Prepárense para perder

El amor en los tiempos del cólera

Se vienen las Eliminatorias. Colombia está en la cuerda floja. Un análisis del equipo de Reinaldo Rueda.

Hola, ¿cómo estamos?

El brasileño Robinho fue sentenciado a nueve años de prisión por abusar sexualmente de una joven albanesa en un boliche de Milán en 2013. 

El ex Boca, Junior Benítez, fue detenido esta semana por violencia de género.

En diciembre, Facundo Medina del Lens estuvo bajo custodia policial por una denuncia de su expareja.

Hay una olla que se está destapando. 

El amor en los tiempos del cólera

“Arreglaron”, rezongaban desde el vestuario visitante del Defensores del Chaco, en Asunción. Noventa minutos antes, en el Centenario, la hinchada uruguaya recibía a su Selección con bengalas rojas, una lluvia de papelitos y un trapo que advertía: “Uruguay, la historia debe continuar”. Era el 12 de octubre de 2005. Para clasificarse al Mundial de Alemania, los colombianos necesitaban vencer en Paraguay, y que Argentina -con boleto asegurado- sacara al menos un empate en el clásico del río de La Plata. A los 46 minutos, el albiceleste Álvaro Recoba la tocó de cachetada, agitó su camiseta y selló el 1-0. “La visita no hizo nada por cambiar la historia”, describió un medio de Colombia. A aquella historia se la llamó “El pacto de Montevideo”. Reinaldo Rueda dirigía aquel equipo que se quedó afuera. Regresó para que Qatar fuera su revancha.

Rueda estaba convencido de que quería ser entrenador. Carecía de talento como futbolista. Estudió. Se recibió de licenciado en Educación Física. Apostó por un posgrado en Alemania. Se formó en FIFA. Reunió su conocimiento y le presentó un proyecto a la Federación. A los 35 años, debutaba al mando de la Selección sub 20 en el Mundial de Australia de 1993. Plantaba el primer escalón de su pedigrí de Colombia. 

Lionel Scaloni conquistó la confianza de Claudio Tapia con el título del Torneo de la Alcudia. Un campeonato amistoso resultaba el salvoconducto del presidente de la AFA para un puesto que nadie se animaba a agarrar. Pululaba el fantasma de que Daniel Angelici diera el golpe y se afirmara en Viamonte. Ese logro se subía al caballo del mejor lomo. Porque, más allá de la empatía de Chiqui con el director técnico de Pujato, Lionel Messi respetaba al entrenador campeón. La Alcudia queda en Valencia. El Torneo de Toulon es una liga hermana, en Francia. En 2000, Rueda asumió en el sub 20 de Colombia para hacerse cargo de ese certamen al que nadie quería ir. Tras salir primero, lo confirmaron de nuevo al mando del sub 20. Hasta 2004. Cuando le llegó la gran chance de clasificar a la Mayor en 2006, no pudo. 

La herida demoró una década en cerrarse. Tras fallar en la Eliminatoria, la Federación le facturó haber fomentado una reunión para formar un sindicato de futbolistas. Lo echaron. Rueda recuperó la confianza total colombiana al conquistar la Libertadores con Atlético Nacional. La tercera vez en la historia en que un equipo de ese país se apropiaba del máximo título continental. Tras esfumarse el pasaporte a Alemania, el entrenador había salido a curar las heridas fuera de su tierra. Sus éxitos no son estridentes en la escena dominante: metió a Honduras en Sudáfrica 2010 y a Ecuador en Brasil 2014. 

La cursilería no le quita razón. Un amor siempre es un amor. Chile quedó afuera del Mundial de Rusia 2018. Apostaron por Rueda para que sanara los golpes. El proceso no brillaba ni derrapaba. Hasta que sonó el teléfono. Su país lo necesitaba. Tensó las internas chilenas de la ANFP. Plata o mierda para saldar la deuda. Nacionalismo o cultura para resolver los problemas.

