El camino del campeón: Scaloni, fuera de foco, inalcanzable

Cómo hizo para llegar al salón de la fama de los entrenadores argentinos en tan poco tiempo.

Fueron seis semanas, entre julio y septiembre de 2016. “Para cualquier información adicional -decía el aviso- dirigiros a nuestro director técnico al teléfono…”. El encargado del campus de tecnificación en Son Caliu, un barrio humilde de Calvià, a media hora del centro de Palma de Mallorca, era el entrenador del Cadete A del Son Caliu CF: Lionel Scaloni. Recuerdan que memorizó el nombre de los 50 chicos, que llevó como invitado al tenista Carlos Moyá, que compartió comidas y chapuzones en el mar, que aceptó las salidas de fin de semana. Scaloni sumaba horas para el curso de entrenador de la Federación de las Islas Baleares: dirigía a chicos de entre 14 y 15 años. Fue su primera experiencia como entrenador antes de la selección argentina, casi un profesor de Educación Física en una colonia de vacaciones, mientras llenaba “el vacío” post retiro como futbolista profesional. Seis años más tarde, Scaloni es el técnico con el que la Argentina ganó un Mundial tras 36 años.

Y es el que surfeó Catar 2022 sobre una tabla de emociones, sin rubores en un ambiente muy machista. No hay falsa modestia en Scaloni. Hay, en cambio, una incomodidad ante las situaciones en las que lo embadurnan con elogios, o después de ser el centro de parrafadas de “gloria”. Es, quizá, su modo de protegerse, de elegir en qué lugar pararse frente a la vida, tan absorbida a veces por el fútbol. “Demasiado, demasiado…”, respondió cuando le dijeron que entró en “la eternidad”. Scaloni, optimista y de ir para adelante desde la cuna, se quebró al final de la conferencia de prensa, no cuando levantó la Copa del Mundo. Recordó a Lali, su madre, y a Chiche, su padre. “Espero que se sientan orgullosos del hijo que tienen -dijo-. Soy lo que soy gracias a ellos”. En el campo de juego, sólo, también había estallado en llanto. “Lionel Scaloni es el tipo más justo y humilde que conozco -escribió el periodista Gonzalo García Bassino, fino analista del fútbol en los días mundialistas-. Nunca se mareó con la victoria, nunca atacó a nadie. No le gusta la revancha, trata de estrechar lazos con todos. Es un tipazo, un líder”.

A los 44 años, el entrenador más joven de Catar 2022 se metió en la historia del fútbol argentino: es el tercer DT campeón del mundo, con César Menotti (1978) y Carlos Bilardo (1986). Menotti es hoy el director de selecciones nacionales de la AFA. Bilardo vio el partido por TV desde su casa. Scaloni conecta con las dos escuelas que sumieron al fútbol durante años a una disputa intestina empobrecedora del debate. Entre 1996 y 1997, Scaloni jugó en Estudiantes de La Plata, meca del bilardismo. Y de Alejandro Sabella, DT finalista en Brasil 2014. Menotti tenía 39 años cuando se consagró en el 78. Es aún el DT más joven campeón del mundo, pero ahora seguido por Scaloni. Y fue el que lo ratificó como entrenador de la Argentina antes de la Copa América 2019, en la conferencia de presentación como director de selecciones. Scaloni varió la línea en el ciclo. Al principio, y hasta la Copa América 2019, traccionó un juego más vertical, de ataques directos. Pero cedió ante el reclamo de los jugadores. Y percibió que no era por ahí, que había que juntar a los de buen pie y, con ellos, hilvanar pases alrededor de Lionel Messi. Así, la Argentina conquistó el fútbol en Catar 2022.

“Me cuesta hablar en singular”, dijo Scaloni post título. Y nombró a todo su cuerpo técnico, entre ellos a Pablo Aimar y Walter Samuel, sus ayudantes. Con ellos, Scaloni ganó otro Mundial, el Sub 20 de Malasia 1997. El entrenador era José Pekerman, formador de juveniles. El domingo, Pekerman miró a sus “alumnos” desde una tribuna del estadio Lusail. Y Scaloni se puso la camiseta suplente, una azul, con la que jugó aquel Mundial Sub 20 con él como DT. En la etapa de Pekerman en juveniles, Argentina ganó cinco Mundiales Sub 20. El primero fue en 1995, en Catar. Círculo cerrado. 

Pekerman se caracteriza por remarcar la importancia del respeto y del grupo: personas antes que futbolistas. Los que se quedaron afuera de la lista de 26 convocados, festejaron la Copa del Mundo dentro de la cancha, con el resto, desde el Kun Agüero hasta Giovani Lo Celso. “Nos gustaba más estar en la selección que en nuestras casas –me decía Leandro Cufré, compañero de Scaloni, Aimar y Samuel en Malasia 97, en agosto de 2018-. Aman la selección y están preparados para generar ese contagio que heredaron a partir de la experiencia. Lionel (Scaloni) sabía a quién le tocaba marcar y quién lo marcaba, en una época donde no se accedía fácil a la información. Conoce hasta a los jugadores de China, y por el nombre”.

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En el vestuario del Lusail, en pleno festejo, Dibu Martínez le gritó a Claudio Tapia, el presidente de la AFA: “¡Chiqui, renovale a Scaloni, la concha de su madre!”. También se escuchó: “¡Firmá el contrato!”. Antes de Catar, Tapia y Scaloni habían dejado todo sobre la mesa para la renovación, pero no había quedado firmado. Scaloni, fuera de foco, inalcanzable (¿algún humano volverá a debutar como entrenador en una selección y se consagrará campeón del mundo?), administró las críticas con altura cuando era “el joven inexperto” para buena parte de la prensa, que repetía sin mayor profundidad aquello de la (in)experiencia. Pero también manejó las emociones externas, la de los jugadores, la de los periodistas, la de los hinchas argentinos. Con las propias, lo vimos, a veces se rinde.

Lionel Scaloni levanta la copa como jugador en el Mundial Sub 20. A su lado, José Pekerman, el DT.

Soy periodista especializado en deportes -si eso existiese- desde 2008. Lo supe antes de frustrarme como futbolista profesional. Trabajé en diarios, revistas y webs (hoy en Tiempo Argentino, Acción, Relatores y más), colaboré en libros (Breve historia del deporte argentino, Rey de Fiorito y otros) y participé en documentales y series (La Patria Deportiva y Bestiario). Pero, ante todo, escribo. No hay día en la vida en que no diga -aunque sea para adentro- la palabra “fútbol”.