Peronismo: golpe, quiebre y el mapa para volver

El principal espacio opositor aún digiere la dura derrota de hace un año. CFK busca retomar protagonismo, mientras a Kicillof lo critican los leales a la expresidenta. El rol de Massa y la búsqueda de unificar estrategias para frenar el avance de Milei.

El proceso que terminó con la designación de Cristina Kirchner como presidenta del PJ evidenció, como pocos, el cuadro de debilidad del peronismo en el primer año como oposición al Gobierno de Javier Milei. El sector que conduce la expresidenta ratificó que continúa siendo la porción más grande, pero de un universo disperso y todavía conmocionado por la derrota del año pasado. Allí, cada espacio persigue sus propios objetivos sin una estrategia unificada para enfrentar al presidente que hizo el ajuste más grande de la historia.

Por primera vez, la pelea se instaló con fuerza al interior del kirchnerismo. En el transcurso del año, Axel Kicillof pasó de candidato natural a enemigo de los leales a Cristina. La postal es contundente. Basta con hacer foco. La CGT está dividida y domesticada. Los movimientos sociales, desactivados. Casi la mitad de los gobernadores del peronismo se dejó seducir por la Casa Rosada e hizo aportes clave a leyes de Milei. Alberto Fernández, eyectado de la jefatura del partido, debió refugiarse en su departamento de Puerto Madero tras las denuncias de Fabiola Yáñez por violencia de género. Cristina Kirchner logró recuperar cierta centralidad, pero sufrió un fallo judicial adverso que podría dejarla fuera de la carrera electoral. El 44% que sacó Sergio Massa en el ballotage ya no habita en un mismo espacio y, por si fuera poco, el excandidato presidencial tomó un trabajo como asesor de un fondo buitre y se mantuvo en silencio, a la espera de un derrumbe en la popularidad del mandatario, que no se produjo.

“La tensión más grande la tenemos dentro de nuestras propias cabezas. Nunca la derecha había hecho tanto daño en tan poco tiempo con tanto consenso social. Eso nos llena de dudas sobre a qué sociedad le estamos hablando y sobre qué puede pasar en 2025”, dice una figura influyente de la provincia de Buenos Aires encolumnada detrás de Cristina. “La gente ahora abre la heladera, ve que está vacía y nos echa la culpa a nosotros”, agrega, con resignación.

Pese a todo, en el Instituto Patria destacan que, en comparación, la situación es mejor que la de 2016, cuando el kirchnerismo volvió al llano después de 12 años y debió caminar por el campo minado que le tendió Mauricio Macri. “En 2016 nos partimos en veinte pedazos y no teníamos ni la provincia de Buenos Aires. No nos compraban de a tres diputados como ahora, sino de a docenas. Todas las semanas desfilaba un exfuncionario por Comodoro Py y parecía que había Macri para siempre. Hoy, Unión por la Patria (UP) es la única oposición y es el espacio que va a capitalizar los descontentos, cuando se produzcan”, analizó un dirigente de diálogo frecuente con Máximo Kirchner. Un exfuncionario de Cristina, hoy alejado de su conducción, hace una lectura opuesta: “Estamos peor que en 2016, porque en ese momento Macri había tenido que decir en campaña que iba a mantener muchas de nuestras políticas. Habíamos tenido una derrota electoral no tan clara en lo ideológico. Hoy ganó alguien que dice y hace cosas que nos habíamos convencido de que no se podían hacer. Patricia Bullrich eliminó los piquetes sin un muerto y Milei ajusta sin que haya resistencia en las calles, más allá de las marchas universitarias. Frente a una administración con un programa nítido de nuestro lado hay muy poco”.

Buena parte de lo que está haciendo Milei quedó habilitado por el fracaso del Gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, coinciden las encuestas. El libertario es el que más provecho político supo sacar a la herencia que recibió en la gestión. Un dato del último estudio de Opinaia, una de las consultoras más consumidas en la Casa Rosada, muestra que el porcentaje de la población que responsabiliza por la actual crisis económica a Milei (17%) es menos de la mitad del que acusa a Alberto Fernández (38%). Esa brecha se amplió en favor del presidente en los últimos dos meses, en simultáneo con la caída de los dólares paralelos y la reducción del riesgo país. Aunque precaria, la estabilidad macroeconómica que logró Milei vuelve peores a sus antecesores, parece decir el estudio de Opinaia. Otro dato de la misma encuesta: un 12% de los votantes de Massa apoya la gestión de Milei.

