Prepárense para perder

¿Por qué leer fútbol?

Recomendaciones para pensar el deporte desde la literatura.

Hola, ¿cómo estamos?

Recuerdo con desagrado la primera vez en que una maestra me retó al grito de: “Esto no es una cancha”. 

Mi papá había sido muy estricto en nuestra formación. Íbamos a los estadios casi siempre. Teníamos prohibido insultar a nuestros jugadores o a los adversarios. Una vez, me frenó en medio de una estrofa de un cantito: “¿Vos te das cuenta de que estás celebrando un homicidio?”. Durante horas de viajes, me discutió la importancia de valorar al rival. Admitimos que llorar estaba bien. 

Mentiría si, a pesar del adoctrinamiento, asegurara que me comporté durante toda la vida como creo hoy que hay que hacerlo. Creo que el espectáculo futbolero se transformó en algo más pacífico. Hace unos días, tomé un café con un crack y me increpó: “La cancha era el único lugar al que el rico iba y se tenía que abrazar con el marginal. Era de los pocos lugares en los que la diferencia de guita no establecía clases. Hoy, es un espacio de chetos. El problema no se solucionó. Está abajo de una alfombra”. 

Llevo como bandera que el fútbol es un terreno de discusión política, ética, moral e ideológica. Por lo tanto, es un espacio educacional y científico. De eso me convenció el olor a pasto y la gente que se dedicó a escribir sobre semejante pasión. 

Está muy de moda eso de mandar a descansar y no sé si existe tal práctica. Te deseo que utilices tu enero y tus vacaciones -y tu vida, por qué no- para problematizar las cosas. Ese ejercicio puede lograrse jugando al fútbol y leyendo al respecto. Así que me permito hacerte una gran base de recomendaciones para que busques, explores, asumas y patees:

  1. Literatura de la pelota, de Roberto Jorge Santoro. Es la primera gran antología de textos sobre fútbol en la Argentina. Desde una línea de Borges hasta las voces de las hinchadas. Salió en 1971 y tiene una reedición en 2007. Poeta, periodista y militante, Santoro está desaparecido desde el 1 de junio de 1971. Racing, su club, acaba de restituirle su condición de socio para siempre.
  2. El fútbol a sol y sombra, de Eduardo Galeano. Un recorrido magistral que entrelaza la historia y la emoción. El crack uruguayo llena de pasión cada página de este libro que se fue ensanchando Mundial tras Mundial. Todo es poesía y todos son goles.
  3. Puro fútbol, de Roberto Fontanarrosa. Librazo con la suma de los cuentos futboleros del genial autor rosarino. Apenas se termina una risa empieza otra.
  4. Arqueros, ilusionistas y goleadores, de Osvaldo Soriano. Ternuras, derrotas y sueños en una obra que reúne textazos deportivos de un escritor excepcional y muy futbolero.
  5. La patria transpirada, de Juan Sasturain. Ahora es director de la Biblioteca Nacional, pero Sasturain desde pibe tuvo al fútbol en el corazón, en los pies y en las manos. Un itinerario por las actuaciones argentinas en los mundiales que funciona como una maravilla.
  6. Fiebre en las gradas, de Nick Hornby. Británico y descomunal, Hornby escribe como los dioses y en este libro desplaza esos dioses a narrar su relación más que fuerte con el fútbol. Un clásico de clásicos.
  7. Señor Labruna, de Rodolfo Braceli. Casi una clase sobre cómo hacer grandes cuentos y, a la vez, una profunda exploración rumbo a la pasión por el fútbol. Braceli es mendocino. Y notable.
  8. Fútbol, el juego infinito, de Jorge Valdano. De lo último y de lo más brillante de la obra de Valdano fuera de las canchas. Fue campeón del mundo y escribe como un campeón.
  9. ¡Qué jugadora!, de Ayelén Pujol; Pioneras, de Mónica Santino, Tamara Haber y Julieta Ossés, y Pelota de papel 3. Tres trabajos enormes que evidencian con encanto, en cada volumen con su singularidad, la riqueza, los sonidos y los silenciamientos del fútbol jugado y soñado por mujeres.
  10. Burguesía y gangsterismo en el deporte, de Dante Panzeri. Referencia mayor en el periodismo sobre deportes, Panzeri va con todo en este libro de 1974 sobre mafias y mafiosos que se apropian de lo que él tanto ama: el deporte. Ni hablar que también merece ser leído Fútbol, dinámica de lo impensado, otro célebre trabajo suyo que dice muchísimo más que la famosa frase del título.
  11. Open, de Andre Agassi. La autobiografía estremecedora de uno de los grandísimos tenistas de cualquier tiempo. La escribió J. R. Moehringer, un narrador oculto como ninguno. Pero el sello y las experiencias son muy de Agassi.
  12. Juego, luego existo, de Ezequiel Fernández Moores. Diez mil ángulos, diez mil datos y muchos deportes y deportistas en esta compilación de notas de un gran periodista argentino.
  13. Héroes de nuestro tiempo, de Santiago Segurola. Artista de la crónica, desde los diarios de España hacia el mundo, Segurola articuló su oficio de periodista y su sensibilidad por el deporte para contar lo cotidiano como pocos. Esta colección de artículos lo evidencia.
  14. Alí en La Habana, de Gay Talese. Periodista en cada oración, Talese da cátedra en este texto en el que retrata la visita del más impresionante boxeador de la historia a la Cuba revolucionaria. Hay, por lo menos, otros dos artículos de Talese a partir del boxeo que son un lujo: El perdedor, con el ex campeón mundial Floyd Patterson en la mira, y Joe Louis, el rey en su madurez, con otro ex campeón del mundo en foco. Los tres materiales están en Retratos y encuentros, joya de Talese.
  15. Deporte, desaparecidos y dictadura, de Gustavo Veiga. La imprescindible reconstrucción de las biografías de los y las deportistas que desaparecieron en la última dictadura argentina. Veiga fue ampliando su labor en sucesivas reediciones. Pura Memoria, Verdad y Justicia.
  16. El combate, de Norman Mailer. El increíble Mailer toca el cielo de la literatura en esta obra cuyo punto de partida es la pelea entre George Foreman y Muhammad Alí en Kinshasa, en 1974, pero desde ahí casi que detalla algo así como la condición humana. Fascinante.
  17. El tenis como experiencia religiosa, de David Foster Wallace. Tenista de joven y luminoso observador del mundo en la adultez, Foster Wallace presenta en este libro dos ensayos tenísticos que son como un salto a la cancha. Difícil que alguien pinte o vuelva a pintar a Roger Federer de esta manera.
  18. Las doce a Bragado, de Haroldo Conti. Alguien dirá, con cierta razón, que no es literatura sobre deporte. Pero hay que ir por Conti, gran autor, uno de los 30.000 desaparecidos argentinos. Y este relato entrañable de un trotador aficionado entre los pueblos bonaerenses es una invitación a correr, a pensar y a vivir. 
  19. Torito, de Julio Cortázar. El cuento entre los cuentos sobre el boxeo, aunque Cortázar dice que el verdadero protagonista del cuento es el lenguaje. Para disfrutarlo, importa poco si quien lee tiene o no tiene vínculos con los rings. Postdata: La noche de Mantequilla es otra magia de Cortázar con mucho aroma a box.
  20. Esse est percipi, de H. Bustos Domecq (o sea Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares). No hay más antifutbolero que Borges y, sin embargo, este cuento a veinte dedos con Bioy Casares, fana del tenis, golpea las puertas de cualquier antología de literatura del fútbol y logra entrar. Cortito y contundente.

Que comiences muy bien el año.
Nos haría muy bien si nos tirás un centro.

Te mando un gran abrazo

Zequi

Este es el newsletter Prepárense para perder de Cenital.
Podés suscribirte para recibirlo completo en tu correo. Es gratis.
Soy periodista desde 2009, aunque pasé mi vida en redacciones con mi padre. Cubrí un Mundial, tres Copa América y vi partidos en cuatro continentes diferentes. Soy de la Generación de los Messis, porque tengo 29 y no vi a Maradona. Desde niño, pienso que a las mujeres les tendría que gustar el fútbol: por suerte, es la era del fútbol femenino y en diez años, no tengo dudas, tendremos estadios llenos.
@zequischer

Apoya nuestro periodismo

Si te gusta lo que hacemos, ayudanos a seguir haciéndolo.