Franco Mastantuono y Carlos Palacios, los “sinvergüenzas” de River y de Boca en el Superclásico

Jugarán su primer super como titulares. En el lenguaje único del fútbol, son los jugadores que más arriesgan, los que, atrevidos y técnicos, encaran como “cañitas voladoras”, dixit Juan Sasturain.

“Cada partido de fútbol es un relato, un cuento, una historia. Es la mejor manera de dar cuenta de lo que pasa –dice Juan Sasturain, escritor, autor de Wing de metegol, Picado grueso y La patria transpirada–. Si tenés que explicarle a alguien que no tiene la más puta idea de qué es el fútbol, se lo contás como un cuento: jugaba éste contra éste, éste tenía éstas posibilidades pero pasó esto, y en un minuto pasó esto, y después esto y aquello y lo que iba a ser una fiesta, terminó en una tragedia. Y a éste, que iba a ser el héroe, lo echaron. Por eso la estadística, todo el boludeo de los porcentajes… Hay dos partidos mellizos según la estadística, mismo desenlace, cantidad de pateadores al arco, goles, resultado. Y no. Son partidos absolutamente disímiles. Uno es el resultado pobre del que mereció ganar por más y el otro es el festival del culo, del que se salvó y se salvó y se salvó. Y un partido fue hermoso, y el otro, horrible”.

Sasturain, quien viajó a Japón como hincha de Boca para ver la final de la Copa Intercontinental 2001 ante Bayern Munich, base del documental “Gracias por el juego”, inauguró el jueves la 49° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2025. No habló de fútbol. Entre abucheos al gobierno de Javier Milei y reivindicaciones a Osvaldo Bayer, Sasturain dijo en su discurso que vivimos en “el tiempo de los sinvergüenzas”, de “la pérdida de la capacidad de empatía”, de la “agresividad creciente en el registro verbal, gestual y físico”, de la “flagrante irresponsabilidad” y de la “megalomanía”.

En el lenguaje único del fútbol, en cambio, queremos a un sinvergüenza en nuestro equipo. Es un elogio como tal. El jugador sinvergüenza es el que más arriesga, el que, atrevido y técnico, ensaya lo que los demás se niegan o, directamente, de lo que carecen de posibilidades. Este domingo, desde las 15:30 en el Monumental, River y Boca protagonizarán un nuevo “cuento” del Superclásico, por el Apertura 2025, aún en zonas pero ya clasificados a octavos. Siempre “partido aparte”, como dicta el lugar común, será así una eterna primera vez. Franco Mastantuono y el chileno Carlos Palacios, quienes jugarán su primer superclásico como titulares, son los más sinvergüenzas de River y de Boca.

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Hablemos de Mastantuono. A los 17 años, es el mejor jugador de River, o al menos el que dio la talla, el que se cargó el equipo al hombro en los partidos opacos del River de Marcelo Gallardo modelo 2025. De ahí que se resalte su “personalidad”. Dignatario de la escuela de River –la del Beto Alonso y la de Andrés D’Alessandro, zurdos de pureza técnica como él–, Mastantuono se asocia casi siempre buscando la pared y expone una inusitada agresividad en la conducción de la pelota. Único argentino entre los diez jugadores más caros de la Libertadores 2025 (15 millones de euros, según Transfermarkt, aunque su cláusula de rescisión asciende hoy a los 45 millones de euros), lleva un tatuaje en el antebrazo izquierdo con elipsis a Boca: “18–12–22”. Nacido en Azul, provincia de Buenos Aires, pasado de tenistay de youtuber–, en 2024 se convirtió en el jugador más joven en meter un gol de River en la historia de la Libertadores (si le anota hoy un gol a Boca, será el futbolista más joven de River y el segundo en la historia del Superclásico). Juanfer Quintero, uno de sus héroes de Madrid en la Libertadores 2018, dijo sobre él: “Tiene un buen presente. No debemos olvidar que tiene 17 años. Es muy bueno que tenga ese tipo de carácter dentro del campo porque marca diferencias. Hay que sacarle la mochila de que va a salvar a River. Tiene un gran futuro y me encanta cómo juega”.