El único dato positivo que puede mostrar el peronismo es la relativa unidad de sus bloques en el Congreso. En el Senado mantuvo el interbloque de 33 integrantes, aunque perdió a los aliados que le permitían alcanzar la mayoría propia, y, en Diputados, el bloque solo sufrió la fuga de un puñado de sus miembros, por decisión del gobernador de Tucumán, Osvaldo Jaldo, el primer mandatario peronista que se alineó con Milei.

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UP logró conservar la primera minoría en ambas cámaras, pero a fuerza de hacer la vista gorda ante defecciones en votaciones clave que le permitieron al Gobierno cerrar el año sin derrotas legislativas de peso. En definitiva, una unidad impotente, dado que el peronismo tampoco logró construir una mayoría con otras fuerzas para ponerle límites a la Casa Rosada. En casi todos los casos faltó el acompañamiento del resto de la oposición. Pero en momentos clave tampoco estuvieron garantizados los votos propios.

La expresión más clara de esa situación se produjo en la aprobación de la ley Bases. El capítulo del Régimen de Incentivo de Grandes Inversiones (RIGI) contó con el respaldo de seis diputados de UP, tres de Catamarca y tres de San Juan, así como de tres senadores, uno de Catamarca, uno de San Juan y uno de Jujuy. La debilidad interna del peronismo en el Congreso volvió a quedar en evidencia en el último tramo del año legislativo, cuando no pudo aportar los votos propios a una sesión especial que había pedido, junto con otros bloques, para poner límites al uso de los DNU.

El 12 de noviembre, el presidente de la bancada de UP en Diputados, Germán Martínez, debió resignarse a pedir una postergación del debate. De los 99 integrantes de su bloque, solo 90 estaban firmes para avanzar con la sesión. Habían quedado en el camino cuatro que responden al gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, una diputada neuquina cercana al gobernador Rolando Figueroa, dos diputados de Santiago del Estero alineados con el gobernador Gerardo Zamora y dos de Mendoza.

Como respuesta a esa falta de cohesión interna se ideó la coronación de Cristina Kirchner en el PJ. En sus palabras, un intento por reagrupar a un peronismo “desordenado” y “torcido”. Con el levantamiento de su perfil, a fuerza de apariciones más frecuentes en el territorio y cruces en redes con Milei, la expresidenta logró ocupar el lugar vacante de referente de la oposición después de meses en los que, ante el vacío, habían crecido desde los márgenes figuras como Guillermo Moreno y Juan Grabois. De acuerdo con el estudio de Analogías, la consultora que mide para el Instituto Patria, Cristina se consolidó en el último tramo del año como principal figura del peronismo. Así lo ven el 36,5% de los consultados y el 63,3% de los que se identifican como parte del electorado de oposición peronista. “Con todos los reparos que tenemos para medir intención de voto sobre un hipotético escenario electoral con tantas variables sin definir, el promedio de las tomas desde junio indica que hay una suerte de empate entre ‘la fuerza de Javier Milei’, con 31,5%, y ‘el peronismo’, con 30,7%”, señala Marina Acosta, directora de Comunicación de Analogías.

El resurgimiento de Cristina no puede leerse escindido de la batalla interna en su propia fuerza. La disputa por la presidencia del PJ terminó de blanquear el plan de autonomización de Kicillof, decidido a construir su propio camino para llegar a la Casa Rosada en 2027. La neutralidad del gobernador bonaerense en la pelea por la presidencia del partido habilitó a Máximo Kirchner a ponerlo en duda como candidato natural del espacio de cara a 2027. El problema más grande que tiene hoy el kirchnerismo, este es el dato distintivo de la crisis actual, está en el futuro. La pulseada de poder entre los herederos de Cristina obligó a la expresidenta a una estrategia de acumulación política en su figura de resultado incierto. Con el dedo gastado tras la experiencia fallida del Frente de Todos, parece forzada a competir en persona para mantener vigente su jefatura. Mientras Milei avanza casi sin resistencia, en el horizonte del peronismo gana volumen una batalla que amenaza con terminar en ruptura. Conscientes de las consecuencias que podría tener ese desenlace, los distintos sectores trabajan a contrarreloj para lograr una tregua y unificar una hoja de ruta. Cristina, Massa y Kicillof saben que, sin un acuerdo en el peronismo, el 2025 podría ser peor.


Esta nota es parte de un especial de Cenital que se llama El año del león. Podés leer todos los artículos acá.

Es periodista y politólogo. Conduce el noticiero central del canal IP y el programa ¿Cómo la ves?, en Futurock. Es autor de Los secretos del Congreso (Ediciones B, 2019).