Endurecerse sin perder la ternura jamás

¿Cómo Patronato eliminó a River de la Copa Argentina? ¿Qué hay detrás del equipo con menor presupuesto del fútbol argentino?

Hola, ¿cómo estamos?

Como si fuera un hijo. Sus hijos. Así le gusta pensar a sus jugadores. Mucho antes de que Maquiavelo escribiera El Príncipe, ya había teorías sobre liderazgos. Ser amado o ser odiado. Hay tantos manuales como seres: los que multan con plata el sobrepeso, los que mienten para medir la lealtad de los suyos, los que delegan en otros del cuerpo técnico la tarea de poner los puntos, los que le preguntan a los jugadores qué quieren, los que justifican, los que consideran que deben cobrar un peso más que el mejor pago del plantel. Facundo Sava piensa las razones que lo empujan a seguir dirigiendo y esa se le cae de la boca. No funciona como una conclusión azarosa en alguien con diecisiete años de carrera como futbolista, diez como entrenador y una licenciatura en psicología social. “Me gusta seguir pensando a los jugadores como mis hijos”, dice y abre otra tesis. Liderar desde el amor. Endurecerse sin perder la ternura jamás.

A Patronato casi nadie lo esperaba. Hay una distancia, mínima, entre lo imposible y la resignación. Respirar bajo el agua. El arte de Sava se halla en hacerlo con una sonrisa. Su primer paso como entrenador se introdujo así: San Martín de San Juan significó doce finales, con un saldo de cuatro ganadas -una contra el Newell ‘s del Tata Martino-, tres empatadas, tres perdidas y una Promoción contra Rosario Central ganada. El segundo capítulo se dio en Unión. No había chances de zafar del descenso, todo un torneo con la soga al cuello. Zafar significaba ser campeón, pero armó un 4–3–3 y al frente. La gloria puede ser muchas cosas: una es ganar en La Bombonera, 3 a 1, el día en que Juan Román Riquelme retornaba a Boca. O puede ser más.

No hay corazones que valgan más que otros. Patronato es el club con menos asociados de Primera. Godoy Cruz y Aldosivi le siguen. Pura gilada la cantidad. Inconmensurable alegría generaron las manos de Facundo Altamirano. Su volada hacia su palo derecho para capturarle el penal a Matías Suárez encendió una locura. Desde Entre Ríos, superó a River por los cuartos de final de la Copa Argentina. La instancia le agrega épica. Porque, a la vez, los rojinegros son de los pocos que poseen un historial no negativo ante los de Nuñez: seis partidos en la A -tres victorias por lado- y dos en la B -un triunfo para cada lado-.

Patronato se ubica en mitad de tabla en un campeonato muy irregular. Ostenta 28 unidades, apenas a cinco del sexto, que es Argentinos. Su hitazo ocurrió en la goleada 3–0 a Boca. En los clubes con pocos recursos económicos -más en el rojinegro, que custodia y mucho cada moneda que le ingresa-, es complejo comprender por qué se da una migración de malos rendimientos a buenos. Una de las respuestas de Sava reside en la confianza. Cuando culminaba el mercado de pases, se comunicó con Jonás Acevedo, a quien había conducido en Quilmes. El pase del mediocampista pertenece a Huracán, pero mucho no lo tienen en cuenta. Iban a cederlo. El Colorado lo llamó. Al futbolista le preocupaba que los resultados no se dieran y al técnico lo rajaran. Él puso voz serena y peso en sus palabras: “Yo me voy a quedar hasta el final”. Arribó. Se convirtió en una de las figuras del equipo.

Curioso de todo lo que se le ubica enfrente, el Colorado jamás se domesticó en las comodidades que oferta el sistema futbolístico cuando se accede a objetivos altos. Metió más de un centenar de goles en Primera y enhebró una carrera que ató sus esperanzas inaugurales en Ituzaingó -el oeste bonaerense representa su patria- con temporadas en las canchas de Inglaterra y en España. Pero no se restringió a esos logros. Estimulado por la fortaleza de su núcleo familiar y de su grupo de amigos de siempre, estudió desde fotografía hasta batería, se entusiasmó con el yoga y con el triatlón, disfrutó de ser columnista de análisis de fútbol, estilizó su inglés, descubrió literaturas variadas, se atrevió a contribuir con un cuento a la serie “Pelota de papel” y publicó un hermoso libro, “Los colores del fútbol”, que ya resolvió que no será el último. Su experiencia como entrenador lo pobló de desencantos y de gratificaciones pero semejante equipaje afectivo e intelectual le permitió y le permite resistir los vaivenes. Haya un cielo enorme frente a los clubes grandes o un suelo fulero por las sombras de un eventual descenso.

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Sava aprendió la mirada paternal en el grupo, entre otros, de Carlos Griguol. Entrenador y tutor en sus jóvenes días en Ferro y en Gimnasia. Sus enseñanzas lo marcaron para ahorrar para un departamento y para comprender el largo plazo en un plantel. Sus días en Caballito lo educaron desde más lugares. Roberto Ayala y Oscar Garré, los mayores de aquel plantel, lo llevaban a reuniones con el presidente del club para que fuera entendiendo cómo era una negociación. El mismo sistema lo replicó en Racing, invitando a Maxi Moralez o a Claudio Yacob a que conversaran con el gerenciador.

