Grupo L: Inglaterra eligió no llevar al Mundial a los más talentosos

El DT inglés dejó afuera a grandes figuras. Croacia insiste con las que le dieron alegrías. Ghana quiere sorprender y Panamá seguir creciendo.

Queridísimo Martín:

Este será el último encuentro epistolar. El próximo será en persona, con los maníes, los palitos, las papitas y la birra, como nos prometimos. Voy a extrañarte, pero buscaré nuestro intercambio cada partido que aparezca y necesite revisar los apuntes. A partir de ahora también voy a darle bola a lo que hagan los queridísimos Fede Yañez, Roberto Parrottino, Ezequiel Fernández Moores en la cobertura de Cenital. Porque esto recién está empezando.

El último grupo no es cualquiera. Tiene a Croacia y a Inglaterra. En ese orden, porque los balcánicos arrastran un segundo y un tercer puesto. Más abajo aparece Ghana, que hace años aparece en la órbita de los Mundiales y este año llevará entre sus filas a Antoine Semenyo, del Manchester City. Panamá va a intentar dar pelea: se convirtió en el mejor cuadro de Centroamérica, pero debe continuar progresando.

Si te gusta Make Argentina Campeón Again podés suscribirte y recibirlo en tu casilla martes, jueves y sábados.

Vamos paso a paso. Primero, con los Piratas.

¿Y esta cajita de texto para qué está? Acá es donde despabilamos a nuestros lectores y les contamos lo difícil que es hacer periodismo en estos tiempos. Por eso, si la información que leés en Cenital te ayuda a entender mejor lo que pasa, te  pedimos que nos des una mano para seguir.

Sumate

La frase careció de corrección política. Serio, con un suéter azul. Mitad con pelo y mitad con pelada de visera. Thomas Tuchel presagiaba que de tantos jugadores disponibles sería un quilombo dejar a alguno afuera. Luego de que apareció la nómina, como un cuchillo contra un pizarrón, siguió el silencio. Phil Foden y Cole Palmer no figuraban, se quedaban afuera. Entonces, el alemán entrenador de Inglaterra se justificó: “No es necesario elegir a los 26 más talentosos. Tenemos especialistas en todo tipo de situaciones”.

Tuchel asumió en enero de 2025. El año anterior, Inglaterra había perdido la final de la Eurocopa frente a España. Una mancha más a un tigre que jamás conquistó ese trofeo. Salió 2–1. El descuento lo había convertido Palmer, atacante top que el Chelsea compró al Manchester City por 50 millones de euros. El 31 de marzo, en el amistoso en que cayeron contra Japón, el mediapunta jugó de titular. Foden, también. Algo no gustó de esa derrota. Barajó. Pateó el tablero. El alemán decidió cambiar la historia.

La apuesta por un bávaro en el banco habla de un golpe de timón. Inglaterra venía de un período de Gareth Southgate de ocho años (2016–2024), pero les ha costado construir entrenadores propios. Algo poco llamativo en la Premier League, en la que a los clubes protagonistas los conducen muchos extranjeros: el catalán Guardiola en Manchester City (ahora lo sucede el italiano Enzo Maresca), el vasco Mikel Arteta en Arsenal, el vasco Andoni Iraola en Liverpool, el vasco Unai Emery en Aston Villa y el vasco Xabi Alonso en Chelsea (sí, muchos vascos además). Sobrevive algo de la tradición de los creadores de este juego en el Manchester United de Michael Carrick, exvolante central de 44 años. Aunque a muchos de los grandes directores técnicos, en realidad, los hayan incorporado desde Escocia como Alex Ferguson.

Un volantazo, decía. De esos que nunca salen bien. Aunque a Croacia le funcionó. Acababa de empatar contra Finlandia, que ni se jugaba la clasificación. Debía viajar a Kiev a desempatar con Ucrania. Estaba en disputa una plaza para Rusia 2018. En el mediocampo del Barcelona era titular Ivan Rakitic y en el del Real Madrid, Luka Modric. Quedarse fuera con ese plantelazo sonaba a pecado. Entonces, despidieron a Ante Cacic.

Buscaron en la lista y hallaron uno que hacía nueve meses andaba sin laburo. Cuando le avisaron al volante del Madrid, repreguntó de quién se trataba porque pensó que había escuchado mal. Jamás había oído ese nombre. Zlatko Dalic no había conducido ningún equipo importante de su país y apenas ostentaba un paso por el Al-Ain de Emiratos Árabes. Plata o mierda. Fue plata. Nueve años después, aún sigue en la silla tras obtener un segundo puesto en 2018 y un tercero en 2022.

Cuando a Dalic lo llamaron, pensó que era una joda. Solo cuando sonaron las cuerdas vocales de Davor Suker — goleador del Mundial 98 — en el teléfono, lo creyó. Dirigió contra Ucrania, ganó, se enfrentó a Grecia y los aplastó. Resuelto. Recién cuando el pasaporte estaba sellado, preguntó cuál sería su salario y cómo sería su contrato.

