Prepárense para perder

Poder en banda roja

Cómo queda el mapa político en River.

Hola, ¿cómo estamos?

El título era un deseo inconmensurable. Acaso su imagen en la cancha de Tigre, parado en la barrera, a minutos de consagrarse, tapándose los ojos para acomodarse las lágrimas, sea lo que grafica ese todo. “Dale, Viejo”, le decía Nery Domínguez, a su lado, pero no podía. Tan así fue que apenas terminó el partido fue corriendo al vestuario para poder festejar en la intimidad. Criterioso, decoroso y amable. Aunque su historial contra Independiente sea favorable, nunca se ocupó de enrostrarlo. “Comparto con Milito la filosofía de nunca gastar al rival”, advirtió no hace tanto, marcando una línea que quedará para siempre en el leitmotiv del nuevo Racing que ellos refundaron.

Hoy, a las 17, será el último partido de Lisandro López.

Gracias, maestro, por los goles, la clase y la dignidad.

La economía es la política

Filminas, láser, corbatas, gráficos y curvas de crecimiento. Jorge Brito daba una clase de economía en el cine de River. Presentaba el panorama de las deudas del club frente a un auditorio de periodistas deportivos más cercanos a los refuerzos que a las finanzas. Una semana antes, frente a Quilmes, con un Lobo Ledesma para exhibir en el Bellas Artes, el club había conquistado el primer título tras el descenso. Tanto color de rosas que el vicepresidente de 34 años y el tesorero -Andrés Ballota- gozaban del privilegio de poder mostrar a qué habían venido. Era finales de mayo de 2014. La agenda mediática pensaba en Lionel Messi y en el Maracaná. La exposición se imponía un ratito en el vivo televisivo y sería la noticia millonaria de la jornada. La prensa emigraba del Monumental, cuando Rodolfo D’Onofrio salió disparado a una reunión urgente convocada por Ramón Díaz. La renuncia era un cross a la mandíbula. Salvo Enzo Francescoli, nadie barajaba el nombre de Marcelo Gallardo. Ya lo sabía, pero ese día el actual presidente comprobó que, en este juego, un club saneado o endeudado sería menos explosivo que el entrenador de turno.

No por eso cambiaría sus barajas. La anteúltima renovación de contrato del Muñeco se acordó a puertas cerradas entre D’Onofrio, el agente del entrenador y el DT. Más allá de la cifra, al vicepresidente no le convenció el proceder. Lo exponía en los pasillos: “Así no es River”. Esta semana, latía una tensión superior a la de aquella salida de Ramón. La posibilidad de Gallardo afuera era durísima. Un día antes de que anunciara públicamente la decisión, el representante le anunció al flamante presidente que seguiría. Negociar sin mediatizar era una buena condición para el nuevo contrato. Brito tuvo dos actitudes que representan su primer sello: primero, no filtró la noticia; segundo, explicó que él no podía decidir unilateralmente y que debía analizarlo con sus compañeros de gestión.      

Lo ideal. Lo cómodo. Lo incómodo. Lo que se debe. Una sola pregunta le pedí al nuevo presidente de River que me respondiera para esta entrega:

–¿Qué es la política?
–La política es el arte de lo posible, por eso es importante que los espacios políticos estén representados de la manera más amplia posible. Siempre y cuando el límite de eso sea el objetivo, porque cuando uno excede eso, tiene votos, pero dificulta la gobernabilidad, porque no hay un objetivo común. Es importante poder entender que, para que pueda haber cambios profundos, tiene que haber un debate genuino y a veces estar dispuesto a tomar decisiones que no siempre son las más simpáticas. Pero el debate profundo y sincero es indispensable para poder lograr los cambios estructurales y necesarios para gestionar.

No funcionaba como un relato de cuadrilátero. Era un programa pedagógico. Brito -padre- poseía un ring de boxeo, en uno de los ambientes de su monumental casa. En su oficio de millonario argentino, el propietario del Banco Macro -y de tantos negocios más- supo abrir las puertas de sus propiedades a revistas. Tanta pasión le profesaba al deporte que, en su entierro, pusieron unos guantes rojos sobre el cajón. A sus cuatro hijos varones les enseñó a danzar sobre la lona. En cada golpe, penetraba una enseñanza. A uno de sus herederos, el único homónimo, la jerga política lo define como un killer. Algo así como un púgil que cuando impacta lo hace con toda su fuerza. En la última década, en la era sangrienta de la grieta argentina, el pater familiae (el patriarca) representó al sector corporativo que abogó por zanjar las heridas. Militó banquetes para aliviar partes. Esa noción del equilibrio es otra de sus grandes lecciones. “El cierre de listas muestra que no hay espacio para los extremos y eso es bueno para el país”, le planteó a Iván Schargrodsky este año el mandamás entrante. Ese, quizás, sea el puntapié para pensar lo que se viene.

