Grupo B: los goles son infinitos
El gol de Julián Álvarez contra Canadá en la Copa América 2024 da la excusa para hablar de una de las selecciones candidatas a pasar de fase. Suiza, Bosnia-Herzegovina y Catar completan el segundo grupo.
Queridísimo Martín:
Esto te va a sonar un poco raro. Me puse a pensar en Canadá, uno de mis candidatos a pasar a la siguiente fase dentro del Grupo B. Queda en la otra punta del continente, pero a su equipo lo conocemos. En 2024 compartimos fase de grupos en la Copa América y los enfrentamos en la semifinal. No pude evitarlo: me puse a ver el partido completo nuevamente. Quería recordar a sus jugadores. Me equivoqué. Cuando están los nuestros, siento una atracción que no puedo controlar.
Los goles son infinitos. Los podés volver a ver mil veces y vas a encontrar millones de historias. Me concentré en el primero de los dos que les hicimos aquel 9 de julio. Apenas dura ocho segundos. Ahí está todo: de ellos y de nosotros. Quiero compartirte lo que vi.
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SumateTiempo de juego 21:52
Todo pase incuba un mensaje. Si va flojito, es porque hay marca atrás y hay que rebotar. Si va tenso, hay tiempo. La fuerza significa que la jugada puede continuar.
Cuti Romero tira un bombazo que viaja pegado con velcro al pasto. Rodrigo De Paul comprende y controla con un giro.
Al volante central Stephen Eustaquio, nacido en Ontario, que vivió toda su vida en Portugal por la descendencia de sus padres, Lionel Messi se le esconde en la espalda. Supo decir el Cholo Simeone en una entrevista con L’Equipe que el mejor sentimiento para un futbolista es el miedo: te mantiene alerta. El mediocampista de Los Ángeles FC está equidistante del 10 y del 7 argentino. De Paul conduce. El canadiense debe tomar una decisión: ¿saltar a la marca y quedarse lejos de Messi? o ¿quedarse con Messi y liberar a De Paul?
Detrás del 10 hay algo peor. Está Ángel Di María, aunque un poco más controlado. Tiene pegadito a Alphonso Davies, la estrella canadiense. A los 18 años, Bayern Munich se lo compró al Vancouver Whitecaps por 20 millones de euros. Nació en Ghana, en un campo de refugiados, al que llegó desde Liberia. A los 5 años, emigró con sus papás hacia Edmonton, el corazón de Canadá. Esta temporada lo maltrató con múltiples desgarros, pero pudo jugar las dos épicas semifinales de Champions League contra el PSG.
Ahora — aquel 9 de julio de 2024 — está pegado a Di María, que ni tiene la pelota. A eso, los españoles le llamaron fijar marca. En un Mundial, al rival ni un tantito así: le diremos imán. Messi y Di María imantan.

Tiempo de juego 21:54
Un pase necesita de tres roles: un emisor, un receptor y quien hizo el movimiento para que el vínculo fuera posible. Este último puede ser más de un jugador. Incluso, todos.
Declaró el español Juan Manuel Lillo, a quien Pep Guardiola consideró “el mejor entrenador que he tenido”, que el único libro fundamental del fútbol es el reglamento. Se puede acortar la cancha por la ley del offside, pero no se puede reducir el ancho.
Un esquema es la forma de ocupar el espacio del campo. No hay sistemas perfectos: todos poseen alguna zona que desprotegen o algún espacio en donde son inferiores o superiores al rival.
Messi es muy pillo para pararse tan cerca y tan lejos de De Paul como para que el rival dude. Eustaquio no es el único futbolista que puede intervenir para sacársela. Jonathan David, el 10 de ellos, nacido en Brooklyn (Nueva York), nacionalizado canadiense, centrodelantero de la Juventus, comienza la jugada más cerca de Enzo Fernández. Va al trote. Le regala un segundo al volante que hoy juega en el Inter de Miami. Pena de muerte.