“Tengo que ser sincero y franco, yo soy un enamorado de Colombia”, con un anuncio cual cantante de boleros, José Pekerman lo aclaró en su conferencia de prensa inaugural en Venezuela. El romance es consecuencia de los seis mejores años de la Selección. Entre 2012 y 2018, accedieron a dos mundiales. Los cuartos de final del 2014 son la mejor marca de la historia. El final de ciclo -por decisión del técnico- también resultó un divorcio con la argentinidad. Las dos grandes figuras del ciclo resultaron James Rodríguez y Radamel Falcao, uno criado en Banfield y otro en River. La cercanía con nuestro país es tan fuerte que los cinco equipos locales más tradicionales exhiben en sus planteles talentos cafeteros: Yeison Gordillo (San Lorenzo), Andrés Roa (Independiente), Edwin Cardona (Racing), Quintero (River), Frank Fabbra y Jorman Campuzano (Boca).

Ecuador y Colombia se enamoraron de los europeos. Escogieron como sus entrenadores al holandés Jordi Cruyff y al portugués Carlos Queiroz. No tenían el mismo espesor. El elegido para reemplazar a Pekerman poseía un currículum destacado: las selecciones de Portugal, de Emirato Árabes, de Sudáfrica, de Irán y el Real Madrid. Un artista capaz de organizar defensas casi imperforables. Tanto que Lionel Messi debió desplegar la mejor de sus artes para tirar desde afuera del área, cuando el partido se moría, en Belo Horizonte, en la segunda fecha del Mundial 2014 y, recién ahí, lograr destruir el muro de los iraníes que el entrenador había craneado. 

La espalda de Queiroz era recta. Hay un enfoque cultural que a veces falla. La europeización se asocia a la profesionalización. “El futbolista mejora cuando está afuera de casa, porque solo tiene a su equipo, no tiene ninguna distracción, ni amigos ni familia”, sintetizaba hace unos años Edgardo Bauza. Los jugadores de la Selección militan en las ligas del Viejo Continente. Adaptarse no es sinónimo a dejar de ser. El técnico portugués modificó la dieta del plantel y apostó por una mediterránea. Para lograr mayor concentración, eliminó la música del vestuario. Messi abandonó Rosario hace dos décadas y continúa sin ponerle las “s” al final de las palabras. Querer cambiarle el baile a un colombiano es no comprender a qué lugar se arriba. Rueda aprendió de niño a tocar el bandoneón. Ama el instrumento. Sus amigos sentencian que es pésimo. El ritmo le funciona para el vestuario de su patria. Queiroz voló y aterrizó en Egipto. Va segundo en el Grupo D de la Copa Africana. No debe ser poca cosa conducir al crack mundial Mohamed Salah del Liverpool.

Lo que no le florecen son los resultados. Las Eliminatorias están partidas. Brasil y Argentina respiran en Qatar. Ecuador necesita cuatro de los doce puntos que restan para saberse seguro. Si lo logra, quedan dos puestos: uno va directo y el otro a repechaje. Eso es una batalla campal. Colombia y Perú poseen 17 unidades. Chile y Uruguay, 16. Bolivia, 15. Paraguay, 13. El viernes se podrán sacar diferencias los de Rueda contra los de Ricardo Gareca. Luego, los colombianos tendrán a Argentina, de visitante. Hace cinco partidos que no gana. Desde que venció a Chile 3-1. El asterisco marca que dos veces le tocó Brasil (empató y perdió). No logró superar a Ecuador, a Uruguay y a Paraguay. 

“Ellos dos se complementan. Tienen empatía. Lo vimos en Rusia, contra Polonia”, advertía Rueda para revelar cuál era la fórmula mágica a la que le lanzaba fichas para cerrar la clasificación. En su esquema 4-4-2, poner como mediapuntas por los costados a Juan Fernando Quintero y a James Rodríguez. La dupla de talentos en la que confió Pekerman. Un poco más grandes y en ligas más marginales: Shenzhen de China y Al Rayyan de Qatar. El 10 que acaba de regresar a River es el único colombiano que marcó en dos mundiales distintos. El último con una imagen hermosa. El entrenador argentino lo llamó en el medio del partido: “Sos crack, Juan”, le gritaba desde el banco, después de un golazo de tiro libre. Siempre serio, el técnico justificaba su comportamiento: "Mi profesión a menudo puede estar llena de polémica, puedes pasar de ángel a demonio en un abrir y cerrar de ojos, pasar de ser un experto a no saber nada, es un trabajo muy difícil. Una de las satisfacciones que puedo sentir es este contacto cercano con los jugadores y su amor por el deporte”.

