Irlanda y Escocia, unidas por sus héroes y por Maradona
Parrott y McTominay lograron la clasificación de sus países al repechaje y al Mundial 2026. El fútbol de selecciones –que Diego honró con Argentina– en estado más puro y mágico.
Horas después de que marcara el 2–3 en el último minuto de descuento (90+6) ante Hungría en Budapest para que el triunfo metiera a Irlanda en el repechaje al Mundial 2026, hinchas propusieron que la silueta de Troy Parrott –parado sobre su pie izquierdo, estirando el derecho hasta el último esfuerzo para puntear la pelota– fuera el nuevo logo del fútbol irlandés. Parrott había marcado tres días antes el doblete ante Portugal (2–0) en el Dublín Arena. El domingo anotó los tres ante Hungría. Héroe. La cuenta en X del Aeropuerto Internacional de Dublín, desde entonces, mantiene un nuevo nombre: “Aeropuerto Troy Parrott”.
90+5mins: 🇭🇺 2-3 🇮🇪
— RTÉ Sport (@RTEsport) November 16, 2025
Ireland holds its breath, on the last throw of the dice… Hattrick for Parrott 😮😮😮😮😮😮😮
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Ya el miércoles, Escocia celebró que volverá a un Mundial tras 28 años después de haberle ganado 4–2 a Dinamarca en el Hampden Park de Glasgow, con los dos goles del triunfo en tiempo de descuento. Si el cuarto de Kenny McLean en el 90+8 fue desde atrás de la mitad de cancha, Scott McTominay abrió el marcador con un gol de chilena, la elasticidad y la plasticidad corporal en arte móvil. Capitán y héroe de su selección, McTominay había metido un gol de tijera en el Scudetto del Napoli campeón de la Serie A 2024/25. “Todo el mundo estaba en el estadio –dijo Steve Clarke, DT de Escocia–. Nadie se fue en el empate, porque se respiraba la magia”.
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— Scotland National Team (@ScotlandNT) November 18, 2025
Irlanda y Escocia son países eminentemente maradonianos (el martes se cumplirán cinco años de la partida terrenal). “Diego O’Maradona. Irish legend. Handy in a line out!”, se leyó en una bandera irlandesa con “La mano de Dios” a Inglaterra en México 1986 en la previa de un Irlanda–Los Pumas de 2015, porque, claro, la mano es “muy útil” en el rugby. La Tartan Army, hinchada de Escocia, exhibe desde hace dos décadas sus banderas con alusiones a un Diego argentino–escocés. En una de ellas aparece una cita maradoniana: “Seguro que los ingleses pueden odiarme mucho, pero los escoceses me aman, y eso es lo único que me importa”.
El sábado del fin de semana pasado, en la presentación de Oasis en el Monumental, flameó una bandera argentina con las Islas Malvinas. Liam y Noel Gallagher, ingleses criados en la Manchester obrera, son hijos de irlandeses. Irlanda y Escocia aman a Maradona, porque derrotó en la “cancha social” del fútbol al viejo imperio británico, colonialista. Los Gallagher, sí, conocieron a Diego.
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Sumate¿El mejor fútbol no se centra en el fútbol?
Los últimos partidos clasificatorios a Estados Unidos, México y Canadá 2026 arrojaron un polvo mágico en el aire: más allá de las definiciones agónicas, el de selecciones acaso sea el fútbol en su estado más puro: no se compran jugadores por millones, no lo disputan equipos artificiales y, al final, se juega a representar una idea de nación. Reservorio y bastión, el fútbol de selecciones les da la posibilidad a muchos países de que sean –al menos por un rato– el centro de atención, de que millones de personas se enteren de que existen. El mejor fútbol casi nunca se centra sólo en el fútbol–juego. El mejor fútbol no es porque sí el de las ligas top de Europa: es donde se hallan el drama y la explosión, narrativa, la cosa genuina.
El aumento de las selecciones participantes –el de 2026 será el primero con 48 tras las 32 de Francia 1998 a Catar 2022– ya entrega un panorama novedoso (en el propio Mundial se clasificarán a los dieciseisavos los mejores terceros, por lo que crecerá el vértigo en la última fecha de los grupos). El año que viene, Haití, el país más pobre de América Latina y el Caribe, volverá a un Mundial después de Alemania 1974. Y Curazao se convertirá en el país más pequeño en haberlo jugado, con solo 155.000 habitantes.
Un Mundial, esa felicidad inocente
¿Habrá, ya en la edición centenaria de la Copa del Mundo 2030, 64 selecciones? Es cierto: Gianni Infantino, presidente de la FIFA, se mueve a caballo entre Donald Trump, su amigo “dueño” de la súper sede de Estados Unidos, y el dinero árabe (cinco Mundiales Sub 17 seguidos para Catar), entre la rosca y el expansionismo. Pero, al mismo tiempo, ahí están Albania, Kosovo, Macedonia del Norte, Nueva Caledonia, Surinam y República Democrática del Congo, que jugarán en marzo los torneos–repechajes para acceder a su primer Mundial. Quedan apenas seis lugares: cuatro para las selecciones europeas y dos para el resto. Aquí, las 42 ya clasificadas al Mundial.
