Off the record

¿La nueva etapa del Frente de Todos?

Después de la renuncia de cuatro ministros y millones de dólares en corridas cambiarias, Alberto Fernández y Cristina Kirchner comieron anoche en la Quinta de Olivos. De qué hablaron. El complejo escenario que la interna oficialista le deja a Silvina Batakis. Cómo piensa la nueva ministra. El enojo de Sergio Massa y la alegría de Daniel Scioli.

A última hora de ayer y después de cuatro meses intolerables, Alberto Ferández y Cristina Fernández de Kirchner comieron en la Quinta de Olivos. El objetivo de una hoja de ruta común y la progresiva reestructuración del gabinete -con cambios que probablemente no pasen de esta semana- fueron agenda del encuentro del Presidente y su vice.

La lejana renuncia de Guzmán opacó un discurso de CFK que, como se hizo costumbre en sus últimas apariciones públicas, aportó definiciones económicas. Una de ellas, esperable de acuerdo a la agenda de prioridades sociales y económicas que ha marcado con fuerza desde la derrota en las PASO del Frente de Todos, fue restar importancia al resultado fiscal.

Recurriendo al ejemplo general europeo -y también al de países más cercanos como Brasil-, la VP señaló que las restricciones en dólares no se relacionan con el déficit fiscal en pesos. La aserción es correcta en función de los ejemplos internacionales. Mucho menos en la situación argentina. El problema del déficit es siempre el de cómo financiarlo. Los países europeos han accedido a un soporte ilimitado del Banco Central Europeo que permitió evitar los temores a crisis generalizadas de deuda que impulsaron las políticas de austeridad a inicios de la década pasada. Brasil logró endeudarse en su propia moneda tras años de pagar tasas de interés reales positivas e internacionalmente altas.

Financiado en moneda propia a tasas previsibles, el déficit fiscal da cuenta apenas de la preferencia de los ahorristas por los bonos del país respecto de otras opciones de inversión, en el sector privado o en el exterior.

Para la Argentina, con una moneda enormemente debilitada y alta inflación, estas opciones son mucho más difíciles. Las consecuencias de financiar el déficit fiscal con endeudamiento en dólares son obvias para nuestras restricciones. Hacerlo en pesos en las actuales condiciones supone emitir cantidades crecientes de dinero para pagar intereses, abriendo dudas sobre su sostenibilidad, poniendo presión sobre la cotización del dólar en un marco general de debilitamiento de las monedas emergentes y tasas en ascenso en los Estados Unidos.

La segunda definición de la presidenta del Senado reviste acaso mayor interés. Recapitulando su conversación con Carlos Melconian, Cristina resaltó la posibilidad de -a pesar de las diferencias evidentes de mirada económica- encontrar acuerdos en relación a la economía bimonetaria. “Tenemos que encontrar los argentinos un instrumento que vuelva a colocar una unidad de cuenta, una moneda de reserva y una moneda de transacción en la República Argentina”, dijo. Esbozó en público lo que viene diciendo con más claridad en privado, según testimonios sobre al menos tres encuentros cerrados con dirigentes de distintos sectores que pudo saber #OffTheRecord, y que supone legalizar el bimonetarismo del que habla desde hace al menos dos años como un componente central de los problemas nacionales.

La propuesta supondría consagrar una unidad de cuenta más o menos estable, pero permitiría pagar cualquier transacción con pesos, a un tipo de cambio flotante. Esta proto dolarización permitiría, de acuerdo a esta mirada, reducir la inflación y evitar una dolarización plena de la economía que CFK atribuye a las intenciones de quienes controlan mayor capital financiero en el país. La adopción generalizada del dólar junto al Bolívar acompañó la baja de la inflación en una Venezuela hiperinflacionaria, mientras que experiencias como la de Uruguay o Perú muestran caminos más exitosos de recuperación de la moneda propias desde esquemas de partida bimonetarios. Hay también otros caminos, la fijación de una unidad de valor estable fue también el fundamento del Plan Real, que permitió a Brasil dejar atrás la inflación sin medidas de shock en la primera parte de la década del 90. La Unidad Real de Valor instituida por el plan, sin embargo, no estaba atada al dólar, sino que se trató de una unidad de medida indexada, similar a la UVA que todavía existe en nuestro país.

