Infinito punto verde

Sin ambiente no somos nada

En el Día Mundial del Ambiente hablamos de la biodiversidad, qué es, por qué la necesitamos, por qué decimos que está en peligro, qué tiene que ver la pandemia y qué podemos hacer para cuidarla.

¡Hola! ¿Cómo estás? 

Yo estos días estoy muy contenta porque, después de dos meses de mudada, estoy estrenando una compostera muy linda. Es de plástico reciclado, la elegí porque me salió en el Quiz “Elige tu Compostera” de @lalocadeltaper. Recomiendo todo enfáticamente y te iré contando cómo me va.

No estuvo planeado pero da la casualidad que hoy es el Día Mundial del Ambiente, así que vamos a aprovechar para hablar de una de las principales preocupaciones que tenemos lxs ambientólogxs y que, a veces, queda un poco relegada frente al cambio climático cuando en realidad es un problema tanto o más importante: la biodiversidad.

Empecemos por el principio.

¿Qué es la biodiversidad?

Es la variedad de seres vivos y las relaciones que establecen entre sí y con el medio que los rodea que existen en el planeta. Esta diversidad es el resultado de millones de años de evolución. Se estima que existen alrededor de 8,7 millones de especies de plantas y animales. Sin embargo, hasta ahora solo se han identificado y descrito alrededor de 1,2 millones de especies, la mayoría de las cuales son insectos. Esto significa que millones de otros organismos siguen siendo un completo misterio.

La biodiversidad no es uniforme a lo ancho de la Tierra, sino que:

  • los ecosistemas que albergan la mayor parte de la biodiversidad tienden a tener condiciones ambientales ideales para el crecimiento de las plantas, como el clima cálido y húmedo de las regiones tropicales; 
  • los bosques tropicales cubren menos del 10% de la superficie terrestre pero contienen el 90% de las especies del mundo;
  • Hay gradientes latitudinales en la diversidad de especies (es decir que la diversidad aumenta desde cada polo en dirección al ecuador); 
  • la biodiversidad marina suele ser mayor a lo largo de las costas del Pacífico occidental, donde la temperatura de la superficie del mar es más alta, y en la banda latitudinal media (el sector entre cada trópico y los círculos polares) en todos los océanos; 
  • La biodiversidad generalmente tiende a agruparse en puntos críticos (hotspots) y ha ido aumentando con el tiempo, pero es probable que disminuya en el futuro debido a diferentes causas que veremos en un ratito. 

En un mapa se ve así:

Distribución mundial de especies de vertebrados terrestres (mayor concentración en rojo y menor en azul).

Biodiversidad de plantas vasculares (a mayor número de especies, más oscuro el color).

La especie humana cuenta como un mamífero terrestre más. Al igual que los demás seres vivos, lxs humanxs y sus culturas emergieron de la adaptación al medio particular donde habitaban, su conocimiento y su utilización. Si te interesa este tema de cómo el ambiente condicionó el desarrollo de las diferentes civilizaciones, te recomiendo el libro Armas, gérmenes y acero (1997) donde Jared Diamond, su autor, plantea como hipótesis que la distribución particular de la diversidad biológica influyó sobre el desarrollo de la agricultura en particular y las sociedades en general. Diamond plantea que Eurasia (en particular, la zona de la Creciente Fértil, donde hoy están Irak e Irán) tuvo una abundancia de especies vegetales (como el trigo) y animales (como la gran mayoría de los mamíferos domesticados), y que ese entorno ambiental le permitió mayores generaciones de excedentes (y resistencia de los humanos a los microbios) que terminaron teniendo impactos de muy largo plazo. La disposición este-oeste de Eurasia (misma latitud, similares condiciones climáticas) permitió que esas especies se propagaran desde la Creciente Fértil hacia Europa y Asia, dando como resultado sociedades con mayor división del trabajo y Estados fuertes, todo lo cual podría haber explicado el hecho de que Europa haya conquistado América y no al revés.

