Ganó el frente republicano contra Le Pen en Francia: la ultraderecha, del éxtasis al tercer lugar

La segunda vuelta de las legislativas trajo un batacazo para Reagrupación Nacional: de salir victorioso el domingo pasado a tercero. El NFP, que agrupa a la izquierda, festejó el triunfo, pero por separado.

A las 15 horas de ayer, en Argentina, llegó la primera imagen: la izquierda francesa, agrupada en el Nuevo Frente Popular (NFP), festejaba su victoria como primera fuerza en las elecciones legislativas nacionales. Contra casi todos los pronósticos, que auguraban un gran triunfo de Reagrupación Nacional (RN), la fuerza de la dirigente de ultraderecha Marine Le Pen perdió. La izquierda se impuso primera y segunda lo hizo la coalición Juntos, del presidente Emmanuel Macron, en una jornada con los niveles de participación más altos desde 1981 para unas legislativas.

Festejos del domingo a la noche en la Plaza de la República, París. Un lugar de referencia para la izquierda francesa. Foto: gentileza de Hero Suárez.

No voy a ahondar en el baile de todos los porcentajes de votos y bancas, solo contarte los más relevantes de las primeras proyecciones: de las 577 bancas que tiene la Asamblea Nacional (Cámara Baja) el NFP se quedaría con 180; la coalición presidencial Juntos llegaría a 163 y pierde la mayoría relativa que tuvo de 2022 a 2024, mientras que el bloque RN se quedaría con 143. Ninguna coalición alcanzó la mayoría absoluta de 289 escaños. La participación llegó casi al 67%, cuando las legislativas de hace dos años tuvieron sólo el 48,7% en la primera vuelta y el 42,64% en la segunda.

Reminder rápido, Francia tiene un semipresidencialismo en el que el Ejecutivo tiene “dos cabezas”: una cabeza es el presidente, quien es el jefe de Estado, es electo por voto directo a partir de una mayoría absoluta –es decir, la mitad más uno del electorado (Macron renovó mandato en 2022 por cinco años más)–, y tiene atribuciones en materia de Defensa, política exterior, y algunas más. La otra cabeza es el primer ministro, que está basado en la coalición mayoritaria de la Asamblea Nacional (AN) y controla la política interna.

La clave acá es la palabra oscilación ¿Por qué? Porque nos habla de la trayectoria del poder. El presidente es la figura con mayor respaldo directo democrático y es electo previamente a la AN (semanas antes). Si su fuerza resulta mayoritaria en esas legislativas, esto es leído como un respaldo al mandatario, y es su mismo espacio el que optará por un primer ministro afín. Por eso, en los hechos, más allá de las atribuciones formales, el presidente termina concentrando el poder. Pero cuando las dos cabezas representan a partidos diferentes –habrás escuchado hablar de “cohabitación”–, la ecuación cambia: el poder oscila hacia el primer ministro. Esto pasó sólo tres veces desde la instalación de la llamada V República y ahora habrá una cuarta.

Un dato ad hoc: si el presidente “llama” a formar gobierno a la fuerza más numerosa del parlamento, en este caso NFP, pero esta no tiene mayoría absoluta, ¿puede aparecer un reagrupamiento de bancadas que la destrone? No suena viable. El camino parece allanado para la izquierda. Pero tendrá que mantenerse unida.

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Jóvenes del partido de izquierda Francia Insumisa festejan tras los resultados parciales en la segunda vuelta de las elecciones. Foto: REUTERS/Yara Nardi.

15:20 llegó la segunda foto, más relevante para lo que viene: los partidos de NFP celebraron en actos separados (volveremos a eso). “¿Qué van a hacer ahora?”, se preguntó ayer sobre las dos primeras fuerzas el candidato de Marine Le Pen, Jordan Bardella, que si bien tuvo que hacer un bollito con su aspiración a ser el primer ministro, dio en la tecla.

