Que la ciencia te acompañe

Esto no es una endemia

Desde mis anotaciones personales van algunas referencias históricas sobre la vacunación infantil, la diferencia entre pandemia y endemia y algunas pruebas para reciclar componentes electrónicos.

Holis, ¿cómo estás? Yo acá, tratando de descifrar lo que anoté anoche en la libretita de mi mesa de luz. ¿Vos tenés libretita? Yo la uso para esas ideas intempestivas, las epifanías ponele, esos momentos en los que, en el medio de la constancia de la rumia mental, aparece algo que pensás que valdría la pena retener. Ayer, antes de dormir, tuve uno de esos momentos y dije: “Acá está, esta es, la quintaesencia de los newsletters”. Ahora es un gran NO SE ENTIENDE, SEÑORA.

Y mis amigos me preguntan: “¿Qué te pasa?”

En estas cartas nos hemos encargado de descifrar cosas más complejas que mi libreta. Y este es un newsletter de ciencia. Así que hoy vamos a hacer un experimento: recorrer mis notas de ayer a la noche y ver si podemos transformarlas en productos de la industria científica; hacerlas decir algo aunque no digan nada.

Todo sigue igual, es lo mismo todos los days

¿Qué hace una pandemia? Sabemos qué causa, pero existe una acción, ¿un acto? ¿Una pandemia pandemiza? ¿Nos podemos considerar seres pandemizados?

Soy una persona que pasó su adolescencia entre pogo, mosh y slam y el hardcore me enseñó a morir con la mía, pero la verdad es que mis notas reveladoras lo único que revelan es que soy Coty Nosiglia y ya me estoy arrepintiendo del experimento.

En fin, alica alicate, pandemia que pandemiza y la pregunta por si hemos convertido una circunstancia en una entidad. Están aumentando de nuevo los casos. En su momento, esto implicaba discusiones sobre lo que había que hacer, ahora, que no hay nada que pueda hacerse. En el hacer, nosotros, que sabemos que hacemos pero ya no quién hace. Yo, al menos, no me desconozco pero siento que todavía no tuve tiempo para reconocerme. 

Van, entonces, dos artículos que no esclarecen nada pero que son un reconocimiento del terreno en los términos arbitrarios que elegí para empezar a pensar:

Sobre la entidad. Pandemia le decimos. Endemia le queremos decir. Pandemia sabemos que es, endemia actuamos como si fuera. Esta nota del New York Times publicada en español por Ojo Público afirma algo al respecto: “Todavía es muy pronto para considerar a la Covid-19 una endemia”.

Primero, lo primero, una endemia es una enfermedad que nunca se va del todo y de la que más o menos se puede predecir el comportamiento. Digamos que las endemias están comprendidas en lo que llamamos “vida normal”. La discusión ahora es si la “vuelta a la normalidad” se dio en condiciones endémicas o si estamos haciendo “vida normal” durante una pandemia.


Van algunos puntos salientes del artículo:

  • Endemia no es una clasificación constante y uniforme de patologías. El resfrío común, la malaria y la gripe son todas endemias, con características muy distintas, que causan cientos de miles de muertes por año. No tenemos idea de cómo se va a manifestar la Covid-19 como endemia.
  • Una endemia no es algo con lo que convivimos como si nada, sino un padecimiento persistente. Algunas se pueden tratar y tienen vacunas, pero eso no imposibilita brotes inesperados.
  • En 2019, más de 600.000 personas en todo el mundo murieron a causa de la malaria y 200.000 por influenza (gripe común). O sea que si el coronavirus se vuelve finalmente “una gripezinha” seguirá demandando recursos de salud pública y generando sufrimiento.
  • Así como las infecciones de gripe o resfrío con las que nos vamos encontrando fortalecen nuestra inmunidad, las de coronavirus parecieran hacer lo mismo. Sin embargo, no hay que descartar que esa inmunidad, tanto como la de las vacunas, disminuya con el tiempo y que surjan variantes resistentes o que provoquen formas más graves de la enfermedad. 
  • Si bien los resfríos y la gripe están presentes todo el año, en ciertas estaciones (por lo general en invierno) los contagios superan los niveles endémicos de referencia. Esto ya se sabe y por eso se puede cambiar. Las cosas que hicimos para disminuir los contagios de Covid también disminuyeron los de gripe. Esto quiere decir que, aunque se vuelva algo con lo que convivimos y que no nos obliga a resignar las cosas que nos gustan, sería bueno mantener hábitos como ventilar (un mantra: el frío no enferma, los virus lo hacen). 
  • El coronavirus es mucho más contagioso que la gripe, se necesitan muy pocos infectados para que haya un brote. Tampoco un brote es lo mismo en cualquier lado y en este momento un tercio de la población mundial no está vacunada. Es probable que el estatus de endemia dependa más del acceso efectivo a la salud que de las características del virus en sí.
  • Para determinar un patrón endémico hay que observar una enfermedad durante muchos años. Es decir que las vacunas y sus actualizaciones, los tratamientos, la vigilancia y la asignación de recursos deben mantenerse aún mucho tiempo más.
  • La situación endémica podría parecerse mucho a lo ya vivido: que cada año tengamos situaciones como la de Ómicron. Endemia no es sinónimo de leve ni de gestión sanitaria estática y sencilla.