El planteo merece algún otro llamado importante de atención. Aun con una nominalidad que no tiene techo a la vista, y con enormes distorsiones y dispersiones de precio, los precios en Argentina se fijan mayoritariamente en pesos. No hay un bimonetarismo de hecho ya que el peso sólo falla en forma irremediablemente como reserva de valor, pero no como unidad de cuenta ni medio de pago. Suprimir una más de sus funciones supone dar un paso voluntario más en la pérdida de la soberanía monetaria, con la esperanza de evitar así perderla del todo, ya sea por la fuerza de los hechos o por la intervención de la política y los actores económicos.

La versión de cómo llegó CFK a sugerir que al menos se debata esa idea es interesante. Un muy importante empresario le regaló a un economista de diálogo esporádico con la vice el libro de Jorge Jamil Mahuad Witt -con prólogo de Domingo Cavallo- Así dolarizamos al Ecuador. Memorias de un acierto histórico en América latina. El economista y ex funcionario se lo llevó a una Cristina que ya había abordado esa agenda en sus cartas y discursos. Algunos dicen que fue una propuesta que también le acercó Martín Guzmán al comienzo de la gestión.

En el balance del tiempo del ex ministro de Economía habrá que contar lo que hizo, lo que no hizo y acaso también aquello que permitió. Sin redundar en lo ya dicho en ediciones anteriores, ni destacar excesivamente algo que hoy posiblemente sea -tras el cambio de las condiciones internacionales- incumplible, las condiciones que el Fondo Monetario Internacional otorgó a Argentina en el Acuerdo de Facilidades Extendidas actualmente vigente lucen en la comparación internacional con países de nivel de desarrollo o peso político y geoestratégico comparables.

El principio de resguardar el crecimiento para poder pagar fue defendido por el ministro saliente hasta los límites máximos tolerables para evitar una ruptura. Mucha menos consideración merece la ejecución del acuerdo o la demora en su celebración, que explican en parte que los bonos argentinos coticen hoy como si el país se encontrara al borde de una cesación de pagos. La noble intención de reconstruir la moneda nacional y la capacidad de endeudamiento en pesos chocó tanto contra algunos factores limitantes estructurales como por la enorme emisión obligada por la pandemia y el aumento de tasas de interés en los Estados Unidos y países vecinos. Hubo otros factores bajo la directa responsabilidad del equipo económico, como el aumento sostenido de la inflación desde final de 2020, que convirtió en letra muerta cualquier promesa de desindexación de las tasas de interés.

Será Silvina Batakis la encargada de ¿recalibrar? las metas con el FMI. El cumplimiento por la gestión Guzmán de los objetivos acordados para final junio, tanto en materia de reservas como de asistencia del Banco Central al Tesoro, se explican apenas por trucos contables y, especialmente en el caso de las reservas, por haber pisado los pagos de importaciones durante varios días para acumular más de mil millones de dólares. Una estrategia tan eficaz como insostenible. Guzmán se va sin haber ordenado la relación con el Banco Central ni con sus subordinados en los papeles de la Secretaría de Energía que demostraron, también, ser más parte del problema que de la solución.

Este último sector, donde los subsidios distorsionan fuertemente el resultado fiscal, será clave en cualquier replanteo con el Fondo. Acaso Batakis, que en el último tiempo se convirtió en una funcionaria de confianza del ministro del Interior, cuente con más margen que su antecesor para reordenar las tarifas, algo que ya manifestó que será su voluntad. Una singularidad que demuestra el estado de situación en el Frente de Todos: en sus primeros declaraciones públicas como ministra, Batakis respaldó todos los trazos gruesos de las guzmanomics: equilibrio fiscal para contener la inflación, segmentación de tarifas, administración de importaciones, al tiempo que rechazó un salario básico universal, que, con un costo equivalente a dos puntos del producto, caería como una bomba sobre el presupuesto.