Y mientras se regodeaba la extrema derecha de ver futuras rupturas, Le Pen remarcó que en porcentajes de votos, RN fue la fuerza más votada, pero por la distribución del voto quedó tercera en bancas. Por eso dijo que lo de ayer fue “una victoria en diferido”, apuntando a las elecciones presidenciales de 2027.

Macron quedó mejor parado de lo que se pensaba, pero ¿podría desoír este mensaje de las urnas y seguir gobernando por “decreto”? ¿va a pedir al NFP que forme gobierno?; ¿cómo va a hacer el NFP para pasar su programa sin tener la mayoría absoluta? y cómo va a enfrentar la idea –¿prejuicio?– acerca de su constantes internas; además habrá que seguir de cerca los guiños que la derecha tradicional le hizo a la extrema.

Más allá del rechazo a Macron

Si bien el espacio de Macron no se derrumbó a un tercer lugar, como decían las encuestas, lo cierto es que pasó, en dos años, de tener 250 bancas en la AN a apenas poco más de 160. Y si bien la estrategia de un tácito “frente republicano” o cordón sanitario para contener el avance de expresiones de extrema derecha funcionó, también es cierto que las mayorías, por derecha o por izquierda, votaron en contra de la gestión actual, desoyendo el discurso del presidente que señalaba a “los extremos” como una suerte de agentes del caos que llevarían a una “guerra civil” (volveremos a eso). Pero leer solo bronca y descontento en estas elecciones sería reduccionista.

Hablé con algunos ciudadanos franceses, que votaron distinto, para entender más y mejor lo que los preocupa y motiva su apoyo electoral. Mathieu, de 36 años, vive en medio del campo, al sur de Burdeos. Es arquitecto, votó por RN en las dos vueltas electorales –además votó en blanco por un amigo que estuvo ausente, lo que se llama voto por delegación–. Dos días antes de la elección, le pregunté por cómo veía al Gobierno y no escatimó en críticas. “Puedo ver cómo aumenta la deuda de mi país y desciende el nivel de vida de los que me rodean. Es muy proeuropeo y contrario al pueblo. Un representante de la xenocracia (gobernado por extranjeros o que estos tienen más derechos). Extremadamente violento y corrupto. Fuerte con los débiles, como con los “chalecos amarillos”, y débil con los fuertes, con EE.UU. y Alemania. Somos ridiculizados internacionalmente y nuestra posición histórica de no alineamiento desapareció por nuestra alineación completa con EE.UU., la OTAN, y (la presidenta de la Comisión de la UE, Ursula von der) Leyen”, dijo.

Frente a esas críticas, traté de entender si la opción por RN era circunstancial o había una coincidencia en las convicciones de esa fuerza. Por un lado, para Mathieu “RN se aprovecha de esta situación en la que sigue siendo el voto ‘protesta’ y dicen lo que la gente quiere oír”, pero creía que la agrupación de Le Pen era la única opción viable para reemplazar al Gobierno. Pero, por otro lado, había ahí algo más que un voto útil contra Macron, había apoyo a las consignas de Le Pen. “RN adopta la postura correcta en cuestiones importantes: la pandemia de Covid-19, la guerra en Ucrania, la guerra en Israel, la UE”, comentó, además criticó la demonización que se hizo históricamente de este espacio y cuestiona la obligación de enviar a sus hijos a la escuela a partir de los 3 años: “Algo típico de un régimen totalitario”, dijo.

“Todos por el cambio. Ya estamos hartos de esta escoria”, me dijo Gérard (no quiso que figure su nombre real), de 54 años, desde Marsella, cuando le pregunté por sus sensaciones horas antes de la segunda vuelta de ayer. También le consulté cuáles creía que son los principales problemas sin resolver y me dijo que creía que “el tema del poder adquisitivo, la violencia, los comportamientos no civilizados, la inmigración ilegal, el que haya demasiadas ayudas gratuitas y un abuso de las ayudas sociales”. La idea del caos y el desorden aparece relacionada con la inmigración, pero como veremos después, a una supuesta resistencia violenta a una victoria del RN.

