El fin de Adorni y el mayor temor político de Milei
El presidente desguazó a su jefe de Gabinete pero ordenó protegerlo en el Congreso. La prioridad del equilibrio interno. Ravier y el liberalismo violento.
A Javier Milei se le habla por X. Sus posteos y retuits son leídos en el ecosistema libertario como un oráculo. Para aparecer en el radar del presidente hay que encontrar el tono para llamar su atención con un elogio o, mejor aun, con una ferocidad contra un opositor. El recorte de una entrevista en TV de Adrián Ravier, reproducida en X, fue el disparador para que Milei encuentre en el economista al reemplazo parcial de Manuel Adorni.
El viernes, Ravier tomó el vuelo 1634 de Aerolíneas Argentinas de Aeroparque rumbo a Santa Rosa, La Pampa, a las 10.30. Al aterrizar, minutos antes del mediodía, tenía un mensaje del presidente para asumir como vocero presidencial. Como el 99,9% del planeta libertario, Ravier entiende a Adorni como un elemento tóxico. Al igual que Luis Caputo, considera que la permanencia del jefe de Gabinete es una mala señal para la economía.
Ese viernes, sin consultar a su hermana Karina ni al asesor Santiago Caputo, Milei eligió a Ravier y ejecutó la primera muerte de Adorni, que nunca fue un jefe de Gabinete pleno. La saga infinita de mentiras y la mamushka de escándalos patrimoniales inhabilitaron a Adorni para volver a ser portavoz. Milei lo admitió al designar a su reemplazante. Hubo algo más: buscó una figura neutral, que zigzaguea entre Las Fuerzas del Cielo y el karinismo.
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Estallido emocional
La elección refleja que Milei no solo es consciente de la fractura interna de su gobierno sino que asume, además, la fragilidad de la convivencia entre la hermanísima y su asesor, por lo que un movimiento que desestabilice ese balance puede desatar una crisis. Ravier integra el staff de la Fundación Faro, un think tank del sector de Caputo, pero forma parte de las terminales del partido libertario que armó Karina.
“Es de Javier”, dicen en Gobierno para alimentar la idea de un neutral. Nadie es neutral en una guerra interna. O, al menos, nadie lo es durante mucho tiempo. Lo sabe, por ejemplo, Diego Santilli. Ravier está en la fundación Faro, adonde llegó por sugerencia de Milei y porque en el think tank buscaban un director académico. Hay coincidencia sobre la formación teórica del economista, un seguidor de la escuela austríaca antes de Milei. Y preside LLA de La Pampa promovido por Eduardo “Lule” Menem, a quien elogia ante ciertos interlocutores.
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Ese rasgo de Ravier y su reemplazo para ejercer como vocero la única tarea que Adorni tuvo en el Gobierno valida una hipótesis que apenas estalló la crisis se mencionó en #Sistema2: detrás de la decisión de Milei de sostener al jefe de Gabinete, aunque hay capricho y autopreservación, el principal factor es que Milei no tenía un figura que pudiera cohabitar los dos mundos libertarios, el karinismo y el caputismo.
Por eso llega Ravier. Porque, según Milei, le permite desprenderse en cuotas de Adorni sin generar un desbalance interno que ponga en crisis al Gobierno ni, sobre todo, su propia dinámica emocional. El jefe de Gabinete está en las fotos, pero no interviene en las decisiones del Gobierno en buena medida porque tiene una prioridad: defenderse en la Justicia.
Elogio del imbécil
La doble nacionalidad política le da un crédito temporal a Ravier. Discípulo de Roberto Cachanosky, el portavoz es un libertario de línea liberal, que hasta acá no abrazó la batalla cultural ni la agenda anti woke del mileísmo. Fue, de hecho, muy crítico de las formas de Milei, a quien le dedicó un largo posteo en Facebook en 2018 donde plantea que el estilo del ahora presidente era nocivo para las ideas libertarias.
Ravier acuñó, para referirse a Milei, una categoría: el “liberalismo violento”. Antes, por el 2019, lo había acusado de “jugar a la política”: de apoyar a Mauricio Macri, luego a José Luis Espert hasta que “vio posibilidad de ser parte del equipo de Alberto (Fernández) a través de Nielsen”. Guillermo Nielsen fue director de YPF con Fernández y luego embajador en Berlín. Milei lo cambió de destino y lo hizo designar en Asunción del Paraguay. Ravier también lo “carpeteó” por sus contratos con la fundación Acordar que, vía Guillermo Francos, trabajaba para la candidatura presidencial de Daniel Scioli y por la relación con el grupo Eurnekian.