Bien. Entonces ya sabemos qué es la biodiversidad y que, tal vez, haya determinado la forma diferencial en la que se desarrolló la humanidad en los diferentes puntos del planeta. Sigamos.

¿Por qué aún hoy dependemos de la biodiversidad?

Vivamos en el campo, en el medio del Amazonas, en un pueblo del fin del mundo como El Chaltén o en una de las grandes metrópolis,  los seres humanos dependemos de los productos y servicios que brindan los ecosistemas, como agua dulce, polinización, fertilidad y estabilidad del suelo, alimentos y recursos medicinales. Cuando los ecosistemas se degradan tienen menor capacidad para brindar estos productos y servicios cuya demanda aumenta constantemente dado el crecimiento poblacional.

Pongamos un ejemplo -y de paso aprovechamos para viajar un poco-. El lago Turkana en Kenia es el lago desértico más grande del mundo, un hábitat para una variedad de vida silvestre que incluye aves, cocodrilos e hipopótamos y sobre todo peces, que son una fuente de alimento e ingresos para unas 300.000 personas. 

El lago está sometido a una gran presión debido a la sobrepesca, la sequía, los patrones cambiantes de las precipitaciones y la desviación del agua por los desarrollos -represas- río arriba (similar a lo que sucede con el Paraná a partir de las represas sobre el río Iguazú). Estos cambios están provocando una pérdida de biodiversidad, una disminución de los rendimientos de la pesca y, en consecuencia, se reduce la capacidad del ecosistema para sustentar a los seres humanos. 

De esto no debe concluirse que la intervención humana, por ejemplo la pesca o la construcción de represas, es mala per se, pero sí que debe hacerse de manera sustentable, estratégica y planificada. De lo contrario, pueden ocurrir desastres como el del Mar de Aral, en Asia Central, que se secó después de que los ríos alimentadores se desviaron para sistemas de riego. Si no conocés la historia, te recomiendo la nota “Había una vez un mar” de Periodistán.

Mar de Aral: a la izquierda, agosto de 2000, a la derecha, agosto de 2018.

Bueno, se está haciendo largo, vamos un poco más rápido. Lxs humanos entonces necesitamos la biodiversidad porque:

  1. Es el sustento directo de muchas actividades como la agricultura, la pesca y el turismo.  
  2. Provee bienes: alimentos, productos forestales, recursos medicinales y diversidad genética.
  3. Provee servicios ecosistémicos: regulación del clima, fijación de carbono, formación y recuperación de la fertilidad del suelo, amortiguación de inundaciones, descomposición de residuos, mantenimiento de la variedad de los recursos genéticos, el ciclo del agua, resistencia a las especies invasoras, polinización, control de plagas, etc.

¿Sabías, por ejemplo, que más del 75% de los diferentes tipos de cultivos alimenticios del mundo, incluidas frutas, verduras, café, cacao y almendras, dependen de la polinización animal (abejas, avispas, escarabajos, mariposas, murciélagos y colibríes, entre otros)? 

  1. Provee valores intangibles, éticos, estéticos, recreativos, culturales, educativos y científicos. 
  2. Para algunxs tiene valor intrínseco independiente de las personas y en ese sentido se habla de los derechos de la naturaleza. En Ecuador, incluso, aparece como un derecho constitucional.

Entonces, la biodiversidad es absolutamente necesaria para nuestra vida, aún si nos importase solo uno de los puntos mencionados arriba. Es decir, aún si no nos importase el valor intrínseco de la naturaleza ni nos gustase viajar y recorrer paisajes lindos. Sin la diversidad de la vida el planeta sería otro, mucho menos hospitalario para nosotros.

Obvio que, en el peor de los casos, nos extinguiremos, así como pasó con los dinosaurios, y después el mundo se reconfigurará, pero, para el nivel de inteligencia y desarrollo que hemos alcanzado, sería una performance bastante pobre de parte de nuestra especie.

¿Por qué hablamos de pérdida de biodiversidad? 