En sus últimos años como futbolista, Sava había tomado apuntes de los ejercicios que proponían sus entrenadores. Una suerte de diario para transformar en manual de estudio con el tiempo. La experiencia en la Academia le enseñó cómo lidiar con el estrés. Para 2008, se cruzó con un club tan abandonado que Blanquiceleste decidió dar un paso al costado. Los futbolistas y los trabajadores pasaron a hacerse cargo de la organización del fútbol profesional. Un grupo de jóvenes asumió dar la cara. La última fecha del campeonato fue contra Colón de Santa Fe. Tras perder, venía la Promoción. En el micro de regreso a Buenos Aires, el Colorado y José Chatruc se pararon y encararon uno por uno a sus compañeros al ritmo de: “¿Vos estás para jugar el miércoles?”. La ida se dio 1–1, en el viejo Chateau Carreras, con un grito del delantero. La vuelta, 1–0 para los Académicos. El capitán salió llorando de la cancha. Un poco de angustia y otro poco de felicidad. Esa mezcla que hoy hace latir el corazón de Patronato.

En agosto de 2021, se reinstalaron los antagonismos electorales de Paraná. Durante 52 años, hubo prácticamente lista única. El oficialismo presentaba a Oscar Lenzi como candidato. Hasta que apareció Sebastián Bértoli, un exarquero histórico de la institución, el que puso las manos para arribar a Primera. Con la particularidad de que siempre fue concejal y dedicaba sus tardes a la política. Se plantó como opositor y parecía que rompería con la continuidad. No pudo. La agrupación Pertenencia y Crecimiento venció.

Los equipos de fuera de Buenos Aires suelen tener un problema lógico para contratar futbolistas: la decisión requiere una mudanza. Si eso se suma a la ausencia de presupuesto, la cuestión se pone más compleja. Entonces, las contrataciones se dan al cierre del mercado, cuando se modifica la ecuación de oferta y demanda. Los que no resolvieron su situación, aceptan lo que antes rechazaban. Con un problema adicional: los futbolistas, en muchos casos, aterrizan sin pretemporada. Eso le acontece a Patronato con su delantera. Justo Giani, Marcelo Estigarribia, Axel Rodríguez y Jonathan Herrera debieron rotar en la posición producto de sus lesiones musculares por falta de preparación preventiva.

Supo decir Diego Simeone que si once futbolistas están convencidos de que no les harán un gol es muy probable que lo logren. La pregunta es cómo y dónde defenderse. Los equipos de Sava dan vuelta esa premisa. En algunos encuentros, incluso de visitante, planteó la estrategia de persecución individual: un jugador por rival. Mano a mano en todo el campo. Con una gran ventaja a favor: si se roba, automáticamente se genera una superioridad posicional. La misma, en contra: si un rival gambetea, se está hasta las manos. Lo extraño es cómo convenció el entrenador de uno de los equipos con peor presupuesto a sus jugadores de que se pararan de igual a igual contra quien les aparezca delante. Esa exigencia en sí misma, tal vez, sea la forma de ganarle al miedo.

Como si fuera un monólogo de Ricardo Darín en Nueve Reinas, Sava atesora algo que no se puede inventar. Conoce sus emociones, cree en sus emociones y edifica con sus emociones. No necesita alejarse del miedo. Esa lección late en Patronato. Una valentía casi amateur para hacerse cargo de la desventaja y transformarla en virtud. No es religioso. Endurecerse sin perder la ternura jamás.

Pizza post cancha:

  • Con su pegada de maravillas, Juan Fernando Quintero hizo un gol olímpico para River, por la Copa Argentina, frente a Patronato. Fue casi un tributo al aniversario del primero de esos goles, el que hizo el argentino Cesáreo Onzari para la selección y contra Uruguay el 2 de octubre de 1924. El tipo inventó el gol olímpico y así lo contó Eduardo Galeano.
  • Los hinchas de Huracán no sólo están contentos por una buena campaña. También tienen una obra de teatro que interpela a gente de cualquier club. Se llama “¿Quién dijo que la H es muda?”, de Antonio Célico y Fernando Álvarez y esta la semana la disfrutaron los pibes de la pensión del club. Está en el teatro Azul, Corrientes 5965, los viernes (a las 21) y los domingos (a las 16). Las entradas se compran.
  • Este lunes cumplirá 41 años el mítico Zlatan Ibrahimovic. Su autobiografía es preciosa. La escribió con David Lagercrantz, la tremenda pluma que completó la saga Millenium. No se la pierdan.

Esto fue todo.

El tiempo corre. Vamos cada vez más cerca del Mundial. Danos una mano para que sea gigante.

Abrazo grande,

Zequi

Soy periodista desde 2009, aunque pasé mi vida en redacciones con mi padre. Cubrí un Mundial, tres Copa América y vi partidos en cuatro continentes diferentes. Soy de la Generación de los Messis, porque tengo 29 y no vi a Maradona. Desde niño, pienso que a las mujeres les tendría que gustar el fútbol: por suerte, es la era del fútbol femenino y en diez años, no tengo dudas, tendremos estadios llenos.