Grupo J: los rivales del campeón
Austria se plantó como el principal contendiente para Argentina. Argelia tiene estrellas en las principales ligas y Jordania apuesta a su propio Messi.
Queridísimo Martín
Este grupo será distinto. Porque estamos nosotros. A los rivales hay que contarles las costillas y lo que hay adentro, también. Por eso, te propongo un ping pong para ir actualizándonos. Vamos con Jordania
Uno de los culpables del apodo fue Nicolás Tagliafico. Ocurrió una noche del verano de ellos. Una épica sin épica, con ilusión. Se disputaba el repechaje de la Champions League para ver quién ingresaba a la fase de grupos. Apoel Nicosia — el club más ganador en la historia de Chipre — contra Ajax de Países Bajos. Los primeros veinte minutos, como era de esperar, marchaban a favor de los visitantes de Amsterdam. El ánimo en el estadio del Apoel comenzaba a apaciguarse hasta que la magia cayó sobre los tobillos de Al-Tamari y empezó el baile de la gambeta.
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El zurdo habilidoso cosechó tres ocasiones de gol y provocó dos amarillas en veinte minutos. Solo el arquero camerunés, André Onana, logró contenerlo. La historia culminó 0–0 y la vuelta resultó para los de siempre. Pero la hinchada chipriota no dejó pasar la obra maestra de su delantero oriundo de Jordania. Compusieron un temazo: “Tenemos a Al Tamari, él es mucho mejor que Harry (Kane) y que Dele Ali. Tamari, Tamari. El Messi de Jordania”.
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SumateJordania gira sobre Al-Tamari. “No me gusta ese apodo”, detalla, cuando lo comparan con Messi. Las distancias son abismales. Aunque cada vez que brilla se lo recuerdan. En el cruce de Rennes contra PSG, este año, le enganchó al ecuatoriano Willian Pacho y la clavó al segundo palo. El sobrenombre regresó.
A los 28, es la referencia del país con 87 partidos en la selección y 24 gritos. Y una carrera que se sale del molde del país: luego de Chipre, emigró al Leuven de Bélgica, de ahí al Montpellier y al Rennes. Francia se transformó en su lugar. Aunque aclara: “Es porque no miran la liga local, hay muchos futbolistas muy buenos”.
Al-Tamari a veces se gira en su responsabilidad. Esta semana, en un amistoso contra Suiza, a los 32 minutos, perdían 1–0. Empezó a hacerle gesto a sus compañeros de que presionaran. El entrenador, Jamal Sellami -nacido en Marruecos, pero nacionalizado por el Rey Abdullah II tras clasificarse al Mundial-, marcaba que no fueran. Truco y retruco: cuatro pases, los atacantes apretaron y los defensores corrieron hacia atrás, la dislexia de estrategias, una mala pasada y 2–0.
“El secreto es que siempre nos centramos en jugar en equipo, en lugar de depender del talento individual”, destaca la figura. Hay una sed que los empuja: arribaron a la final de la Copa de Asia en 2024 y no se quedaron ahí; llegaron a la final de la Copa Árabe en 2025 contra Marruecos. Dos subcampeonatos que trajeron alegría. Quién dice que conquistan el segundo puesto de la fase de grupos y se meten en dieciseisavos.
Querido Zequi:
Es muy bueno con los pies Musa Al Tamari. También es muy religioso: de los que estudiaron de niños, recitan el Corán de memoria y lo enseñan. En su página de Instagram, además de sus goles, lo podemos ver en peregrinación a la Meca junto a su hijo. También se lo ve comprometido con la causa palestina, de donde tiene ascendencia, como la mayoría de la población de su país.
Dependiendo de quién cuente, entre el 50% y el 70% de los jordanos tiene su origen, — o parte de él — , en Palestina. En 1947, con el mundo lidiando con las consecuencias de la masacre nazi en Europa, la ONU — con el apoyo de la Unión Soviética y los Estados Unidos — , decidió la partición del mandato británico de Palestina en un estado de mayoría árabe y un estado de mayoría judía. Casi inmediatamente estalló una guerra civil entre ambas poblaciones en el territorio, a la que luego se unirían un conjunto de estados árabes de la región agrupados en la Liga Árabe. Los estados árabes -y la población árabe de ese territorio- intentaban evitar el establecimiento del Estado de Israel tal como había sido concebido por la decisión de Naciones Unidas.
