Passing game: de los profesores escoceses a Paredes y Fattori
Un equipo no es un conjunto de jugadores aislados, sino una red de pases-relaciones. Entre Boca y Argentinos Juniors, los equipos que más pasaron la pelota en el Clausura, se va a definir uno de los semifinalistas.
Escocia e Inglaterra juegan el primer partido internacional de selecciones, en el West of Scotland Cricket Club de Glasgow. Los “inventores” del fútbol, pese a ser visitantes, son los favoritos: 0-0 ante cerca de 4 mil espectadores. Pero el scottish passing game (el juego de pases escocés) supera a los ingleses, que tiran la pelota hacia adelante y avanzan en bloque en un juego físico, y que se repiten con el dribbling game, corridas individualistas del rugby. “Acto cobarde”, llaman los ingleses al juego colaborativo de pases de los escoceses del Queen’s Park, un estilo más armónico, colectivo y técnico. “El punto fuerte del equipo local era que jugaban excelentemente bien juntos”, consigna el diario Glasgow Herald. Fue el 30 de noviembre de 1872. Hoy se cumplen, exactos, 153 años.
El passing game, poco a poco, se impone en toda Gran Bretaña, Inglaterra incluida. Combinaciones y toques en corto. El fútbol escocés se centra más en el control del juego a través de la pelota y el inglés, en las progresiones rápidas desde distancias cortas. Hasta que, a finales de la década de 1920, en Inglaterra surgen cuestionamientos a la eficacia del passing “en manos inexpertas”, como se lee en el Lichfield Mercury en 1926. Con el cambio de la regla del offside en 1925 a la todavía hoy vigente -dos rivales entre el receptor y la línea del arco-, más el auge del esquema táctico de la “WM”, Inglaterra retoma el kick and rush: el patear y correr.
“Nunca afirmaríamos ser los fundadores originales del juego. Hay muchos países a lo largo de muchos siglos que pueden afirmarlo. Pero lo que afirmamos es que el juego moderno, que ahora es el juego global, comienza en Escocia”, me dice Richard McBrearty, historiador y curador del Scottish Football Museum, en el Hampden Park de Glasgow, donde días atrás Escocia venció 4-2 a Dinamarca para asegurarse un lugar en el Mundial luego de 28 años.
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Fueron profesores escoceses los que expandieron el passing game por el mundo. Alejandro Watson Hutton, nacido en 1853 en Glasgow, fue el maestro de escuela que enseñó el juego de pases en Argentina (en 1893 fundó y presidió la Argentine Association Football League, antecesora de la AFA). “En Buenos Aires, el fútbol no es tan cerrado y cercano como en Rosario, y eso hace que te exija una comunicación diferente, es muy formativo, hace que sea un debate diario y vivís agonizando todo el día. Además, jugamos mejor porque no vinieron los ingleses, vinieron los escoceses y se pasaban más la pelota”, me había dicho César Luis Menotti en 2017.
Rosario Central, primero de la tabla anual, fue –como otorgó la AFA– “campeón de Liga 2025”, un torneo que nunca se jugó. En el Clausura que aún se está jugando, Central fue eliminado (1-0) en octavos por Estudiantes de La Plata en Rosario. The beautiful game.
Boca y Argentinos, juego más elaborado vía Paredes y Fattori
Boca y Argentinos Juniors definirán un semifinalista del Clausura desde las 18:30 en la Bombonera. Fueron dos de los tres equipos con juego más elaborado en las 16 fechas del torneo. En los registros de Liga Profesional Data, Argentinos lideró en posesión promedio (61,2%, y Boca, tercero, con 58,4%). En pases promedio por secuencia, se ubicaron detrás de Defensa y Justicia (3,7): Boca, con 3,6, y Argentinos con 3,4. Y en cantidad de secuencias de diez o más pases, Boca terminó en el primer lugar, con 195, por delante de Argentinos (181). Sobre todo, desde la irrupción del Barcelona 2008-2012 de Pep Guardiola (y de Lionel Messi), ganar la posesión muchas veces se tradujo en jugar “mejor” que el rival. No son equivalencias. Pero despreciarla es infantilizar y sesgar el análisis. El que tiene más la pelota dispone de la ventaja de la iniciativa.
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SumateY, ya con la posesión, “juntar” pases ayuda a la fluidez, a la gestación antes de la definición. Boca fue el equipo con más goles a favor en la tabla anual (52), seguido de Argentinos y Racing (42). En el Clausura 2025, Leandro Paredes, centrojás bostero, es el número uno en pases: 1.000 efectivos del total de 1.155 (86.6% de eficacia), 379 de ellos hacia adelante. Entre los jugadores de los equipos clasificados a los playoffs, le sigue Federico Fattori, mediocampista central del Bicho: 813 efectivos del total de 911 (89.2%), 278 de ellos hacia adelante. En el top 10 del Clausura hay otro jugador de Boca y otro de Argentinos: los zagueros Lautaro Di Lollo y Erik Godoy, quienes dan ese “primer pase” en la salida de sus equipos.

