¿Qué necesita Argentina para salir de la estanflación?

Para dejar atrás la inflación y el estancamiento no hace falta una receta mágica. Hace falta que el péndulo se mueva menos.

En 2024 desarrollé en #Rollover sobre las decisiones de política que nos llevaron hasta esta economía inflacionaria y estancada, hoy contaré, a mi entender, cuál es la principal condición necesaria para dejar atrás la inflación y el estancamiento. No sé si es algo posible en Argentina, pero seguiré trabajando para ello.

No somos un país de mierda (todavía)

Me voy a tomar el atrevimiento de robar para esta sección el título del flamante libro de Dani Schteingart. Porque es un gran título que resume la realidad de la Argentina contemporánea.

Es muy frecuente escuchar en diferentes ámbitos que «este es un país de mierda». La bronca es entendible. Llevamos una década y media sin crecer, con el poder adquisitivo a la baja, con una inflación que va y viene pero nunca se termina de ir, y con un deterioro paulatino en servicios públicos básicos como salud, educación, transporte, seguridad, etc.

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Pero si la comparación la hacemos con los otros países del mundo, encontramos que no estamos tan mal. A pesar de todo, seguimos de la mitad de la tabla para arriba. Según el FMI, nuestro PBI por habitante medido en paridad de poder de compra ocupa el puesto 69 entre unos 190 países. Y en el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, que combina ingreso, salud y educación, estamos en el puesto 47 de 193, dentro del grupo de «desarrollo humano muy alto».

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El problema es la tendencia. Con esa misma vara (PBI por habitante en paridad de poder adquisitivo), la base histórica de Maddison muestra que en 1975 estábamos en el puesto 29 entre 162 países. En casi medio siglo, nuestro ingreso por habitante creció 41%. El de Uruguay se multiplicó por 2,4, el de España por 2,7 y el de Chile por 3,4. En 1975 duplicábamos a Chile; hoy Chile nos supera. Y el ingreso por habitante tocó su techo en 2011 y no lo volvió a alcanzar.

No es que estemos abajo. Es que venimos bajando.

El «todavía» está ahí, además, por otra razón. Los países se deterioran a fuerza de repetir los mismos errores. Y nosotros los venimos repitiendo hace rato. ¿Cómo hacemos para borrar el «todavía»? Primero, miremos lo que tenemos entre manos.

Una oportunidad extraordinaria (pero no tanto)

En 2025, la energía y la minería tuvieron juntas un superávit comercial de unos USD 12.000 millones: cerca de USD 8.000 millones la primera y cerca de USD 5.000 millones la segunda.

Y lo que viene es todavía más grande. El Ministerio de Economía proyecta para 2035 que el superávit energético llegue a USD 44.000 millones y que el minero, de la mano del cobre, sume otros USD 31.000 millones. Un total de USD 75.000, más de seis veces lo de 2025.

Es una oportunidad extraordinaria. Pero ojo con agrandarnos: somos muchos.

Aun en el escenario más optimista, la Argentina de 2035 quedaría lejísimos de Noruega, Australia o Arabia Saudita en términos de exportaciones de productos primarios por habitante. Ni siquiera alcanzaríamos a Chile.

La conclusión no es que los recursos no importen. Importan, y mucho. Es que no alcanzan para vivir de ellos. Para borrar el «todavía», tenemos que hacer buen uso de esos dólares.

Esto ya lo vivimos

No es la primera vez que los dólares nos dan cierta holgura. En mi primer #Rollover conté lo que pasó en la primera década de este siglo: con términos de intercambio elevados, tasa de interés internacional baja y deuda reestructurada, no pudimos controlar la inflación, intervenimos el INDEC y terminamos con el cepo.

Hoy, otra vez con términos de intercambio muy favorables y superávit de energía, el problema cambió de forma pero no de fondo: no somos capaces de crecer. Ya pasaron 6 de los supuestos 18 mejores meses que Argentina haya visto en las últimas décadas: si esto es lo mejor que el modelo nos puede ofrecer, no quiero pensar lo que va a ser cuando el contexto internacional empeore…

Dos veces la misma suerte, dos maneras distintas de desperdiciarla. La lección es clara y nos incomoda: los dólares no resuelven nada por sí solos. Lo que importa es qué hacemos con ellos.

Que no se los trague el colchón

¿Qué significa hacer buen uso de esos dólares? Empecemos por lo básico: que no caigan en el saco roto del colchón.

Los argentinos somos campeones mundiales en ahorrar en dólares fuera del sistema. Fíjense que el problema es doble. Por un lado, luego de los cepos y las bruscas devaluaciones, dejamos de ahorrar en nuestra moneda. Por otro lado, luego de los corralitos, corralones, el Plan Bonex y demás confiscaciones de depósitos, dejamos de ahorrar en nuestro sistema financiero. El resultado, más de USD 260.000 millones en el colchón.

El problema es que estos dólares salen del sistema y, por lo tanto, no financian bienes de capital, viviendas u obras de infraestructura. Ni siquiera consumo. Por eso el primer paso tiene dos partes:

  1. Que ahorremos en nuestro sistema financiero, aunque sea en dólares. Después de todo, desde 2002 a la fecha, quien depositó dólares recibió dólares.
  2. Que, poco a poco, quien apueste por el peso gane frente a quien apueste por el dólar. No me refiero a hacer una diferencia de 20% en dólares en pocos meses. Me refiero a que, año tras año, la rentabilidad de las inversiones financieras en moneda local le gane por unos puntos a las realizadas en moneda extranjera. Incentivos y tiempo. No van a volver esos USD 260.000 millones de un día para el otro. Pero dejar de agrandar paulatinamente ese monto ya es un montón.

