Gabriel Milito: al final, hay recompensa en Atlético Mineiro
Formado por Menotti (Independiente) y Guardiola (Barcelona), está a un partido de ser el primer DT argentino en ganar la Copa Libertadores con un club de Brasil. La estrategia: “protagonizar” y “jugar con el corazón en la mano”.
El sábado 26 de septiembre de 1998, Estudiantes de La Plata golea 4–1 a Independiente en 1 y 57 por la octava fecha del torneo Apertura. Gabriel Milito, que juega de lateral izquierdo en el Independiente de César Luis Menotti, comete el penal del 1–0 y regala la pelota en un mal despeje en el 2–0. “No juego más de lateral –le dice Milito, 18 años, a su padre, mientras vuelven en la noche desde La Plata a la casa de Bernal–. El lunes hablo con César, no juego más de lateral”. El lunes, cuando llega a la práctica, Menotti lo llama a su oficina. “Gaby, quedate tranquilo, vas a jugar algún que otro partido como éste en tu carrera, no muchos –le dice–. Lo único que tenés que saber: no sé cómo vamos a jugar el próximo partido, pero el único que juega sos vos”. El respaldo de Menotti se repite en 2016, casi dos décadas más tarde, cuando Milito se convierte en entrenador de Independiente: “Deben ser pacientes y dejarlo trabajar para que se le den los resultados”. En el Rojo, dirigió 14 partidos.
En Atlético Mineiro de Brasil, su quinto club después de dos etapas en Estudiantes de La Plata, Independiente, O’Higgins de Chile y Argentinos Juniors, Milito ganó en abril su primer título como DT –el Campeonato Mineiro, en la final frente al clásico Cruzeiro–, disputará la final de la Copa de Brasil y, tras eliminar en la semi a River, la de la Libertadores ante Botafogo, el 30 noviembre en el Monumental. Milito fue presentado el 27 de marzo pasado como entrenador de Atlético Mineiro luego de que pasara un filtro entre 20 candidatos y la elección entre un cuarteto, según un documento interno filtrado por la prensa. El Centro de Informação do Galo (CIGA) analizó 17 partidos de Milito–DT. Y sus entrevistas y conferencias de prensa. Tras la salida del más pragmático Luiz Felipe Scolari, el Mineiro (club–SAF en manos de cuatro socios brasileños) buscaba un técnico que propusiera un estilo ofensivo, agresivo en ataque.
En el “resumen del modelo” ya vemos el dibujo táctico: 3–4–3. En los “principios defensivos”: “mucha agresividad”, “bloque alto” y “presión post pérdida agresiva”. En los “principios ofensivos”: “alternancia entre salida corta y larga”, “mucha verticalidad e intensidad” y “explorar contraataques”. En la presentación como técnico del Mineiro, Milito dijo: “El sistema táctico es muy importante, pero lo que más me interesa es que el equipo tenga un estilo, una idea de juego definida: protagonizar, jugar con el corazón en la mano, con mucha pasión. Los futbolistas lo saben porque ya lo vamos hablando. Los errores existen todo el tiempo en el fútbol. Es un juego. Estoy de acuerdo en perdonar un error. No estoy dispuesto a perdonar que el futbolista no dé el 100%. El fútbol de élite exige el máximo de nuestras posibilidades, si queremos ganar”. En el 3–0 en la ida de la semi ante River, observamos en el 1–0 el juego largo y directo –de Lyanco a Deyverson– y, en el 2–0, una secuencia de 18 toques antes del disparo cruzado de Deyverson.
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En aquel documento del CIGA presentado a Milito, eso sí, el argentino Rodrigo Battaglia aparece entre los mediocampistas centrales. Fue Milito quien lo transformó en el defensor central de la línea de tres (por la derecha juega Lyanco y, por la izquierda, el paraguayo Junior Alonso, exBoca). Elegante y mariscal como zaguero zurdo, a Milito le obsesionan las salidas desde el fondo, las “iniciaciones”: que los jugadores asuman el protagonismo –arriesguen– y encuentren los espacios vacíos. En 2011, después de que el Barcelona le ganara 1–0 al Shakhtar Donetsk en Ucrania la vuelta de los cuartos de la Champions League (la ida había sido 5–1), Pep Guardiola vio a Milito en su día libre entrenándose solo, junto con el preparador físico Lorenzo Buenaventura, en la Ciutat Esportiva Joan Gamper. Lo mandó a llamar a su despacho. “¿Qué tenés que hacer a las dos?”, le preguntó Guardiola. “Nada”, le respondió Milito. “Te espero acá”.
–Vamos a hablar de nosotros –le dijo Guardiola en el restaurante.
–Bueno, si vamos a hablar de nosotros, vamos a hablar de igual a igual.
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Milito pidió un vino. Lo pagó Guardiola. Hablaron tres horas. Del fútbol–juego y de la vida. Lo contó Milito en una muy buena entrevista con Juan Pablo Varsky en Clank!, antes de que asumiera como entrenador del Mineiro. “En Milito, Pep tenía las certezas del defensa, Pep estaba muy seguro de que con Gaby la defensa iba a salir bien –le dijo Martí Perarnau, autor de una trilogía de libros sobre Guardiola, al periodista Cristian Grosso–. A mí, Milito me recuerda hoy un poco a Nathan Aké en el Manchester City: quizá no es el mejor de todos, pero es una certeza, es una garantía. Gaby era eso, con la salvedad de sus lesiones”. Milito está muy seguro de que con Lyanco, Battaglia y Junior Alonso la defensa del Mineiro va a salir bien. “Eso no impide que si algún rival nos impide hacer lo que queremos tengamos que cambiar –había aclarado cuando asumió como DT de Argentinos en 2021–. Eso es la táctica y la estrategia”.
En Belo Horizonte, a los 44 años, Milito comprendió que, al final, hay recompensa. Hoy su Atlético Mineiro jugará la final de ida de la Copa de Brasil ante Flamengo. Derrotas por el Brasileirão de local ante Palmeiras (0–4) y Flamengo (2–4) y de visitante contra Vitória (4–2) y Botafogo (3–0) habían desembocado en julio en abucheos en el Arena do Galo y en #ForaMilito (“Fuera Milito”) en las redes sociales. Ahora apila ofrecimientos de disculpas. Solo dos entrenadores argentinos levantaron la Copa Libertadores con clubes del exterior: Nery Pumpido, con Olimpia de Paraguay en 2002, y Edgardo “El Patón” Bauza, con Liga de Ecuador en 2008. Milito quiere ser el tercero, y el primero con un club de Brasil tras las caídas en las finales de Palmeiras en 1961 (Armando Renganeschi) y en 1968 (Alfredo González), y de São Paulo en 1974 (José Poy).
Capitán a los 22 años en el Apertura 2002, lejano último título de torneo local de Independiente, hay un halo de merecimiento en que Milito –único DT en doblegar con cuatro equipos distintos a Marcelo Gallardo– esté en la final de la Copa. En la Libertadores 2024, el Mineiro eliminó a River y a Fluminense, verdugos de Argentinos en octavos con él como técnico en 2021 y en 2023. Pero la contraseña es otra: nunca rendirse, alcanzar el final del camino.