Los goles en contra de Milei, la guerra Bullrich-Villarruel y el fin del verano Santilli
En días de gloria y festejo mundialista, el Gobierno cometió errores (o provocaciones) y frenó la recuperación post salida de Adorni. La vice y el fantasma Cobos. Peronismo: candidato se busca. El (mal) humor de los argentinos.
A media tarde del jueves, 24 horas después del triunfo sobre Inglaterra en el Mundial, Patricia Bullrich bajó el proyecto libertario que borra los topes a la compra de tierras por parte de extranjeros. Fue el tercer tropiezo que sufrió la idea. El dictamen tuvo quince versiones. La matriz de la iniciativa -autorizar la propiedad extranjera sin límites, que hoy son de 15%- sigue en pie, pero el oficialismo tuvo que aceptar cambios para sumar el apoyo de aliados.
Federico Sturzenegger, ideólogo del proyecto, se quejó por el texto final frente a Bullrich. “Sturze vive en Narnia”, se quejan en el Congreso. El ministro está, además, detrás del furor inmobiliario que incluyó tierras de la Armada en Tierra del Fuego, consideradas estratégicas pero que encajan en las necesidades de financiamiento que requiere el programa anti corrida de Luis Caputo.
Con 68 senadores en el recinto, Bullrich temió la peor hipótesis: que haya 34 a 34 y la votación la desempate, en contra, Victoria Villarruel. La vice había anticipado su rechazo al proyecto. El fantasma de Julio Cobos sobrevoló el Senado en momentos en que Villarruel redobló la intensidad de sus críticas al gobierno libertario y empezó a orejear sobre cómo desplegará su carta electoral en 2027.
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Pluriterritoriales
¿A qué juega Villarruel? “Es raro que un vice sea candidato a presidente contra su compañero de fórmula”, teoriza un confidente. Hay muchas monedas en el aire: está en duda el sistema electoral, no hay calendario ni se sabe si en la provincia de Buenos Aires se votará el mismo día -y con el mismo método- que la presidencial. Hipnotizada, forzada a elegir, Villarruel podría susurrar que la alternativa más cercana es competir en territorio bonaerense.
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SumateLa vicepresidenta forma parte de un club: el de los candidatos multiterritoriales que pueden competir en la nacional, la provincia o CABA, lanzarse en soledad o en un acuerdo. Diego Santilli es otro exponente: su fantasía es bonaerense pero, sin Manuel Adorni y sin plan B, en Casa Rosada lo anotan para Capital. Bullrich niega -lo hizo, de nuevo, el último lunes ante empresarios- que esté en sus planes lo nacional y que le aburriría “tapar baches” en CABA, pero su menú es amplio y hasta incluye una hipótesis bonaerense.
Actores con varias nacionales hay, también, en el peronismo: Sergio Massa, entregado al oficio zen de la espera, entra en los ensambles presidenciales pero cada tanto alguien le sugiere que el peronismo necesita un candidato a gobernador. Massa, un artista de la supervivencia y el tiempismo, se enoja ante ese tipo de insinuaciones. No lo dice, pero los que lo visitan y lo escuchan creen interpretar detrás de las construcciones teóricas de Juan Manuel Olmos un íntimo deseo de ser él mismo el candidato que le falta al peronismo.

En los corros, Olmos plantea que la competitividad del peronismo depende de tener un candidato que no sea un camporista ni tampoco Axel Kicillof. ¿Existe ese X? Es el mismo interrogante que acosa a los que dicen que Cristina Kirchner validará una figura para enfrentar a Kicillof. De ahí viene la teoría, naturalmente desmentida, de buscar a “un Miguel Galuccio”.
Interrogado sobre esa opción y otras alternativas como las de Jorge Brito o Daniel Hadad, una voz autorizada y potente del peronismo entierra cualquier especulación con una frase que, si la pronunciara en público, estaría destinada a ser viral: no por irrefutable sino por taquillera. “¿Alguien cree de verdad que un empresario puede ser el candidato a presidente del peronismo? Por favor, no sean pe-lo-tu-dos”.
La idea se nutre de un factor: la presunción de que en un clima polarizado al extremo, para tratar de estar en la discusión hay que permanecer en alguna trinchera. Según Proyección, la consultora de Santiago Giorgetta, 40% de los consultados están dispuestos a votar un candidato que no le guste con tal de que pierda Milei mientras que baja a 37% el que votarían oferta que no le gustan para que “no vuelva el peronismo”.
Quemá esos chats
Bullrich bajó el proyecto oficial aunque, dijo, tenía los votos pero prefirió esperar hasta la sesión de agosto cuando el número sería más holgado. Sabedora de que La Libertad Avanza (LLA) estaba ajustada en apoyos, el miércoles Villarruel le planteó a la jefa del bloque libertario levantar la sesión. El duelo de WhatsApp entre ambas entró en el catálogo de las peleas políticas más virulentas.
Bullrich, cuando escaló la discusión, le dijo que debería renunciar. Villarruel la incomodó cuando la trató de “chupamedias” de Karina Milei. El diálogo se filtró entero y fue, casi, un win-win: la vice se mostró a la ofensiva y en defensa de temas como la soberanía y a Bullrich le sirvió como mensaje de lealtad hacia la Casa Rosada. Lo cierto es que, hasta este cruce virulento, las dos damas tenían una relación cordial.
