Diego Santilli, las PASO y la crisis peronista
La llegada del nuevo jefe de Gabinete podría rediseñar el mapa electoral del año que viene.
Hay una frase en la carta de despedida de Manuel Adorni que probablemente cobre más importancia con el paso del tiempo que el resto del texto. Un mensaje, sugestivo, que pasó desapercibido: “También como sabe, he cumplido a rajatabla y hasta el último día aquel pedido especial que me hizo aquella noche en la Quinta Presidencial de Olivos, minutos después de ofrecerme asumir como Jefe de Gabinete de Ministros de su gobierno”. El texto, llamativo –más parecido a una catarsis personal que a una renuncia formal–, llevaba consigo ese interrogante. Según el funcionario saliente dejó trascender en distintas conversaciones, la misión consistía en administrar el equilibrio más delicado del Gobierno: la convivencia entre Karina Milei y Santiago Caputo. Si esa era la misión, la designación de Diego Santilli tiene una lógica evidente. Es, quizás, el movimiento que menos altera el equilibrio preexistente. No llega para modificar el diseño del poder libertario sino para impedir que colapse.
Santilli enfrenta el mismo desafío que tuvieron todos los jefes de Gabinete de Javier Milei. Hasta ahora ninguno ejerció el cargo como correspondía sino que, en el mejor de los casos, fueron administradores de las tensiones internas. En términos formales no hay nada en el organigrama de la Jefatura de Gabinete que permita presumir que esta vez será diferente a excepción de las propias habilidades de Santilli, que no son institucionales sino políticas. La confianza que despierta en buena parte del sistema: políticos, sindicalistas, jueces y, naturalmente, medios de comunicación. Es de esperarse una tenaz y sin cuartel lucha contra la casta.
El interrogante será saber si los hermanos Milei dejarán a Santilli hacer de Santilli. Habría que presuponer que sí. Al menos durante los primeros meses donde el Colo –a menos que ocurra un cisne negro– gozará del envión político para destrabar el vínculo con el Congreso, para que empiece a funcionar los pocos meses de actividad que le quedan por delante hasta el inicio del calendario electoral.
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¿Por qué ese equilibrio desemboca en Santilli? Porque Karina no estaba en condiciones de imponer el diseño original que imaginaba su propio sector: Martín Menem como ministro coordinador y Eduardo “Lule” Menem en el Ministerio del Interior. Ese esquema vulneraba aquel pedido original de Milei a su amigo Adorni. Sin embargo, la jefatura de Gabinete a cargo de Santilli y la vicejefatura de Ignacio Devitt dejan a los turcos –y naturalmente a Karina– en un escenario similar al precedente.
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SumateLa llegada de Santilli tampoco es individual. Trae consigo un rediseño. Absorberá el Ministerio del Interior y esa secretaría quedará en manos de Gustavo Coria, un dirigente de extrema confianza del nuevo jefe de Gabinete, tanto por el vínculo político como por una cualidad que quienes trabajaron con ambos describen con ironía como una “neurosis bien entendida”: la obsesión por revisar cada expediente y cada firma que pase por el despacho de Santilli. El mencionado Devitt será el enlace con el Congreso. De buena relación con los Menem, ya protagonizó algunos cortocircuitos con Patricia Bullrich en las últimas semanas, aunque la apuesta del oficialismo es que la relación personal de Bullrich con Santilli y la de Santilli con los Menem permitan mejorar un vínculo que venía mostrando demasiadas fricciones.
Hay otro activo que explica parte de la apuesta presidencial. Santilli es un declarante profesional. Conoce el funcionamiento de los medios, entiende los tiempos de la política y probablemente trabaje en sintonía con los nuevos encargados de la comunicación oficial. Santilli, además, tiene una ventaja de la que Adorni nunca dispuso plenamente: habla con Milei, habla con Javier y habla con Santiago. Es uno de los pocos dirigentes con interlocución simultánea con los tres vértices del poder libertario. La pregunta no es si aprovechará esa condición, sino para qué. Resulta difícil imaginar que no intente convertir su nuevo rol en una plataforma para su próximo desafío electoral que él asegura en privado será la provincia de Buenos Aires. “También juraba que no quería ser jefe de Gabinete”, recuerdan ante #OffTheRecord los que creen que, en realidad, el objetivo de Santilli es la Ciudad de Buenos Aires.
