Óleo sobre casta
La pintura de Adorni consolida la descomposición y le impide al gobierno celebrar logros en la economía. ¿El peronismo se acerca al campo?
“Yo hubiera preferido que diga que se le murió el perro y cuando lo fue a enterrar se encontró 200 mil dólares”. La reflexión del ministro ante #OffTheRecord muestra el espíritu generalizado del gobierno luego del reportaje que brindó Manuel Adorni el miércoles por la noche. Ni el inicio del Mundial logró apaciguar la conversación en redes sociales luego de lo que fue, como anticipamos en este espacio hace varias semanas, una defensa mucho más legal que política.
Sin embargo, la culminación de la vida biológica del expediente debe resistir el impacto social. ¿Es posible convalidar algo distinto a una indagatoria al jefe de Gabinete luego de la repercusión que generaron sus declaraciones? Sería injusto calificarla de “unánime” porque hay al menos dos personas que, a pesar de la performance en LN+, decidieron apoyarlo. Una, en público. La otra, en privado. Javier y Karina Milei respectivamente volvieron a sostener a su funcionario. El presidente lo hizo a través de una conversación con Luis Majul y su hermana en la reunión de mesa política que concluyó con la foto reglamentaria y el ya habitual gesto jimhalpertiano de Santiago Caputo.
“¿Esta es tu explicación después de tres meses? La hubieras hecho antes”, lo rigoreó Patricia Bullrich a Adorni previo al registro fotográfico. “Me parece bien que plantees tus diferencias, pero deberías haberlo hecho antes puertas adentro”, le devolvió el jefe de Gabinete. A Adorni le asiste la razón en ese punto y es por eso que se lo enrostra cada vez que puede a su ex compañera de gabinete. “Te entiendo, pero esto afecta muy duramente el capital simbólico del gobierno”, intentó concluir la senadora antes de la intervención de Santiago y Karina.
Si te gusta Off the record podés suscribirte y recibirlo en tu casilla los martes.
En su inevitable Personalidad y poder, Ian Kershaw cuenta sobre algunas diferencias de la opinión pública durante la consolidación de la República Federal de Alemania con el entorno más próximo a Konrad Adenauer –concretamente en la figura de Hans Globke, que entre 1953 y 1963 fuera secretario de Estado, el funcionario público de más alto nivel después del ministro en la Cancillería Federal. Globke tenía contacto diario directo con el canciller. Sumamente capaz y eficiente, para Adenauer se volvió indispensable, pero –aun sin ser militante del partido– como funcionario del Ministerio del Interior del Reich había ayudado a redactar leyes antijudías y sido coautor de la apostilla sobre la ley de Ciudadanía del Reich.
¿Y esta cajita de texto para qué está? Acá es donde despabilamos a nuestros lectores y les contamos lo difícil que es hacer periodismo en estos tiempos. Por eso, si la información que leés en Cenital te ayuda a entender mejor lo que pasa, te pedimos que nos des una mano para seguir.
SumateDesde el punto de vista político, la crisis era insostenible, pero Adenauer jamás le quitó su apoyo. Desde el punto de vista social, no tanto: en 1960, el 75% de los encuestados respondieron no saber quién era Globke. El caso de Adorni es exactamente inverso. Está claro que el jefe de Gabinete no cometió las infamias de las que se lo acusaba a Globke e incluso si se lo encontrara culpable de las peores acusaciones su desfalco no alcanzarían ni remotamente a acercársele a los atentados contra el erario público de los últimos dos gobiernos. Sin embargo, su tema, el caso Adorni, llegó con virulencia a la mesa de los argentinos.
Lo más interesante de la conversación pública alrededor del tema, entonces, no es la discusión sobre ingresos, patrimonio o ascenso social. La Argentina convivió durante décadas con dirigentes que modificaron sustancialmente su nivel de vida al llegar al Estado. Lo que aparece aquí es algo distinto: una reacción casi dérmica. Hay, en una parte significativa de la opinión pública, una mezcla de rechazo y fascinación frente a una estética del poder que transmite cierta marginalidad. No (sólo) marginalidad económica, sino cultural. Como si la exhibición del éxito no estuviera codificada según los parámetros tradicionales de las élites argentinas sino según los de una nueva periferia que llega al centro sin adoptar ninguno de los rituales de legitimación que históricamente exigía la política. El resultado es paradójico: la figura genera repulsión precisamente por las mismas razones que despierta magnetismo.
Ese fenómeno encierra, además, un problema político para Milei. Porque la conversación ya no gira únicamente alrededor de Adorni. Empieza a desplazarse hacia preguntas más incómodas sobre el financiamiento de la Fundación Faro, sobre los mecanismos que rodean al ecosistema oficialista y sobre la eventual existencia de circuitos paralelos de compensación económica que remiten, inevitablemente, a viejas historias argentinas. No importa tanto, por ahora, la consistencia de las acusaciones como la instalación del tema. La experiencia argentina demuestra que los escándalos no siempre erosionan por la gravedad del hecho sino por la imagen que proyectan. Y allí aparece una vulnerabilidad inesperada para el oficialismo: al argentino promedio la corrupción suele indignarlo menos que la sensación de que lo están subestimando. Lo que comienza a resultar ofensivo no es necesariamente la presunta irregularidad sino la falta de elegancia de sus protagonistas.
