París 2024: los Juegos Olímpicos no se acaban nunca
El deporte no cambia el mundo, porque antes debería cambiar el deporte. Pero nuestra memoria se alivia para guardar a los grandes atletas. Y cada cita olímpica que vivimos nos mira pasar a nosotros.
La reina María Antonieta decapitada en la Conciergerie llena de “sangre”, símbolo de la Revolución francesa, abrió el tercer acto (“Liberté”) de la inauguración de los Juegos Olímpicos de París 2024 sobre el río Sena, enfocada hacia los derechos individuales, la diversidad sexual, la integración y el feminismo. “Una parodia de ‘La última cena’ y una ceremonia que finaliza con ‘Dios reúne a los que se aman’ -celebró el periodista Frédéric Hermel-. Toda la grandeza de Francia está ahí”. Bajo el diluvio parisino durante la ceremonia, sin embargo, una voluntaria anónima sostuvo un paraguas debajo de la cabeza de Tony Estanguet, presidente del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos 2024. Estanguet -ex piragüista, tres veces campeón olímpico- afronta un proceso penal por haber recibido 270 mil euros brutos anuales de 2018 a 2020, cifra superior a la indicada en el estatuto del Comité. La Fiscalía Nacional Financiera había “congelado” en 2023 otra investigación -con allanamientos a la sede del Comité Organizador y a empresas- por “conflicto de intereses”, “malversación de fondos públicos” y “favoritismo” en la atribución de más de veintena de contratos para París 2024. Una de las empresas sospechadas fue Paname 24, encargada de la ceremonia de apertura del viernes. “Son infracciones formales, intereses ilegales, cómo ciertos contratos fueron distribuidos -había aceptado el fiscal Jean-François Bohnert-. Hay que asegurar una realización tranquila de un evento global, una fiesta universal. No nos corresponde alterar ese orden”.
Los Juegos de París 2024 son los primeros de la historia con paridad absoluta de género (5.250 hombres y 5.250 mujeres). Un siglo atrás, en los Juegos de París 1924, donde Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre fueron voluntarios, hubo apenas 135 mujeres entre 3.089 deportistas. En la inauguración, ante los ojos del presidente Javier Milei, se homenajeó a diez mujeres “heroínas” de la historia de Francia con estatuas (en París hay 260 de hombres y 40 de mujeres). Además de Simone de Beauvoir, se eligió a Alice Milliat (1884-1957), traductora, nadadora, jugadora de hockey, remera y, sobre todo, gran responsable de que las mujeres pudiesen participar en los Juegos ante la oposición del padre fundador Pierre de Coubertin, barón francés. En 1921, viuda a los 37 años, Milliat fundó la Federación Internacional de Deportes Femeninos y organizó al año siguiente en Montecarlo la primera edición de los “Juegos Olímpicos Femeninos”, con 77 atletas mujeres. El Comité Olímpico Internacional (COI) la obligó a que le sacase “Olímpicos” del nombre. “Para ellas, la gracia, el hogar y los hijos -había dicho Coubertin en Atenas 1896, primeros Juegos de la era moderna-. Reservemos para los hombres la competición deportiva”. Milliat vivía en Nantes. Tenía 12 años. Leía en Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll: “Sí yo hiciera mi mundo, todo sería un disparate. Porque todo sería lo que no es. Y entonces al revés, lo que es no sería y lo que no podría ser sí sería”. Los Juegos Olímpicos, amparados en el “amateurismo”, también excluían a la clase obrera.

El miércoles, nuestra Paula Pareto, campeona mundial en judo en 2015, medalla de bronce en Pekín 2008 y oro en Río de Janeiro 2016, se convirtió en París en la primera mujer argentina miembro de la asamblea del COI. Médica egresada de la Universidad de Buenos Aires, Pareto y su ex entrenadora Laura Martinel renunciaron en mayo a sus becas después de que la Secretaría de Deportes recortase el presupuesto y, en judo, bajasen las becas de 18 a 4. Argentina viajó a París 2024 con la menor delegación en 32 años (136 atletas en 25 disciplinas deportivas), con una Subsecretaría acéfala después de la renuncia de Julio Garro y sin presencia en boxeo, el deporte con más medallas para el país (24).