Dalic, un ferviente cristiano, aún cree en los suyos, aunque ya no tiene la selección que poseía. Claro que ostenta a un Josip del Bayern Munich o a un Gvardiol del City. Modric, con 40 años, conforma la lista. Mateo Kovacic, también del City, le dará juego al mediocampo. Pero Ivan Perisic ya tiene 37 años. Y Kramaric, con 34 y en el Hoffenheim, no es el que la rompía en Leicester.

Croacia atraviesa un combate contra el tiempo. Continúa con el mismo conductor y esa es una certeza que se volvió sello.


Gracias, querido Zequi. Voy a extrañar estos intercambios. También voy a repasarlos, al menos, hasta que nos juntemos a ver Arabia Saudita-Cabo Verde y nos colguemos con otras historias y datos que quedaron afuera. #MACA en el mundial va a ser una bomba, así que pasaré de lector-escritor a lector y oyente, porque no hay nada más importante que un mundial y me prometieron corresponsales, podcast y contenidos diarios.

Sobre los piratas, en fútbol, me cuesta estar a la altura de la rivalidad que tenemos. Porque la usurpación de nuestro territorio no se arregla en una cancha de fútbol y, si sólo pienso en la cancha de fútbol, los siento cercanos a nosotros. Acaso los únicos que viven así el fútbol.

Recuerdo patente a los medios británicos cuando alcanzaron la semifinal del mundial en 2018. Se jugaba el tradicionalísimo Abierto de Wimbledon y se discutía una eventual renuncia de Boris Johnson, su Primer Ministro. Nada de eso importaba en lo más mínimo. Sólo se discutía si el fútbol iba a “volver a su casa”, si se terminaba la maldición para un país donde los resultados del United, del Liverpool, del Arsenal o del Chelsea le cambian la vida a la gente de una manera que sólo vas a encontrar en nuestras pampas. También nos une el sentimiento de que atravesamos un largo declive que los más pesimistas ubican un siglo atrás, pero que lleva una década siendo innegable.

Inglaterra tiene una ciudad global, muy dinámica; un par de ciudades estudiantiles, ligadas a un sistema universitario que todavía es un aspiracional para los hijos de los ricos de los países periféricos o de reciente desarrollo; y una crisis. Es cierto que la crisis que atraviesa de algún modo a todo el Reino Unido: Escocia tiene su petróleo y sus debates sobre la independencia; Irlanda un eterno conflicto en torno a su frontera con Irlanda del Norte, aunque siga borrada para casi todos los fines — incluso después de Brexit — ; y hasta Gales está buscando una identidad propia. Pero Inglaterra no, Inglaterra sólo se tiene a sí misma, los retazos de su antiguo imperio — que incluyen a nuestras islas Malvinas — , y una sensación melancólica de que están para más y que alguna vez el mundo les perteneció. Quizás el fútbol sea una parábola.

Hoy, Inglaterra crece poco, y lo poco que crece se concentra en Londres. La señora Thatcher dejó un modelo de desindustrialización manufacturera que compensó con una economía flexible — apoyada en los servicios financieros, algunos sectores tecnológicos de punta y universidades ídem para las éltes locales y extranjeras — . Los laboristas, conducidos por Tony Blair, mantuvieron el modelo con la promesa de que la City podía derramar su prosperidad sobre el resto del país. El derrame alcanzó hasta la crisis de 2008.

En 2010 volvieron al poder los conservadores e iniciaron una era de austeridad fiscal. El norte industrial quedó postergado, sin recursos ni industrias. Los servicios públicos se deterioraron, el transporte y la infraestructura fuera del sudeste envejecieron mal, los salarios se estancaron, y el encarecimiento de la vivienda se volvió un problema existencial para buena parte de la población. Inglaterra, cuna de la Revolución Industrial, enfrenta un páramo productivo en buena parte de su territorio.

No es casualidad que estas regiones votaran masivamente por salir de la Unión Europea (UE), un lugar en el que veían gran parte de las decisiones sobre su destino. Londres, Escocia e Irlanda del Norte votaron mayoritariamente por quedarse en la UE. Brexit traía también una fantasía. Recuperar el control y volver atrás, cerrar las fronteras y recuperar la gloria de antaño.

El resultado empeoró fuertemente el estado de cosas y, mientras la inmigración europea bajó, la inmigración total no lo hizo. Eso sí, cambió: menos europea, más africana y asiática. Los conservadores quedaron asociados al Brexit, la austeridad, la pandemia y el derrumbe económico. El laborismo volvió al poder en 2024, de la mano de Keir Starmer. Su fracaso todavía está en construcción, pero nadie piensa que vaya a llevar el barco a buen puerto. La ultraderecha de Nigel Farage arrasó en las últimas elecciones locales, en las que también crecieron — menos — los verdes británicos, plantados en la izquierda y en las comunidades de orígenes en países de mayoría musulmana. Inglaterra transita su propio drama preguntándose en voz alta — y en vano — si será posible que todo vuelva a ser como antes.

Yendo a Croacia, para respetar el orden que marcaste, hay que decir que la fortuna le fue piadosa tras el violento desmembramiento de Yugoslavia. Los capítulos más dramáticos del conflicto civil se dieron en Bosnia. En el territorio que hoy es Bosnia-Herzegovina convivían una mayoría de musulmanes bosnios con minorías importantes de serbios y croatas — relativamente concentradas territorialmente — .

