Ciencia y tecnología

Producción verde: Grupo Basso y la transición a la electromovilidad

Para analizar cómo se hace un cambio hacia la movilidad sostenible de vehículos eléctricos nacionales, hablamos con los representantes de la empresa autopartista de Rafaela.
Grupo Basso

El mundo está encarando una transición hacia la movilidad sostenible, centralizado en la electromovilidad, con aumentos constantes de la producción de vehículos eléctricos y una limitación progresiva de ventas de vehículos a combustión.

Dado que en nuestro país la industria automotriz cumple un rol económico relevante —aporta el 4,4% del total nacional de valor agregado bruto de la economía  y aproximadamente medio millón de puestos de trabajo—, es menester observar cómo la industria acompaña este proceso internacional. 

Es importante mirar más allá de las terminales automotrices de donde salen los vehículos finalizados, a las empresas de autopartes que también precisan reconvertir sus productos hacia la movilidad del futuro.

En este sentido, el proyecto E-Motion 22 del Grupo Basso es un caso interesante para analizar las potencialidades y los desafíos que presenta esta transición.

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El Grupo Basso

Es una empresa autopartista radicada en la ciudad de Rafaela, provincia de Santa Fe. Se dedica a la producción de válvulas para motores de combustión.

La empresa fue fundada en la década de 1960 cuando el sector de la metalmecánica experimentaba un contexto pujante. Ya en ese momento, el Grupo decidió dedicarse a la producción de válvulas. 

Con el tiempo, lograron internacionalizarse de manera exitosa y así en la actualidad hablamos de una empresa mediana que opera en la frontera tecnológica y exporta a mercados de alta exigencia: exporta más del 80% de su producción a unos 30 destinos, y entre sus clientes se encuentran empresas automotrices líderes mundiales, como Peugeot, Citroën, Fiat, General Motors, Ford, Ferrari, McLaren, Mercedes Benz, John Deere, Harley Davidson, entre otros.

Ahora, a casi 60 años de su fundación, la empresa se enfrenta al desafío de una potencial disminución de la demanda de sus productos ante la creciente incorporación a nivel global de tecnologías asociadas a la electromovilidad dentro del sector automotriz.  

Inmersos en este escenario es que el Grupo Basso decide en 2018 hacer un spin-off y crear el proyecto E-Motion 22 que apunta a desarrollar líneas de negocio para la electromovilidad, particularmente packs de baterías, un elemento clave de los autos eléctricos.

Para conocer más sobre el proyecto, conversé con dos representantes de la empresa: Leandro y Mariana Basso. Leandro es director ejecutivo de E-Motion y Mariana es la responsable del sistema de gestión ambiental.

El proyecto:

¿Qué es E-Motion?

MB: Es una unidad de negocios que se enfoca específicamente en la electromovilidad. Basso es fabricante de autopartes, un repuesto del motor, entonces nosotros estamos muy vinculados con el mundo de los motores y las fábricas de autos, y en ese contexto, al ver que los clientes empiezan a trabajar en electromovilidad, nosotros hacemos lo mismo. Tomamos la oportunidad del entorno y la amenaza de la disminución de los motores a combustión para empezar a prepararnos para el futuro.

¿Qué vieron, qué los impulsó a encarar tempranamente este tránsito a la electromovilidad?

LB: Vimos que nuestros clientes, de a poco, estaban incursionando cada vez más en la electromovilidad, preguntando y desarrollando productos. Por eso creímos que deberíamos ser parte de la solución. Con esa premisa, nos pusimos a investigar en qué andaba cada uno de nuestros clientes para ver de qué forma nosotros podíamos adaptarnos a la transición.

¿Cuáles son los principales desafíos a los que se enfrentan? 

MB: El desarrollo de la electromovilidad en el país es aún muy incipiente. Eso nos da una ventaja y una desventaja. La ventaja es que estamos trabajando en el inicio de este proceso, lo que nos puede dar un montón de beneficios al llegar primero. La desventaja es la contracara: como es el inicio, todos los caminos son un poco más difíciles.

A nivel interno, como todo proyecto que nace tenemos que demostrar cuál es nuestro potencial y tenemos que trabajar en efectivamente desarrollar el producto. Una de las líneas de acción de E-Motion es el desarrollo de packs de baterías y ese pack no puede ser desarrollado de manera global, sino que necesita un cliente con unos requerimientos específicos. De esta manera, un inconveniente a sortear es que no podemos hacer algo genérico. 

¿Y qué potencial le da a E-Motion la pertenencia a la empresa?

MB: Basso tiene muy bien desarrolladas las unidades de compras de materias primas o insumos, los canales de venta, los canales de logística y la estructura financiera. Ese es todo el potencial que nos brinda la empresa para que E-Motion ya tenga gran parte del camino andado. Así, nosotros podemos enfocarnos exclusivamente en el diseño del producto. 

¿Y qué oportunidades les da el entorno?