También me intrigaba saber si Le Pen le generaba esperanza a Gérard, quien trabaja como chofer de personas del espectro autista, para, de nuevo, tratar de entender algo más allá del voto bronca. “La esperanza es la vida, y sí, quiero cambios”, me dijo un tanto evasivo.

Medir las palabras y silencios. Según hablé con colegas de varios medios franceses, es difícil encontrar testimonios de votantes de RN. “No me animo mucho hablar con personas cuando todavía no han deconstruido sus conceptos de izquierda/derecha”, me dijo por ejemplo otro elector de Le Pen.

Es evidente que Macron venía lacerado. En lo que va de sus dos mandatos, llegó después de los coletazos no saldados de la crisis migratoria en Europa de 2015, pasó por las protestas de los chalecos amarillos –un catalizador de otras demandas que puso en escena el clivaje urbano-rural, como contó acá Juan Elman–; la pandemia; la guerra en Ucrania –su consecuente crisis energética, la entrada de productos agrícolas ucranianos y el envío de armas y posible envío de tropas– y en Gaza; la inflación (no, no vale comparar con Argentina); los cambios en las regulaciones a nivel de la UE más restrictivas a partir de la agenda verde y que provocó tractorazos en el país y el resto del bloque; y el deterioro en los servicios públicos.

El presidente galo ya había sido advertido de esos descontentos porque si bien pudo renovar mandato en 2022, ese mismo año no logró que la ciudadanía le diera en las legislativas un gobierno de mayoría en Asamblea Nacional. Tuvo que gobernar casi por decreto, ya que activó el artículo 49.3 de la Constitución, que permite pasar una ley sin el legislativo cuando al Gobierno le falta la mayoría necesaria. Incluso usó este mecanismo para aprobar el presupuesto en 2022 y en temas de fotosensibles a la luz de las mayorías, como el de la reforma previsional en 2023, que generó semanas de protestas y una moción de censura en agenda.

Marine le Pen habla con periodistas después de los resultados parciales en la segunda vuelta de las elecciones parlamentarias. Foto: REUTERS/Kevin Coombs.

La segunda gran advertencia para Macron, ya irremontable, se vio con las elecciones europeas de junio de este año, donde la misma población francesa lo ubicó en segundo lugar, pero muy lejos de la primera posición conquistada por Le Pen, cuyo partido lo dobló en bancas. Macron asumió que el único camino posible para salir del laberinto era por arriba; desarmó la AN y anticipó elecciones legislativas. Lo hizo además en 20 días, el menor tiempo posible estipulado por ley, especulando con que no daría tiempo al centro y a la izquierda a armar una propuesta competitiva.

Agathe tiene 37 años, es originaria de la región de Normandía, de la ciudad de Le Havre, pero desde hace 14 años que vive en Buenos Aires, desde donde votó en las legislativas de ayer por el NFP. Sus críticas a Macron son otras a las de Gérard y Mathieu y también excede el voto bronca. “Macron llegó al poder con la promesa de unir a todo el mundo y fue una gran mentira. No está escuchando y su política fue de derecha hacia extrema derecha”, dijo. Ella apoya un espacio cuya plataforma propuso cosas como la introducción de un salario mínimo de 1.600 euros y la reducción de la edad de jubilación a los 60 años.

“Nosotros o el caos”

Frente a este legado, Macron apeló a un imaginario del caos y la idea de “guerra civil”, que evidenció más su impotencia. Fueron dichos durante la campaña, pero tengo la impresión de que ese fantasma de los extremos no fue un recurso meramente electoral y seguirá vigente durante lo que le resta de mandato (en los papeles vence en 2027).

Esas ideas de desorden y abismo también aparecen entre los “ultras” y la izquierda. Agathe me habló de que existe un imaginario acerca de un supuesto caos inminente, en el que no parece creer demasiado. “Muchos en Francia tienen miedo de que la gente salga a romper todo. Hay como una paranoia, de los dos lados; los de la extrema derecha piensan que los de la izquierda van a salir a quemar todas las cosas, y los de la izquierda piensan que los de la extrema derecha van a salir a matar gente”. Los comerciantes parisinos, se hicieron eco de esta idea, y tapiaron ayer sus vidrieras.