Hablemos de Palacios. A los 24 años, se encuentra frente a su destino, aquel que soñaba cuando era un chico en Renca, Santiago de Chile, y pedía que la torta de su cumpleaños fuera de Boca, y vestía camiseta y corbata con el escudo azul y oro, y crecía admirando a un ídolo y un referente: Juan Román Riquelme. Con el festejo del Topo Gigio, mirando hacia su palco, Palacios le dedicó su primer gol en Boca a Riquelme. Tiempista, simple, lúcido y creativo, cuando conecta, el fútbol se juega a su ritmo. Pasa, ordena, organiza, habilita y, en ocasiones, define, sobre todo cuando se anima a pegarle desde afuera del área y cuando pisa el área rival. Palacios es quizás el mejor refuerzo de Boca en 2025 –junto con el arquero Agustín Marchesín–, porque mejora las escenas de su equipo. A veces se tira demasiado atrás para recibir la pelota. Pero, de frente, pausa y guía los ataques de Boca. Su alta gravitación se sintió después de que no fuera convocado para el partido frente a Newell’s en Rosario, suspendido por Fernando Gago tras un faltar sin permiso a un entrenamiento. Sin el chileno, Boca interrumpió una racha de triunfos: perdió 2–0. “La vez que faltó, Boca hizo todo mal”, dijo Jorge Almirón, su DT en Colo Colo antes de pasar a Boca.

Le pregunto por el perfil de Mastantuono y de Palacios a Bárbara Fritzler, periodista, integrante de Fútbol Total (DirecTV), fina analista del juego: “Tanto Palacios como Mastantuono son jugadores que, en el fútbol moderno, cuesta clasificarlos, encasillarlos, limitarlos. Y, a su vez, encajan en la definición de un 10. Pero tampoco juegan delimitados a eso, sino que los entrenadores los van moviendo, como a Mastantuono, que Gallardo lo pone por derecha para que pueda definir al arco con su pierna hábil. Eso que tienen de 10, que no se ve tanto en estos tiempos, es lo que los podría definir como sinvergüenzas. Tienen la virtud del engaño que tanto hace falta para romper líneas. Siempre tiene que haber un inventor de algo distinto en un fútbol cada vez más esquematizado. A Palacios lo veo un poco más explosivo. Una vez que logre la continuidad va a ser un poco más el eje del equipo. Con Mastantuono es mucho más claro cómo el equipo se tuvo que amalgamar y armar a su alrededor, lo que habla de que es una de las esperanzas argentinas para los tiempos futuros, porque impresiona por su entendimiento y lectura del juego. No sé si resalta mucho porque el colectivo no lo acompaña tanto, pero eso se ve más claro”.

Cronista perspicaz, Sasturain escribió durante décadas en la sección Deportes del diario Página/12. “Para entender este clásico en muchos sentidos ejemplar –no por bueno sino por típico: es el partido que hay que mostrarle a cualquiera que caiga despistado y quiera saber de qué se trata el fútbol en este país– hay que contarlo desde afuera”, apunta después del Boca 3–River 2 en la Bombonera por el Clausura 98. En 2001, en una contratapa titulada “Sobre el GASTE público”, despunta: “El gaste es un gesto personalizado (se gasta a alguien en particular), pero no privado: necesita del público, de la complicidad de un auditorio. Dos náufragos que escucharan un Boca–River en la consabida islita con palmera podrían llegar a apostar quién lava la ropa o quién rompe los cocos durante la semana próxima según quién gane, pero no se gastarían”. Y en 2009, luego del “cauteloso” y “bastante aburrido” River 1–Boca 1 por el Apertura en el Monumental, grafica: “Los únicos que dilapidaron algo de combustible y quemaron energías con decisión y ganas –a veces bien, a veces equivocados– fueron Buonanotte y Gaitán. Cuando la agarraban, echaban chispas y encaraban como cañitas voladoras que se apagaban solas tras un par de zigzagueos. Evidentemente eran de los pocos que tenían permiso para hacerlo. Todos los demás, con la manguera y la regadera en la mano, apagaban cualquier foco incipiente (rival o de los compañeros), se abstenían del riesgo, escondían los fósforos”. Si los superclásicos son partidos “distintos”, en ellos pueden destacarse entonces los jugadores distintivos, sinvergüenzas como Mastantuono y Palacios.

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Es periodista especializado en deportes -si eso existiese- desde 2008. Lo supo antes de frustrarse como futbolista. Trabajó en diarios, revistas y webs, colaboró en libros y participó en documentales y series. Debutó en la redacción de El Gráfico y aún aprende como docente de periodismo. Pero, ante todo, escribe. No hay día en la vida en que no diga -aunque sea para adentro- la palabra “fútbol”.