Pases de todos los colores
Hay pases que llevan órdenes, que trazan el camino con sentidos. Hay pases que balizan la jugada. Hay sin oposición y bajo presión. Hay pases que comprometen (y comprometedores). Hay “pasesitos” sin riesgo hacia atrás o hacia los costados. Hay pases que se “guardan” y que engañan. “Esta no, esta no, ¡esta sí! Wowww”. Hay pases dinámicos cuya sucesión invitan a jugar, como los del gif de Diego Maradona antes de salir a la cancha. Que marean y desmoralizan al rival porque generan superioridades. Hay pases exquisitos, que se dan con desprecio, la pelota hecha una bola de billar. Hay pases verticales, en profundidad y, sí, hay pases-gol.
Un equipo no es un conjunto de jugadores aislados, sino una red de pases-relaciones. En términos matemáticos, grafos compuestos de nodos conectados a aristas. En la cancha, cada futbolista es un nodo distintivo, cuyas aristas capturan interacciones, como los pases. Un partido de fútbol, de hecho, puede representarse gráficamente como una determinada evolución de grafos, sin dos iguales entre el inicio y el final. “En el pase, el hombre se reconoce como ser social”, escribió Nelson Rodrigues, el cronista que mejor retrató a la pelota y sus entornos en Brasil, hermano de Mário Filho, el periodista que le da el nombre oficial al estadio Maracaná de Río de Janeiro.
Argentina-España, “La nuestra” vs. “El tiqui-taca”
El 25 de marzo pasado, en el baile 4-1 a Brasil en el Monumental por Eliminatorias, Argentina marcó el segundo gol, el de Enzo Fernández, tras 34 pases en una secuencia en la que intervinieron los once jugadores. El 7 de septiembre, en la goleada 0-6 a Turquía por Eliminatorias, España marcó el segundo gol, el primero de Mikel Merino, tras 25 pases en una secuencia en la que intervinieron, también, todos los jugadores. En el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá 2026, España es la candidata a impedirle el bicampeonato a Argentina. “La nuestra” versus “El tiqui-taca”.
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— FIFA World Cup (@FIFAWorldCup) December 24, 2024
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Ese acumular y “juntar” pases como concepto no es mero exhibicionismo: es la posesión fecunda, un sentir, un vínculo con la pelota. El preparador físico Paco Seirul·lo, a quien los estudiosos acerca de la filosofía y el estilo del Barcelona sitúan a la altura de Guardiola y de Johan Cruyff, le dijo en 2024 al periodista Ramón Besa en una entrevista en El País: “La inteligencia, el jugar bien, prioriza a la competitividad. No es una cuestión de datos, ni de números, ni de kilómetros, sino de toques, de pases, de jugar de cara y al primer toque, de aunar espacio y tiempo. El fútbol es de los pocos deportes de equipo en que el entrenador puede admitir la creatividad del jugador y respetar su naturaleza. El futbolista tiene más libertad porque se trata de compensar la deficiencia que supone jugar con el pie; y es justamente esta deficiencia la que hace que la impronta personal vaya transmitida en cada pase. El deseo”.
De Riquelme a Paredes, futbolistas sistemas en sí mismos
A Paredes le alcanza con jugar a un toque para hacerlo bien. Enganche de origen –elevado incluso por Juan Román Riquelme en la sucesión en Boca, malvendido pronto por la dirigencia macrista–, Paredes distribuye y marca el ritmo de su equipo. “Paredes encandila por su pegada, pero como todo gran centrojás, recupera muchas pelotas de frente y, lo importante, sabe defender por detrás de su espalda. Si un equipo se empieza a construir desde los pases y desde la pelota, mejor un cinco como Paredes y, sobre todo, que tenga una gran interacción con los insides y con el diez. No se puede analizar el juego de manera individual. En la relación con los otros está el juego”, me decía Matías Manna, asistente-analista de partidos en el cuerpo técnico de Lionel Scaloni, en mayo de 2022.
La incidencia de Paredes desde su vuelta a Boca a mitad de 2025 es vital. Basta con ver el antes y el después. Es un futbolista que es un sistema en sí mismo, un jugador con peso específico, aunque conviene no olvidar que el fútbol es un juego colectivo. Pero casi todo gira en torno a un Paredes en plenitud y líder. Su sola presencia cambia las tonalidades de un equipo. Define a qué juega desde el pase. Este Paredes versión 2025 domina como aquel Riquelme de 2007 que ganó la última Copa Libertadores de Boca.
A los 17 años, Paredes ya se definía como un futbolista que trataba de jugar bien y de hacer jugar a los demás. Y decía que a Riquelme lo miraba para aprender. “A mi hermano le gusta mucho el fútbol, y cada vez que termina el partido hablo mucho con él. Vemos el fútbol bastante parecido –contó Riquelme en 2013–. Por ejemplo, se enojó conmigo porque le di el pase a Escalante, y él me decía que la tenía que seguir yo y pegarle al arco. Sé que tomo decisiones equivocadas, pero si mis compañeros están en una mejor posición debo pasarles la pelota. Él se enoja porque yo disfruto más del pase para que el delantero haga el gol”.
Sí, hay pases-gol no gol. Y “toco y me voy” y, más que nada, “toco y voy”, éxtasis del passing game.