Prepárense para perder

Premier League: fase superior del capitalismo

Arabia Saudita pone su ficha en el Teg del fútbol mundial. La vida árabe del Newcastle.

Hola, ¿cómo estamos?

El horror comenzó el 4 de octubre, a las 11 de la mañana. Carlos Torres, técnico de Deportivo Español, llamó por teléfono a una de sus jugadoras: “Tengo unos papeles que tenés que firmar. Te veo en mi casa a las 15:30”. 

La futbolista, de 15 años, se presentó en el hogar del entrenador que la había llamado. La residencia era en la propia sede de Español. Apenas ella entró, cerró la puerta con llave, la llevó a su cuarto y la abusó. 

La joven se animó a denunciarlo y, por la noche, Torres debió entregarse. El club y la AFA asumieron las responsabilidades, lo echaron de su cargo y se comprometieron a aportar a la investigación. Claro: no se descarta que hayan existido más víctimas que no pudieron acusarlo.

Sé que es un duro relato para comenzar el sábado. 

Pero el silencio es complicidad.

Vamos a la Premier

La denominaron campaña anticorrupción. Un título con cruz de reojos. Militares y paramilitares encerraron a cuatrocientos ricos en el hotel Ritz de Riad. Una prisión en un hotel cinco estrellas. En noviembre de 2017. Quedó como La noche de la golpiza. Hubo denuncias de torturas y de abusos. El gobierno de Arabia Saudita no lo negó. El Príncipe Mohammed bin Salmán aclaró: “Se confiscaron 107 mil millones de euros de 87 familias”. Se transfirieron veinte empresas al PIF (Public Investment Fund), la corporación estatal. La misma que acaba de comprar el Newcastle. Venta que, tras dieciocho meses de polémica, fue aprobada por la Premier League bajo la supuesta garantía de que no será un Estado el que controle al equipo.    

La última vez que Newcastle obtuvo una liga fue en 1927. Van ocho fechas del torneo. Está anteúltimo. Quizás ese sea el puntapié para entender por qué el fin de semana pasado, cuando recibieron al Tottenham, montones de fanáticos cayeron al St James Park -mercantilizado Sport Direct Arena- vistiendo túnicas y turbantes. El petróleo parece poder comprarlo todo. Desde el club emitieron un comunicado: “Pedimos amablemente que se abstengan de usar ropa tradicional árabe o cubrir la cabeza con motivos de Medio Oriente si no suelen usarlas”. Traía una aclaración. Los nuevos dueños no se habían molestado: “Existe la posibilidad de que vestirse de esa manera sea culturalmente inapropiado y pueda ofender a los demás”. La globalización no es un traje tan sencillo de usar.

La noche de la purga en el Ritz una de las empresas transferidas fue Sky Prime Aviation, una flota de charters. La CIA comunicó que esa pista era determinante para esclarecer el asesinato de Jamal Khashoggi. El 2 de octubre de 2018, el periodista de The Washington Post fue hasta la Embajada de Arabia Saudita en Estambul acompañado por su pareja a buscar una visa que le permitiera desplazarse libremente tras ser acusado de enemigo de la monarquía. Ingresó solo. Su compañera lo aguantó diez horas en la puerta. Nunca más encontraron su cuerpo. Uno de esos aviones lo habría sacado de Turquía. Para -según muchas versiones- asesinarlo.

Bin Salmán jamás asumió la responsabilidad. Tampoco Yasir Al-Rumayyan, su mano derecha y nuevo director del Newcastle. La sospecha de homicidio fue el primer freno para que la Premier League aprobara la adquisición del conjunto del norte de Inglaterra. Amnistía Internacional pulseaba fuerte: “Esta compra es el intento de Arabia Saudita de usar el prestigio y el glamour de la Premier como un instrumento de propaganda para distraer la atención del récord abismal de ese país en materia de vulneración de los derechos humanos”. El gobierno británico emitió el primer guiño de su postura. Oliver Dowden, secretario de Deporte y de Cultura, declaró: “Corresponde a la Premier League juzgar la buena moralidad de alguien y no quiero prejuzgar el proceso”. El tiempo marcó que no era una lavada de manos. 