MB: Hay un mercado incipiente en Argentina, que no está muy desarrollado y eso para nosotros aparece como un potencial, porque es un mercado donde tenemos todo para crecer. No es un mercado que ya está copado por proveedores, y así nos da espacio para crecer y desarrollarnos a nosotros y a un montón de otros emprendedores que también están trabajando en esto. En el terreno nacional aún no tenemos demasiada competencia, nosotros estuvimos participando en foros de innovación y cuando nos presentamos nos vienen muchas consultas porque no existe desarrollo nacional relacionado con las baterías, es todo importado, de China y el hecho de ser argentinos nos da un gran plus en este entorno.

¿Qué características de la empresa les permite esta proyección?

LB: El posicionamiento y la buena relación con los clientes. Así es como nace E-Motion: a través de empresas que tienen muchos años de vínculo, de desarrollar productos y soluciones en conjunto. Entonces pensamos que podríamos apalancarnos en esa premisa: en seguir vinculados a ellos y sabiendo que nos unen relaciones de largo plazo, tanto contractuales como personales. Además conocemos mucho el mundo de la movilidad, estamos dentro de este mercado internacional y tuvimos la suerte de poder estar vinculados con instituciones que nos permitieron conocer mucho de este mercado y con organizaciones de Argentina y el exterior que nos abrieron la puerta rápidamente conociendo que Basso era un actor importante dentro de este mundo.

¿Qué necesita una empresa como la de ustedes para ser exitosa en este tránsito a la electromovilidad?

LB: Lo primero que necesita es proponérselo, proponerse objetivos y ser muy ordenada. Porque al ser un spin-off requiere un uso distinto de los recursos de la empresa. Basso, que es una PyME del interior del país, necesita ser ordenada, organizada y comunicarlo bien con todos los actores involucrados (el equipo, la empresa, los accionistas y los clientes) para que este tránsito sea prolijo, coordinado y tenga todo el apoyo, los vínculos y los recursos para poder lograrlo.

Por último, ¿cuál es su visión a futuro? ¿Cómo ven a Basso en los próximos años y/o décadas?

LB: Nosotros estamos en la búsqueda todavía. Si bien tenemos hipótesis de negocio, contactos comerciales firmes y hasta firmados contratos, esto todavía está en una fase de desarrollo donde aún no está demasiado claro qué tecnología va a prevalecer. Hay varias unidades de negocio posibles. Nosotros lo tenemos dividido en tres grandes grupos: 

La primera, es la más importante y en la que tenemos más para apostar es todo lo que tiene que ver con la ingeniería, el diseño y testeo de packs de batería para movilidad eléctrica, sobre todo para autos y buses, ya que en Argentina y en América Latina en general, este tipo de desarrollo está bastante atrasado. Entonces Basso trata de desarrollar una red de proveedores para poder abastecer al mercado. La segunda es directamente la comercialización de vehículos eléctricos. Y tercero, la micromovilidad. Ahí es donde creo que tenemos tal vez una desventaja más grande con respecto al mundo, pero donde sin dudas hay una gran oportunidad para quien la vea, la entienda y sepa vincularse bien. 

A partir de este caso, podemos hacer algunos puntos clave para pensar la transición de cualquier otra empresa. 

En primer lugar: la importancia de identificar la amenaza de la pérdida de mercado. En este sentido, es importante que la transición nacional esté en diálogo con la internacional para que el desfase no sea demasiado grande.

En segundo lugar: las capacidades construidas. No es lo mismo un proyecto que sale de la idea de una persona suelta, que cuando surge como brazo de una estructura existente. Aquí, además de las fortalezas mencionadas por Mariana, se encuentra un laboratorio de i+d con décadas de trayectoria, el desarrollo del servicio post venta, el codiseño con departamente de clientes, etc. En este punto, es fundamental el vínculo con el sistema nacional de innovación para orientar la investigación y el desarrollo, y difundir los conocimientos.

Tercero: la capacidad de proyección. Aquí no es sólo clave la voluntad y capacidad de la empresa de planear el largo plazo, sino también del Estado y la estructura productiva nacional para direccionar y acompañar este proceso y cooperar en su éxito.

Esta nota está basada en el trabajo “Llegar antes que el cambio: Grupo Basso/e-Motion 22: una empresa autopartista que busca dar el salto hacia la electromovilidad” de Jimena Rubio, María Belén Días Lourenco, Lucía Pezzarini y Tomás Bril Mascarenhas para FUNDAR.

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Soy Licenciada en Ciencias Ambientales, Magíster en Políticas Públicas y Becaria Doctoral en Ciencia Política en la UNSAM. En todos los ámbitos que puedo me dedico a sumergirme en los dilemas que nos presenta el desarrollo sustentable, uno de los mayores desafíos que enfrentamos en este siglo. Me mudé a un departamento en CABA hace poquito, así que estoy aprendiendo a ser porteña y tener plantas y compost en el balcón.
@elimohle

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