez cuando ya están embarazadas.
También se detallan casos de maltrato durante el parto, infantilización en las consultas y una práctica especialmente preocupante: “En general, la consejería sobre interrupción del embarazo es la excepción y no la norma”, afirma Kahan. Aunque los equipos de salud deben brindar información sobre el derecho a una IVE o ILE, según corresponda, solo en un tercio de las experiencias relevadas se ofrecieron opciones. Naila fue una de ellas: “Me explicaron todas las posibilidades y que tenía una semana para decidir, pero quise seguir adelante”. Además, reconoce que antes de su embarazo no se sentía completamente informada. En la escuela, recuerda una única charla centrada en infecciones de transmisión sexual.
Después del embarazo aparecen otros obstáculos: sostener la escuela, conseguir quién cuide al bebé, acceder a un trabajo o atender la propia salud, en trayectorias atravesadas muchas veces por la feminización de los cuidados y la informalidad laboral, por lo que las asignaciones sociales aparecen como un sostén fundamental. “Si no hay apoyo, no es posible tener un proyecto”, sintetiza Kahan. Por eso, plantea la necesidad de sistemas educativos más flexibles para adolescentes madres y padres. La investigación destaca, además, el papel que dentro de las escuelas cumplen directoras, docentes, preceptoras y compañeras de curso para evitar que esas trayectorias se interrumpan.
Prevenir
Silvina Ramos recuerda que cuando comenzó el Plan ENIA, en 2017/2018, siete de cada diez nacidos vivos de adolescentes menores de 20 años correspondían a embarazos que no habían sido buscados ni se habían querido continuar.
El plan buscó intervenir sobre esas causas de manera integral: fortalecimiento de la Educación Sexual Integral, con asesorías de salud en escuelas y comunidades, acceso a servicios y métodos anticonceptivos, y articulación con organismos de protección frente a situaciones de violencia.
“La articulación entre ESI y asesorías en las escuelas, servicios de salud y acceso a métodos anticonceptivos fue la clave del Plan ENIA, que fue una intervención realmente integral”, explica Ramos. En los territorios donde se implementó, la fecundidad adolescente se redujo a la mitad en cinco años.
Pero Ramos destaca otro resultado menos visible: permitió reducir desigualdades entre provincias al acelerar el descenso precisamente en lugares donde la fecundidad adolescente venía disminuyendo de manera más lenta. Y mostró, además, que una política con metas, monitoreo y articulación estatal podía sostenerse incluso a través de gobiernos de distinto signo político.
Sin embargo, esta política fue desarticulada desde que Javier Milei asumió la presidencia, en un contexto de retrocesos de las políticas de derechos sexuales y reproductivos. Para 2026, el Plan ENIA contó con menos del 3% de los recursos que tenía en 2023. El recorte alcanzó también a la ESI, una ley que cumplió 20 años y que además permite detectar situaciones de violencia y favorecer intervenciones tempranas.
Para Ramos, experiencias como Jakairá y Red MAPA son muy valiosas por su cercanía y su capacidad de acompañar de manera personalizada, pero no pueden reemplazar a las políticas públicas. “El Estado es el que puede y debe implementar políticas que a gran escala tengan, justamente, impactos a gran escala”, concluye.
En el mismo sentido, para Kahan el desafío es que se conviertan en una política pública integral, intersectorial y sostenida en el tiempo, que garantice educación, cuidados y acceso a la salud sexual y reproductiva. Porque, advierte, muchas veces cuando se ve “a una mamá con un bebé” se da por sentado que ya es una adulta responsable. “Y la verdad es que no –asegura–, sigue necesitando y teniendo los mismos derechos que otras niñas y adolescentes”.
Esta nota pertenece a Punto de Encuentro — un especial de Amnistía Internacional Argentina junto a CENITAL. Podés leer todos los artículos acá.