Hace una semana, hubo una picante reunión en la Premier. De los veinte clubes miembros -o sea, los que están en primera división-, dieciocho votaron en contra de la compra del Newcastle. El concepto es que la aparición de un club manejado por un Estado “subvierte las reglas de juego limpio financiero”. Hay lugares en los que no existe el dicho de que el que esté libre de pecados tire la primera piedra. Los Glazer, yanquis propietarios del Manchester United, armaron su imperio invirtiendo en bonos basura de alto riesgo. El grupo ALK, dueño del Burnley, es una diagonal que se escapó de Lehman Brothers, la banca estadounidense que reventó en la crisis de 2008. Guo Guangchang, del Wolverhampton, es un chino que estuvo desaparecido una semana, la ausencia de noticias de su vida hizo reventar la bolsa y reapareció en un acto como si nada, sin dar explicaciones. El Chelsea sigue siendo de Roman Abramovich, quien de la noche a la mañana se apoderó de una empresa petrolera que había sido de la URSS.   

El argumento de que el Newcastle no se tornaría un club manejado por un Estado se sostuvo en el 20% que completa el consorcio financiero. Las firmas de inversión PCP Capital Partners y RB Sports & Media completan la nómina. Los vínculos con otras entidades de negocios son un asterisco fundamental para comprender el asunto. Porque no se trata de unos extraterrestres millonarios recién aterrizados en el capitalismo. La dupla Bin Salmán y Al-Rumayyan tiene acciones en Disney, Uber, Facebook y Citibank. Tampoco es que se dispongan a viciar con el Newcastle como si fuera un jueguito. Para berretines, poseen el Chateau Louis XIV de París -el palacio más caro del mundo, valorado en 300 palos-, el Serene -un yate de 385 millones- y el Salvatore Mundi -un cuadro de Leonardo da Vinci por el que invirtieron 389 millones de euros-. Las cifras no son un detalle: al Newcastle se lo llevaron por 300. Menos que a un palacio, a un cuadro y a un barco. 

Los árabes cautivan desde dar como una media el club. Apenas en una semana, echaron al entrenador Steve Bruce. Le deberán abonar cerca de diez millones de euros. Cuando comenzó el rumor de que se apropiarían del Newcastle, se decía que contratarían a Mauricio Pochettino. Hoy del PSG o qatarí. El gran candidato a arribar al banco es Antonio Conte, campeón con Chelsea en su última excursión en la Premier. La danza de nombres para el mercado de pases de enero es enorme: Coutinho, Bale, Sterling, Pogba o Aubameyang. 

La votación no era el único elemento indispensable de validación. Lo gambetearon. El Financial Times afirma que la resolución se cocinó en un llamado telefónico entre Bin Salmán y Boris Johnson, primer ministro de Gran Bretaña. El gobierno apoyó la transferencia. Niega la hipótesis de que destrabaron la historia. Un dato justifica la tesis periodística: en el negocio de importación de armas, Arabia Saudita deja 8 mil millones de dólares anuales en las arcas inglesas.  

Obviamente, Newcastle no votó contra sí mismo. Tuvo un apoyo. El Manchester City es de Sheikh Mansour. Medio hermano de Jalifa Al Nahayan, presidente de los Emiratos Árabes. Su papá era el emir de Abu Dhabi. Con 20.000 millones de dólares, hasta el desembarco de Bin Salmán, figuraba como el dirigente con mayor patrimonio en la historia de la pelota. Su mayor activo es la petrolera Mubadala. Su máximo delirio es la empresa Virgin Galactic, una firma que planea ofrecer vuelos espaciales en unos años. En 2008 apareció su obsesión futbolística, dejó por un rato su adicción a los caballos y compró al Manchester City. Su primer gran berretín fue tirar monedas en Carlos Tevez. Sin tapujos: se lo sacó del plantel a su clásico rival, el United.