En la mayor parte del mundo la naturaleza se ve afectada por impactos derivados de la actividad humana y por eso la mayoría de los indicadores sobre ecosistemas y biodiversidad muestran que están en declive. Según el reporte de 2019 de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES):

  • 75% de la superficie terrestre se encuentra significativamente alterada.
  • Se perdió más del 85% del área de humedales.
  • Si bien la tasa de pérdida de bosques se ha desacelerado a nivel mundial desde el 2000, en gran parte de los trópicos de alta biodiversidad se perdieron 32 millones de hectáreas de bosque entre 2010 y 2015.
  • La mitad de los arrecifes de coral vivos se han perdido desde la década de 1870, y de manera más acelerada en las últimas décadas debido al cambio climático.
  • La abundancia promedio de especies nativas en la mayoría de los principales biomas terrestres se ha reducido al menos en un 20%.
  • El tamaño de la población de especies de vertebrados silvestres ha tendido a disminuir durante los últimos 50 años en tierra, agua dulce y mar. 
  • Un promedio de alrededor del 25% de las especies en los grupos de animales y plantas evaluados están amenazadas, lo que sugiere que alrededor de 1 millón de especies ya se enfrentan a la extinción en las próximas décadas.

Hay muchos más indicadores; poner todos me ocuparía todo el correo. Pero, para que tengas una idea.

¿A qué se debe la degradación de la naturaleza? 

Como vimos en el caso del lago keniata, suele haber múltiples causas. A continuación, menciono las más importantes:

  1. Pérdida y deterioro de hábitats: al transformar selvas, bosques, humedales y arrecifes en campos agrícolas, ganaderos, represas, rutas y zonas urbanas, se degrada y destruye el hábitat de miles de especies.
  2. Sobreexplotación: la extracción de individuos de una población a una tasa mayor a la de su reproducción (el ejemplo típico es la pesca).
  3. Introducción de especies exóticas: las especies exóticas se convierten en plagas que depredan a las especies nativas, compiten con ellas, transmiten enfermedades y modifican los hábitats. Por ejemplo, los castores en Tierra del Fuego.
  4. Contaminación: principalmente por la generación y mala gestión de residuos, efluentes y emisiones domiciliarios e industriales y el mal uso y abuso de agroquímicos.
  5. Cambio climático: las alteraciones que produce el calentamiento global en cuanto a temperaturas, precipitaciones, nivel del mar, etc.

Es importante saber que el abordaje es ecosistémico. No se trata de salvar individuos, sino conservar la salud de especies, ambientes y ecosistemas. Plantar cualquier árbol no hace un bosque, y salvar un animal no conserva un ecosistema.

Y acá entra una pregunta obligada: 

¿El coronavirus es producto de la degradación de la naturaleza? 

Aún no está 100% claro cómo se originó el coronavirus. Si bien la teoría más aceptada es que saltó de un murciélago a un huésped intermedio y de ahí a una persona, cada tanto también reaparece la hipótesis de la filtración del laboratorio de Wuhan.

Claramente no vamos a determinar aquí cuál versión es la verdadera, pero sí podemos confirmar que, según -entre otros- la OMS y el PNUMA, los patrones de las enfermedades infecciosas son sensibles a las alteraciones de la biodiversidad. Esto sucede principalmente a partir de los siguientes mecanismos:

  1. Un 60% de todas las enfermedades infecciosas en los humanos y 75% de las enfermedades infecciosas emergentes son zoonóticas (transmitidas por animales).
  2. Las alteraciones ambientales (uso del suelo y deforestación, cambio climático, entre otros) modifican la estructura de la población de vida silvestre y reducen la biodiversidad, lo que resulta en nuevas condiciones ambientales que pueden favorecer a los huéspedes, vectores y/o patógenos particulares.
  3. La interacción de los humanos o el ganado con la vida silvestre los expone al riesgo de propagación de patógenos potenciales. Para muchas zoonosis, el ganado sirve como un puente epidemiológico entre la vida silvestre y las infecciones humanas.

