Pochoclos win-win: Milei clausura 100 días de caos con Adorni y le reza a la interna suicida del PJ

La crisis del Congreso y un ultimátum judicial noquearon al jefe de Gabinete. El pacto Karina-Santiago y el “cuiden a Manuel”. El avance amarillo. La ruta del video Cirio. Kicillof, CFK, dos listas peronistas y la foto atomizada de 2003.

Desde Madrid, como si de lejos lo viese más claro, Javier Milei le puso fin a Manuel Adorni. Tras 107 días de escándalo, periodo que marcó la peor temporada libertaria, el presidente desplazó a su protegido. Salvo Milei, nadie en el Gobierno estaba a favor de la continuidad del jefe de Gabinete. Ni siquiera Karina, que en noviembre de 2025 esponsoreó a Adorni para bloquear a Santiago Caputo.

La novela del adiós se escribió el jueves, pero la salida se formalizó 48 horas después. Roto y sin destino político, Adorni será reemplazado por Diego Santilli, actual ministro del Interior, que marcha a convertirse en el cuarto dirigente que, en la era Milei, ocupe la butaca que antes calentaron Nicolás Posse, Guillermo Francos y Adorni. Ignacio Devitt quedará al mando de la vicejefatura y absorberá Interior.

La fallida sesión del jueves en el Senado, que La Libertad Avanza convocó aunque no dio quórum, fue el punto de quiebre. Patricia Bullrich le avisó a los Milei que era imposible frenar la interpelación del jefe de Gabinete. En guardia por lo que especuló que podría ser una trampa de Bullrich, Karina Milei envió a Eduardo “Lule” Menem y a Devitt a rechequear si el panorama era tan negro.

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Los operadores karinistas constataron que no había forma de impedir que avance el proyecto para interpelar y, quizá, votar una moción de censura contra Adorni. De Diputados, Cristian Ritondo transmitió su propio alerta: si el proyecto avanzaba en el Senado sería muy difícil frenarlo en la Cámara baja. Milei podría hacer una cuenta simple: dos amarillos (Ritondo y Bullrich) fueron clave para el desembarco de otro amarillo.

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La danza de los colores

El avance amarillo es indiscutible. Con Santilli en la Jefatura, el gabinete de Milei se tiñe de los colores del PRO. Luis “Toto” Caputo, Pablo Quirno, Juan Bautista Mahiques, Federico Sturzenegger y Santilli provienen de las filas macristas, al igual que Bullrich y Ritondo. Expresa, además, un giro hacia los políticos tradicionales -como Adorni- como señal de nueva normalidad en el sistema libertario.

Hubo otro factor determinante. Sin margen para sostener a Adorni, hace tiempo el Gobierno buscaba una figura de reemplazo que, para Milei, debía tener cintura política para cohabitar con Karina y Santiago Caputo, los dos vértices del Triángulo de Hierro. Romper el frágil equilibrio entre la hermanísima y el asesor tendría costos para el Ejecutivo y para la dinámica emocional del presidente.

Santilli era, del menú de opciones, el único que cumplía el requisito de tener diálogo con los dos polos del planeta libertario. Entronizar a Quirno implicaba premiar a Santiago; ascender a Martín Menem, un ariete de Karina, hubiese sido interpretado como una declaración de guerra por Las Fuerzas del Cielo. Sturzenegger fue, hace tiempo, el plan A de Milei, pero tanto Karina como Caputo lo objetaron.

Sin embargo, a pesar de que el jueves el presidente ya había decidido que se iba Adorni y entraba Santilli, el Gobierno jugó al misterio y exhibió como posibles reemplazos a Quirno, Sandra Pettovello e, incluso, Horacio Marín, el titular de YPF, a quien Milei valora pero que carga con un karma: Mauricio Macri, luego de una cena en Olivos con el presidente, lo había propuesto como jefe de Gabinete y lo hizo público para descalificar a Adorni.

Santilli es, entonces, producto de un nuevo pacto de convivencia entre la hermanísima y el asesor premium. Sin embargo, Karina -en un mensaje público por X- escenificó que la caída de Adorni fue una derrota personal porque la apuesta que hizo en noviembre pasado, cuando promovió al entonces portavoz para impedir que Caputo sea jefe de Gabinete, fue un fracaso.

