El rol de los medios frente a los suicidios: ¿es mejor hablar?

El histórico consenso de que hablar de suicidio en la prensa podía generar un efecto contagio está en crisis ante el aumento de casos. ¿Cómo contribuir a su prevención sin correr el riesgo dar la idea?

¿Cómo habría que comunicar hoy la muerte de la poeta Alfonsina Storni? ¿Se podrían dar a conocer los detalles de la última decisión del periodista Fabián Polosecki? ¿Estaría bien analizar los motivos que llevaron al médico René Favaloro a quitarse la vida? El modo en el que se abordan los suicidios en tanto noticias fue mutando a lo largo del tiempo. Vedados tanto el silencio como el sensacionalismo sobre el tema, el rol de los medios ante un problema de salud mental que crece sigue siendo materia de análisis. La evidencia muestra que ese rol no es menor: el cómo se cuenta puede contribuir a la prevención o a la promoción del suicido.

El sociólogo estadounidense David Phillips analizó durante años el impacto de las noticias publicadas en el diario The New York Times sobre personalidades que decidían acabar con su vida. Encontró que 26 de las 33 coberturas que relevó fueron seguidas por aumentos en las cifras oficiales de personas que tomaban la determinación de morir. Acuñó en 1974 un término para dar cuenta de este impacto imitativo: el efecto Werther.

Alude a la novela de Johann Wolfgang von Goethe publicada en 1774: Las penas del joven Werther, que describe con minucia la muerte del desdichado protagonista. La obra fue seguida por gran cantidad de suicidios de jóvenes que replicaban el método, por lo que fue prohibida en varios países. El concepto de efecto Werther se usa hoy para referir ese riesgo de imitación que puede generar el abordaje del tema si se profundiza en detalles y métodos.

“No está probado que una noticia pueda hacer que las personas tomen la decisión de quitarse la vida, porque es algo multicausal. Pero sí puede acelerar un proceso suicida a partir de dar datos sobre dónde y cómo. En cambio, si evitamos que ese proceso se siga desarrollando y la persona ingrese a un centro de salud, se puede desandar un proceso suicida. Por eso hacemos hincapié en el rol de los medios como agentes de prevención”, plantea Martín Álvarez, director –junto a Ernesto Páez– de la Diplomatura en Suicidología de la Facultad de Psicología y Ciencias Sociales de la Universidad de Flores.

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El temor a las conductas imitativas definió las lógicas mediáticas sobre suicidios durante años. Entonces, rigió el silencio. Pero la evidencia científica mostró que también había otro impacto posible. Uno positivo: hablar de suicidios de forma tal que contribuya a su prevención. Se lo bautizó como efecto Papageno, en referencia a la ópera de Wolfgang Amadeus Mozart de 1791, La Flauta mágica. En esta historia, el protagonista piensa en terminar con su vida, agobiado por el dolor. Pero tres niños le muestran que hay alternativas y Papageno desiste.

La noción de efecto Papageno se difundió desde 2010 a partir de investigaciones del psicoanalista austríaco Thomas Niederkrotenthaler, de la Universidad de Medicina de Viena, quien continúa encabezando estudios sobre el impacto de las coberturas informativas sobre suicidios. “Resulta clave cubrir historias de quienes lograron enfrentarse a pensamientos suicidas, lo intentaron y volvieron a sus vidas”, postuló en una entrevista para el diario español El Mundo, en marzo de 2025.

Entre sus trabajos está la evaluación del impacto de la canción1–800–273–8255”, de Logic, compuesta en 2017 con el número de asistencia telefónica de Estados Unidos. El tema estuvo entre lo más escuchado durante semanas y se cantó en eventos junto a sobrevivientes. De acuerdo al relevamiento de Niederkrotenthaler, hubo casi diez mil llamadas adicionales en el mes posterior y un descenso del 5,5% sobre las cifras estimadas de suicidios para el período.