Tiempo de juego 21:56
Cuando Julián Álvarez viajó de sparring al Mundial de Rusia 2018, muchos lo veían y se preguntaban qué lo hacía tan bueno. Golpeaba bien con la derecha y con la zurda. Podía cabecear, gambetear y conducir a alta velocidad y con la pelota besándole el borde externo del empeine. Se adaptaba a ser extremo izquierdo o derecho, centrodelantero o mediapunta. ¿Por qué? Porque su principal virtud es su posicionamiento.
Hay delanteros que, sin saberlo, usan la filosofía del Aikido: se acercan a los adversarios para hacer de la fuerza ajena la fortaleza propia. Cuando los aprietan, usan el impacto para girar. Julián es lo opuesto. Nunca está parado en la línea de defensores. Si el fútbol es espacio y tiempo, él se aleja para ganar milésimas y para usar la desesperación del rival. En el momento en que le saltaron, perdieron. Controló. Aceleró. Decidió.
Moïse Bombito, un gigante de 190 centímetros y 85 kilos, parido en Montreal por una mamá congoleña, es el central derecho que relojea a Julián. Está perfilado hacia su izquierda. Preparado para correr. Todo el partido supo que esto podía ocurrir. Otro defensor, de menor nivel, quizás estaría recto sin calcular la distancia de rescate. Él no. Por algo el Niza de Francia lo compró por 7 millones de euros a los Colorado Rapids de la Major League Soccer (MLS). Y aunque en octubre de 2025 se fracturará la tibia y su posibilidad de llegar al Mundial se verá muy reducida, en esa semifinal de la Copa América está deseando comerle las patas al atacante.
De Paul ve la distancia. Lanza. Julián estira su pierna derecha y la pelota se echa una siesta en su pie.

Tiempo de juego 21:58
El estadounidense Jesse Marsch tuvo su primera experiencia en un cuerpo técnico como ayudante de campo de la Selección de Estados Unidos. Secundaba a Bob Bradley. Tras esa experiencia, aterrizó en la escudería Red Bull. La marca reconocida por su bebida energética fue construyendo su imperio de a poco. En 2005 adquirió el SV Austria Salzburg y lo bautizó Red Bull Salzburgo, su primer club. En 2006, compraron el Metrostars de la MLS y lo renombraron como New York Red Bulls. En 2009, finalmente, le compraron la plaza en la liga alemana al SSV Markranstädt y fundaron el Leipzig. Ahí, se terminó de formar el entrenador que intentará conducir a una de las tres selecciones locales a la gloria.
Defiende en zona. Le gusta el 4–4–2 porque permite cubrir el ancho. El problema es que Argentina es el mejor equipo del mundo. Su filosofía le escapa a los esquemas. Juega de jugar bien. De no imantarse a ninguna marca. Si Guardiola promulgó la idea del falso 9 con Messi, Scaloni lanzó el concepto del falso mediocampista. No hay posiciones estables. En esta semifinal, por el centro juegan De Paul y Fernández. Por derecha, Di María y Messi. Por izquierda, Alexis Mac Allister.
Al mediocampista del Liverpool lo separan al menos 30 metros de De Paul y de Julián. Esa distancia es fundamental. Alistair Johnson, lateral derecho, nacido en Vancouver, descendiente de irlandeses, jugador del Celtic, está lejos de Bombito y del punta argentino. Podría estar cerrando la espalda del atacante, pero duda. El imán lo destruye. Porque intenta no estar lo suficientemente lejos de Mac Allister como para que, si le lanzan, no darle tanto tiempo para que el surgido en Argentinos pueda asistir.

Tiempo de Juego 22:00
Acá a las aguas las parten las ideologías. Toda la primera etapa del bielsismo se caracterizó por las persecuciones individuales de rivales. Cada futbolista tenía un rival a cargo. O un rival en una zona a cargo, pero nadie debía estar sin marca. César Luis Menotti opinaba lo contrario. Dividía en cuatro fases: defensa, recuperación, gestación y definición. Determinaba que la zona de defensa era la del área. En la de recuperación, se daba la presión. Suena básico, pero no: jerarquizaba que el acto de defender, sobre todo, es marcar la zona en donde se hacen los goles. Es decir, tu arco.