“Manuel hizo lo peor que podés hacer en este país: ser un boludo, tener cara de boludo y tratar a todos como si fueran unos boludos”, sentenció un diputado en diálogo con este medio con una crudeza poco habitual. Es uno de los diputados que va a tener que definir si acompaña o no la interpelación y moción de censura al jefe de Gabinete el 23 de junio. El PRO ya pidió, en un comunicado con una dureza inusual, la renuncia o el despido de Adorni.
Sin embargo, el 23, al no estar el dictamen, los impulsores necesitarían los dos tercios de los presentes para tratarlo en el recinto. Con una operación matemática elemental, se desprende que no va a ocurrir porque solo La Libertad Avanza cuenta 95. Sí es probable que ese día se emplace la comisión para ambos temas. El PRO se prepara para dar quórum y acompañar el pedido de interpelación. “Después evaluaremos si es necesaria o no una moción de censura”, explican. ¿Anticipo o negociación? Se impone una pregunta: si Adorni no consiguió a nadie para un mutuo ni un escribano para firmarlo y por eso ensayó el argumento del Bitcóin, ¿por qué debería arrojarse un diputado opositor sobre esa granada? El único que tiene la práctica es Milei que, en su momento, defendió a Cristian Ritondo como ni el propio Mauricio Macri lo hizo. Elisa Carrió, con una naturalidad casi cómica, le recordó a Ritondo que “tiene 180 propiedades”. “No le hablo porque es corrupto”, concluyó.
El diagnóstico sobre la dualidad de la economía argentina se profundizó a partir de las buenas noticias macroeconómicas de las últimas semanas, donde se sumaron relativamente buenos datos de inflación y la caída muy pronunciada del riesgo país.
La consultora S&P se sumó a Fitch en una mejora de la evaluación crediticia de la Argentina, que intenta diagnosticar la deuda en moneda extranjera de CCC+ a B-. La calificadora ubicó así la deuda argentina en un terreno donde se percibe capacidad de repago. La baja del riesgo país refleja una percepción en los mercados de que la deuda argentina podría ser sostenible, lo que, a su vez, permite al equipo económico planificar un regreso a los mercados de deuda voluntarios que reduzca gradualmente la exposición a organismos internacionales de crédito.
La evaluación de las calificadoras, a menudo señaladas por sus sesgos ideológicos, tiene en este caso fundamentos reales para la mejora. PxQ señalaba en su último informe que el Banco Central compró hasta junio 9.747 millones de dólares de reservas –prácticamente alcanzando el objetivo previsto para todo el año– y que las reservas netas mejoraron en 5.000 millones de dólares. El frente externo se beneficia del dinamismo de los sectores extractivos y la situación de precios que habilitó la guerra en Irán. En abril de 2026 las exportaciones crecieron 33% interanual, el superávit comercial mensual llegó a 2.711 millones y el acumulado anual trepó a 8.277 millones de dólares, impulsado en gran medida por el aporte creciente de Vaca Muerta. Si sumamos la aprobación de la segunda revisión del FMI, con un desembolso de 1.000 millones –y la confirmación de una garantía del Banco Mundial por otros 4.000 millones de dólares– permitiría afrontar los pagos de bonos soberanos de julio de 2026 sin afectar las reservas netas. Un cuadro externo que, en cualquier comparación con la historia argentina reciente, luce robusto: más reservas, más superávit externo, más financiamiento y un horizonte de pagos despejado en el corto plazo. El dato es importante. Las reservas fueron el talón de aquiles de la recuperación durante el primer año y medio de gestión del gobierno.
Es interesante, con todo, mirar los riesgos que señala S&P que todavía persisten para la economía argentina. Allí enfatiza la historia de volatilidad de la política económica y los cambios bruscos que suelen suceder en Argentina. El mercado comienza a asomarse a la evaluación sobre la probabilidad de que el régimen macroeconómico sobreviva al ciclo electoral de 2027. Una vez más, PxQ identifica este problema en cambios bruscos de la curva de deuda. Mientras el bono en dólares que vence durante la actual gestión rinde alrededor de 5% anual, el que vence en 2028 se ubica cerca del 8,5%. Podría ser un mimo a la hipótesis del “riesgo kuka” o, visto de otro modo, una pregunta sobre el destino del ajuste fiscal y el cambio de perfil exportador si no se logran mejoras sociales perceptibles.