El Manchester City comparte con Newcastle y con PSG una novedosa condición del capitalismo futbolero: los Clubes-Estado. Hay una secuencia de discusiones en escalada. La primera fue si instituciones de los socios o sociedades anónimas. La segunda fue si sociedades anónimas de capitales nacionales o si de extranjeros. La tercera es si las sociedades anónimas son de sociedades anónimas o si un país puede tener un equipo. Imperialismo fase superior del capitalismo.

El sociólogo inglés David Goldbatt es una de las grandes plumas que desmenuzan estos temas. A los propietarios de los clubes los denomina: “Pequeña elite que secuestra los beneficios de la globalización”. Desde esa óptica, es interesante pensar cómo el fútbol europeo se está transformando en un TEG de imperios. El PSG es la piedra fundamental de los qataríes. El City, de Emiratos Árabes. El Newcastle, de Arabia Saudita. El norte es el Mundial 2022, en noviembre, en Qatar. El gas y el petróleo, dos energías, construyen el caudal de dinero que sostiene a los goles. 

No es esa la única diferencia. Tanto la FIFA como la UEFA han establecido en los últimos años sistemas de Fair Play Financiero para que la competencia fuera equilibrada. Uno de los principios básicos es que un club no debe gastar más de lo que ingresa. El dinero que entra, además, debe ser genuino. Cosa de evitar el lavado. En eso, las sociedades anónimas privadas entienden una desventaja clara que ya ocurrió. En 2018, al PSG le cayó la ley por superar en 101 palos su límite. Lo resolvieron de forma genuina y grotesca: la Autoridad de Turismo de Qatar aseguró haber invertido 145 millones en marketing en el club. Una campaña publicitaria de una magnitud nunca vista. Una sarasa con estructura. Acaso quién cuenta con un espaldarazo formal tan grande como un país.

Argentina es uno de los pocos países en el mundo en el que no está legalizado que una sociedad anónima sea propietaria de un club. En agosto, Jair Bolsonaro sancionó la ley que lo permite en Brasil. En Alemania, una normativa establece que el 51% debe ser de los socios y el resto puede ser privado. Marcelo Bielsa lo entonó en una sobremesa sin tanto chiste. Despertó carcajadas: “El problema es que un día va a aparecer un millonario hincha de Newell’s y va a comprar Central para cerrarlo”. Lejísimo está el fútbol local de ser tierra fértil para que Medio Oriente disponga sus pupilas. Sin embargo, hubo un presidente de la AFA que una tarde, en España, con un cigarro en la mano, preguntó: “¿Y si invitamos a un equipo de Qatar que juegue en el ascenso de Argentina?”.  

Pizza post cancha

  • Arsene Wenger fue entrenador del Arsenal y una de las mentes que cambió el sistema de estudio del fútbol y los mercados de pases. Sale su documental. Acá el trailer.
  • Clase magistral de Xavi Hernández sobre fútbol posicional. Me encanta la escenografía que arma The Coach Voice. No se lo pierdan. Son 14 minutos impresionantes.
  • Matías Conde es un as con los datos y una mente brillante para pensarlos. En este artículo va desde la demanda de futbolistas por la cantidad de partidos hasta la posibilidad que EA Sports rompa su acuerdo con FIFA. 
  • El documentalista y narrador Sebastián Kohan Esquenazi publica, a través del siempre tentador sello Fútbol Contado, el libro Dante Panzeri y el paradigma perdido, una búsqueda para pensar al mítico periodista deportivo. 

Esto fue todo.

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Un abrazo grande,

Zequi

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Soy periodista desde 2009, aunque pasé mi vida en redacciones con mi padre. Cubrí un Mundial, tres Copa América y vi partidos en cuatro continentes diferentes. Soy de la Generación de los Messis, porque tengo 29 y no vi a Maradona. Desde niño, pienso que a las mujeres les tendría que gustar el fútbol: por suerte, es la era del fútbol femenino y en diez años, no tengo dudas, tendremos estadios llenos.
@zequischer

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