Johnson se imanta con Mac Allister y no cuida su arco. Está lejos del delantero para intervenir. Le deja el menú completo al central.
Son ocho segundos en total. La pelota pasa entre Cuti, De Paul y Julián. Es gol. Apenas la tocan tres jugadores — para la gestación incluye a dos argentinos más — . Messi después marcará el segundo gol y la historia estará completa. Argentina pasará a la final y encaminará su bicampeonato americano.
Mi ya muy querido Zequi,
Me hiciste volver a ver el partido solamente leyendo. Ocho segundos, una clase de táctica y un equipo que, así como lo narrás, puede aspirar a entrar en los dieciseisavos de un grupo parejo.
La semifinal de Copa América los muestra plantándose de igual a igual también en el Sur, donde el fútbol se juega mejor. Tu crónica habla de Congo, Ghana, Irlanda, Liberia y de refugiados. De la Major League Soccer y de los Estados Unidos, también. No se me ocurre mejor manera de pintar ese país que con la descripción de su seleccionado.
Canadá es uno de los países con mayor población de origen inmigrante del mundo. Reciben más de 400 mil migrantes al año desde que terminaron las restricciones pandemicas, con una población comparable -pero de menor tamaño- a la de Argentina. Otro dato que cruza demografía con política es que en 2019 aceptó más refugiados que los Estados Unidos de Trump.
El influjo migratorio superó el bajo número de nacimientos en cada uno de los últimos cuatro años. Canadá tiene, de hecho, una de las tasas de fertilidad más bajas del mundo y esto le está cambiando la cara al país. A comienzos de la década del 80, de acuerdo al censo, más del noventa por ciento de la población se autopercibía blanca. En 2021 ese porcentaje había caído debajo del sesenta. Incluso el inglés y el francés, que definieron la dualidad canadiense desde su fundación, son ahora considerados como lengua materna por menos del 80% de su población.
Su diversidad incluye grupos provenientes de la diáspora china, de Medio Oriente, de África, de América Latina y punyabíes — un grupo etnolingüístico originario de la región del Panyab, ubicada entre el noreste de Pakistán y el noroeste de la India — . Uno de los tres principales partidos políticos, por ejemplo, tuvo como líder a un dirigente de origen punyabi y religión sikh. Lejos de ser una excepción, esto se repite en el mundo de los negocios y en la vida académica y cultural. Los refugiados y los inmigrantes portan sus costumbres y las traen al nuevo país. La evidente mejora en el fútbol es inseparable de este fenómeno: la llegada de inmigración de países con tradición futbolística da a luz a chicos a los que les transmiten las ganas de patear una pelota. Una vez que eso arranca, las ganas se contagian.
Como en casi todos los países donde la inmigración mejoró los equipos de fútbol -y tantas cosas más-, la apertura canadiense hoy enfrenta presiones inéditas en términos de cuestionamientos al sistema. Los conservadores prometen que si vuelven al poder van a reducir drásticamente las cuotas migratorias. Esto hace que los liberales, bajo presión, endurezcan los requisitos migratorios.
Pero tu correo no hablaba sólo de inmigrantes. Los Vancouver Whitecaps, que llevaron a primera al gran Alphonso Davies, no compiten en la liga canadiense sino en una norteamericana, donde participa una abrumadora mayoría de equipos estadounidenses. La MLS no es apenas un lugar amable para que los grandes como Messi, Thierry Henry o Zlatan Ibrahimović se vayan a gastar los últimos cartuchos. Es una liga razonablemente competitiva, algo que para Canadá sería inalcanzable. Lo mismo sucede en otros deportes de élite como el básquet (con la NBA) y el Hockey sobre hielo (con la NHL). En este último, además, Canadá es una gran potencia.
El deporte es reflejo de una decisión política: la integración profunda con los Estados Unidos. Desde que en 1931 consiguió su independencia en materia militar y de política exterior respecto del Reino Unido, Canadá tuvo menos de una década de recostarse únicamente en sí misma para su defensa. Su población escasa y su vasto territorio la convertían en un blanco ideal para una invasión extranjera. Por eso, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, firmó con Estados Unidos el Acuerdo de Ogdensburg, por el que hasta hoy mantienen instituciones conjuntas de defensa. En 1958 sumaron el NORAD (Mando de Defensa Aeroespacial de Norteamérica), para el control aéreo y marítimo conjunto. Y además colaboran en FIVE EYES, un esquema de inteligencia conjunto con el Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda.