“No hay otra competición en el mundo que inspire una alegría tan sencilla y generalizada. En esencia, el Mundial es inmune al cinismo –escribe Nick Miller en The Athletic–. A pesar de todo, es imposible no sentir romanticismo. La gente se sintió eufórica ante la mera posibilidad de participar. El poder emocional que encierra sigue siendo fuerte”. El Mundial, así, ofrece una felicidad inocente, que impulsa a algunos a volver a juntar figuritas para llenar el álbum.
Escocia y Diego, amor después del amor
Maradona marcó su primer gol con la selección en 1979, a los 18 años, ante Escocia en el Hampden Park (es decir, había encantado a los escoceses antes de “La mano de Dios” en México 86). En 2008 volvió a Glasgow para el debut como DT de Argentina, también ante Escocia, en el Celtic Park. Terry Butcher, uno de los cinco ingleses que Diego gambeteó en “El gol del siglo”, formaba parte del cuerpo técnico de la selección escocesa. “Nunca perdonaría a Maradona”, había dicho Butcher por “La mano de Dios”. En la conferencia previa al partido, Diego les dijo a los escoceses: “Inglaterra le ganó una final a Alemania (la del Mundial 1966) con un gol que no fue. Lo vimos en el mundo, y nadie dijo nada, la historia no se cambió. Butcher no me puede juzgar de ninguna manera”. Fue aplaudido. Y todos rieron cuando amplió las manos: “¿No entró? Un pedazo así”.
Para el pueblo, lo mejor: se cumplieron 40 años del primer gol de Maradona en la Selección argentina, en el 3-1 ante Escocia. Poco tiempo después (en 2008), Diego volvió a Glasgow con la magia intacta… pic.twitter.com/9ue03LZ5bj
— SportsCenter (@SC_ESPN) June 4, 2019
Hinchas escoceses, en falda (el kilt), lucieron máscaras de Maradona antes del Inglaterra–Escocia en Wembley por la Eurocopa 2021. A los ingleses les dedican una canción: “Metes tu mano izquierda/ extiendes tu mano izquierda/ metes tu mano izquierda y la agitas bien/ bailas el hokey cokey (un baile de las islas) y marcas un gol/ De eso se trata/ Oh, Diego Maradona/ Oh, Diego Maradona/ Oh, Diego Maradona/ Él echó a los ingleses, ¡fuera, fuera!”. En la capital Edimburgo, en Montgomery Street y Elm Row, se encuentra el Caffe Maradona. Y en la ciudad de Dundee, aún dicen que “apareció” en 2022, que lo vieron trotar. Tal es la devoción por él, que en Escocia hay una “Iglesia de Maradona”.
Héroes de nuestro tiempo
En Napoli, a McTominay, el mediocampista de Escocia de 27 años que desafió la gravedad con su gol de chilena en el 1–0 ante Dinamarca, lo conocen como “apribottiglie”, el abridor de botellas, porque “abre” los partidos con el primer gol. Lo hizo para devolver a su selección a un Mundial luego de seis faltazos. “Maradona es el jugador más icónico que puede haber jugado en el estadio del Napoli. Es un ícono del fútbol. Estoy muy agradecido de ser parte de su historia. Hay magia en su pie izquierdo. El mejor jugador”, había dicho McTominay en agosto de 2024, tras dejar Manchester United.
En la nota post partido con RTÉ, televisión pública irlandesa, Parrott, el héroe de los cincos goles en dos partidos claves para que Irlanda conserve el sueño mundialista, dijo, antes de que se le escaparan un puñado de lágrimas: “Por esto amamos el fútbol, porque pueden pasar cosas como esta”. Parrott –23 años, delantero del AZ Alkmaar de Países Bajos– contó luego que fue la primera vez que lloró en años. Que había visto más de “500 veces” su gol y que le había costado dormir. “Es la primera vez que siento algo así. Como país tuvimos muchos resultados decepcionantes y no les dimos a los hinchas motivos para celebrar; fue una alegría inmensa”. Irlanda, en efecto, no juega un Mundial desde el de Corea del Sur–Japón 2002 (en el repechaje de marzo se medirá ante República Checa).
McTominay, quien buscó después del gol de chilena a su madre en la tribuna, y Parrott, quien nombró a la suya, orgulloso de sus orígenes, son –como tituló su recopilación de artículos el genial periodista español Santiago Segurola– Héroes de nuestro tiempo.
La escritora irlandesa Rachel Connolly, de 32 años, empezó a leer en 2024 Yo soy el Diego (de la gente) (2000), autobiografía de Maradona. Llevar el libro encima, se percató, era “un imán para los hombres”. Y también que Diego aparecía “en lugares donde nunca antes lo había notado”. Cuenta en The Paris Review: “Mientras leía me encontré cada pocas páginas susurrando o escribiendo en los márgenes: ‘Te amo, Diego’”. Connolly dice que no sabe nada de fútbol, pero que el libro “no se trata realmente de fútbol. Se trata de estar enamorado. Se trata del pequeño contra el grande. Y de creer en algo. Y de respeto. Se trata de tener una idea de quién eres”. En Irlanda y en Escocia saben quiénes son. Y quién es el héroe eterno.