Prepárense para perder

Ecuador es ciencia

Cómo la Selección de Alfaro se construyó para estar a un paso de llegar a Qatar.

Hola, ¿cómo estamos?

Lorenzo Faravelli arribó en 2020. A los seis meses, el interior derecho, Alan Franco, fue vendido al Atlético Mineiro. Apenas un tiempo más, el Brighton rompió el chanchito por Moisés Caicedo. Un semestre más tarde, el Vancouver Whitecaps fichó al delantero Pedro Vite y Angelo Preciado emigró al Genk de Bélgica. Antes, Talleres adquirió a Piero Hincapié para revenderlo al Bayer Leverkusen. “Le salen jugadores de abajo de la tierra”, grafica Faravelli, el cerebro argentino de Independiente del Valle, que se quedó con el título local por primera vez en su historia. Una fábrica de talentos que se volvió la base de la Selección de Ecuador. La tercera en las Eliminatorias rumbo a Qatar.

El vuelco fue en 2015. Aspire, una academia qatarí de fútbol, asumió las riendas de la gestión futbolística de Independiente del Valle. La escuela agarra el modelo Clairefontaine de Francia y conceptos de juego español. Allí, se estuvo formando estos años Xavi Hernández para tomar el mando del Barcelona. En el club de Sangolquí -una ciudad en el área Metropolitana de Quito-, apostaron a un tesoro prácticamente inexplorado. El método: guita de Qatar, conocimiento europeo, talento ecuatoriano. 

Se dio un salto cualitativo en la formación de jugadores. En el césped y en escuelas de prestigio. Deportistas, educados y adaptados al sistema. Rockeros, bonitos y educaditos. En 2016, aparecieron en la final de la Copa Libertadores. Dejaron a Boca y a River en el camino. Miguel Ramírez, un especialista en fútbol de posición, heredero de la escuela catalana, se hizo cargo de la Primera de Independiente del Valle. Sacó un jugo hermoso. En 2019, le arrebataron la Copa Sudamericana a Colón. En 2020, ganaron la Copa Libertadores Sub 20. Sobre la mesa, la guita de ventas es una locura: 23 palos en dólares recaudados en los últimos cuatro mercados de pases.

Ecuador debutó en los mundiales en Corea-Japón, en 2002. Repitió en 2006 y en 2014. Nunca obtuvo una Copa América. La fama futbolera le tocó como varita mágica a Antonio Valencia. Un crack que saltó de El Nacional de Quito al Villarreal. Tanta clase que metió diez temporadas en el Manchester United, del 2009 al 2019. Alex Aguinaga fue un enganche emblemático: disputó en siete ocasiones la Copa América y lideró la clasificación al primer Mundial. Brilló durante 23 temporadas. Cada uno representó a una generación que caminó un escalón progresivo en el fútbol ecuatoriano. En ninguno de los casos, el florecimiento de talentos ocurrió como ahora.

El 14 de enero de 2020, el holandés Jordi Cruyff, hijo del mítico Johan, asumió el cargo como técnico de la Selección. Seis meses más tarde, renunció sin dirigir un solo partido. Cayó con alfombra roja de la mano del director deportivo español Antonio Cordón. Sarasa. Un mes más tarde, migraban súbitamente al Shenzhen de China. En octubre, Ecuador arrancaba las Eliminatorias contra Argentina. 

Hasta las manos, la Federación apostó fuerte y al medio. Como director deportivo, Gabriel Wainer. El argentino había conformado los cuerpos técnicos de Marcelo Bielsa y de José Pekerman. Su currículum lucía inobjetable: clasificación en 2002, en 2006 (para Argentina), en 2014 y en 2018 (en Colombia). Si la lupa es práctica, hay ocasiones en que el entrenador no se define por su ideología sino por su capacidad para encauzar un proyecto en poco tiempo. Gustavo Alfaro venía de un Huracán al borde del descenso hasta clasificarlo a la Libertadores y de un Boca atomizado por la final del Madrid hasta llevarlo a la semifinal. Había una bala. Él. 

