Entre palos y traiciones, Bullrich busca una silla en el triángulo de Hierro
La ministra se mueve cómoda en el caos y quiere ser la guardiana del orden callejero. La traición inicial, su próximo paso y el método para romper el cerco que le impide llegar a Milei. ¿Quién la quiere fuera del gobierno?
Javier Milei entró en medio de la reunión, saludó, se sentó y largó, en modo tuitero, una parrafada: dijo que la inflación seguirá a la baja, que habrá acuerdo con el FMI y que levantará el cepo. “En octubre arrasamos”, cerró la diatriba que festejó, eufórico, Diego Santilli, el más libertario de los PRO, si se excluye de ese club a Patricia Bullrich, que está en otro nivel: como contó Cenital, se encamina a afiliarse a La Libertad Avanza (LLA).
El domingo por la tarde, Santilli recibió un llamado de Karina Milei. Le dijo que lo esperaba el lunes en su despacho de Casa Rosada. Casi en paralelo, Santiago Caputo habló con Cristian Ritondo. El diputado le avisó a Mauricio Macri. Porque no podía evitarlo, o porque no dimensionó el impacto de la foto, el jefe del PRO le dijo a Ritondo que no tenía problema en que fuera.
El domingo, el PRO tuvo una reunión caótica por Zoom, en la que se evaluó expulsar a Bullrich y a Horacio Rodríguez Larreta del partido. Fue un pedido aislado que no prosperó, pero demostró el desbande interno. “Bambi” Caputo se enteró del mal clima y apuró la cumbre del lunes, que, además, le sirvió al gobierno para mostrar iniciativa en una semana mala, otra más –quizá la peor– para un gobierno que se convirtió en una eficaz fábrica de escándalos.
Detrás de la foto hay letra chica: que no habrá acuerdo entre los partidos LLA y el PRO, sino que el ecosistema libertario incorporará, sueltos, a dirigentes que vienen del macrismo. De la oferta bonaerense, Ritondo y Santilli son las figuras de más peso de lo que, en el propio macrismo, reconocen como una potencial avalancha de deserciones. “El 99% de los nuestros quieren ir con LLA”, dice un dirigente que opera con Macri. El método Patricia, dicen en Casa Rosada.
El método Patricia
Es una tarea compleja. Bullrich aprendió que a Milei le interesan pocas cosas. Lo comprobó cuando repitió el formato que tenía cuando era ministra de Macri y lo consultaba sobre temas puntuales. Con el libertario es distinto: algunos pedidos de indicaciones sobre temas operativos o judiciales, que le hizo directamente al presidente, ni siquiera tuvieron respuesta. Se enfocó, entonces, en su rubro, la seguridad, y en cuestiones que –aprendió– le agradan a Milei.
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SumateBullrich fue la primera. Con el naciente gobierno de Javier Milei, hizo un pacto bilateral con el libertario, madrugó a Macri y negoció su incorporación al gabinete de LLA como ministra de Seguridad. Una mudanza liviana, sin mochila. Con aquella “traición” inicial, la dirigente inició un proceso que la convirtió en una figura inevitable en el engranaje libertario y que busca, ahora, lograr una silla permanente en la mesa chica de LLA.
Bullrich se mueve mejor en el caos que en la calma. Convirtió en una cruzada propia la “erradicación” de los piquetes y lo vendió como un logro propio. El control de la calle se convirtió en una obsesión. Quiere ser, cuentan a su lado, la garante de que no haya cortes de calle. Con la caída, por goteo, de Victoria Villarruel, Bullrich se convirtió en otra figura más taquillera del gobierno, a la par de Milei. Incluso, en algunas encuestas mide mejor que el presidente.
Sus buenos índices en la opinión pública aparecen, ahora, como un problema para sus planes. Se resiste a la hipótesis de ser candidata, pero en el gobierno su nombre aparece en el menú de postulantes. Dice que el Congreso la aburre, que quiere acción, pero también entiende que, para ser jefa de Gobierno –su sueño antes de la fallida aventura presidencial de 2023–, competir en CABA en las elecciones de este año sería una escala necesaria.
Ocurre que Karina Milei –que si se miran los datos de opinión pública jamás podría ser candidata– le puso el ojo a la Ciudad hace tiempo. Este miércoles, se confirmó lo que se preveía: el PRO de Jorge Macri armó una alianza electoral que se enfrentará, en mayo, con La Libertad Avanza (LLA). Ese calendario apuró la foto de los Milei con Ritondo y Santilli, porque visibilizó un “vacío” del PRO horas antes del cierre de alianzas en la Capital.
Lealtad lábil
Wikipedia no es un buen CV para Bullrich: su histórica tendencia a tener lealtades lábiles hace que, a pesar de sus alineamientos intensos del presente, siempre la persiga la sombra de la duda sobre una posible traición futura. Ahora la acecha otro karma: la hipótesis de que Santiago Caputo, quirúrgico en el oficio de buscar lugares sensibles y de poder, empuja una postulación de la ministra para sacarla del área y poner en ese lugar a un hombre propio.
Luego de la represión del miércoles 12, que dejó postales brutales como el disparo a Pablo Grillo y el golpe a la jubilada Beatriz Blanco, sintió esa amenaza. Desde el viernes, tuvo que poner en análisis sus decisiones, porque fue la responsable directa de los errores del operativo de la semana pasada en el Congreso. En todo momento, Milei la respaldó y, como relató Cenital el domingo, la ministra recibió varios gestos de apoyo del presidente.
Pero, en paralelo, Caputo intervino en el manejo político del operativo del miércoles. Lo hizo el lunes, con una reunión en su despacho, en la que convocó a la ministra, los jefes de la SIDE y de las fuerzas federales y, entre otros, el viceministro de Justicia, Sebastián Amerio, amigo y aliado del asesor. Bullrich tuvo que aceptar sugerencias y planteos sobre un operativo mejor armado que tuviera un plan puntual. El reproche sobre el anterior fue que no tuvo método ni objetivo: “O protegés el Congreso o despejás la plaza. Las dos cosas al mismo tiempo no podés”. El miércoles, volvió a Casa Rosada a darle detalles a Karina Milei.
El mega operativo, con más de 2300 efectivos y que, fuentes con experiencia en este tipo de procedimientos, estimaron que costó entre 400 y 600 millones de pesos –Miriam Bregman llevó el cálculo hasta un millón de dólares– se cerró sin incidentes. Con un despliegue pocas veces visto y otros elementos, como los mensajes intimidatorios y los controles de acceso a la Ciudad, el día D transcurrió sin sobresaltos. Ahora viene otro desafío: la movilización del 24 de marzo, que se anticipa masiva y, por sus características –la columna que se moviliza desde la exESMA–, presenta dificultades para aplicar el protocolo antipiquetes.