El resultado fue catastrófico para los palestinos. Con armas provistas en gran parte por el régimen comunista checoslovaco, el naciente estado israelí repelió a los ejércitos de los países de la Liga Árabe y avanzó más allá de los límites establecidos por Naciones Unidas. La línea de Armisticio — llamada “línea verde” — de 1949, fijó los límites de hecho del nuevo Estado en la Franja de Gaza y Cisjordania. Jordania -entonces llamada Transjordania- ocupó Cisjordania hasta Jerusalén Oriental. Los palestinos que quedaron del lado del nuevo Estado fueron desposeídos y huyeron o fueron expulsados.
La Nakba (catástrofe, en árabe) marca la salida violenta de más de 700 mil palestinos. En paralelo, tambíén fueron expulsados o huyeron de los países árabes cientos de miles de ciudadanos judíos, que debieron establecerse en el nuevo Estado. Al día de hoy, los palestinos expulsados y sus descendientes constituyen una población de cerca de seis millones de personas registradas como refugiadas ante las Naciones Unidas. Dos millones y medio están registradas en Jordania. El resto, mayoritariamente, viven en Siria, Líbano, Gaza y Cisjordania.
Como manera de presionar a Israel, Líbano, Siria y los demás países árabes se negaron a dar ciudadanía a los refugiados palestinos y sus descendientes. En Jordania, la política fue diferente. Los palestinos sin ciudadanía jordana constituían, en el último censo, menos del 7% de la población. La anexión de Cisjordania — que Israel ocupó luego de la guerra de 1967 — incluyó derechos de ciudadanía para los palestinos en su territorio. Las poblaciones se mezclaron a tal punto que la reina, Rania, proviene de una familia palestina. Los descendientes del Rey Abdullah II serán, como la mayoría de sus compatriotas, parcialmente palestinos.
La relación, con todo, nunca estuvo exenta de complejidades. La Organización para la Liberación de Palestina (OLP), liderada por Yasser Arafat, se enfrentó a la monarquía jordana en 1970. En septiembre de ese año comenzó una guerra en la que Siria intervino en favor de los palestinos e Israel, de Jordania. El conflicto culminó en la expulsión de Arafat y de la organización al Líbano, en 1971. Jordania firmó un tratado de paz con Israel en 1994.
Con todos los conflictos y contradicciones, en una región donde los palestinos fueron tratados siempre como una pieza de negociación disponible por intereses ajenos, Jordania demuestra que la convivencia puede ser diferente y mejor. Musa al Tamari es apenas un ejemplo de cómo se celebra esa doble identidad.
Saltando ahora de rival, ¿hay algo en Austria que te llame la atención? Como país, es el más difícil de contar, porque todo parece funcionar bien. Su población es más rica que Alemania, con una economía industrial muy avanzada. Los acuerdos entre patronales y sindicatos están aceitados, así como también los vínculos entre los dos grandes partidos históricos — Popular y Socialdemócrata — , que construyeron una red clientelar bastante avanzada dentro del sector público austríaco.
Austria mantiene una celosa neutralidad desde la Guerra Fría. Se abstuvo de participar en la OTAN y eso le permitió disipar temores con los soviéticos. Ese status está vigente y, a diferencia de Suecia y Finlandia, rechazó abandonarlo con la invasión rusa de Ucrania.
Dicen que, como consecuencia de ello, Viena es el paraíso de los espías. Sede de organismos como la Agencia Internacional de Energía Atómica — que dirige el compatriota Rafael Grossi — , Viena es también la meca de los urbanistas progresistas, con su amplio stock de vivienda pública.
¿Problemas? Los de siempre: una integración compleja de la población inmigrante y una ultraderecha que encuentra raíces en simpatizantes del nazismo, electoralmente potente, y que participa asiduamente de coaliciones de gobierno.
De Austria yo tengo otro tipo de historias, Marto. Porque el alemán Ralf Rangnick jamás imaginó, cuando aceptó dirigir a su selección, que ese sería el lugar en donde más luces le caerían.
“Confié en mi instinto y escuché a mi corazón”, blanqueó en mayo de 2024 cuando anunció los convocados de Austria para la Eurocopa. Explicaba de esa manera la decisión de declinar el ofrecimiento que le habían hecho tiempo atrás para abandonar el cargo y dirigir al Bayern Munich. En la competencia continental luego quedó por encima de Francia y de Holanda en su grupo. La Selección era su proyecto.