Ultimátum político y judicial 

Hay un elemento más en torno a Adorni: la “amenaza” del fiscal Gerardo Pollicita sobre una inminente citación a indagatoria. Las señales de advertencia de Pollicita parecen un S.O.S al cielo para que la Casa Rosada degüelle al funcionario y le saque de encima el peso de tener que llamarlo a tribunales. Parece haber, en sectores del poder, una lógica similar: emitir todos los alertas para que sea Milei el que resuelva el tema y no una citación judicial o una moción de censura del Congreso.

Lo mismo intentó Patricia Bullrich al suspender, tras una charla con Karina Milei, la concurrencia de Adorni el 2 de julio a la Cámara Alta. Al rato el funcionario tuiteó que estaba dispuesto a ir. Bullrich estalló en el Senado. “Javier pone un nuevo vocero para protegerlo, nosotros lo cuidamos para que no lo acribillen y el pelotudo se vuelve a poner en el centro. No se puede creer”, se descargó frente a otros legisladores.

La gambeta de convocar a la sesión y no dar quórum le regaló, al final, una victoria barata al peronismo, que grita y patalea contra Adorni pero prefería que Milei se niegue a entregar un funcionario a la oposición. Es lo que muchos querían: que el jefe de Gabinete siga, hasta el final de los días, en su cargo en el gobierno libertario. Adorni parece, ahora, más confiado con la estrategia judicial (que Iván contó en el último #OffTheRecord) diseñada, a dúo, por el abogado Matías Ledesma y el tributarista Liban Kusa.

¿Adorni puede irse tranquilo?

Pero ¿puede Adorni dejar tranquilo el cargo sin temor a una larga maratón por Comodoro Py? En los últimos quince días, el jefe de Gabinete recibió mensajes de que no estará indefenso fuera del poder. En Casa Rosada dicen que se activó el operativo “cuiden a Manuel”. Es, en verdad, en defensa propia: para los Milei no sería tranquilizador que un funcionario tan cercano ande nervioso y locuaz.

La causa, sin embargo, seguirá. “Manuel está aterrorizado por lo que pueda pasar”, contó un dirigente libertario a Cenital, y planteó el escenario de una detención. Se atribuye a Adorni, incluso, haber sido ferozmente crítico el ministro de Justicia, Mahiques, porque -según la versión- no hizo lo suficiente para ayudarlo en tribunales.

Pero hubo un hecho que se leyó como una señal de respaldo al ahora ex jefe de Gabinete: la aparición de videos de Jesica Cirio. La historia tiene su costado estilo Netflix. Las imágenes datarían de fines de 2022 o principios de 2023, en momentos en que Cirio ya se había distanciado de Martín Insaurralde y esas capturas podrían interpretarse como una paritaria de divorcio. Por entonces, Cirio ya estaría vinculada a Elías Piccirillo, que luego cayó detenido y que habría tenido en su poder esos videos, y que antes de ir a prisión se los habría compartido a un socio, luego allanado y en cuyo celular estaría el material.

La trazabilidad de los videos y su filtración se atribuye a las pymes de la industria de los espías y la inteligencia, que le sirve al Gobierno para poner en contexto el caso Adorni comparado con la obscenidad de los dólares de Cirio e Insaurralde. El timing hizo que algunos conocedores de ese submundo recuerden que antes de viajar al Mediterráneo para salir de paseo en el yate Bandido, a Insaurralde le habían advertido que había una bomba contra él. Siempre se mira a un mismo actor: un veterano del sindicalismo que estuvo, en algún momento, cerca de Milei. ¿La bomba eran los videos que ahora trascendieron?

Sin PASO, ¿la dispersión del 2003?

Por obstinación o impericia, Milei demoró movimientos porque llega, al final, a la misma conclusión: no ve ninguna amenaza política enfrente. Ni siquiera aunque su imagen personal haya caído a un rango que va, según la encuesta, entre los 28 y los 37 puntos, pese a que el porcentaje de respaldo duro se ubique entre los 20% y los 25%. Hay una serie de ejercicios de laboratorio que vale la pena observar.

Un sondeo que circula en el peronismo hace un ensayo que llama “despolarización” y consiste en poner en escena a varios actores: Milei, Bullrich, Axel Kicillof y Sergio Massa. ¿Es una foto posible? Si el Gobierno logra sacar las PASO, algo que según las cuentas que hace Santilli es más que posible, se podría dibujar un cuadro electoral que remite a las elecciones de 2023: varios candidatos que estén entre 15 y 35 puntos.