¿Qué decir de la economía? Desde el Pacto Automotriz en la década del 60, mucho antes de que la globalización estuviera de moda, hasta el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y su sucesor, el T-MEC, Canadá decidió atar su suerte económica a la de los Estados Unidos. Más del 70% de las exportaciones tienen como destino a su frontera sur, mientras en materia de migraciones, mantienen acuerdos tan estrechos que ICE tiene cinco oficinas permanentes en territorio canadiense, y más de 300 mil personas cruzan a diario la frontera entre Canadá y Estados Unidos.
Puesto así, no parece tan antojadizo que a Donald Trump se le ocurriera proponer la anexión de Canadá como estado número 51 de los Estados Unidos. Pero es sólo una ilusión absurda. Para los canadienses, la integración profunda con los Estados Unidos es una estrategia de preservación de la soberanía. Ellos se enorgullecen de su sistema de salud universal, de su baja tasa de homicidios y, en general, de ser una sociedad más comunitarista y menos individualista que la estadounidense. Por no hablar de la perspectiva de que una fusión termine el superclásico del hockey sobre hielo.
Todo esto simplemente para decir que la provocación de Trump salió realmente mal y hasta permitió torcer el rumbo de una elección. Los conservadores — de mirada trumpista — perdieron una ventaja de 20 puntos en las encuestas, y en abril de 2025 el liberal Mark Carney se convirtió en el Primer Ministro con una ventaja cómoda. Su principal propuesta, un poco en serio y un poco en broma, fue preservar la existencia de Canadá como país independiente.
Volviendo al fútbol. ¿Cómo hacemos con las otras selecciones? ¿Ves candidatas obvias? ¿Será otro grupo mediocre — como el de México — que surge de un país anfitrión como cabeza de serie? Entiendo que Suiza viene muy bien y también basa su fortaleza en la inmigración — a pesar de que los migrantes sean estigmatizados por la política — . Me cuesta olvidarme del mundial 2018, cuando se armó un quilombo importante con Serbia por los gestos de Xhaka y Shaquiri, de origen albano-kosovar. Demasiado para la neutral suiza.
Si hablamos de soberanía, Bosnia-Herzegovina debe ser de los países más particulares del mundo. Un acuerdo de convivencia forzada puso fin a las guerras que sucedieron a la disolución de la República Federal Socialista de Yugoslavia. El resultado es un país dividido entre dos unidades confederales: la Federación de Bosnia y Herzegovina, donde viven mayormente bosnios y croatas; y la República Srpska (literalmente República Serbia), donde vive la población de origen serbio. Tres presidentes, uno por cada grupo, y unas buenas dosis de tensiones y hasta odios desplegados cotidianamente. Así que es una buena noticia que se mantengan como un país.
¿Y qué decir de los cataríes? Es un país que usa la riqueza hidrocarburífera para magnificar su influencia en todos los ámbitos, y el fútbol no es la excepción. ¿El talento se compra? ¿Cómo la ves?
Estas son las oraciones que envejecen mal, querido Martín. Este grupo me parece cosa juzgada. Canadá y Suiza pasarán a la siguiente fase. Los europeos, primeros. A los bosnios les tengo más fe que a los cataríes. Llegan al Mundial después de haber mandado a casa a los italianos — una vez más — . El eterno Edin Dzeko nunca te deja a gamba: categoría 86, 40 pirulos, y continúa de titular en el Schalke 04 de la segunda división de la Bundesliga. Demirovic, el segundo delantero, destaca en el Stuttgart, que está en la primera de Alemania. Cuanto más los veo, más dudo de si se quedan en el tercer lugar o pelean por algo más. Pero, bueno, hay que tomar el riesgo y ese es mi pronóstico.
Dejemos acá que se hizo largo hoy. La seguimos el sábado.
Un abrazo
Zequi