Al final, la senadora retiró el proyecto para prevenir un mal mayor: una eventual derrota sacaría el tema de la agenda legislativa hasta 2027. Pudo ser el golpe de gracia des tramo de 96 horas en que el Gobierno de Javier Milei hizo todo mal, en medio las horas de gloria, de fervor y celebraciones por las victorias de La Scaloneta, en particular el sublime y sanguíneo 2 a 1 contra Inglaterra.
El oficio del error (o la provocación)
Fue una saga de errores o provocaciones, una coreografía de equívocos que involucraron a Milei, el canciller Pablo Quirno, la ministra Alejandra Monteoliva y al portavoz Adrián Ravier. Horas antes del partido, Milei firmó un decreto -junto a Luis Caputo y Diego Santilli- para autorizar la licitación de una explotación petrolera offshore a pedido de la empresa británica Challenger Energy Group.
Dos horas después del triunfo, pero doce días después de que el buque de guerra inglés HMS Medway navegara sin avisar por el mar argentino, Pablo Quirno informó sobre un amabilísimo reclamo al Reino Unido. Mediante el sistema Pollux, desarrollado para monitorear el tránsito en la Zona Económica Exclusiva (ZEE), la Armada detectó el buque. Prefectura Naval también.
Quirno, deslizan fuentes al tanto del episodio, le habría reprochado a la diplomática Paola Dichiaro, responsable de la Secretaría de Malvinas, no haberle información sobre el hecho y, además, extendido la queja contra Máximo León Barreto, un almirante retirado que es asesor en Cancillería y está ligado a Dichiaro. Es una excusa insuficiente: el dato estuvo en los medios desde el fin de semana y se conocía, desde antes, en Defensa y en Seguridad.
¿Está deteriorada la relación de Carlos Presti con los jefes de las Fuerzas Armadas, especialmente con la conducción de la Armada? En el mundo militar, donde alguna vez se festejó que un uniformado llegue a la cima de la cartera de Defensa, la lectura cambió: ven que Presti, quizá por su formación, se comporta como un subalterno y no como un ministro. No logró, hasta acá, lo que prometió: mejorar los salarios y la obra social.
Una ministra de la FIFA
Alejandra Monteoliva, que solo comunica por reels de redes, el martes hizo un raid de medios, casi como una vocera de la FIFA, para informar que estaba prohibido exhibir banderas de Malvinas. Fue una decisión del organismo internacional de fútbol pero el Gobierno argentino no protestó ni, tampoco, mostró su disconformidad. “Alejandra busca un cargo en un organismo internacional”, especuló un dirigente libertario.
El error no forzado de Monteoliva quedó más expuesto cuando un funcionario de la Casa Blanca, cercano a Donald Trump, defendió el derecho de los jugadores argentinos a hacer su mención a Malvinas, según contó el periodista Rob Harris. Todo ocurrió, además, en medio de un saludo entre el republicado y un muy sonriente Claudio “Chiqui” Tapia, que ve el desempeño de la Selección como un blindaje propio.
Los dichos de Andrew Giuliani, encargado del gobierno de Trump para el Mundial 2026, dejaron en offside también a Milei, que enceguecido contra Villarruel salió a gritar que hablar de Malvinas esa “patrioterismo berreta”, lo que pareció un reproche a los jugadores de la Scaloneta que reivindicaron la causa. Ravier hizo su aporte: pareció cruzar a Leo Messi al decir que para el Gobierno era mentira que la gente no llega a fin de mes.
El fin del fin de Adorni
Las quejas de Milei, la tardía reacción de Quirno, la postura equívoca de Monteoliva y la intervención de Ravier armaron un combo de errores que dejó mal parado a un Gobierno que, además, como si no midiese los movimientos, hasta que no intervino Bullrich no se le ocurrió reprogramar la sesión por la ley que permite la compra, sin límites, de tierras por parte de extranjeros.
El “veranito Santilli”, el recreo y la recuperación que tuvo el Gobierno tras la salida de Manuel Adorni y la jura del nuevo jefe de Gabinete, se licuó con los tropiezos. Por momentos, Milei es más peligroso para sí mismo cuando no tiene a ningún opositor delante. En julio, a pesar del dato de inflación -un predictivo de calma- volvió a caer el apoyo al presidente y se recrudeció el clima social.

Un estudio de Hugo Haime traza un mapa del (mal) humor de los argentinos: solo 17% de la población se manifiesta contenta o esperanzada, mientras que 37% tiene bronca y un 39% se asume triste y desanimada. “Parece una tarea muy difícil conducir la depresión de la sociedad”, sintetiza Haime y aplica la referencia para el Gobierno pero, también, para la oposición peronista.
Su informe indica que el 61% de los consultados quiere cambiar el modelo, mientras que un 35% prefiere mantenerlo. El dato, con doble click, está en que ese universo está conformado por la gente que cree que “a pesar de las dificultades, vale la pena el esfuerzo”.
En cuanto al bolsillo, el 41% afirma que los ingresos le alcanzan solo para cubrir los gastos y un 31% no le alcanza para hacerlo. Apenas al 26% le sobra algo o puede ahorrar. Es decir: hay un porcentaje de los que creen que el “esfuerzo vale la pena” pero la plata no le alcanza o apenas le alcanza para cubrir los gastos.
La crisis se mide en mora de familias, en empresas que cierran y en empleos registrados que se pierden, pero aparece además en el estado anímico y la salud mental. Un estudio del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la UBA explora ese fenómeno y detecta algo que por previsible no es menos grave: que para casi 9 de 10 consultados la situación económica personal influye en el estado de ánimo, mientras que en la nube de palabras la “economía” figura como la principal preocupación.