Pero ahí no quedó la cosa. Hace poco el rumor volvió a sacudir la nave austríaca. Ess que Rangnick es un viejo lobo de mar. No por nada se sentó en el banco de suplentes del Manchester United, del Red Bull Leipzig y del Schalke 04. A un mes del Mundial, Milan lo llamó luego de que destituyeran a Allegri. Hubo propuesta italiana sobre la mesa. Pero también de la Federación de Austria, que le envió un nuevo contrato para extender el vínculo con más dinero. El entrenador solicitó tiempo para reflexionar esta historia.
A Rangnick se le considera un maestro del deporte. Su historia cambió en 1983 cuando todavía era futbolista. Pero no cualquier jugador, porque también oficiaba de entrenador. Jugando para el Viktoria Backnang de Alemania dudó si los rivales — el Dynamo de Kiev — contaban con uno más que ellos. Aunque no era así. Era el sistema de presión. Los aplastaban hacia los costados y saltaban con todos sus protagonistas hacia adelante. Tomó nota. Reelaboró la teoría. Aún hoy, Jurgen Klopp y Thomas Tuchel, entre otros, lo consideran un maestro de la profesión.
Austria no es de las selecciones fuertes de Europa, aunque posee grandes nombres. El principal es el defensor del Real Madrid, David Alaba. También hay que contarle al mediocampista Carney Chukwuemeka, quien este marzo definió que jugaría para la Selección del país en donde nació y abandonaría la nacionalidad futbolística de Inglaterra, en donde se formó. Y finalmente Konrad Laimer, que durante el año viste la casaca del Bayern Munich. Si nada se desarma, Austria es un equipo que también irá en busca del segundo puesto con firmeza.
Gracias Zequi, lindas anécdotas. Veo a Austria bastante más armada que a Jordania, aunque voy a hinchar por los jordanos.
Queda Argelia, ¡qué país! Para Francia, el antiguo poder colonial, no era un territorio de ultramar, sino parte integrante de su metrópoli entre Orán y Lyon. La bella tierra dio escritores y pensadores de la talla de Albert Camus — Premio Nobel de Literatura en 1957 y tal vez el mejor y más humanista de los pesimistas fundamentales — .
Para su población la historia fue diferente. Los musulmanes nativos no tenían los derechos de ciudadanía que sí tenían los de origen francés. El régimen colonial (el code d’indigenat) tenía algunas reminiscencias al apartheid sudafricano y a la situación de Cisjordania bajo la ocupación israelí.
Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, los movimientos descolonizadores se expandieron por Asia y África, mientras las metrópolis europeas intentaban sostener de algún modo sus imperios. El conflicto fue especialmente violento en Argelia. El Frente de Liberación Nacional (FLN) desplegó tácticas de guerrilla urbana contra la ocupación francesa que incluyó ataques deliberados contra civiles como estrategia de presión política para intentar volcar la opinión pública en Francia contra la presencia de sus fuerzas. Los colonos franceses formaron sus propias organizaciones violentas.
La Mano Roja, con activa complicidad de la policía local y conducción de los servicios franceses, organizó matanzas contra civiles musulmanes. Las autoridades francesas utilizaron al ejército, que bajo el mando del general Jacques Massau, inauguró el método de torturas y desapariciones forzadas que años después copiarían los militares argentinos, así como desplazamientos masivos de población dentro del territorio argelino.
El FLN fue derrotado militarmente en 1957 (vean la peli), pero la cuestión argelina se convirtió en un problema político de primer orden en Francia. Una fuente de radicalización en la derecha y de cuestionamientos a la legitimidad del Estado entre la izquierda — que terminó hundiendo a la IV República Francesa — en medio de presiones militares sobre su inestable sistema parlamentario.
Charles de Gaulle, el héroe de la Francia Libre durante la Segunda Guerra Mundial, del que los militares y los colonos esperaban que reprimiera cualquier tentación emancipatoria, volvió al poder en 1958 y fundó un año después la V República Francesa — que se mantiene vigente hasta hoy — . Contra las esperanzas de los ultras franceses, exploró reformas que mejorarían la situación de los musulmanes pero, con una fuerte movilización popular independentista en Argelia y un apoyo escaso en la Francia europea para sostener los costos de la colonización, decidió negociar la independencia. Eso volvió en su contra a muchos de los grupos de colonos y militares que lo habían encumbrado, que formaron un grupo terrorista paramilitar, la OAS.
El FLN se hizo del poder, los musulmanes se convirtieron en ciudadanos plenos del nuevo Estado y los colonos franceses, combatientes y civiles, huyeron masivamente a Francia continental por temor a una revancha del nuevo gobierno. Junto a ellos, huyeron parte de los argelinos que habían colaborado con las autoridades francesas, y que hoy constituyen una parte importante de la comunidad argelina radicada en Francia, y cuyos hijos nutren las filas de dos seleccionados.