Gerard también me dijo que creía que “hay mucha gente que va a poner obstáculos en el camino”.

–¿Quiénes?, le pregunté.
–Pues todos los que están a favor de Macron, ¡la mierda!, dijo como si fuera obvio.

–¿Qué pensás de esta idea de un frente republicano entre Macron y el NFP?
–No sé, pero en Marsella se están preparando para los actos poniendo barricadas en el centro de la ciudad.

–¿Frente a una posible victoria del candidato de Le Pen?
–Temen que pase.

Agathe comentó que, ante esos supuestos, “hay un rumor de que Macron podría usar un atributo de la constitución para acaparar todos los poderes y hacer una suerte de estado de sitio como pretexto durante los Juegos Olímpicos, que son un momento picante por las posibilidades de atentados y bla, bla”. Agathe insiste en que es solo un rumor, pero a la vez deja ver cierta preocupación por los escenarios que se abren.

Si algo de eso se corrobora, podría abrirse un escenario que Macron aproveche para mantener el control de ciertas riendas, apelando a la idea de “yo o el caos”. Pero no solo por un supuesto desorden en el espacio público, sino también en términos de la oscilación del poder hacia el primer ministro y una AN fragmentada casi en tercios, donde su coalición será minoritaria.

Apelar de nuevo a gobernar casi por decreto podría seguir desgastándolo, pero si las dos puntas del parlamento se muestran intransigentes, no dudará en azuzar un horizonte de desmembramiento por el tironeo de los extremos e intentar ponerse por encima. O se aceita algún mecanismo –poco común– de alianzas esporádicas, puntuales, para apoyar proyectos en esta nueva Legislatura que se debe instalar el 18 de julio, o ya se vislumbra un escenario de constante conflictividad, con un nuevo llamado a elecciones cuando se cumpla el plazo mínimo en un año.

Se dobla, pero ¿no se rompe?

Cuando hablé con Agathe antes de la elección me comentó algo que, después de la jornada de ayer, me resuena aún más. “Por un lado, fue muy esperanzador ver cómo surgió muy rápidamente esta unidad, pero, por otro lado, está medio sostenido de un hilo porque los partidos de este frente no dejan de pelearse y una dice ‘¡Qué lástima!’”, me dijo. Ayer, incluso antes de los resultados, ya se sabía que las distintas fuerzas de NFP iban a hacer mítines por separado, a diferencia del acto conjunto que hicieron para la primera vuelta.

Entró en escena un horizonte de fragmentación. Los imaginarios son eso, solamente imaginarios, pero estos muchas veces operan en la realidad.

El NFP logró formarse en cuatro días, después de que Macron anunciara el adelantamiento de las elecciones, y está integrado por Francia Insumisa –liderada por Jean-Luc Mélenchon–, el Partido Socialista, Ecologistas y el Partido Comunista, entre otros. Si bien muchos ya habían estado juntos en elecciones previas, la opinión pública resaltó la velocidad con la que volvieron a mirarse la cara después de rivalidades al aire libre, el tiempo en el que armaron un programa fue récord.

El escenario fue positivo en la primera vuelta electoral del 30 de junio, pero ayer consolidó su posición como primera fuerza en bancas. Sí, en Francia hay una suerte de ballotage legislativo: el país se divide en tantas circunscripciones como bancas en la Asamblea Nacional (577), y se elige un solo diputado por distrito, pero tienen que llegar a cierta cantidad de votos para ganar en primera (menos de 80 lo lograron), de lo contrario van a segunda vuelta (lo que sucedió ayer), y otro dato importante, pueden pasar a dos, tres o incluso cuatro candidatos a ese ballotage. La mayor parte de las bancas fueron definidas ayer, porque antes no habían cumplido los requisitos.

