Gustavo Carrara: “El mundo lo necesita un tiempo más”
El cura villero, que ocupa ahora un lugar en la Catedral de La Plata y mantiene una relación de 32 años con Jorge Bergoglio, reflexiona sobre su vínculo con el papa y ofrece su mirada sobre el papado que comenzó en 2013.
Gustavo Carrara, cura villero, está sentado hace 70 días en uno de los sillones más importantes de la Iglesia Católica Argentina. El 21 de noviembre, el sacerdote que conoció hace 32 años en el Bajo Flores porteño, lo nombró en Roma arzobispo de la Ciudad de La Plata. Su designación se hizo efectiva el 28 de diciembre, en pleno día de los inocentes. Con esa decisión, Jorge Mario Bergoglio, el papa Francisco, que conoció a Carrara en la misa de nochebuena de 1992, concretó un giro definitivo a los cambios que impuso en la diócesis de la capital bonaerense, que estuvo conducida durante 18 años por el ultraconservador exarzobispo Héctor Aguer. La primera pieza fue su reemplazo por Víctor Manuel Fernández, uno de los teólogos de Bergoglio. Así como en Roma hay un papa argentino y jesuita por primera vez en la historia, en el Santo Oficio hay un cordobés. Es Tucho Fernández, que antes de ser promovido a la capital italiana fue arzobispo de La Plata. Siete años después, llegó Carrara.
El 28 de octubre de 1998, en el Luna Park, Bergoglio lo promovió por primera vez. “Yo tenía 25 años. Él ya me había ordenado diácono el 21 de marzo. Diácono es el paso previo a ser sacerdote”, cuenta el cura que ahora tiene las llaves de la imponente Catedral de La Plata. Ahora tiene 51 y conoce a Francisco hace 32 años. “La primera vez que lo vi, que yo tengo memoria, fue en la parroquia del Niño Jesús en el año 92. Fue a la misa de Nochebuena. Y me acuerdo que ese día él, en el misal, que es para celebrar la misa, eligió hacer como bendición final la de San Francisco. Esa bendición es de la Biblia, pero la hizo más popular San Francisco de Asís. Él era, en ese tiempo, obispo auxiliar de la vicaría zonal Flores”, retrata. Fue el primer momento de Bergoglio como arzobispo y había sucedido al entonces cardenal Antonio Quarracino, que falleció el 28 de febrero de 1998, al frente de la Catedral Metropolitana. Bergoglio era coadjutor y quedó en el cargo. El papa Juan Pablo II lo había elegido obispo el 20 de mayo de 1992 y Quarracino lo ordenó un mes después.
– ¿Hace mucho que no ve al papa?
– Lo vi en noviembre. Me llamó y me dijo que me pagaba el pasaje para que fuera a Roma. Ahí me contó los planes que tenía.
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Sumate– A la distancia ¿qué señales vio en el Bergoglio de hace 30 años que lo vinculan con el papa Francisco de la actualidad?
– Recuerdo algo del año 99. Cuando él da una charla a los grupos misioneros. Ahí tiene esa frase que utiliza hoy también. “Prefiero una iglesia accidentada por salir a la calle, que una iglesia enferma de encerramiento”. De alguna manera, llamaba la atención. Y captaba la atención con esas imágenes. Imágenes así como bien gráficas. En este caso, la iglesia accidentada y la iglesia enferma. Y el contraste entre una iglesia de salida que busca dialogar con la realidad. Y una iglesia que se encierra en sí misma.
– ¿Para usted, cuán enferma estaba la iglesia cuando Bergoglio fue nombrado arzobispo de La Plata?
– Siempre la Iglesia está necesitada de renovación. Incluso, como él dice también en Fratelli Tutti (N. de la R.: encíclica de Francisco publicada en 2020), pasa en la sociedad. Hay, por ejemplo, valores o derechos que uno creía que eran absolutos. Y que se habían conquistado. Y las nuevas generaciones lo tienen que volver a conquistar, o ganar, o perder. Lo mismo pasa hacia el interior de la vida de la iglesia. Siempre la iglesia tiene que estar en reforma. Y estar en reforma es volver al evangelio de Jesús.