En el frente energético, la consecuencia de mantener el actual esquema de subsidios puede devenir inmanejable. Los elevados precios internacionales de la energía están generando daños extendidos horizontalmente, como lo demuestra el caso de Alemania, donde las importaciones marcaron que el país tuviera su primer mes de saldo comercial negativo desde 1991. Las perspectivas para las importaciones de hidrocarburos no son alentadoras. Consultada por Cenital, la jefa de corresponsales ante la OPEP de Energy Intelligence, Amena Bakr, destacó la escasa capacidad de los países del club de productores petroleros para incrementar la producción más allá de algún pequeño ajuste positivo por parte de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes. Entre los países afectados por sanciones, Bakr señala que la voluntad de los europeos de recibir más petróleo venezolano -percibido como “menos tóxico” en el actual contexto que el petróleo ruso- no ha encontrado hasta el momento un correlato en un aumento de la oferta en los mercados, en tanto que, hasta el momento, no percibe ningún signo de que vaya a alcanzarse un acuerdo entre Estados Unidos e Irán en el corto plazo, con el consecuente levantamiento de sanciones. La mirada de Bakr, una de las corresponsales mejor informadas sobre las decisiones de los grandes países petroleros, es negativa respecto de la posibilidad de una caída de precios. En el contexto de demanda incremental, presión sobre la oferta y tensiones geopolíticas, no descarta incluso una suba.

Batakis deberá enfrentar también ciertas expectativas sobre una gestión de la que, en el borde de una crisis política y económica, se espera una impronta expansiva y distributiva, muchas veces con una equivocación conceptual sobre la situación del país. En una participación en el programa Caníbales, de C5N, Ricardo Quintela sugirió una renegociación agresiva del acuerdo con el Fondo Monetario. En este momento, razonó el gobernador de La Rioja, “necesitamos recursos para mejorar la vida de nuestra gente” y “no podemos destinarlos al Fondo”. Salvo que estuviera sugiriendo pedir un nuevo préstamo, el gobernador muy probablemente desconozca que los recursos que Argentina destina actualmente a pagar al organismo provienen en un 100% del propio organismo. Stephanie Flanders, directora de Bloomberg News Economics, advirtió recientemente sobre los riesgos que corren las deudas de los países emergentes y el índice MSCI para estos mercados tuvo su peor primera mitad de año desde 1998, tras la crisis asiática. La situación social y económica en Sri Lanka, el primer país en caer en cesación de pagos en el actual contexto, es desoladora. Evitar el contagio es un asunto prioritario.

La manera en la que llegó Batakis al gabinete es conocida. Propuesta por Miguel Pesce, empujada por Daniel Scioli, validada por Cristina Kirchner y elegida por Alberto Fernández, La Griega se sentó en la silla eléctrica con un apoyo ecuménico, pero difuso. “Si le va bien, se la van a anotar todos. Si le va mal, la van a desconocer”, resume ante #OffTheRecord una figura al tanto del proceso de desembarco. La historia reciente es menos conocida. Luego del triunfo del Frente de Todos, Eduardo de Pedro y Máximo Kirchner -en una de las reuniones previas a la asunción de Fernández- evaluaban perfiles para un ministerio no camporista. Fue ahí cuando apareció el nombre de la ex ministra de la provincia de Buenos Aires y del talentoso Emiliano Estrada, ex ministro de Economía de Juan Manuel Urtubey y diputado ganador en las últimas elecciones en Salta.

Batakis, según pudo saber este medio, va a estar acompañada por dos personas clave. El subsecretario de Políticas para el Desarrollo con Equidad Regional, Martín Pollera, y la Consejera Coordinadora Ejecutiva del Fondo Fiduciario Federal de Infraestructura Regional, Karina Angeletti. Ambos economistas de la Universidad Nacional de La Plata. Como la flamante ministra. Y Martín Guzmán.