El barco barrenó hasta las aguas mansas. Desde lo táctico, Alfaro flexibilizó su clásico 4-4-2. El traje de estratega con pocas prácticas nunca lo había usado. Le salió bien la línea de 5, usar enganche, fijar extremos. El fuerte quizás radicó en lo discursivo. “Quiero que se deje de hablar de que jugamos en la altura. Que los rivales tengan miedo porque vienen a jugar contra la Selección de Ecuador”, planteó en el vestuario. Sin gritar porque es un tipo al que no le hace falta. Si algo unifica al bilardismo con el menottismo y con el bielsismo es la capacidad oratoria de los directores técnicos argentinos para convencer. Saber abrigar a un grupo con el ancho de espada o con el cuatro de oro. 

Asterisco. Con lo de la altura dio en el clavo. Porque europeizar las mercancías ecuatorianas saca a los futbolistas de Quito. Caicedo o Hincapié también deben adaptarse al oxígeno cada vez que regresan. Más fácil, pero no del todo. 

Restan cuatro fechas. Si de esos doce puntos el equipo de Alfaro suma cuatro, el desafío está resuelto. Le quedan Brasil y Argentina -ya clasificados- de local, en la altura. Perú y Paraguay, de visitantes. El entusiasmo no sólo es avasallante por la posición en la tabla. Viene de imponerse por primera vez en la historia a Chile en Santiago, le sacó un empate a Colombia en el calorón de Barranquilla y venció a Venezuela en Quito. 

Alfaro usa tan bien el castellano que ofició de comentarista de Caracol Televisión en cuatro Mundiales. Estudió ingeniería química. Declara que admira políticamente a Hipólito Yrigoyen, a Juan Domingo Perón, a Arturo Frondizi y a Raúl Alfonsín. Armó su discurso a partir de una característica geográfica. Ecuador posee dos epicentros futbolísticos: Quito, con Liga de Quito e Independiente del Valle a la cabeza,  y Guayaquil, con Barcelona y Emelec. Eso se transforma en dos ejes: históricamente, cuando mandaban en la Federación los de la altura eso se notaba en los arbitrajes y viceversa. El entrenador propuso una suerte de todos unidos triunfaremos para evitar las controversias. La estrategia le funcionó tan fina que en noviembre se exhibió casi como dirigente: “Los sueños se hacen realidad y este equipo hace realidad los sueños de esa clase trabajadora que sufre todos los días tratando de tener dignidad”.

La Selección se transformó en cuestión de Estado. El ahora expresidente Lenin Moreno firmó un decreto para nacionalizar al arquero mendocino Adrián Gabbarini, figura en Liga de Quito. El rosarino Damián Díaz pidió la doble ciudadanía. Esos apellidos y otros de experiencia complementaron a los jóvenes. Los de Alfaro poseen el promedio de edad más bajo del continente: 26. Unos 32 nuevos futbolistas vistieron por primera vez la casaca amarilla y azul. 

Ecuador se convirtió en una pieza tentadora para el mercado futbolístico. Barcelona avanzó a semifinales de la Libertadores. La Conmebol dispuso que la final masculina de 2022 fuera en el Monumental de Guayaquil. La Libertadores Fem será en octubre en tierras ecuatorianas. La Libertadores Sub 20, en febrero, también. 

Está prohibido decir que están clasificados. Wainer dibujó un proceso. No alcanzó con las inferiores de Independiente del Valle. Había que tomar en poco tiempo la decisión de un entrenador. Había que suplir esa sensación de caída hacia el infinito porque Cruyff había abandonado el barco. Lo primero que efectuó la nueva gestión fue cambiar las camas del predio. Hacía más de una década que las comodidades eran las mismas. Dice el refrán que Dios está en los detalles. Por eso, posee tantos adeptos. Si Ecuador llega a Qatar será una demostración más de que el fútbol, entre miles de dimensiones, es un razonamiento deductivo. 

Al menos hasta acá, no fue magia.

Esto fue todo.

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Abrazo grande,

Zequi

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Soy periodista desde 2009, aunque pasé mi vida en redacciones con mi padre. Cubrí un Mundial, tres Copa América y vi partidos en cuatro continentes diferentes. Soy de la Generación de los Messis, porque tengo 29 y no vi a Maradona. Desde niño, pienso que a las mujeres les tendría que gustar el fútbol: por suerte, es la era del fútbol femenino y en diez años, no tengo dudas, tendremos estadios llenos.
@zequischer

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