En la parte de Bosnia con mayor población croata se creó Herceg-Bosna, una entidad con el objetivo de crear un estado independiente que sería luego anexado a la República de Croacia. Desde esa entidad se cometieron atrocidades y crímenes de guerra contra serbios y musulmanes, en lo que fue un claro intento de realizar una limpieza étnica. Nada muy distinto de lo que hicieron los serbios de la Republika Srpska. Sin embargo, las condenas contra militares y dirigentes políticos croatas fueron relativamente menores a las de los serbios y Croacia pudo recuperar un lugar de mucha mayor comodidad tras el conflicto — incluso cuando el último antecedente de un estado croata fuera el de los Ustachá, de Ante Pavelic, activos colaboracionistas de los nazis, que incluso administraban su propio campo de concentración donde fueron asesinados con extrema crueldad decenas de miles de serbios, judíos y gitanos.

En el conflicto en Bosnia, la extensión del dominio territorial del bando serbio fue mayor y más extendida en el tiempo que la del bando croata. Las masacres cometidas por los generales serbios allí son las más grandes en territorio europeo desde la Segunda Guerra Mundial. Parte de los motivos, sin embargo, son políticos. La cercanía del nuevo Estado croata con occidente — la “solidaridad cristiana ortodoxa” de los serbios los ubicó más siempre cerca de Rusia — les garantizó una mirada muchísimo más indulgente a los dirigentes políticos croatas respecto de sus crímenes.

La biología también los favoreció. Mate Boban — presidente de Herceg Bosna entre el 91 y el 94 — murió en 1997. Franjo Tudman, fundador del Estado Croata moderno, en 1999. La condena del Tribunal Penal sobre la ex-Yugoslavia señaló el carácter criminal de Herceg Bosna, una entidad creada para excluir por medios violentos a la población no croata de la porción que controlaban de Bosnia, y las responsabilidades de ambos en su establecimiento. Ya fallecidos, no fueron acusados. Ambos comparten, también su lugar como fundadores de la Unión Democrática Croata (HDZ).

Croacia integra, desde 2013, la Unión Europea. El partido de Tudman y Boban es el principal partido político del país y gobierna junto a un partido de extrema derecha. El negacionismo sobre los crímenes ustachá o su relativización es moneda corriente, aunque el país transcurra dentro de las reglas de la democracia liberal que acompañan su membresía europea.

Za dom spremni (listos, por la Patria) es el slogan de los ustachá. El equivalente croata al saludo nazi. Jugadores como Simunic y Dejan Lovren, entre muchos otros, causaron controversia por usarlo en distintas celebraciones. Ellos dicen que no, que hacen pop. En 2018, en los festejos del subcampeonato, el seleccionado, en la voz de Luka Modric, pidió al cantante Thompson que entonara su canción “Lijepa li si”, una canción que enumera las regiones de croacia, para la multitud que se había reunido. El cantante Thompson tomó su nombre de del subfusil que usaba cuando integraba, en tiempos de la guerra, la Guardia Nacional Croata. Una de las líneas coreadas por los finalistas y las decenas de miles de personas reunidas en las calles exclama: ¡Herceg Bosna, corazón orgulloso!.

En estas condiciones, no me queda otra que hinchar por Ghana, una agradable democracia africana. Hace décadas, Kwane Nkurmah fundó el país y, junto a él, el socialismo panafricano como proyecto de gobierno y de emancipación nacional, con un fuerte foco en la industrialización, el desarrollo energético y la expansión del sistema educativo. Otro día podemos hablar de su autoritarismo, pero autoritarios sobran.

También podría alentar a Panamá, un país creado a medida de un canal interoceánico, convertido en un paraíso financiero. Su ritmo, entre colombiano y centroamericano, me resulta irresistible.

Me cuesta mucho esperar que la pelota empiece a rodar, y que se active la dieta de los cuatro fantásticos. Hasta entonces solo queda completar el PRODE y pedirle a los que estuvieron siguiendo este intercambio epistolar que, si les gustó, consideren hacerse amigos de Cenital. En definitiva, sólo así es posible que cruces como estos se produzcan.

Gracias, loco, ha sido realmente un placer.

Martín

Es abogado, especializado en relaciones internacionales. Hasta 2023, fue subsecretario de Asuntos Internacionales de la Secretaria de Asuntos Estratégicos de la Nación. Antes fue asesor en asuntos internacionales del Ministerio de Desarrollo Productivo. Escribió sobre diversas cuestiones relativas a la coyuntura internacional y las transformaciones del sistema productivo en medios masivos y publicaciones especializadas. Columnista en Un Mundo de Sensaciones, en Futurock.

Cuando estoy triste, cierro los ojos y me imagino en un estadio. El fútbol es un medio de comunicación. Aprendí a escribir leyendo periodismo deportivo y a sumar armando el Gran DT. No es que el resto no me importe, es que el resto cabe dentro de una pelota. Soy periodista desde 2009. Soy analista de fútbol desde 2021.