– De aquel Bergoglio que sucedió a Quarracino y luego fue creado cardenal porteño pasaron pocos años. Fueron siete años hasta 2005, cuando tuvo la primera posibilidad de ser papa. En el medio, la crisis del 2001, y un jefe de la curia porteña viviendo en Rivadavia al 400, frente a la Plaza de Mayo que ardió el 20 de diciembre ¿Cómo vivió ese momento de Bergoglio, que estuvo a un paso de suceder a Juan Pablo II en 2005?
– Usted menciona la crisis del 2001 en Argentina. También se dio el atentado a las Torres Gemelas. En esa época hubo un sínodo, es decir, un encuentro de los obispos con el papa. La conducción estaba a cargo de Edward Egan, por entonces cardenal de Nueva York. Cuando sucede el atentado a las Torres Gemelas, Egan regresa a su país para acompañar pastoralmente. Bergoglio queda como relator de ese sínodo. Ahí tuvo, por así decirlo, un protagonismo que de alguna manera visibilizó su capacidad de escucha, de síntesis de distintas posiciones y miradas.
– ¿Y qué hacía en diciembre de 2001 en Buenos Aires?
– Bergoglio estuvo muy presente, silenciosamente, pero presente en todo lo que es el Diálogo Argentino. Fue uno de los obispos protagonistas. Pero también ahí empezó a tejer una relación con los más excluidos. No solo con las villas o barrios populares, donde ya había empezado a trabajar, sino también con el mundo de los cartoneros, del trabajo esclavo, ayudando a las organizaciones que empezaban a luchar contra la trata de personas. Tal vez antes lo tenía como jesuita, pero en ese momento está el embrión de la apuesta del papa Francisco por el protagonismo de los movimientos populares. Luego lo sintetizó en “Techo, Tierra y Trabajo”, esa columna vertebral de lo que él va a llamar el desarrollo humano integral, una tierra para trabajar, para construir un techo, para cuidar a una familia.
– ¿Estuvo a punto de ser papa por primera vez en 2005?
– Algunos dicen eso, que tuvo un protagonismo en cuanto a la cantidad de votos importante en el 2005. Incluso alguno dice que declinó un poco su candidatura. Bueno, eso no se sabe bien, digamos, son decires, ¿no?
– Los investigadores indican que Bergoglio declinó su candidatura para que asumiera el alemán Joseph Ratzinger, Benedicto XVI. Pero el sucesor de Juan Pablo II, en una iglesia atravesada por su larga agonía, renunciaría en 2013. ¿Qué vino después de ese intento de 2005? ¿Cómo define al Bergoglio que volvió a Buenos Aires a un paso de haberse quedado ahí como pontífice?
– Por un lado emerge la figura de Benedicto XVI. Después, en el 2007, con la quinta conferencia del Episcopado Latinoamericano en Aparecida, Brasil, viene el otro gran momento. Viaja el papa Benedicto, ofrece una conferencia inaugural y, luego, un poco el protagonista de esa quinta conferencia también fue Bergoglio, porque lo eligieron sus pares para que escriba el documento final. Junto con él, surgen las figuras del padre Carlos Gali, del Jesuita Diego Fares y de Tucho Fernández. Pero el que tomaba las tensiones e iba haciendo síntesis fue el cardenal Bergoglio. Si uno toma el documento de Aparecida y toma el documento programático de la pastoral, que es Evangelii Gaudium, La Alegría del Evangelio, que Francisco publica el 24 de noviembre del 2013, confirma una continuidad profunda. La de una iglesia latinoamericana que reunió varias veces a sus obispos. La primera fue en Río de Janeiro en el 55, la segunda fue en Medellín en el 68, la tercera fue en Puebla en el 79, la cuarta en el 92 fue en Santo Domingo. Hay en la iglesia latinoamericana un caminar junto al pueblo latinoamericano. Hay una unidad mayor en la iglesia latinoamericana que en la europea
– ¿Aparecida termina de reforzar al Bergoglio candidato para recuperar el capital político de 2005 y proyectarlo hasta su elección como papa el 13 de marzo del 2013?