Mejor hablar de ciertas cosas

“En las redacciones, hace 25 años, no se hablaba del tema. Ahora está en auge. Todos quieren hablar, pero muchas veces no tienen información precisa sobre el cómo. Hay mucha demanda sobre cómo tratarlo”, apunta Natalia Lazzarini, periodista especializada en salud, quien formó parte del debate al respecto en el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), donde se está trabajando en la redacción de un artículo para el Código de Ética que contemple los suicidios.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó en el año 2000 su primera guía con directrices sobre prevención de suicidios para profesionales de medios de comunicación, con revisiones posteriores generadas junto a la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP). “Sus recomendaciones incluyen: no describir el método ni el lugar con detalle, evitar el suicidio en el titular, no sensacionalizar ni simplificar causas, incluir información sobre líneas de ayuda y evitar fotografías del lugar o la persona”, resume el médico Daniel Matusevich, miembro de la Asociación de Psiquiatras de Argentina (APSA) y especializado en suicidio en la vejez.

En Argentina, la Ley 27.130 de Prevención del Suicidio, del 2015, establece en su Artículo 7 que el Ministerio de Salud, como autoridad de aplicación, debe “elaborar recomendaciones a los medios de comunicación sobre el abordaje responsable de las noticias vinculadas a suicidios y canales de ayuda disponibles, en consonancia con las recomendaciones de la OMS”. A partir de esa norma, en 2022 la Dirección Nacional de Salud Mental y Adicciones, la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual y otros organismos elaboraron el documento Abordaje de la problemática del suicidio en los medios: claves para una comunicación responsable.

En la provincia de Buenos Aires ese material se puso en circulación en encuentros con medios locales, a través de la Subcomisión Interministerial para la Prevención y Abordajes del Suicidio en las Adolescencias y Juventudes. Producto de esos intercambios y tras el desmantelamiento de la Defensoría del Público a nivel nacional se confeccionó una guía provincial sobre el tema. Está pronta a presentarse, pero mientras tanto es insumo en talleres para medios en los territorios.

“La problemática siempre fue tabú y mirada desde la criminalización, ubicada en las secciones de Policiales de los diarios y atada a la patologización. Si lo abordamos con una perspectiva de derechos humanos podemos prevenir. Si no, podemos hacer todo lo contrario”, advierte Griselda Guillén, al frente de la Dirección de Políticas Públicas de Comunicación de la Provincia.

Una reciente investigación publicada en Social Sciences & Humanities Open relevó 66 estudios de las seis regiones de la OMS para evaluar cómo se implementan las pautas sobre cobertura de suicidios en medios. El resultado muestra niveles de incumplimiento de hasta el 80% en lo que no se debería hacer, y de no más del 25% de cumplimiento en las prácticas que sí se recomiendan. “Esto sugiere que la existencia de una guía — e incluso de una ley, como en Corea — no garantiza por sí sola su cumplimiento: requiere monitoreo activo, capacitación y, en los casos más efectivos (Taiwán, Austria), retroalimentación sostenida con las redacciones”, señala Matusevich. Los casos analizados de América Latina sólo incluyen estudios sobre el desempeño mediático en Perú y Brasil. Ninguno de Argentina, donde la falta de análisis específicos es señalada como una falencia.

Más allá de los medios

El psiquiatra Guillermo Jemar está al frente del Departamento de Urgencias del Hospital Borda. Desde ese lugar percibe el efecto del abordaje en los medios. “Cuando el tema está, las consultas se multiplican. Aunque sea, con dudas. Sobre todo ante suicidios de famosos y cuando hay campañas como la del Día Mundial para la Prevención cada 10 de septiembre. Después, las consultas se disipan”, observa. Luego agrega: “Sirve como herramienta de prevención. A partir de esas consultas se hacen derivaciones y a partir de esas dudas se generan estrategias”.

“Tenemos un gran problema —aporta Álvarez, de la Diplomatura de Suicidología en UFLO—. Desde hace dos años muchas de las estructuras gubernamentales están desfinanciadas o sin personal. Se había avanzado en campañas desde la Dirección de Salud Mental para hablar de suicidio. Hoy se trabaja en algunas provincias. La ley dice que el Estado se tiene que encargar, pero la mesa que trabajaba sobre suicidios a nivel nacional está desarmada. Entonces se dificulta la generación de campañas masivas”.