¿Pero esto es relevante para entender lo que viene? ¡Muy! Frente a este sistema, lo que pasó fue un intento de reeditar lo que muchas veces sucedió en Francia que es la idea de que –dicho rápidamente– el centro y la izquierda o los sectores “democráticos” hagan un “frente republicano” o cordón sanitario para contener a la extrema derecha.

Traducido, eso implicó que después de la primera vuelta, el NFP se comprometiera a bajar sus candidaturas en los distritos en que eran más competitivos los referentes de Macron para ganarle a las fuerzas de Le Pen. ¿Y viceversa? No tanto. La alianza del presidente puso peros y bajó menos candidaturas, en línea con sus predicamentos de ni extrema derecha, ni “extrema izquierda”. Eso dejó una espina y está claro que suma una desconfianza más de la izquierda hacia el mandatario. Si no me creés, mirá lo que dijo Mélenchon:

“El presidente debe inclinarse y admitir esta derrota (…) tiene el deber de llamar al NFT a la cabeza del Gobierno (…) el NFP aplicará su programa”, dijo Mélenchon y remarcó “todo su programa”. También adelantó que en unas semanas estas medidas pueden ser tomadas “por decreto”, sin votación, como por ejemplo derogar la reforma jubilaría de Macron, avanzar en regulaciones de precios, aumento de salario mínimo, entre otros.

Más importante es lo que le dijo después: “Rechazamos entrar en negociaciones con su partido para hacer ningún tipo de acuerdos, sobre todo, después de haber combatido desde hace siete años su política de maltrato social y de inacción ecológica”, dijo el referente de Francia Insumisa (el partido que dentro del NFP que logró mayor cantidad de legisladores).

Pero Mélenchon parece obviar que no cuenta con mayoría absoluta y la pregunta que cae de maduro es: ¿cómo va a hacer para pasar su programa por la AN? Sumado a eso, ya hubo ayer declaraciones en el NFP rechazando su liderazgo.

Esto quedó graficado, como te decía, en los actos de los partidos de NFP que fueron separados. Minutos después de hablar Mélenchon, pero en otro punto cardinal, apareció el líder del Partido Socialista de Francia, Olivier Faure, que si bien repitió que la “única brújula” para guiar al país es el programa del NFP, se mostró más reflexivo que Mélenchon cuando recordó que no van a tener la mayoría absoluta de la AN.

Otras dificultades van ligadas a la escucha del electorado. Hablé con Malena Reali, una argentina que vive en París desde chica y hablamos sobre algunas agendas a las que sectores como el NFP le son esquivos. “Como mujer, no me siento segura en la calle realmente. Siento que hubo una degradación desde hace un par de años de la posibilidad de caminar sola por la calle sin estar asustada. Sin embargo, una parte de la izquierda sigue teniendo un discurso diciendo que eso es mentira y que no hay inseguridad. Negación en vez de intentar proponer interpretaciones alternativas. La seguridad y la inmigración son dos temas que la izquierda todavía no logra ocupar con un discurso audible y estructurado, bien pensado”, me comentó.

En la vereda de enfrente, Le Pen toma agendas de ese tipo y ya no es solo bronca. Me interesó este análisis de Cécile Alduy, profesora de estudios franceses en Stanford y especialista en la extrema derecha francesa:

“Durante mucho tiempo, los politólogos y comentaristas opinaron que gran parte de la razón por la que la gente votaba a la extrema derecha era para expresar su protesta contra el establishment. Era una rabia y una frustración silenciosas. Así que era una elección por defecto. Pero eso ya no se puede decir. Mucha gente cree en lo que propone RN, y se está uniendo a ella. Está a favor de una agenda específica”.

Es periodista especializada en política internacional. Trabaja en la agencia Télam y colabora en medios como el diario italiano Il Manifesto, la revista Nueva Sociedad y El Destape. Hizo coberturas en Brasil, Chile, Colombia y España. Como freelance viajó a otra región que la apasiona: Medio Oriente, donde conoció Israel, Palestina y Egipto.