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En la región, Argentina es hoy el que peor financia a los atletas que lograron un podio olímpico: 439 dólares por mes, contra los 3.187 de Ecuador. La paga más alta de una beca otorgada a un deportista argentino no alcanza el sueldo de un empleado de comercio (659.567 pesos). Argentina no será un país mejor si gana medallas. Tampoco la cantidad de medallas equivale a que una mayor parte de la población acceda al deporte, practique y mejore su calidad de vida. Pero el deporte argentino no se salva del desguace estatal del gobierno de Milei, que ataca al deporte social, al federado y al alto rendimiento, y cuya única “política deportiva” es la instalación de las sociedades anónimas para tomar por asalto los clubes de fútbol.
Los triunfos deportivos, en reiteradas oportunidades, son presentados por el periodismo como historias de superación, listas para “consumir” en un video de TikTok. Es más fácil, pero simplifica. Y omite. Las expendedoras de sentido común deportivo también insuflan por un rato nacionalismo. Y el odio al ocasional “enemigo”. El COI representa el poder que domina y que impone las lógicas en las mayorías, aunque sean falsas o tendenciosas. Todo Juego es político (los turcos se ausentaron e intentaron boicotear Atenas 1896 por las guerras con Grecia). Aunque se remite a la “tregua olímpica” de paz entre los pueblos en la Antigüedad, nunca un Juego Olímpico detuvo una guerra. Al contrario: la Primera y la Segunda Guerra Mundial interrumpieron los Juegos. La delegación de Argelia tiró rosas en el río Sena, donde los franceses arrojaron los cuerpos de entre 30 y 250 argelinos asesinados mientras protestaban por la independencia. La masacre de París de 1961. Y los deportistas de Níger hicieron la venia militar en apoyo al gobierno del general Abdourahamane Tchiani, quien sacó a los franceses recién en 2023. Argelia y Níger fueron colonias francesas. El surf, como en Tokio 2020, será deporte olímpico. Se desarrollará en Teahupo’o, Tahití, en la Polinesia Francesa, a 22 horas en avión de París, porque en esas aguas del Pacífico Sur se forman las olas más grandes del mundo, y porque Francia aún mantiene su enclave.
La geopolítica se proyecta en los Juegos. O, tal vez, el COI “juega” su geopolítica a través de los Juegos. El abanderado de Palestina, el boxeador Wasim Abusal, lució en la apertura una camisa con un diseño de misiles que caen sobre un niño que juega al fútbol. Eran apenas 15 atletas en la delegación. Al menos 342 deportistas palestinos murieron en diez meses por los ataques de Israel a Gaza después de los atentados terroristas de Hamás del 7 de octubre. El abanderado de la delegación de Israel, el judoca Peter Paltchik, publicó el año pasado en sus redes sociales una foto -que más tarde borró- en la que se veía un misil listo para ser lanzado a Gaza con la palabra “Ippon”, como se llama a una técnica vencedora del judo.
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SumateEl COI incluyó entre los 37 atletas de 11 países que competirán en París 2024 bajo el “Equipo Olímpico de Refugiados” al piragüista cubano Fernando Jorge Enríquez, oro en Tokio 2020 en la prueba de C2 1000 m con Cuba. El Comité Olímpico Cubano pidió su expulsión: “No es desarraigado por la guerra ni perseguido”. El COI, en cambio, desoyó los pedidos de tres organizaciones de apoyo a víctimas de abuso sexual para que excluyese a Steven van de Velde, jugador de beach voley de Países Bajos, condenado cuando tenía 19 años por la violación a una niña de 12. A van de Velde, que se aloja afuera de la Villa Olímpica, lo banca el Comité Olímpico neerlandés.

