Dólar controlado, inflación en alza y guita en baja: ¿por qué rinde menos?

Si el Gobierno no puede ofrecer más empleo, no le queda otra que pedir más sacrificios a cambio de un futuro que está por verse cuando y si eventualmente llegará.

La inflación viene en aumento y no para de subir desde mayo del año pasado, cuando tocó el 1,5% mensual. Diez meses después, los precios ya están creciendo al 3,4% mensual, acumulando un aumento del 32,6% durante los últimos doce meses y 9,4% en los primeros tres meses del año.

El 3,4% de marzo se explica en buena medida por un fuerte aumento en el rubro regulados (que subieron un 5,1%), lo que es esperable dados los ajustes de tarifas de servicios públicos, transporte y naftas que tuvieron lugar. 

Por su parte, la inflación “núcleo” (que excluye rubros regulados o con estacionalidad), se situó en el 3,1% por segundo mes consecutivo. Este dato es incluso más preocupante que el dato global, porque alimenta las sospechas de que la inflación está bastante más enquistada de lo que parece creer el Gobierno. 

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Nobleza obliga, la núcleo recibió un fuerte empujón de educación (12,1%) y carnes (7%), que son componentes bastante volátiles. Algunas consultoras, como Equilibra, los quitan de la medición (de la núcleo) y computan una suerte de inflación “subyacente”, la que captura mejor la tendencia, y hace varios meses se ubica en torno al 2,5%. Por esto, es esperable que en abril la inflación empiece con 2.

¿Y esta cajita de texto para qué está? Acá es donde despabilamos a nuestros lectores y les contamos lo difícil que es hacer periodismo en estos tiempos. Por eso, si la información que leés en Cenital te ayuda a entender mejor lo que pasa, te  pedimos que nos des una mano para seguir.

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Algo es algo, pero por supuesto no cambia el panorama general. Varias veces –por ejemplo, acá– te contamos que bajar la inflación desde estos niveles es muy complejo, precisamente porque la inflación de hoy se explica en buena medida por la inflación que hubo ayer. En ausencia de algún mecanismo que coordine las decisiones (idealmente de política económica) es complicado eliminar la famosa “inercia inflacionaria” sin costos significativos.

Alto yunque

Si alguna vez te subiste a un barco, habrás notado que para frenarlo hay que tirar algo muy pesado al fondo del mar. El gobierno insiste en que ya hizo esto, y que ese objeto que debería frenar la nave es la política fiscal. Y vaya que es un yunque contundente, porque no contento con el ajuste del gasto, además nos enteramos que el Ministerio de Economía estuvo pisando fondos que ya estaban presupuestados (seguramente lo sufriste en el transporte público).

Sucede que, por un rato, el barco se mueve igual. Creo que la historia es que, como te contaba Guido en #Rollover, cada vez que se cambian los precios relativos la inflación sube, aunque sea un poco. El propio ministro, Luis “Toto” Caputo, reconoció que los ajustes de tarifas y naftas le iban a pegar al dato de IPC de marzo que acaba de salir.

Ajustes de precio relativos hubo (y me temo que habrá) para tirar manteca al techo: el año pasado se picó el dólar y ahora hay presión sobre los combustibles por la guerra entre Estados Unidos e Irán. Así que yo creo que, por ahora, seguiremos teniendo que preocuparnos por la inflación.

Le tiran con “de todo”

Un reconocido colega una vez me explicó que cuando se trata de bajar la inflación, hay que apelar a todos los recursos que se tenga a la mano. Tal vez hayas oído la famosa frase de Adolfo Canitrot, secretario de Coordinación Económica durante la gestión de Juan Vital Sourrouille en el Ministerio de Economía, quien lanzó el Plan Austral bajo la presidencia de Raúl Alfonsín, allá por 1985: “Para bajar la inflación soy marxista, keynesiano y monetarista, y si hace falta, hago la macumba también”.

La traducción de la frase es muy simple: a la inflación hay que atacarla con todo lo que se tenga a la mano. De hecho, además del superávit fiscal y de un dólar que hoy se mantiene a raya vía la deuda de empresas y provincias, el gobierno está usando otros instrumentos.

Para empezar, YPF tomó cartas en el asunto para que el shock del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán y la consecuente suba del petróleo no se traslade completamente al surtidor. El Gobierno también estaba usando otro yunque cuando se metió en las paritarias para ponerles un techo.

El ancla fiscal, de la que Milei se enorgullece, es también un ancla salarial disfrazada. Porque lejos de recaer sobre la casta, lo cierto es que el grueso del gasto público recortado fueron transferencias (como las jubilaciones y las pensiones) y salarios de empleados públicos (como docentes, médicos y científicos).