No fue la única guerra que transitó Argelia. En 1992, el Frente de Salvación Islámica ganó las elecciones. El ejército, de ideología nacionalista y secular, orientado por las figuras protagónicas de la independencia, se negó a entregar el poder y dio un golpe de Estado, dando inicio a una guerra civil de una década que terminó con una victoria del gobierno militar. Fue otra guerra cruenta, con decenas de miles muertos, asesinatos masivos de civiles y uso de niños soldados.
El fin de la confrontación bélica dio inicio a un período de elecciones tuteladas, con un islamismo contenido bajo canales oficiales y el propio FLN como fuerza dominante. Con estabilidad política, el país es uno de los de mejor desempeño económico de África, con un PIB per cápita que ronda los 20 mil dólares y una economía basada fuertemente en la exportación de gas a la Unión Europea. Acaso la paradoja definitiva de un país fundado sobre la independencia respecto de la metrópoli.
De guerras y sentimiento independentista sabe mucho el entrenador argelino, Martín, Vladimir Petkovic. Aunque su historia es algo diferente.
El aire andaba espeso en 1987 para un ciudadano de Sarajevo. Yugoslavia se desmembraba. Había olfato a los conflictos bélicos que se avecinaban y Petkovic concluyó que tenía que salir. Dejó su club natal y partió a Suiza, en donde jugó por doce años. La vida comenzaba de nuevo para él pero no podía enajenarse y por eso se anotó en Caritas. “El altruismo se traslada al banco de suplentes”, reflexionó alguna vez.
Como entrenador encontraría su lugar mucho más que como futbolista. Organizar a las personas parecía su talento. Hacerlo en cualquier lugar, también. Esa misma condición de nómade es la que le dio las artes para comandar un grupo como el de Argelia, que va por todo.
Petkovic pasó por los grandes de Suiza. En Young Boys y en Sion saltó hasta que el destino le dio una gran silla: Lazio. Aterrizó ahí en 2012. Ingresó a un vestuario en el que se hallaba sentado un futuro campeón del mundo. Futuro rival, también. Le quedaba poco allí porque tenía un acuerdo para marchar a Atalanta. Luego de tres temporadas, Lionel Scaloni abandonó el equipo.
Lazio resultó un cambio único para Petkovic. Para el cierre de la temporada, vencieron 1–0 a Roma en la final de la Copa Italia. Su centrodelantero era el alemán Miroslav Klose; en el mediocampo la rompía el argentino Cristian Ledesma; y el arquero suplente era el argentino Albano Bizarri. Tocaron la gloria. Cuando todavía no había marchado de la capital de Italia, al entrenador le llegó una propuesta que no iba a rechazar. Tras el Mundial de Brasil, la Selección de Suiza le ofrecía el cargo. Asumió con tantas ganas que se quedaría allí hasta 2021. Dos Eurocopas y un Mundial, en octavos.
Tras un paso por el Girondins de Francia, Argelia le ofreció el banco. No dudó. El crecimiento de los equipos de África cada día es más fuerte. Esta Selección apenas posee cuatro futbolistas que militan en el torneo local. El resto está todo en Europa. Sus figuras son Ibrahim Maza (Bayer Leverkusen), Amin Gouri (Olympique Marsella), Rayan Ait-Nouri (Manchester City) y, obviamente, Riyad Mahrez (ahora disfrutando las fortunas del Al-Ahli de Arabia Saudita, luego de cinco temporadas en el Manchester City de Guardiola, casi siempre como extremo derecho titular).
Petkovic está enfocado en competir por el segundo puesto: “Me molesta bastante que se reduzca nuestro grupo hablando únicamente de Argentina. Los partidos contra Austria y Jordania no serán nada fáciles, al contrario de lo que muchos imaginan”. Sabe que su duelo acontecerá contra los otros dos. Tras una década sin pisar los Mundiales, regresa a la carga tras un 2014 en que arribaron a octavos de final y casi limpian a Alemania.
Bueno viejo, creo que hicimos un lindo resumencito de los rivales de la Scaloneta. Nos releo y me doy cuenta también de que los pusimos a todos a pelear por el segundo puesto. Hay confianza, pero también un poco de nervios: ya falta muy poco para que arranque la Copa. Son, a la vez, nuestros últimos intercambios epistolares. Quedan dos, dejemos todo acá
La seguimos el jueves.
Abrazo
Zequi