París 2024 son, a la vez, los Juegos de la seguridad, o del control tecno-urbano a partir de la necesidad de que sean “abiertos de par en par” tras los pandémicos y cerrados de Tokio. Lejos de la suspensión, el COI doblegó la seguridad para los atletas israelíes, más por la matanza de Israel de cerca de 40 mil palestinos en Gaza que por el ataque terrorista en Múnich 1972 en el que fueron asesinados 11 deportistas y entrenadores israelíes. Rusia, eso sí, permanece suspendida tras la invasión a Ucrania, seis meses después de Tokio. A los deportistas que compiten bajo el equipo de “Atletas Individuales Neutrales” (AIN) les prohibieron asistir a la inauguración de los Juegos. Los 32 “AIN” son 15 rusos y 17 bielorrusos. Si Rusia compitió en los últimos Juegos de Tokio bajo el acrónimo “ROC” (en inglés, Comité Olímpico Ruso) después de un “doping de Estado”, ahora se trata de ocultarla. No importaba antes el doping masivo, no importa ahora la guerra: importa que no se vea la bandera rusa. Rusofobia. En París 2024, el tenista ruso Andrey Rublev no defenderá la medalla de oro en el dobles mixto de Tokio 2020 junto a Anastasia Pavlyuchenkova. “Él necesita recuperarse, juega todo muy seguido, y el cuerpo no es de hierro”, lo excusó Shamil Tarpishchev, presidente de la Federación Rusa de Tenis. Actual N° 9 en el ranking mundial, Rublev se autoflegó más de una vez durante los partidos con golpes en la rodilla con la raqueta hasta sangrar. De chico, su madre y entrenadora lo amenazaba con dispararle si no prestaba atención cuando hacía un mal saque. “No es solo furia, es autolesión, es un profundo disgusto consigo mismo”, nos cuenta la escritora Mariana Enriquez, fan de Rublev, en esta joya de contratapa en Página/12. “Ya no pasa tres días deprimido y con ganas de suicidarse después de una derrota, pero dice que no sabe cómo medir sus emociones: ‘El perfeccionismo es bueno, pero también me destruye el cerebro’”. Rublev exterioriza lo que conlleva -lo que arrastra, lo que carga- el deporte de élite que veremos en París 2024. En 2022, 48 horas después de la invasión de Rusia a Ucrania, Rublev escribió en la cámara de la TV luego de un partido: “No a la guerra, por favor”.
“Dame Juegos, dame una tele y llámame tonto: medallas de gente que no conoces, deportes absolutamente inventados, voces de locutores que escuchas más durante dos semanas que a tu propia familia. Los Juegos Olímpicos son la mejor competición porque consiguen lo más difícil: se van justo cuando empiezan a saturarte”, escribe Enrique Ballester en una columna incluida en Barraca y tangana. El deporte no cambia el mundo, porque antes debería cambiar el deporte. Pero el deporte -un Mundial, unos Juegos, un partido del club del que somos hinchas- acaso sí alivie la vida, aligere las emociones y hasta nos vuelva más sensibles a nivel individual y colectivo, nos acerque, como en el calor de los festejos de Catar 2022, las más de cinco millones de personas sólo en Buenos Aires, la más grande manifestación argentina de todos los tiempos. París 2024 dejará su grandeur. Guillaume Apollinaire verseó en un poema que nombra a uno de los 18 puentes parisinos que pasaron las 85 embarcaciones con las 206 delegaciones: “El puente Mirabeau / mira pasar el Sena / mira pasar nuestros amores / Y recuerda al alma serena / que la alegría siempre viene tras de la pena”. Nuestra memoria amorosa guarda a los grandes deportistas. Y cada uno de los Juegos que vivimos nos miran pasar a nosotros.