En paralelo, hay que ir usando estos dólares para financiar las importaciones que necesitamos para invertir, producir y crecer.

Pero ojo: no alcanza solo con los sectores que exportan materias primas. Vaca Muerta, la minería y el sector agropecuario generan muchos dólares, pero poco empleo. Necesitamos trabajos en buenas condiciones para todos los que somos.

No hay país de 45 millones de habitantes o más que haya alcanzado el bienestar solo con sus recursos naturales. Australia, Canadá o Noruega tienen menos habitantes y una economía mucho más diversificada. Chile, como vimos, tiene menos población y exportaciones de recursos naturales por habitante sustancialmente mayores.

Te deseo que vivas en tiempos de gobiernos normales

¿Cómo se logra todo eso? Con gobiernos normales. No es nada extraordinario: es ir hacia la normalidad.

A la evidencia me remito: hay más países con inflación baja que países con más de 10 unicornios; hay más países que crecen que países con industria nuclear o satelital. O con premios Nobel o campeones del mundo. Somos capaces de hacer lo que pocos pueden, pero nos cuesta hacer lo que muchos sí pueden.

Pensemos en los próximos diez años. Partamos del supuesto de que va a haber alternancia. Si no, miren Sudamérica desde 2015.

El problema no es la alternancia. Es entre qué alternamos. De un lado, gobiernos que, en busca de atender demandas sociales postergadas, terminan financiando gasto público con emisión y poniendo un cepo para evitar que el exceso de pesos se vaya al dólar y genere una devaluación del tipo de cambio oficial, lo que finalmente impide satisfacer esas mismas demandas que se buscaba atender. Del otro, gobiernos que buscan ordenar la macro y, para ello, implementan un ajuste en cierta medida necesario pero sin suficientes contrapesos sociales y productivos que alivien la situación inicial y minimicen los costos de la transición hacia la inflación baja. El apoyo social se termina diluyendo y así se interrumpe el proceso.

Dos recetas muy distintas que llegan al mismo lugar: informalidad y pobreza. El economista Marcelo Diamand lo llamó «el péndulo argentino«. Lo escribió en 1983. Cuarenta y pico años después, seguimos con la misma historieta.

Reducir el vaivén

Ahí está la condición necesaria para poder empezar a avanzar. Tenemos que tratar de achicar el vaivén del péndulo. Llámenme iluso, quizá tengan razón.

Imaginen que la alternancia fuera entre otras dos opciones. De un lado, un progresismo fiscalmente responsable, que financie el gasto esencialmente con impuestos y que intente que la gente deje de ahorrar en dólares con zanahorias, no con palos. Porque las demandas genuinas de la población se van a ir satisfaciendo con el tiempo, no hay atajos que funcionen. Mientras tanto, se pueden plantear cuestiones muy significativas, como un sistema tributario más progresivo y mejoras en los servicios públicos, empezando por salud y educación.

Del otro, una derecha en sintonía con los tiempos que corren en el mundo. Hoy, desde Estados Unidos y la Unión Europea hasta China hacen política industrial a cielo abierto, y en Washington la defienden tanto demócratas como republicanos. Una derecha que intente que todo lo que pueda producirse en la Argentina de manera eficiente y con estándares cercanos a los internacionales se produzca en Argentina. Y que, para ello, junto con algún grado de apertura y apreciación, no puede postergarse la reducción de costos tributarios y logísticos para ganar competitividad.

No se trata de sostener para siempre actividades que solo vivan del subsidio o de la protección. Pero tampoco de meter a toda la industria en esa bolsa. Porque hay una gran cantidad de empresas eficientes puertas adentro, a las que les cuesta competir por lo que pasa puertas afuera. Si sobrevivieron a toda la volatilidad y crisis argentinas, van a poder competir con reglas estables. Hoy, sin embargo, están cerrando unidades productivas con esa capacidad. Y una fábrica que cierra no vuelve a abrir cuando cambia el gobierno.

En otras palabras: que el péndulo no vaya de un progresismo macroeconómicamente insostenible a una derecha que desprotege. Que vaya de un progresismo responsable a una derecha con conciencia social y productiva.

Hasta acá llegué

No es una receta. Es apenas el piso sobre el cual cualquier receta puede funcionar. Si el año 2035 nos encuentra discutiendo lo mismo de siempre, el «todavía» se va a borrar pero también el «no». En cambio, si esta vez logramos alcanzar ciertos consensos mínimos, los dólares de Vaca Muerta y la minería serán la puerta para superar de una vez la situación de estanflación de la economía. Un gobierno solo no puede, por falta de tiempo y por la incertidumbre que genera una alternancia tan extrema.


Este es mi último #Rollover. Fueron casi 3 años de analizar la economía argentina desde un lado que hasta ahora no me había tocado: de qué tema escribir cada semana, cómo decir las cosas de manera sencilla, qué incluir y qué dejar afuera en cada nota. Gracias por leerme todos estos miércoles, por las respuestas, las críticas y los comentarios.

Sueña con una macroeconomía argentina estable. Trabaja para ello como director del área de economía de Fundar. Es licenciado en economía por la UBA y doctor en análisis económico de las universidades de Alcalá y Complutense de Madrid (España). Docente universitario, basquetbolista rústico y padre de dos.