– Me parece que Bergoglio ya era ahí muy conocido y respetado, muy valorado. Lo que pasa es que también fue una sorpresa del espíritu. En 2013 ya había presentado su renuncia hacía dos años. Había cumplido los 77 años cuando él fue elegido, y él pensaba que a mitad del 2013 ya dejaba Buenos Aires para irse a vivir al hogar sacerdotal. Antes de ser electo papa, Bergoglio estaba preparando la mudanza, estaba desprendiéndose de su biblioteca, ordenando sus papeles. Estaba en esa actitud.
– ¿Cree que la renuncia de Ratzinger lo sorprendió?
– Sí, la renuncia de Benedicto fue una sorpresa. Cuando sucede el cónclave que arranca en febrero de 2013, Bergoglio ofrece un discurso breve, tan sencillo, pero a la vez tan profundo.
– ¿Cuál?
– Que el corazón tiene que estar puesto en el anuncio de Jesucristo, tiene que estar puesto en la evangelización. Cuando él hace la reforma de la curia romana, lo hace a través de un documento que se llama precisamente Predicar el Evangelio. Entonces me parece que se realiza lo que Bergoglio dice muchas veces: “Yo no estoy haciendo otra cosa que lo que escuchamos ahí en ese precónclave”.
– ¿Quiere decir que está cumpliendo lo prometido?
– Sí, desde que fue electo papa está cumpliendo lo prometido
– ¿Tan sorpresiva fue la renuncia de Ratzinger?
– Lo que nosotros escuchamos del papa Benedicto fue que él consideraba que no tenía las fuerzas necesarias como para acompañar y conducir a la iglesia. El papa Benedicto era un hombre muy lúcido, muy honesto. Fue una decisión difícil, porque de alguna manera rompía con toda una tradición de muchos años.
– La renuncia de Ratzinger en 2013 fue la primera en 500 años. Encerraba un debate que arrancó en 2005: la necesidad de contar con un papa en pleno uso de sus condiciones para conducir la Iglesia. Teniendo en cuenta que la renuncia de Ratzinger derivó en su papado, ¿cree que Francisco evaluaría hacer lo mismo, es decir, renunciar?
– No estoy en el corazón del papa y en el corazón de su oración. Creo que todavía Francisco le puede dar mucho a la iglesia, porque esa reforma de vuelta al evangelio siempre se puede profundizar más. Él lo está haciendo. Eso es lo mejor que Francisco le puede dar al mundo de hoy. Nos invita a poner la dignidad de la persona humana en el centro y, a partir de ahí, pensar la economía, la política, el trabajo, la educación, la salud. Por eso podemos decir que, a nivel mundial, hoy Francisco es el profeta de la dignidad humana. Vivimos un mundo que muchas veces se muestra cruel y Francisco invita a cuidar de modo especial a los más frágiles. Yo creo que sólo Dios sabe, pero la iglesia necesita a Bergoglio y el mundo de hoy necesita a Bergoglio por lo menos un tiempo más. Estoy totalmente de acuerdo: todos nos vamos a ir en algún momento, eso lo sabemos, pero no totalmente.
– ¿Cuánto ha cambiado la iglesia argentina y el episcopado desde marzo de 2013?
– Creo que en la Iglesia en Argentina todavía nos debemos recepcionar y concretar más y mejor el magisterio de Francisco.
– Dicen que la Iglesia argentina sigue estando a la derecha de Bergoglio. ¿Coincide?
– No usaría las categorías de derecha e izquierda, porque por ahí reducen el evangelio a eso. Francisco nos invita a vivir el evangelio de Jesús a fondo. No sé si lo estamos viviendo a fondo. Yo, por ejemplo, no lo estoy viviendo a fondo.
– ¿Por qué dice que no lo está viviendo a fondo?
– Porque siempre te queda grande el Evangelio de Jesús.
– Sin embargo, hace 15 años, nadie hubiera imaginado que un cura villero iba a ser arzobispo de La Plata. Lo consideran uno de los más jóvenes del episcopado y además ahora conduce Cáritas. ¿Cómo vive este momento?