El diseño de la nueva jefatura de Gabinete, para los ojos de Karina, es en espejo a lo que ocurrió con Justicia. Un ministro con seniority, de relación con su sistema de referencia y hábil para la negociación acompañado de un segundo de mucha confianza con la hermanísima como es el tándem Mahiques-Viola. Hay, sin embargo, un interrogante que sobrevuela todo este rediseño. ¿Cómo procesa Karina el funcionamiento del esquema que propuso Santiago Viola tras la salida de Mariano Cuneo Libarona y Sebastián Amerio? La promesa de esa reorganización era, según distintas versiones que circularon en el oficialismo, ordenar las causas judiciales que preocupaban tanto a Adorni como a la propia secretaria general de la Presidencia en Comodoro Py.
Dos meses después, el balance es, cuanto menos, ambiguo. El Ministerio de Justicia avanzó con el envío de más de un centenar de pliegos –en un rediseño judicial silencioso, pero que puede provocar un cambio sistémico–, pero la causa de Adorni sigue abierta, al borde del llamado a indagatoria y Adorni ya ni siquiera está en el gobierno. La pregunta, entonces, es inevitable: ¿qué evaluación hace Karina de aquella apuesta? ¿Le resultó útil a ella? ¿Le resultó útil al presidente? ¿Le resultó útil a Adorni? Seguro le resultó útil a Viola.
El alejamiento de Adorni trae consigo una novedad: la primera vez que alguien desafía abiertamente a Karina y le gana. Es el caso de Bullrich que fue la que terminó de sentenciar la suerte de Manuel cuando le anticipó a Karina que, de presentarse en el Senado, Adorni no saldría vivo políticamente. Quienes no quieren a Bullrich sostienen que había un backchannel con dirigentes del peronismo para crear una comisión investigadora que le diera aire y demorara la tensión con el Congreso. Nada de eso ocurrió y Milei solo le pidió a Karina que el reemplazo de su amigo “ya esté en el gabinete”.
Sin embargo, los triunfos pueden envejecer mal. El de Bullrich también. Karina ya pidió que la incorporen a los grupos de WhatsApp de Diputados y Senadores. Un control oficial sin la intermediación de Bullrich. No es un dato menor porque en algunos meses empieza la conformación de nombres y alianzas para competir en lo que seguramente será una elección desdoblada en la Ciudad de Buenos Aires. Si La Libertad Avanza está lo suficientemente fuerte como para competir con candidato propio en CABA lo hará con Pilar Ramírez. Si, por el contrario, el oficialismo nacional necesita un acuerdo con el PRO, también Bullrich pierde centralidad.
Su verdadero activo no parece estar en la Ciudad sino en la elección presidencial. Y ahí aparece la especulación más interesante. Ese, de hecho, es uno de los datos que más atención concentra en la Casa Rosada. Los escenarios que manejan muestran que Milei no supera los 40 puntos en ninguno de los diez modelos principales que analizan. Y en ocho de esos diez escenarios, Kicillof se impone en una eventual segunda vuelta. Por eso, la mirada está puesta hoy en dos lugares: la interna peronista y el futuro de las PASO.
Si la economía no consigue mejorar y finalmente se eliminan las primarias abiertas –lo que parece será el principal objetivo de Santilli además de la aprobación del presupuesto– puede aparecer un aspecto extremadamente novedoso. En una elección con Milei en la cancha y el peronismo dividido, un candidato podría meterse en un ballotage con menos de 20 puntos: con un oficialismo incapaz de romper el techo de los 40 y una oposición fragmentada, el sistema vuelve a parecerse más a una competencia por clasificar al ballotage que por ganar en primera vuelta.