Tu librería amiga puede desaparecer
De concretarse lo que busca el Gobierno, las pequeñas y medianas librerías de todo el país verían seriamente comprometida su continuidad y se perderían miles de puestos de trabajo.
Hace unos días, en plena efervescencia mundialista, libreros y libreras, editores y distribuidoras recibimos el borrador de un proyecto de ley fechado el 6 de julio de 2026 que encendió nuestras alarmas: el Gobierno nacional busca derogar la Ley 25.542, de Protección a la Actividad Librera. De concretarse, las pequeñas y medianas librerías de todo el país verían seriamente comprometida su continuidad y, con ellas, desaparecerían miles de puestos de trabajo.
Incluida dentro de un paquete de reformas y derogaciones en sintonía con los lineamientos del ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, la derogación de la Ley 25.542 viene a interrumpir 25 años de una normativa que logramos consolidar y que se aprobó casi por unanimidad allá por noviembre de 2001, con el objetivo de regular la comercialización de libros en Argentina mediante un sistema de precio uniforme, para proteger a todo el ecosistema del libro de nuestro país: librerías, editoriales y distribuidoras, pero también a lectores y lectoras. Tomamos como ejemplo para su redacción la Ley francesa de precio único.
La Ley de Defensa de la Actividad Librera establece que todo editor o importador de un libro tiene que poner un precio válido para todo el territorio nacional y que se debe respetar en toda la cadena de comercialización: editoriales, distribuidoras, librerías, supermercados, plataformas de comercio electrónico o cualquier espacio de venta al público.
Quienes formamos parte del sector del libro sabemos, por experiencia, que la competencia por precio es absolutamente lesiva para las pequeñas y medianas librerías, y también para la conformación de los catálogos de las pequeñas y medianas editoriales. Argentina es un país mundialmente reconocido por su bibliodiversidad y por la cantidad de librerías que existen a lo largo y ancho de todo el territorio nacional.
¿Y esta cajita de texto para qué está? Acá es donde despabilamos a nuestros lectores y les contamos lo difícil que es hacer periodismo en estos tiempos. Por eso, si la información que leés en Cenital te ayuda a entender mejor lo que pasa, te pedimos que nos des una mano para seguir.
SumatePero el nuestro no es un caso aparte, hay antecedentes en otros países: Francia, España, Alemania y Japón cuentan con leyes similares. Se trata de países con un sector librero y editorial robusto, de muchos años de experiencia. En cambio, si observamos lo que pasó en Inglaterra, cuando en los años 90 derogaron la ley que regulaba la actividad, vemos que, tiempo después, la cantidad de librerías se redujo drásticamente (a menos de un 50%), prevaleciendo las grandes superficies.
Nos parece importante señalar que la Ley 25.542 protege no sólo a las librerías sino también a los autores, editoriales, distribuidoras y lectores, ya que se trata de una ley que promueve la bibliodiversidad que mencionamos anteriormente. Es por esto que en el circuito del libro argentino pueden convivir libros de consumo masivo y de grandes tiradas, conocidos como best sellers, con libros de nicho o de circulación quizá más acotada, que tienen un potencial de venta instantánea menor pero una temporalidad mucho más extendida y una gran importancia y significación cultural.
Lo que queremos decir es que nunca vas a ver los libros de Julio Cortázar en la lista de best sellers y, sin embargo, pedile a tu librero o librera amiga que te recomiende algo para comenzar a leer literatura argentina y ahí va a estar con Saer, Borges, Marechal, Piglia, Quiroga, Arlt, Pizarnik, Orozco, y por supuesto también la nueva narrativa. La lista es maravillosamente inacabable, pero ninguno en el ranking de los más vendidos del mes. Es aquí donde reside la riqueza bibliográfica de todo un país.
Para allanar algunas dudas: defender la continuidad de la ley de precio único no es bregar por precios fijos ni oponerse a que los precios de los libros cambien, algo que los editores pueden efectuar cuantas veces lo requieran. Por el contrario, el precio podrá, como siempre, subir o bajar; podrán existir libros de saldo, libros de anticuario, libros usados y libros que salgan de las restricciones que marca la ley a partir de x tiempo de compra por parte de la librería. Pero lo que en efecto evita y busca evitar la regulación del precio único, es que las plataformas de comercialización, las grandes cadenas o, por ejemplo, un supermercado con capacidad de vender un libro con cero utilidad bruta, puedan bajar los precios agresivamente, lo que hará que las librerías pierden clientes, cierren sus puertas y el libro pierda su espacio natural y lugar de privilegio en su encuentro con los lectores.
A lo largo de estos 25 años la ley nos ha servido, nos ha ordenado y nos ha dado herramientas no destructivas para competir permitiendo la proliferación de nuevas editoriales y la conservación de casi mil librerías en todo el país que luchan a diario con la estrepitosa caída del poder adquisitivo de los y las argentinas, con el aumento exponencial de los servicios y los costos logísticos. ¿Qué herramientas? El servicio, la bibliodiversidad, el trabajo de difusión que hace cada librería, las presentaciones de libros, las entrevistas, los clubes de lectura, las librerías de barrio, las librerías de las ciudades de pocos habitantes en cualquier lugar del país, todos los eslabones que forman parte de la cadena del sector del libro, y fundamentalmente el ejercicio del oficio librero, que brinda una invaluable interfaz humana al lector en busca de un libro.
Todo esto es lo que hoy se encuentra en peligro. La derogación de la Ley 25.542 favorece, únicamente, a los grandes grupos económicos concentrados de la intermediación, que se verán beneficiados por un accionar que refuerza y establece monopolios. Ellos son los que empujan esta derogación. Su voracidad no tiene límites.
Queremos entonces hacer un llamamiento al Gobierno nacional para que retire este proyecto destructivo y, en caso que llegue al recinto legislativo , pedimos a los senadores y diputados de la Nación que no permitan que se derogue la Ley 25.542 de Defensa de la Actividad Librera. Está en sus manos la defensa de Argentina como uno de los países más bibliodiversos, y en donde más libros se publican. Permitir la derogación es retrotraernos a una situación de precariedad en donde los espacios de comercialización del libro y de promoción de la lectura retornan a un estado de absoluta fragilidad y quedan en manos de los que sólo buscan el lucro monetario y que una vez eliminado el canal librero avanzarán imponiendo condiciones de todo tipo en forma leonina.
Sabemos que esta avanzada se da en un contexto determinado: un Gobierno nacional cuyas políticas debilitan el tejido social y corroen todos los eslabones de la industria nacional. Si nos oponemos a la derogación de la Ley 25.542 es porque nos oponemos a la destrucción de todo lo que aún resguarda las estructuras básicas del país con el que todavía soñamos. El sector del libro y de la cultura es uno más entre tantos que vienen siendo sistemáticamente precarizados. Médicos, docentes, científicos, personajes anónimos que conforman una selección nacional que sale a la cancha todos los días sin relator que vocifere sus hazañas.
Por una Argentina con oportunidades para todas y todos, lejos de la meritocracia y más cerca de las pasiones alegres, decimos NO a la derogación de la Ley 25.542.