Prepárense para perder

Entrevista a Aaron Molinas

Un chico de 21 años es el enganche de Boca y desafía la extinción del número 10.

Hola, ¿cómo estamos?

Hoy es Navidad.

¿Se puede aceptar que no va a volver?

¿Se puede vivir haciendo como si no se hubiera ido?

¿Se fue?

Hoy. Seguro habrá una vereda. Una caminata a la panadería. Una mano más grande. De una mamá o de un papá. Un niño o una niña con su manito dentro de la otra. Unos metros para la pregunta maravillosa: “¿Quién fue Maradona?”. La resurrección. En una charla que será más argentina que el sol de la bandera. De acá hasta que el fútbol se extinga.

De qué planeta viniste barrilete cósmico. Cuando no queden en el aire más cenizas de lo que será. Por tus milagros a mano y el milagro de tu piel. Con afán de ganarse a cada paso la vida. Porque el mundo es una bola que se vive a flor de piel. Diego late en todos lados. No se logra clausurar los ojos. En las paredes. En la memoria. En la comparativa de qué es la alegría. O una épica. O el fútbol. O la vida.

Su mito será una ola. O un tsunami. Interminable. Qué importa. Esta es la historia de un amor demasiado grande. Profundo y hermoso. Ojalá tu corazón pueda sentirlo.

En su cumpleaños, una entrevista al nuevo enganche de Boca, Aaron Molinas, como un pequeño homenaje a su manera de ejercer el oficio de enganche.

“Si me preguntás adónde voy a buscar a un jugador, andá a donde arman los arcos con lo que hay en ese momento”

¿Por qué usás botines negros?

Porque no me gustan los botines de colores. Los que se usan ahora. Yo uso los clásicos. De cuero. No más que eso. No me van los de otras telas. Igual tienen que ser los que te queden cómodos. Después el que juega sos vos. El “¡qué lindos que son!” dura nada. Le doy importancia cero.

No recuerda cuáles fueron los primeros. Si hace memoria, hay unos de Ronaldinho. Así, negros, simples. Que los colores se gestaban poniéndole play. Aaron Molinas es de raza enganche. Fue nómade de posiciones. Asumió un sistema de distancias que tiene que mantener en el césped. Controlar, pasar y gambetear. El nuevo 10 de Boca no sólo ejerce el juego sino que sabe explicarlo. Tiene apenas 21 años. Aaron Molinas es un especialista.

La advertencia es que esta entrevista tiene olor a pasto. Quien le tenga alergia debe dar un paso al costado.  

–¿Quién te enseñó?

No tuve a nadie que me enseñara. Que me dijera tenés que hacer esto o lo otro. Aprendí de tanto jugar. Son dos maneras distintas de aprendizaje. En la cancha, entendí los pases, los controles. 

–¿Dónde jugabas?

Arranqué en el barrio. En el baby. Cancha de 5. De piso. Alquilábamos una cancha del barrio y hacíamos de local. Yo tenía cinco años. Nací en Lomas del Mirador. El equipo se llamaba Las Antenas por la villa donde yo vivía. Me la pasaba jugando. Cada vez que tenía un rato, cruzaba a la fábrica que tenía enfrente y ahí armábamos los arcos. Como tienen todos los barrios. Si me preguntás adónde voy a buscar a un jugador, andá a donde arman los arcos con lo que hay en ese momento. Los que juntan dos camisetas o dos piedras y con eso alcanza. Porque ahí están los jugadores que se atreven. Los que disfrutan.

–Tenés una pisada onda futsal, ¿salió de jugar en piso?

Sabés que sí. Me quedó el tema. El control de la suela es de baby. Pero es muy difícil controlarla así con la cancha de césped. A veces tendría que pararla de otra manera porque si no me equivoco. No me la puedo sacar.

–¿Cuándo llegaste a Boca?

A los once años. Fui a una prueba como cualquier chico. Yo arranqué ahí en Las Atenas. Hice todo el baby hasta los once en los clubes Brisas y Brisas del Sur. Uno de ahí me llevó. A las dos semanas me dijeron que estaba. Fui a un torneo a durísimo al interior. Esa fue la confirmación. Fue una locura hermosa. Mi viejo es de Boca y yo también.

–¿En qué momento de inferiores terminaste de entender el juego?

El paso por la Selección me ayudó mucho. Fui sparring. Aprendí de ubicación y de táctica. En Argentina, te enfrentás con jugadores mejores que vos. Estás obligado a encontrar una posición para recibir. O pensar el hueco hacia donde tirar el control. Tenés menos margen. Hace que prestes atención a estas cosas. Tuve además a Beccacece. Que creo que entiende demasiado y me ayudó un montón a comprender estas cosas. 

–Hablaste de los controles. Te doy tres opciones y jerarquizalas: control, pase y gambeta.

Son tres cosas distintas. Necesitás de las tres, ¿no? Pero en cada sector de la cancha necesitás otra. El control te ayuda mucho. Más en los partidos de Primera. Que son muy cerrados. Hay pocos espacios. En cuanto controlás mal, se atrasa esa jugada. Te hace lento el juego.

–¿Cómo te adaptaste a los tiempos de Primera?

El control y los pases, personalmente, los trabajaba mucho. Generar juego era mi fuerte. Necesitaba mucho eso. Ya en infantiles o en inferiores, me enojaba si no daba pases firmes. El tema de los perfiles es algo que a mí me gustaba. En Primera no me costó creo que por ese motivo.