Terminó el artículo pero yo sigo en el título. Me queda claro qué es una endemia, pero no qué es considerar endemia a una pandemia: ¿declararla como tal o performar la situación endémica?

Sobre el hacer. Si lo que estamos experimentando es la pandemia o su continuidad como endemia, constituye una duda tanto en términos epidemiológicos como conductuales. Que tenemos que vacunarnos, no. Cuando pienso que ya no tengo nada que hacer respecto al decir sobre qué hacer con esto, siempre encuentro algo que dijo otro y que todavía no te conté y termino diciendo algo más. 

Este artículo habla de que seguir vacunando a niños no es algo que hay que hacer solo ahora, sino que ese “seguir” es un seguir que viene siguiendo a las pandemias en el tiempo. Se llama “Vacunar niños nunca fue fácil” y acá va un resumen (todo lo que no aclaro a dónde se refiere se restringe a Estados Unidos):

  • Dos años después de que la vacuna de la polio comenzara a estar disponible, el 50% de los niños estadounidenses contaba con el esquema completo. Esto no respondía a problemas de abastecimiento o dudas sobre su seguridad y eficacia. Pasaron más de dos décadas hasta que la polio se erradicó en el país del norte.
  • Hoy, que las tasas de vacunación en niños contra la COVID sigue baja, la comparación con la polio está a mano, pero esto también ocurrió con el sarampión, la viruela o el HPV. En muchos casos, pasaron años desde que una vacuna se aprobó hasta que fue incluida en el calendario de vacunación obligatorio y, por lo tanto, inoculadas masivamente. En el caso de la COVID, las vacunas se aprobaron rápidamente para uso pediátrico y, sin embargo, las tasas de vacunación son más bajas que las de adultos, lo que sugiere que muchos cuidadores que se inocularon no han vacunado a quienes tienen a cargo. En Argentina, si bien los números son mucho mejores, el fenómeno se replica:

* Gráfico cortesía de mi ángel datero Andrés Snitcofsky

  • ¿La clave? Las campañas de vacunación tienen que ir más allá de los entusiastas de primera hora y, en el caso de la vacunación infantil, la estrategia es distinta. No es convencer de vacunarse, sino de vacunar a otros.
  • La insistencia mediática sobre la baja mortalidad de niños por COVID puede haber sido un tiro por la culata a la hora de promover la vacunación.
  • Con la polio, la campaña destinada a convencer a los cuidadores de que vale la pena prevenir una enfermedad que les es familiar y de la que vieron a muchas personas recuperarse comenzó cuando la vacuna estaba en etapa de desarrollo. En este sentido, fue clave que el entonces presidente Franklin Roosvelt, cuya parálisis era consecuencia de la polio, constituyera en Estados Unidos la Fundación Nacional para la Parálisis Infantil, que recaudó muchísimo dinero y puso a la enfermedad en el centro de los temores y esfuerzos de prevención de la sociedad a pesar de que no es la más letal o más frecuente. 
  • Los fondos de la Fundación Nacional se invirtieron en la investigación de vacunas, sin embargo, el muy bien instalado y difundido mensaje respecto a los peligros de la polio encontró su techo rápidamente como estrategia de persuasión para inocularse. Al tiempo se observó que las personas no vacunadas eran en su mayoría de bajo poder adquisitivo, de poco acceso a educación formal y no iban al médico frecuentemente, además, por supuesto, de que eran más probablemente no-blancos que los vacunados. Los casos bajaron cuando comenzó la campaña de vacunación, pero cuando hubo brotes, estos se concentraron en zonas urbanas pobres y predominantemente negras.
  • En el caso del sarampión, la vacuna cambió tanto la definición de qué enfermedades eran dignas de una vacuna como el rol del Estado en la inmunización. El sarampión nunca dio tanto miedo como la polio, más bien siempre fue visto como una especie de rutina de la vida infantil, casi inevitable. Sin embargo, era mucho más mortal que otras enfermedades cuya necesidad de vacunación era indiscutible, como la difteria o la viruela.
  • Para convencer a la gente de vacunar a los niños contra el sarampión, funcionarios de salud pública empezaron a enfatizar en las complicaciones raras pero severas: infecciones en los oídos, neumonía e inflamación cerebral que podía causar sordera o incluso la muerte. Por supuesto, hubo campañas con golpes bajos, como una en la que se mostraba a una nena llamada Kim que había quedado parcialmente sorda y con problemas cognitivos luego de una infección. La historia se repitió. Los casos bajaron inmediatamente con el lanzamiento de la vacuna y la enfermedad persistió entre pobres, que consideraban prioritarias otras cosas y a quienes las colas y los horarios de los centros de salud no les facilitaban las cosas. Años después, ante el surgimiento de varios brotes, hicieron que la vacuna fuera obligatoria para asistir a la escuela y se logró la inoculación masiva.
  • La obligatoriedad para el ingreso al sistema escolar, si bien funciona al toque, tarda. La vacuna de la varicela, por ejemplo, que empezó a estar disponible en 1995, no fue requerida en ningún estado hasta 1998 y recién en 2015 se hizo obligatoria en todos.
  • La relación entre obligatoriedad y aumento de la vacunación no es lineal. En 2006, cuando se aprobó la vacuna del HPV de la farmacéutica Merck, la compañía empezó una campaña masiva para agregarla al calendario obligatorio de vacunación infantil. No funcionó.
  • El HPV es un virus que puede causar cáncer, pero no es tan conocido como la polio o el sarampión. Al ser de transmisión sexual y haber poca información circulando sobre él, los promotores de la abstinencia sexual entre adolescentes argumentaron que la vacuna era innecesaria porque había otras formas de evitar la infección (a pesar de que la de la Hepatitis B, también una ITS, estaba incluida en el calendario). Además, estaba aprobada solo para niñas, lo que resultaba en otra controversia (ahora es para todos).
  • Por otro lado, la estrategia, centrada en el poder corporativo, era recontra agresiva respecto al lobby en las legislaturas y los políticos, que fueron convocados a involucrarse directamente, por lo que se implicaron intereses político-partidarios que enturbiaron la discusión pública. En Argentina, la vacuna está en el calendario y mostró muy buenos resultados. En Estados Unidos, aun hoy, solo la mitad de los adolescentes tiene el esquema completo.
  • La vacuna de la COVID no es obligatoria en Argentina ni en Estados Unidos. De hecho, 17 estados estadounidenses prohibieron a las escuelas solicitarla para asistir a establecimientos educativos. Se teme que el rechazo a esta vacuna se transforme en un rechazo a las vacunas en general. Hace unos años, no había una correlación fuerte entre ideología política y dudas sobre la vacunación, hoy sí. Y, en el caso de posturas acerca de la vacunación infantil, el vínculo con la identidad política es aún más fuerte que con la vacunación en general.
  • La ideología política no da cuenta de todo el fenómeno. Algunos cuidadores no están en contra de vacunar a los niños que tienen a cargo; lo planean a futuro o están esperando a estar más seguros. Y en estos casos, la obligatoriedad puede terminar de convencerlos para uno u otro lado. La obligatoriedad hace más difícil el camino de la persuasión. Son dos estrategias no necesariamente opuestas, pero que pueden cancelarse entre sí en ciertos contextos.
  • Por otro lado, la posibilidad de la obligatoriedad va a estar profundamente influenciada por los resultados de la inmunización a largo plazo. La gripe mata a más niños por año que muchas enfermedades que están en el calendario de vacunación, sin embargo ninguna escuela requiere la vacuna de la gripe. ¿Por qué?  Porque por ahora no hay instrumentos para monitorear una vacuna que se tiene que dar anualmente. Si este es el caso de las vacunas de la COVID, va a necesitarse un sistema de registro y seguimiento bastante más complejo que el actual.
  • Conclusión: la campaña de vacunación recién empieza. Otra conclusión: hay mucho que puede hacerse, no es que con que las vacunas estén disponibles ya está y el que quiere se vacuna y el que no no. Las cartas están echadas y el desenlace de la pandemia dependerá de lo que hagamos aquí y ahora.