El nuevo mapa

En River, la política es un músculo que transpira. Hay un culto a los procesos democráticos. Nunca se abandonó el ejercicio del voto. Ni en la dictadura militar entre 1976 y 1983. Ni en diciembre de 2001, cuando José María Aguilar fue elegido mientras volaban helicópteros. Ahora, se aplicó el cupo femenino, hay cuatro mujeres en la Comisión Directiva -más que en toda la historia de la institución-. Hay 39 agrupaciones políticas. El padrón electoral habilita 54.161 electores. El domingo pasado, se presentaron 19.833 personas a meter el sobre en la urna. Récord. Sobre todo en un día sin partido. En una elección en la que era cantado que el oficialismo triunfaba. A diferencia de Boca, en que la contienda hace años opone modelos parejos en apoyo. Brito obtuvo 14.020, el 70,6%. Dos lecturas se disparan: primero, un respaldo indiscutible al proyecto gobernante; segundo, una demostración de que la masa societaria tiene el dedo cerca para marcar lo que haga falta.

La cantidad de autoridades grafica el peso de la masa política riverplatense: un presidente, dos vicepresidentes, 22 vocales titulares, 14 vocales suplentes, 10 fiscalizadores titulares, 6 fiscalizadores suplentes, 150 representantes de socios titulares, 60 representantes de socios suplentes. 

Jean Jacques Rousseau fue uno de los primeros pensadores en tratar a la herencia como eje de la acumulación de riqueza. Brito heredó de su padre los conocimientos financieros, el patrimonio, la pasión por la banda roja y el boxeo. El destino se elige. O se halla. La tarde en que Belgrano venció a River por la Promoción, el ahora presidente se juró bañarse en la política del club para cambiar la historia. Consciente de que desde lo deportivo y desde lo institucional no estaban a la altura de sobrevivir a ese encuentro, convocó a un amuleto para que lo acompañara. Monseñor Jorge Casaretto nunca había visto perder a los Millonarios en el Monumental. El obispo apareció como cábala. Tras el fracaso de lo religioso, la decisión fue arremangarse y dedicarle la vida a estos colores. 

Lo republicano es sagrado en Núñez. D’Onofrio se despide de la política de River porque ya no le quedan mandatos. Por estatuto, hay un límite a tres períodos seguidos en la Comisión Directiva o dos de presidente. Las normas arman al juego. El primer trinomio de este oficialismo tuvo a Brito y a Matías Patanian de vicepresidentes. El directivo de Aeropuertos Argentinos 2000 -parte del clan de los Eurnekian, otra de las familias millonarias de este país- salió tras el primer período donofrista. Acumulaba un puesto como vocal opositor al passarellismo. Como si fueran amarillas, se limpió y regresó, ahora, como vicepresidente primero. Su área será la del Departamento de Fútbol. Un espacio con doble filo: está próximo a las glorias que construye Gallardo y, también, a las duras exigencias del Muñeco.

El segundo vicepresidente es Ignacio Villarruel. Entre 2013 y 2017, ejerció como vocal. Al frente del área de Legales. El juicio contra Daniel Passarella florecía como su caballito de batalla. Realizó presentaciones de cómo sería la megacausa. Muy pocas veces concluyen esas actuaciones. Claro que no estaba en su imaginario que un día el Panadero le tiraría gas pimienta a los futbolistas de River y eso derivaría en una batalla dirigencial. Junto a D’Onofrio voló a Asunción a tratar la resolución de los octavos de final de la Libertadores 2015. En sus laureles, cayó el veredicto a favor de lo que solicitaban desde Núñez. Nunca se sabe si los dirigentes inciden en tales fallos. El público suele exigir y creer que sí. Y, por las dudas, las autoridades no lo niegan. 

El tesorero será Ballota. Que, al igual que Patanian, debió retirarse un mandato por cumplir la regla de tres. El contador es actualmente el titular de la Administración Gubernamental de Ingresos Públicos (AGIP). Con Brito, ocupó la función de sanear la economía. La primera complicación de 2013 era modificar las tasas de interés de las deudas contraídas. Todos los nuevos préstamos fueron pesificados. En un club con ingresos en moneda nacional, eso es un tesoro. Más si tu vicepresidente pertenece a la familia de los banqueros -con un alto peso en ADEBA (Asociación de Bancos Argentinos)-. Lo que habilitó al actual presidente a transferir su privilegio de status hacia Núñez.