¿Qué da esa exploración? Milei debajo de los 25 puntos, Bullrich no llega a 20 y las dos ofertas peronistas oscilan cerca de los 20. La primera conclusión es simple: Milei tiene un piso duro pero insuficiente para ganar, por sí mismo, en primera vuelta. ¿Bullrich puede, si pacta con Milei, traer todos sus votos o ahí se expresa un voto JxC que ya no confía en Milei? Allí pueden aparecer otras figuras: una es Victoria Villarruel.

La otra es Jorge Brito, el empresario, que se afilió al peronismo pero que según estudios de opinión pública resulta atractivo para votantes, de pasado JxC, decepcionados con Milei. Días atrás, el empresario estuvo en Jujuy y se encontró con “El Perro” Santillán, el dirigente social que fue un protagonista de altísimo impacto durante los años noventa, en tiempos de Carlos Menem.

El espejo roto del peronismo

El acto de Parque Lezama, que encabezó Máximo Kirchner, marcó un nuevo estadío de la interna peronista. Las críticas a Kicillof habilitaron que otros dirigentes, entre ellos Guillermo Moreno (en una charla con el amigo Juan Agosto) y Sergio Berni -presentes, ambos, en el escenario- giren la idea de una fractura expuesta en el peronismo que derivaría en que la oferta electoral se divida en dos listas: una de Kicillof y otra patrocinada por Cristina.

Los comentarios adquieren volumen cuando se pone sobre la mesa un dato muy picante: la expresidenta no considera a Kicillof como su candidato presidencial. Un interlocutor de CFK transmitió, con mucho énfasis, ese mensaje: “Cristina no cree, no piensa y a nadie le dijo que Kicillof sea su candidato preferido”. Dicho así, el vínculo CFK-Axel entró en un definitivo punto de no retorno. 

Lo curioso es que no aparece, en el ecosistema CFK, un candidato potencial. Salvo que todo ese despliegue de La Cámpora y afines tenga como destino último allanar la reaparición de Massa como candidato presidencial del peronismo. Massa está en silencio pero no -nunca- está quieto. A su lado deslizan que, en materia de encuestas, está en un rango similar a Kicillof y CFK.

Ya en 2023, Massa fue la moneda de negociación entre dos actores o, incluso, fue la herramienta de Cristina para que se imponga a Daniel Scioli, que era patrocinado por Alberto Fernández. Como ocurrió en 2019, luego de peleas durísimas, en 2023 y entre Kicillof y CFK en 2025, al final el peronismo logró un mecanismo para establecer acuerdo electorales y presentar lista única.

Con o sin PASO, en un esquema de polarización, hay una regla que vale para LLA y para el peronismo: el que se divide, pierde. Mauricio Macri o, incluso Bullrich, pueden poner esa carta sobre la mesa para negociar con Milei; mientras que en el peronismo, una fractura entre Kicillof y el sector de CFK garantiza un reparto -no importa- de votos que facilita la victoria del oficialismo, salvo que la foto sea como la de 2003 y haya cuatro o cinco espacios competitivos.

La unidad, esa entelequia

Sobre el gobernador pesa el fantasma de repetir el comportamiento de Horacio Rodríguez Larreta, que enfrentó antes de tiempo a Macri, éste se recostó sobre Bullrich y lo hizo perder. En la cuenta final, Macri también salió perdidoso de ese proceso: Milei lo ninguneó y el PRO terminó convertido en una furgón de cola de la tropa libertaria. En ambos extremos del peronismo, la lógica del escorpión.

El Monitor de Opinión Pública de Inteligencia Analítica marca que la imagen de Milei está en niveles críticos, que solo una oferta muy precaria de la oposición o la atomización le ofrecería -si la elección fuese hoy- posibilidades ciertas de reelegir. El dato que se repite, y es una señal, es que la derrota más contundente de Milei es contra un “candidato de unidad del peronismo”, así, sin nominalidad.

Pero la unidad no existe como tal, porque siempre debe haber un candidato y ese candidato (o candidata) inevitablemente genera, o tiene, rechazos, y en un armado siempre alguien queda afuera, siempre hay fugas. Sirve, entonces, para medir lo que espera el votante opositor: por separado, ninguno toma todo, y según el caso hay distintos volúmenes de fuga hacia Myriam Bregman o Juan Schiaretti.

Ya casi no se imprimen diarios pero se percibe como un periodista gráfico. Escribió en Ámbito Financiero, Clarín y elDiarioAr pero todavía tipea mal. A veces aparece en la tele. Nunca vivió en CABA. Padre de tres.