En paralelo, crece el uso de las redes sociales y la Inteligencia Artificial (IA) no solo como fuentes de información, sino también como espacio al que acudir en momentos de crisis. ¿Alcanza con fomentar la cobertura saludable en los medios de comunicación mientras el tema se expande por esos canales? La investigación en la materia es incipiente y su profundización, urgente.

“Es algo cada vez más frecuente sobre todo entre adolescentes porque ofrece un espacio con respuestas las 24 horas, los siete días de la semana. Mientras que en Argentina el acceso a la salud mental es cada vez más difícil”, compara la psicóloga Aixa Galarza, al frente del área de Prevención de Suicidio de la Facultad de Psicología de la Universidad de Mar del Plata. “No hay evidencia clara porque es muy reciente.

Algunos estudios hablan de cómo la IA puede colaborar en la detección del riesgo suicida, pero se trata de tener mucho recaudo con el uso como consejera en momentos de crisis. Inicialmente no había ninguna restricción, pero hoy cuando se detectan determinadas frases se activa un protocolo para acompañar y derivar a los números de ayuda. Se le pregunta a la persona si está sola, si puede llamar a alguien o comunicarse al 135. Todavía hay mucho de su impacto que no conocemos. Es importante que haya regulación y profesionales de salud mental detrás del entrenamiento a las IA”.

“Dos de los proyectos más recientes mostraron que la exposición a publicaciones en redes sociales de un influencer que relata su experiencia de haber superado una crisis suicida produjo un efecto preventivo beneficioso: redujo los pensamientos suicidas. La exposición a música popular que incluye letras sobre la superación de una crisis suicida genera efectos beneficiosos comparables. Además de influencers, música popular, sitios web de prevención del suicidio y contenido de ficción en los medios (como películas), cada vez se incorporarán más tipos de medios a esta lista.

En conjunto, la evidencia disponible indica que la exposición a historias de esperanza, sanación y recuperación es beneficiosa y puede contribuir a superar una crisis”, dice Florian Arendt, investigador del Departamento de Comunicación de la Universidad de Viena, quien compartió trabajos sobre el efecto Papageno con quien instaló el concepto, Thomas Niederkrotenthaler. “La inteligencia artificial es el próximo gran tema. Por ahora, se la debate principalmente como un posible factor de riesgo, como lo reflejan las numerosas noticias en los medios sobre sus posibles efectos negativos. Creo que en los próximos uno o dos años se publicarán numerosos estudios al respecto”.

Un título y un estigma

El psicólogo Marcos Olave, diplomado en suicidología, nació en la localidad santacruceña de Las Heras. Allí donde la cronista Leila Guerriero puso el foco para escribir el libro Los suicidas del fin del mundo, a partir de una serie de casos de varones jóvenes a fines de la década de 1990. La obra se convirtió en un emblema de la crónica periodística y fue reconocida también por el modo en que abordó el tema en tanto fenómeno multicausal complejo.

A nivel local, señala Olave, el impacto fue fuerte. “La comunidad quedó muy herida. Un lugar chico, donde todo el mundo se conoce. Las Heras cargó con ese estigma, como ‘capital nacional del suicidio’, cuando ni siquiera había estadísticas puntuales”.

“Uno puede aplicar las estrategias que recomiendan las palabras autorizadas, como la OMS. Pero si no las adecuamos a nuestros territorios y recursos y si no tenemos investigación propia no vamos a poder aplicar estrategias específicas. Hay que generar evidencia para poder fortalecer estrategias”, propone.

Desde su lugar creó una guía para el abordaje del suicidio en medios de Santa Cruz y fundó el Centro Municipal de Abordaje Integral del Suicidio (CEMAIS) para la prevención, atención interdisciplinaria y trabajo sobre la posvención en Las Heras. “El estigma sigue estando, pero lo estamos transformando en una forma genuina de abordaje que hoy es mirada por otras provincias. Eso nos llena de alegría”.


Esta nota es parte del especial Mejor hablar de ciertas cosas. Podés leer todos los artículos acá.


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Periodista e historiadora. Integra la sección de Información General del diario Tiempo Argentino. Escribe en revistas como Caras & Caretas y Acción, además de formar parte del programa Pasos Perdidos, en FM La Patriada. Es co-autora de Los días sin López. El testigo desaparecido en democracia (Planeta, 2013).