Para el segundo mandato, uno de los vicepresidentes era Guillermo Cascio. Ex gerente general del Banco Ciudad y ex presidente de IBM Argentina. Un dirigente con un currículum resonante, una presencia histórica en el torneo interno y un culto al bajo perfil. Falleció en 2018. Su lugar lo ocupó Stefano Di Carlo. El más joven en la historia del cargo. Ahora será el secretario general de la institución. Un jefe de Gabinete que abre y que cierra el club. El único sin un alto patrimonio económico de la cúpula. Con pedigree riverplatense. Su abuelo, Osvaldo Di Carlo, fue mandatario millonario en 1989. Su bisabuelo, Ángel Di Carlo, constituyó el gobierno de Antonio Vespucio Liberti. La política es una ciencia y un oficio que se aprende. No le daba la edad para poder asumir en el primer mandato como vocal así que ingresó directo como presidente del sector de comunicación sin ir a la boleta. Un gesto de apoyo de D’Onofrio que se sostuvo en el tiempo. Lo que le dispuso una virtud en el tablero futurista. De los apellidos que ocupan la cúpula dirigencial, sólo están habilitados a ser presidentes en la próxima vuelta Patanian, Ballotta y él. Tanto Brito como Villarruel cumplen su tercera vuelta. 

La AFA

El estofado del 38 a 38 acumulaba escenas infinitas. Papeles pegados, Tinelli agarrándose la cara, Luis Segura reinando, directivos en aviones ya en el recuento. En el despelote, Daniel Angelici -presidente de Boca- propuso votar a mano alzada. Es una escena olvidada: Brito solicitó la palabra, se opuso a la idea del Tano y consiguió posponer la elección. El tiempo premió a Claudio Tapia. De espesa relación con la política riverplatense.

“Me gustaría ser el presidente de la AFA”, blanqueó D’Onofrio en los últimos años. Cuando Chiqui habla de su par riverplatense, lo nombra como El Viejo. Y, si se le consulta por la oposición de River a su gestión, aclara que todo lo que ladran afuera no lo exhiben adentro. Los cargos en la casa madre del fútbol argentino no incluyen exactamente los tiempos del ejercicio en los clubes. Aunque se termina su rol como presidente, el cargo de vicepresidente de la institución de Viamonte continúa siendo de Rodolfo, como logró que lo llamaran en el anillo del Monumental. 

Es que los títulos obtenidos y el orden institucional lo transformaron a D’Onofrio en un busto alabado. Ocho años culminan sin ninguna sublevación política, con apenas un episodio con Los Borrachos del Tablón -la barra disidente ingresó al Monumental y concluyeron la jornada de vandalismo en una comisaría-, con un alto crecimiento de la marca River, la remodelación del estadio en camino. La mayor crítica que le cae casi no la niega: futbolistas emblemáticos salieron de la institución por quedarse libres. Con multicausalidades que llevaron a eso: falta de competencia con el mercado internacional; desidia para resolver las renovaciones; jugadores que no se vendieron a tiempo porque el entrenador priorizó retenerlos sin importarle el contrato. Pero si ese fue su lado ciego, el luminoso se remarca en su decisión ideológica de que los Millonarios militaran un frente solidario en todo el país, con la Fundación River a la cabeza -en sociedad con Juan Carr de Red Solidaria-. Ese espacio lo construyó Clara D’Onofrio, “hija de”, flamante vocal de la Comisión Directiva.

Fueron muy pocos los directivos del passarellismo que no se retiraron de la política deportiva. Diego Turnes, vicepresidente en aquella gestión, tomó la decisión de seguir en el instante en que se hizo cargo de oficiar la ceremonia con la que asumió D’Onofrio su primer ciclo. Continúa en AFA. Apenas tomó el micrófono, en la confitería del Monumental, comenzaron a insultarlo. Tantos chiflidos que no se podía continuar. Brito saltó desde el público, subió al escenario y pidió respeto. El banquero sabía que su primer acto de gestión sería investigar los números y denunciar la malversación del período anterior. Su tarea requería cuestionar a Turnes. Las enseñanzas de la casa latían en ese momento: ser un killer, pero sin perder el diálogo con el adversario.

Pizza post cancha

  • Francisco Mazzeo publicó el libro Fútbol y economía, con una mirada muy entretenida y rigurosa de los lazos entre el capital y el deporte. Se pide por Instagram: @futbolyeconomia.
  • De los muchos registros con los que ahora la literatura narra al fútbol, el periodista y escritor cordobés Cristian Montecchiesi encontró uno especial. Su libro Contado con los dedos adopta el haiku, un formato clásico de Japón. Vale la pena.
  • Juan Ferro acaba de sacar Sólo para hinchas, un volumen con una perspectiva muy futbolera y, a la vez, muy crítica con el sistema dominante. A contramano de los discursos que mandan, reúne textos cortos y potentes.

Esto fue todo.

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Abrazo grande, Zequi

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Soy periodista desde 2009, aunque pasé mi vida en redacciones con mi padre. Cubrí un Mundial, tres Copa América y vi partidos en cuatro continentes diferentes. Soy de la Generación de los Messis, porque tengo 29 y no vi a Maradona. Desde niño, pienso que a las mujeres les tendría que gustar el fútbol: por suerte, es la era del fútbol femenino y en diez años, no tengo dudas, tendremos estadios llenos.
@zequischer

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