– El año pasado fui a una parroquia que cumplía 60 años. Estaban los chicos de la catequesis, estaban los abuelos. A una nena de catequesis, que debía tener unos 8 años, le pregunté si 60 años era mucho o poco. “Es mucho”, me contestó. Había un abuelo por ahí y le dije: “Usted, abuelo, ¿cuántos años tiene?”. “Ochenta y cuatro”, respondió. “¿Y 60 años es mucho o poco?”, insistí. “Es poco”, me dijo. Depende de dónde se mire. Pero sí, sí, soy joven. No me considero más que nadie. Y tengo que ser yo.
– ¿A qué se refiere?
– A mí me tocó suceder en la parroquia de Santa María Madre del Pueblo, en la Villa del Bajo Flores, al padre Rodolfo Ricciardelli, que estuvo ahí desde el año 72 hasta su fallecimiento, el 13 de julio de 2008. Yo decía que, así como San Martín es el padre de la patria, Ricciardelli es el padre del Bajo Flores, padre en el doble sentido. De hecho, hoy el barrio se llama padre Rodolfo Ricciardelli. Una vez una periodista me preguntó si quería ser como Ricciardelli. Me salió decir: “Yo tengo que ser Gustavo Carrara. Cada uno tiene que tratar de descubrir cuál es su misión en este mundo y tratar de ser fiel a uno mismo. No mirar a nadie, ni compararse con nadie, ni querer competir”.
– El arzobispo Bergoglio también fue un interlocutor del poder en Buenos Aires. Lo fue para Mauricio Macri cuando fue jefe de Gobierno. Antes con Néstor Kirchner en la presidencia y los cuestionamientos del tedeum. Después hubo un cambio en el vínculo con Cristina. ¿Cómo interpreta esos cambios?
– Francisco incomoda al poder y me parece a mí que lo incomoda sacando las consecuencias prácticas del Evangelio de Jesús. Francisco dice que no hay guerras justas y que la guerra es el fracaso de la política. Se pregunta dónde está el dinero de los fabricantes de armas. Todas esas afirmaciones incomodan.
– ¿También incomoda a Milei? ¿Cree que vendrá?
– Ha tenido la delicadeza de recibirlo en Roma. También se encontró con él en el G7. Ha tratado con humanidad y con corrección. Pero hay una distancia bien marcada en ciertos planteos del gobierno actual. Respecto a su venida a la Argentina, hay que recordar que está en el hospital y se está recuperando, Dios quiera que salga bien. Para cualquier persona de 88 años los viajes son muy complicados. Hay que ver físicamente cómo está ahora. Lo más importante es que ahora se ponga bien y pueda estar celebrando el jubileo. Este es un año de celebración del jubileo que se hace cada 25 años.
– El 17 de diciembre de 2014, cuando Bergoglio cumplió 78 y su primer año de papado, Cuba y Estados Unidos comenzaron conversaciones para retomar las relaciones diplomáticas que restablecieron a partir del 1 de julio de 2015. Los entonces mandatarios Raúl Castro y Barack Obama eligieron el 17 para hacerle un obsequio de cumpleaños. Diez años después, Donald Trump regresó a la Casa Blanca en una segunda presidencia. ¿Cómo define el desafío de Bergoglio ante un Trump recargado y que tiene como aliado al presidente argentino?
– Francisco trata de entrar en diálogo con los pueblos. Ir a los valores más profundos de esos pueblos que, como él bien dice, no huelen a naftalina. En ese momento viajó a La Habana y a Washington y habló ante el Congreso. Lo aplaudieron todos de pie y emocionados.
– ¿Bergoglio sigue extrañando Buenos Aires?
– Sí, tiene muchas ganas de venir. Independientemente de eso, como porteño, extraña mucho a Buenos Aires. Tiene su corazón acá. Tampoco hace falta que venga como para que intentemos poner en práctica lo que él está enseñando. No hace falta que venga en ese sentido. Lo que noto en esta enfermedad que le toca afrontar es que hay una valoración mayor de su persona en algunos lugares.
– ¿Se refiere a que hay muchos agnósticos y ateos que están preocupados por la salud del papa?
– Sí. Eso pasa porque Francisco ha entrado en diálogo con el mundo de hoy, pero se ha parado para dialogar desde la periferia. Creo que eso es lo que causa admiración y también rechazo.
Esta edición forma parte del especial por los doce años de papado de Francisco, Vox populi. Podés leer todas las notas acá.