–¿A qué jugador mirabas para mejorar?

Me encantaba Gago. Me sentía muy identificado. Compartí algunos entrenamientos. Yo era del plantel de Reserva. Cuando faltaba algún jugador, me subían. Era increíble. Me sorprendía cómo ya tenía en la cabeza el equipo rival. Antes de que le llegara la pelota, tenía en la cabeza qué iba a hacer y por dónde tenía que seguir el próximo pase. Y, además, la precisión de la ejecución. Porque podés entender y si no tenés la precisión no funciona.

–¿Por qué hacía bien las dos cosas? 

Cuesta analizar el juego mientras jugás. Gago es de los que pueden. Le sale como natural. Fijate que entraba a jugar y ya, rápidamente, leía si tenía que jugar de primera o a dos toques. O ir más adelante o atrás.

–No es lo mismo jugar a pasársela que pasársela para jugar, ¿cómo se rompe esa dificultad que puede tener la posesión?

Intentando buscar un pase que no sea uno más. Que lastime.  O que tu compañero, después de ese pase, pueda hacer su jugada. Siempre hay que pensar en el arco rival. Hay que darla clara, pero tratando de jugar hacia adelante. Porque es en donde hacés el gol. Si no profundizás, terminás en la nada

–¿Qué sentís cuando das una buena asistencia?

Lo disfruto mucho. Un pase gol es un gol. Vivo el fútbol así y me encanta. Veo un partido y si hay un pase entrelíneas hermoso lo festejo.

–¿Mirás fútbol?

Bastante.

–¿Cómo estudiás a los rivales?

Miro a todos los equipos. Rara vez no conozco a un jugador al que voy a enfrentar. Y, si no lo vi, días antes del partido lo observo. El tema es que con Boca los rivales dan un plus. Modifican el esquema. No terminan sirviendo mucho las referencias de lo que hayan hecho porque lo van a cambiar para ese día.

–¿Te afecta el esquema táctico que te ponen delante?

Todos los partidos son distintos. Por más que tengan formaciones iguales. Hay que ver las características de los jugadores. O cómo se distribuyen las marcas. Si salen a presionar alto o bajo. La clave en el partido es ubicar lo más rápido posible el espacio en el que voy posicionarme. Trato de llegar a un lugar lejos de los rivales.

–¿Cómo es eso?

Si soy enganche, estar entre el cinco y el central. Que ninguno pueda acercarse. Y, si vienen, que eso libere un espacio. O, si no, hacia afuera. Cuando hay un extremo izquierdo, acercarme entre el cuatro y el ocho. Si me salta uno, liberar el espacio para que pueda atacar un compañero. Siempre en una posición intermedia. 

–¿Para qué te sirve eso?

Mi juego se basa en ganar un tiempo más. A veces, toca resolver de Primera. Pero si lográs dos segundos más, se hacen las cosas más fáciles.

–¿En qué momento sentiste que llegaste?

Siempre tuve en mi cabeza el sueño. Una parte de mi cabeza estaba convencida de que iba a llegar. Tuve muchas etapas en la que no jugué y así y todo yo estaba firme con que en algún momento iba a jugar. 

¿Por qué no jugabas?

Hubo una etapa en la que había compañeros que estaban físicamente más dotados que yo. Yo era más chico que los demás. Seguro que cuando sos pequeño físicamente podés hacer diferencia, pero para ganar el partido del domingo ponían más grandes. Mejor físicamente. Aunque con menos técnicas o menos recursos como jugadores pero sí físicamente. Pero no me caí. Estaba convencido de que en cuanto estuviéramos físicamente iguales iba a poder hacer mi juego.

–¿En qué te apoyaste para no caerte?

No fue una etapa linda. Pero lo que me hacía salir de esa situación era seguir trabajando. En lo que yo estaba convencido. Porque si yo no era titular porque otro era más grandote, tenía que trabajar en mi fuerte. Para estar listo el día en que necesitaran lo que yo sabía hacer. Tenía que demostrar que en el juego era superior a los demás.

Pizza post cancha

  • El método Wake-up es un libro del ex futbolista Pablo Lugüercio y el asistente social Raúl Salas. Es un peloteo profundo sobre lo que piensan y sienten los y las deportistas de alto rendimiento.
  • FIFA GATE: el inicio del fin es un documental que persigue las historias de las detenciones de dirigentes por la designación de las sedes de Rusia y de Qatar para los mundiales. Salió por la TV Pública. Lo lleva el maestro Ezequiel Fernández Moores.
  • Maradona: sueño bendito. Salió la serie de Amazon Prime sobre el Diego. Levantará polvo. De Maradona no queda otra que ver todo lo que aparece.

Esto fue todo.

Ya sabés que Cenital te necesita. Se vienen novedades muy grosas.

Abrazo bien grande, 

Zequi

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Soy periodista desde 2009, aunque pasé mi vida en redacciones con mi padre. Cubrí un Mundial, tres Copa América y vi partidos en cuatro continentes diferentes. Soy de la Generación de los Messis, porque tengo 29 y no vi a Maradona. Desde niño, pienso que a las mujeres les tendría que gustar el fútbol: por suerte, es la era del fútbol femenino y en diez años, no tengo dudas, tendremos estadios llenos.
@zequischer

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