Ocurrió un problema. Rueda probó en un amistoso contra Honduras a Quintero. Tanta emoción que hasta anunciaba su vuelta Millonaria en el medio de una conferencia de prensa. Se lesionó. Se queda afuera de la ronda de amistosos. Al entrenador ya lo critican por arriesgar al enganche. Podía pasar por la diferencia de exigencias entre la liga oriental y el fútbol que respira el suelo sudamericano. Si algo demostró Juanfer en su carrera es esa capacidad de resolver asuntos difíciles a través de clase, de riesgo y de golazos. El entrenador deberá cocinar otra receta.

Los ingredientes los luce. David Ospina, del Nápoli, en el arco. Juan Guillermo Cuadrado de la Juventus cambia de lateral a volante. Yerry Mina del Everton y Davison Sánchez del Tottenham sostienen la defensa central. Wilmar Barrios del Zenit es el cinco todo terreno de siempre. Luis Díaz del Porto enloqueció a Gonzalo Montiel y a Nahuel Molina en la Copa América. Duvan Zapata y Luis Muriel del Atalanta son enormes goleadores.  

A Gabriel García Márquez no le gustaba el fútbol. En 1950, escribió en El Heraldo su experiencia alentando al Junior de Barranquilla. “Nunca llegué tan temprano a un lugar y nunca me fui tan rápido de un lugar”, blanqueó. Le fastidiaba el sentido del ridículo que abraza el espectáculo. En su enorme carrera, Jorge Valdano se dio algunos placeres aprovechando su condición de deportista famoso. En 1985, antes del Mundial, quiso conocer al escritor. En el encuentro, recibió un libro de regalo con una dedicatoria: “Gracias por el gol que le marcaste a Colombia en las Eliminatorias”. Un cabezazo había servido para que los cafeteros quedaran afuera de México. El narrador se lo agradecía: "Él pensaba que si clasificaban, el fútbol invadiría los periódicos y las calles y eso lo agotaría. Por eso él entendía que yo le hacía un servicio y me felicitaba".

Quizás, si las cosas le salen mal a Rueda, la felicidad de García Márquez, desde algún cielo, sea el consuelo.

Pizza post cancha

  • Enzo Urbizu escribió unos cuentos hermosos que ahora están reunidos en el libro El arquitecto del fútbol.  Estudiante de arquitectura, lector y narrador ávido, murió muy joven. La obra se presentó en Carlos Casares, su ciudad, y emociona por todas partes: EL ARQUITECTO DEL FÚTBOL Y SUS CUENTOS.
  • Este domingo se cumplen 20 años de la muerte del francés Pierre Bourdieu, uno de los sociólogos más gravitantes de esta época. Cierto que dijo "la sociología es un deporte de combate", pero por ahí es más interesante entrarle a su pensamiento a partir de lo que dice, por ejemplo, en "Deporte y clase social", un texto que forma parte de Materiales de sociología del deporte, un libro de varios autores que sacó ediciones La Piqueta.
  • Nieblas del Riachuelo, es el flamante fanzine que reúne muy lindos textos futboleros de Juan Stanisci. En la tapa está Chirola Yazalde, mítico goleador de Independiente. Se consigue preguntando en el Facebook de Juan o acá.
  • Esta semana recién pude ver el capítulo de Netflix de la pelea entre los Indiana Pacers y los Detroit Piston. No sólo está hermoso para los nostálgicos de otra época del básquet sino para pensar cómo se edifica la NBA. 

Esto fue todo.
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Un abrazo, 

Zequi

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Soy periodista desde 2009, aunque pasé mi vida en redacciones con mi padre. Cubrí un Mundial, tres Copa América y vi partidos en cuatro continentes diferentes. Soy de la Generación de los Messis, porque tengo 29 y no vi a Maradona. Desde niño, pienso que a las mujeres les tendría que gustar el fútbol: por suerte, es la era del fútbol femenino y en diez años, no tengo dudas, tendremos estadios llenos.
@zequischer

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