Durante toda la jornada del domingo, la posibilidad de un desembarco integral del equipo de Sergio Massa en el gabinete nacional estuvo sobre la mesa. La propuesta del tigrense para aceptar la Jefatura de Gabinete consistía en hacerse cargo del Ministerio de Economía, el Banco Central y la AFIP. De la expectativa por la suma del poder público al nombramiento de una funcionaria cercana a Scioli. “Está muy caliente, después de esto a Sergio no lo arreglás fácil”, reflexionaba una persona de su extrema confianza ante #OffTheRecord. No es el único problema para Massa: su propuesta implicaba el corrimiento de Juan Manzur al Ministerio del Interior y de Wado de Pedro a Justicia. Ambos se dejaron escuchar disconformes con el tigrense por la propuesta inconsulta.

El Presidente y su vice definieron, por ahora, una estrategia sin beneficios aparentes. De la posibilidad de un equipo con programa y respaldo político, al nombramiento de una economista con un consenso casi total en el peronismo -fundamentalmente los gobernadores-, pero de menos aceptación en los actores a los que reclamaban un cambio de 180 grados en materia de expectativas. El desafío para la nueva ministra será no transformarse en una víctima de la dinámica interna de su propio dispositivo político.

Ayer, según datos del mercado, el BCRA compró deuda por más de 250 mil millones de pesos y 1500 de futuros. Si bien la autoridad monetaria salió a “ponerle el pecho” a la caída de los bonos y moderar la devaluación, la otra cara de la moneda es que esos pesos pueden ir a engrosar depósitos bancarios y que vuelvan al BCRA en forma de Leliqs. Si el mercado de deuda en pesos se está cerrando, las opciones son recortar bruscamente el gasto o emitir con una consecuente suba de los dólares paralelos.

Bonus track:

  • Un tema que pasó desapercibido, pero difícilmente lo haga cuando ocurra, es lo que va a materializarse este viernes a las 11 am en Parque Norte. Está convocada la Asamblea del Sindicato de Comercio, el más importante del país, para definir la junta que fiscalizará las elecciones de septiembre. El gremio que comanda Armando Cavalieri es un dispositivo de recursos monumentales y, por lo tanto, la política tiene especiales intereses en la elección. Al Gitano lo acompaña la cúpula del PRO -Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli- y, asegura Cavalieri en privado, también el gobierno nacional: se jacta de “manejar” el Ministerio de Trabajo dado su fluido vínculo con Claudio Moroni y su mano derecha, Alberto Tommassone, ambos abogados del Gitano en el Sindicato. Por su parte Ramón Muerza, el retador, de estrechísimos vínculos con Alfredo Coto, cuenta con el apoyo principal de Hugo Moyano y sorprendió cuando desde el bando oficialista dieron a conocer que tiene también el aval de Daniel “Tano” Angelici, una jugada que descolocó a los operadores de Macri y Larreta. En 2018 esta elección terminó con batalla campal y denuncias de fraude. En esta ocasión, desde ambos bandos avisaron que el viernes puede haber jarana. En el gobierno nacional miran de reojo a Moroni mientras le piden que brinde las condiciones necesarias para que la Asamblea se pueda realizar en paz y no tener que arriesgarse a sufrir una jornada negra que complique aún más a un gobierno que no toleraría una nueva disputa social.

Ojalá hayas disfrutado de este correo tanto como yo. Estoy muy agradecido por tu amistad que, aunque sea espectral, para mí no tiene precio.

Iván

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Soy director de un medio que pensé para leer a los periodistas que escriben en él. Mis momentos preferidos son los cierres de listas, el día de las elecciones y las finales en Madrid. Además de River, podría tener un tatuaje de Messi y el Indio, pero no me gustan los tatuajes. Me hubiera encantado ser diplomático. Los de Internacionales dicen que soy un conservador popular.
@ischargro

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