Milei le dedicó largas parrafadas. Lo consideró “lento y poco formado” y aseguró que “carece de velocidad para un debate de TV”, consideraciones que no parecen las mejores para la tarea de portavoz. “Siempre sostuve que Ravier es un imbécil total”, escribió en otro post. Hay un dato repetido en Milei: hace un elogio del imbécil. Como ocurrió antes con personajes como Fernando Iglesias, a quien le dedicó un catálogo de insultos -que no impidieron que luego el diputado del PRO se prosterne ante el libertario cuando llegó a presidente- pero luego los premia: Iglesias, milagro de la política, es embajador ante la Unión Europea.
Principio de revelación
Hace casi 100 días que el Gobierno no sale de la trampa Adorni. Cada semana, en un pozo infinito, aparecen nuevas tropelías del jefe de Gabinete. La compra de ropa de cama por 8 millones de pesos, que además hizo poner a nombre de una empleada estatal, fue una de las últimas revelaciones en torno a los hábitos del funcionario. La cantidad de maniobras turbias de Adorni puede explicar que todo eso le sacaba tiempo para trabajar de jefe de Gabinete, por eso su desempeño fue tan mediocre.
Ante cada revelación se repite la pregunta: ¿los Milei deciden ignorar esos comportamientos, que van desde pagos cash de 245 mil dólares hasta el maltrato a una trabajadora para que facture a su nombre gastos suyos? Karina volvió esta semana a repetir -dice que invocó que era un pedido del presidente- que hay que evitar que avance en el Congreso la moción de censura.
Es insólito, mirado desde cualquier lógica, que un gobierno se dedique casi exclusivamente a proteger a un funcionario que carece de valor y que es un problema. Pero a eso se dedicaron, la última semana, Diego Santilli, los Menem y el vicejefe de Gabinete, Ignacio Devitt: a conversar con gobernadores y jefes territoriales para demorar la discusión en el Congreso y con tiempo tratar de juntar votos para blindar a Adorni.
La designación de Ravier sembró una expectativa porqué se leyó como un anticipo de que Milei podría remover, pronto, a Adorni. Con las horas, esa hipótesis se desvaneció. En el Diputados, la orden de Martín Menem es jugar a fondo para evitar el quórum. No faltan los que especulan que el riojano disfruta la mala hora del jefe de Gabinete y que si fuese por él, facilitaría una carnicería pública de Adorni. Pero juega otra cosa: no quiere tener una derrota legislativa en ese duelo en espejo que tiene con Patricia Bullrich.
“Hay que jugar. Se puede ganar o perder. En todo caso, la votación será un principio de revelación para ver quiénes juegan con Javier y quiénes no”, apuntó un operador libertario. Es un mensaje directo para Bullrich que, sin embargo, se muestra relajada y avisa que no ve chances de evitar que el pedido de interpelación avance en el Senado. La senadora estuvo en el contingente que viajó a Rosario para el acto del Día de la Bandera, que marcó, por otro lado, la reaparición de Victoria Villarruel en actos oficiales pero no porque la haya incluido el protocolo de la Casa Rosada: fue por una invitación directa y exclusiva del gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro.
Otra postal del peronismo roto
En el otro hemisferio político, el peronismo desplegó otra foto de desunión. El “banderazo” para recordar el año de detención de Cristina Kirchner fue masivo pero mostró ausencias, entre ellas la de Axel Kicillof, que hacía días dudaba en participar y, encima, la previa se escaldó por las declaraciones de la legisladora Berenice Iañez contra la expresidenta. Hace más de un año, Kicillof hace un equilibrio quirúrgico para despegarse de CFK pero no aparecer como el que rompe.
Los dichos de Iañez, que responde a Andrés “Cuervo” Larroque, generaron mucho enojo en La Plata por ese motivo. Se explica, en parte, porque la ruptura entre Larroque y La Cámpora se volvió un asunto más personal que político. En cada negociación con Kicillof, el camporismo pide excluir de la mesa a Larroque. En alguna reunión que compartieron, los dirigentes que responden a Máximo Kirchner no le hablan ni lo miran.
Luego de los dichos de Iañez y de respuestas de La Cámpora, en el entorno de Kicillof creció el temor a que la presencia del gobernador en Parque Lezama se convierta en una disputa pública, con chiflidos o, peor aún, con tensiones si concurriere una columna del Movimiento Derecho al Futuro, como se especuló unos días antes pero se descartó muy rápido.