Aunque el gobierno haga cosas para que la inflación no suba, es claramente insuficiente. ¿Habrán tirado el ancla pero se olvidaron de atarla? Probablemente, porque todas estas medidas no han logrado coordinar un proceso que permita bajar más la inflación. Las presiones cambiarías del año pasado y la guerra tampoco ayudaron; algo de suerte nunca viene mal, pero hoy no abunda.

A atrasar el dólar que se acaba el mundo

Si prestás atención, mientras que el gobierno le cantaba una oda al superávit fiscal, entre enero del 2024 y marzo del 2025, recurrió a un crawling peg, el cual operó como medida antiinflacionaria bastante más potente que la que tenemos hoy. Originalmente, el dólar subía 2% todos los meses, para luego subir 1% durante febrero y marzo, por debajo de la tasa de inflación y casi todos los demás precios de la economía.

Aunque el valor del dólar se retrasó, los efectos sobre la inflación se sintieron. Los problemas empezaron, precisamente por el atraso, y finalmente el gobierno le tuvo que ir a pedir la escupidera al FMI. Hubo que abandonar el esquema de crawling y adoptar las bandas.

Un ancla cambiaria tiene la peculiaridad de que no pisa salarios e ingresos de la mayoría, y por eso es más popular. Tonifica la actividad económica mientras permite bajar la inflación, al menos inicialmente. No por nada casi todos los gobiernos recientes apostaron a sostener el dólar en los años impares, que son los electorales, sólo para afrontar los efectos negativos el año siguiente, cuando no hay que votar.

En efecto, mirando la película completa, entre enero del 2024 y enero del 2026 los precios subieron un 144%, mientras que el tipo de cambio trepó un 85%, mucho menos. Durante el mismo período, los salarios subieron algo así como un 200%.

Un ancla al bolsillo

Entonces, ¿por qué el ancla cambiaria que tuvimos durante bastante tiempo no se sintió en todos los bolsillos? Una primera cosa a considerar es que, si bien es cierto que el dólar corrió por detrás de casi todos los precios durante el bienio 2024-2025, también es cierto que en diciembre del 2023 el gobierno devaluó muy fuerte. El dólar corría con una ventaja que fue perdiendo.

Además, la recuperación relativa que tuvieron algunos ingresos se concentró bastante al principio del gobierno de Milei, después de un primer trimestre del 2024 muy duro. Finalmente, durante los últimos meses es cada vez más difícil encontrar sectores que le ganen a la inflación. Si mirás la dinámica tenés que partimos de una base baja y los efectos positivos del atraso cambiario sobre el bolsillo se sienten cada vez menos.

El experimento en el que estamos metidos tiene otra particularidad. En dólares subió casi todo, pero en pesos la cosa es muy heterogénea. Empezando porque no todos los salarios evolucionaron igual. Este informe del Centro de Investigación, Desarrollo e Innovación para el Sector Público de la UNSAM calcula que los empleados públicos perdieron el equivalente a 4,1 salarios desde que asumió Javier Milei. Siguiendo porque incluso considerando que el salario promedio durante el 2024 y el 2025 subió más que el dólar, otros precios subieron todavía más. Son rubros que pesan en la canasta de consumo de la clase media y baja: tarifas públicas, transporte, alquileres, telecomunicaciones, combustibles, prepagas, carnes y aceites.

Un populismo para ricos

No todos perdieron. La política cambiaria del gobierno construyó una suerte de populismo para compradores de Temu y veraneantes en el exterior, en donde el incremento del salario en dólares y la mayor apertura de la economía se sienten más directamente (por ejemplo, en indumentaria y calzado). Ojo, también se vieron algo favorecidos un sector de ingresos muy bajos que recibe la Asignación Universal por Hijo, cuyo poder de compra creció en términos reales.

Los grandes perdedores no están ni muy arriba ni muy abajo, sino en el medio. Si sos empleado estatal, jubilado, discapacitado, científico o trabajador de un sector muy afectado por la apertura económica, como la industria manufacturera, seguramente viste caer tu poder de compra, incluso con un dólar relativamente más barato.

Por eso el oficialismo está en una encerrona. Tiene para ofrecerle bienes y turismo más baratos en dólares, a un sector muy importante de la población que justo perdió la capacidad de pagarlos. En lugar de ofrecer menos inflación y más empleo, tiene que seguir pidiendo un sacrificio a cambio de promesas de futuro. De cara al próximo año electoral, es un pedido complicado de gestionar y una promesa que está por verse cuántos están dispuestos a aceptar.

Se especializa en macroeconomía pero su interés es el desarrollo del país. Colabora con el área de economía de Fundar. Es licenciado en economía por la UBA y doctor en economía por la Universidad de Massachusetts, Amherst. Docente universitario e Investigador del Conicet.