Según el PNUMA, la mayoría de las zoonosis que surgieron o reaparecieron recientemente están vinculadas a la actividad humana: por ejemplo, el brote de ébola en África occidental se asocia a la deforestación que acercó la vida silvestre a los asentamientos humanos.

Entonces, más allá de este virus en particular, la protección de la biodiversidad es uno de los pilares para prevenir enfermedades zoonóticas, porque la integridad de los ecosistemas ayuda a regular las enfermedades al promover la diversidad de especies que dificulta la circulación de patógenos. 

¿Qué podemos hacer para proteger la biodiversidad?

La respuesta acá se desprende de manera relativamente lineal de las causas que enumeramos antes. A fin de no robarte todo el sábado, te propongo nomás un abordaje posible para cada una de las cinco causas.

  1. Pérdida y deterioro de hábitats: el Ordenamiento Ambiental del Territorio (OAT). Es un instrumento que permite integrar las variables ambientales, sociales y económicas para el desarrollo sostenible a todo tipo de escala. En este sentido, la Ley de Bosques es un ejemplo super interesante (te recomiendo esta nota de Lucas Figueroa) y una ley similar que permita un Ordenamiento de los Humedales resulta urgente.
  2. Sobreexplotación: áreas protegidas, estrategias de uso sustentable de los recursos allí donde las especies y los ecosistemas aún no estén amenazadas y el establecimiento de áreas de exclusión allí donde la situación es crítica para que se puedan recuperar. A modo de ejemplo, un mini documental sobre una experiencia en el Golfo San José.
  3. Introducción de especies exóticas: no introducir especies exóticas sin planificación y no participar de ningún eslabón del comercio de fauna silvestre. 
  4. Contaminación: mejorar la gestión de residuos, tender a la economía circular, desincentivar las industrias más contaminantes, controlar la correcta disposición de todos sus efluentes y controlar el uso correcto y la reducción progresiva del uso de agroquímicos.
  5. Cambio climático: esto lo vimos la vez pasada: descarbonizar las economías.

Naturalmente, todo esto requiere, investigación y desarrollo, financiamiento, decisión política, visión estratégica y cambios culturales. No es sencillo, pero es el único camino.

En muchas respuestas también me preguntan por acciones individuales, así que sumo un par:

  • poner plantas nativas en ventanas, terrazas, balcones y jardines,
  • separar, compostar y reciclar,
  • consumir responsablemente reduciendo residuos y productos de mayor impacto ambiental,
  • informarse, comunicar, participar de la discusión,
  • exigir políticas públicas y buenas prácticas empresariales acordes.

Por último, vinculando este tema con el del correo pasado, te recomiendo esta entrevista sobre agroecología a Julián Monkes. Y te cuento que Sergio Federovisky, secretario de Control y Monitoreo Ambiental del Ministerio de Ambiente, lanza hoy mismo a las 20 el documental Punto de no retorno, sobre cambio climático y sus impactos, que podés ver gratuitamente aquí.

De despedida te propongo ver el documental A Life on the Planet de David Attenborough. Está en Netflix y viene muy a colación de lo que charlamos hoy. Es super linda de ver por las imágenes, los colores y los paisajes. Además, tiene una frase que me encantó: "la prosperidad de uno depende de la prosperidad del entorno". Sin embargo, hay algunas cosas que yo contaría diferente. Si te interesa, mirala y contame a ver qué te parece.

Te mando un abrazo grande, gracias por estar ahí. 

Eli

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Soy Licenciada en Ciencias Ambientales, Magíster en Políticas Públicas y Becaria Doctoral en Ciencia Política en la UNSAM. En todos los ámbitos que puedo me dedico a sumergirme en los dilemas que nos presenta el desarrollo sustentable, uno de los mayores desafíos que enfrentamos en este siglo. Me mudé a un departamento en CABA hace poquito, así que estoy aprendiendo a ser porteña y tener plantas y compost en el balcón.
@elimohle

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