Cuando estoy medio en pedo me amigo con los demons

No es que soy espontánea, organizo lo que voy a hacer y lo hago, solo que nunca sé qué es lo que voy a hacer haciendo.

A esta altura ya me conocés: si no me la baja la pandemia, me la baja el sexismo, si no la crisis ambiental y si no opción D todas las anteriores. En realidad, siempre opción D todas las anteriores porque ya sabemos que no existen por separado. Pero estando abajo, una cosa es ahogarse y otra bucear. ¿Sabés lo que es la flotabilidad? Ese punto en el que, buceando, quedás horizontal a cierta distancia del lecho, cosa de no andar removiéndolo mientras te desplazás y afectar el medio. Bueno, yo creo que cosas como la pandemia, el sexismo y la crisis ambiental son como el Kraken: verlos es una experiencia reveladora e imperdible, pero hay que observar con buena flotabilidad, porque si no te arrastran.

A veces me encuentro oxidándome como un barco hundido, pensando que la mitigación del cambio climático implica necesariamente el desmantelamiento de nuestra avidez por el consumo. Un cambio de paradigma de la supervivencia a la subsistencia. Soy firme en ese pensamiento y esa creencia, pero el naufragio no es por la irreversibilidad o por la desesperanza, es porque no tengo aire para inflar el chaleco de a poquito hasta llegar a la superficie. En esos momentos no hay nada respirable a mi alrededor.

Abrazarse al Kraken no soluciona nada, pero tampoco hacer de cuenta que no existe para ser imprudente a su alrededor y aliviarme ante la perspectiva de que me alcance con sus tentáculos y alcanzar el desenlace definitivo. Para lograr flotabilidad también se necesita inflar un poco el chaleco, no todo es cuestión de llegar a la superficie. Estos días encontré lugares respirables. No son aire de las sierras, más bien son un tanque y un regulador (el coso que va en la boca cuando buceás), pero creo que pueden ser un suspiro compartido con los que están enredados en las brazadas del molusco.

Me acerco a la criatura desde mi prudente distancia y escucho que las energías renovables necesitan explotación minera. Miro para arriba. No sabría a qué superficie llegar si no fuera por los halos de luz que llego a divisar. Me acuerdo de una luminosidad particular, Solaris, el podcast de Jorge Carrión. Cada episodio es un ensayo sonoro para ser más contemporáneo. Otra voz, desde el reverso del fondo. Esta vez está en mi cabeza, es un recuerdo, el de un episodio en el que mencionan que, en la película Gravity, la sociedad ya no explota los minerales para producir energía, sino que recicla los que quedan en desuso. Busco “litio + reciclaje”. Encuentro este artículo sobre un proceso de alta potencia que podría reciclar metales.  

Y sí, otro resumen:

  • ¿Te acordás de la tabla periódica? En la parte de abajo, separados del resto, hay una fila de elementos que se llaman lantánidos. Son medio como nosotros los ñoños, separados del resto pero muy unidos entre sí. Y, aunque no sean fundamentales para la prueba de química, en la que seguro te van a tomar ejercicios con hidrógeno, carbono y oxígeno (¿cuál es tu elemento favorito? El mío el fósforo), sí son fundamentales para muchas otras cosas: como lentes de telescopios y pantallas de celulares. Su extracción, como te imaginarás si te las arreglaste para seguir el delirio del Kraken, es difícil y tiene un alto impacto ambiental. Además, más del 90% del suministro mundial de estos elementos proviene de China, así que son un recurso super dependiente de la geopolítica.
  • Es lógico entonces que haya mucha gente trabajando en aprovechar lo que ya se extrajo reciclando basura industrial y aparatos viejos. Una de las técnicas que se está investigando intenta hacerlo con electricidad.
  • Volvemos al principio. Estos elementos son raros de la misma manera que los ñoños, hay en todas las escuelas, así que no son tan difíciles de encontrar, pero sí son singulares respecto a los demás. Entre nosotros es obvio quién es otaku y quién fanwars, pero compartimos banco, lo que para un normie puede ser confuso. Como los lantánidos se usan para fabricar productos especializados, una mina es como una Comic-Con, vamos todos. Igual que entre los nerds, si mirás de cerca, las propiedades similares pasan a ser ultra particulares. La mayoría de las minas se centra en el lantano y el cerio, pero metales más pesados, como el neodimio y el disprosio, son de especial interés porque sirven para los imanes que se usan en los dispositivos que generan energías renovables.
  • En este experimento aplicaron algo que se llama flash joule heating, que es un proceso en el que una corriente eléctrica que pasa por un material conductor produce calor. Esto afecta todo el conductor, no es una transferencia de un punto a otro. ¿Qué hicieron? Aplicaron este tipo de calentamiento a subproductos industriales contaminantes como cenizas de carbón, barro rojo (una sustancia tóxica de la industria de aluminio) y residuos electrónicos. Para esto, ponían lo que querían descomponer en un tubo de cuarzo por el que hacían pasar electricidad. De esta forma, los componentes separados se disolvían en una solución que después se descomponía mediante procesos químicos.
  • En la descomposición se liberan algunos tóxicos, pero la idea es capturarlos y que no pasen al aire. 
  • La extracción de lantánidos necesita mucha energía y es un proceso químico intensivo que en muchos casos implica ácidos recontra corrosivos. En este caso, la solución es de ácido clorhídrico, mucho más débil y diluido.
  • La cuestión está recontra verde. La recuperación y extracción de los lantánidos presentes en residuos industriales y aparatos no deja de ser algo que se haría en materiales contaminantes, por lo que habría restos tóxicos en el proceso. Tampoco es que esto eliminaría las montañas de compus y celus en desuso, los lantánidos presentes en un teléfono representan fracciones de gramo.
  • Como siempre, la solución es reducir antes que reciclar. Reciclar lo que ya hay está bueno, pero lo urgente es dejar de hacer basura y para eso deberíamos rediseñar los productos.

¿Y entonces? La voz del Kraken está más cerca de la flotabilidad que la de mi conciencia. Sin duda las energías renovables hoy solo serán posibles buscando formas menos dañinas de minería. Después de mi pequeña investigación parece que lo único que queda es desinflar el chaleco, o inflarlo de repente, y despresurizarse para llegar a la superficie con los tímpanos reventados. En el borde de la desesperación, me acuerdo de la posibilidad del cardumen. Y de que la voz no tiene que ser de uno. La implementación de medidas para mitigar los efectos de la minería es una responsabilidad que no tendría que ser reclamo. Pero bien sabemos que nuestro sistema no funciona buscando maximizar nuestro bienestar sino sus ganancias. Lo que no existe no puede ser una solución, pero las criaturas del mar no están todas descubiertas y un coro también es una voz. No sería malo tratar de obligar al Kraken a priorizar reciclar a extraer si no podemos hacer que reduzca. Flotar no es lo mismo que nadar y dura lo que aguanta el tanque, pero tampoco es lo mismo que naufragar y nos permite seguir admirando la luz que llega de la superficie, mostrándonos que las escamas pueden ser tornasoladas.

Caigo y paso directo, ni chequean la lista

Pensando en que nunca sé qué hacer aunque haga siempre, como cada vez que termino de escribir y no sé si hice un newsletter.

Tengo una libretita donde anoto cosas que pienso, pero no sé si son ideas. Hoy, tratando de dilucidar mi libreta, hice una en forma de carta. Uso ideas ajenas como anotaciones. No sé dibujar mapas, armo lugares que no sabría dónde quedan. Soy como la ciencia, sirvo para algo pero no tengo propósito.

Te mando un beso enorme,

Agostina
p/d: las refes de esta no-edición son de este tema que me hace acordar al Marilyn Manson que escuchaba en la adolescencia y que forma parte del disco que más me gusta de la nueva generación de traperos.

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Soy comunicadora científica. Desde hace tres años formo parte del colectivo Economía Femini(s)ta, donde edito la sección de ciencia y coordino la campaña #MenstruAcción. Vivo en el Abasto con mis dos gatos y mi tortuga. A la tardecita me siento en algún bar del barrio a tomar vermú y discutir lecturas con amigas.
@Bcientifica

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