En el panorama social aparece la cuestión de la heterogeneidad de la recuperación económica: la inédita combinación de crecimiento del PBI con caída del empleo privado registrado, sin antecedentes en las últimas dos décadas. El consumo privado total, medido por las cuentas nacionales, creció 7,9% anual en 2025 y alcanzó su máximo histórico. Sin embargo, esa cifra convive con una masa salarial real todavía 11% por debajo del máximo de 2015, ventas de supermercados 9% inferiores a las de 2023 y 27% menores que las del máximo de 2015. También hay recuperación en bienes durables, aunque incompleta: en 2025 se patentaron 198.606 autos más que en 2024, pero se vendieron 350.000 unidades menos que en 2013. Un ordenamiento macro que convive con un mercado laboral débil y con cifras de consumo doméstico que permanecen lejos de sus mejores momentos.
Los datos son elocuentes al comparar distintos indicadores contra 2017. El informe muestra una economía partida en dos. Por encima del nivel de aquel momento aparecen el consumo de energía eléctrica, con una suba de 18,7%; las importaciones de bienes de consumo final, con 13%; el turismo emisivo, con 9,7%; la nafta, con 8,2%; y el gas natural, con 5%. En cambio, las ventas de motos, con una caída de 5,9%; la masa salarial, con 9,9%; los préstamos prendarios, con 15,3%; las ventas de supermercados, con 16,7%; el crédito al consumo, con 17,7%; y las ventas de autos, con 31,9% siguen por debajo. Las bajas tratan de rubros que se asocian al consumo de los sectores populares.
El descenso de la inflación debería, en los cálculos del gobierno, dar un impulso relevante a la actividad, particularmente por vía del crédito –a imagen de lo que sucede en países vecinos como Brasil y Chile– y dar un empujón a sectores estancados como la construcción. El dato de mayo, el mejor desde septiembre del año pasado, es alentador para el oficialismo, tanto a nivel económico como político. El serrucho de la inflación tuvo hasta ahora una constante muy intuitiva: cuando cayó, mejoraron los salarios reales. La suba golpeó al poder adquisitivo y a la confianza del gobierno. El 2% sigue siendo, de todas maneras, un piso alto, que hace difícil pensar en una normalización completa y que el gobierno no logró hasta el momento perforar sostenidamente. En el equipo del ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, se ilusionaban con alguna mejora coyuntural, de la mano de la reducción del precio internacional de los combustibles, que permitiera reducir en algo la inercia inflacionaria y avanzar en la perforación del piso existente. Una mejora social, creen, impactaría también, de forma decisiva en el riesgo político.
La fortaleza de los sectores ligados a los recursos naturales tampoco pasó desapercibida estas semanas en los debates del peronismo. El sector del Partido Justicialista que agrupa a figuras como el porteño Juan Manuel Olmos y al entrerriano Guillermo Michel, que hizo de local, realizó esta semana un encuentro que giró en torno a la presentación de un Programa Federal por la Competitividad Agropecuaria. El documento reivindica al agro como una de las actividades centrales de la Argentina, tanto por su peso en la producción y las exportaciones, como en el empleo, la innovación tecnológica y la inserción en mercados globales. Es decir, se sale de la lógica de la relación del peronismo con el sector, al que siempre vio como fuente de divisas y recursos fiscales, pero por lo demás, como un actor de relativamente poco valor para una estrategia de desarrollo.
Eł programa puso en discusión la necesidad de una reforma integral de costos e impuestos del sector, que incluyó la discusión sobre las retenciones, hasta el momento un anatema por su rol fundacional en el relato del kirchnerismo; así como la política de semillas, donde la discusión buscó equilibrios para garantizar el acceso para pequeños y medianos y, a la vez, la innovación y protección de la propiedad intelectual, una estrategia de riego para enfrentar sequías y mejorar productividad; y una fuerte agenda de eficiencia logística, con rutas, caminos rurales, ferrocarriles, puertos, energía y conectividad, junto a un aumento de capacidades estatales en organismos técnicos como INTA y SENASA. Se trata de una agenda de política industrial para el sector más dinámico de la economía argentina, cuyo crecimiento en las últimas décadas, sin embargo, fue menor al de países vecinos, particularmente Brasil. Hay una paradoja interesante implícita en este intento de acercamiento al sector agrícola.
El éxito de estas políticas difícilmente sea compatible con una estrategia macroeconómica inflacionaria en la que sobrevuele constantemente el fantasma del default, por lo que la renovación de las políticas deberá incluir reformulaciones en ese ámbito, que hoy son parte de la discusión. Esas propuestas son las que no ejerció, pero sí produjo el equipo económico de Sergio Massa en la campaña de 2023. ¿A quién apoyaría el kirchnerismo en una eventual interna? ¿A un candidato con postulados económicos más lejanos, pero digerible políticamente como Massa o Sergio Uñac? ¿O a uno con diferencias políticas que parecen irreconciliables, pero que entiende la economía de manera más similar? Es una pregunta importante. Paradójicamente, un peronismo que rediscuta sus fundamentos económicos y se acerque decididamente a sectores como el agro, probablemente reduzca el riesgo asociado a su eventual victoria. Un camino sano, pero pocas veces transitado por el sistema político argentino.