De baldío a reserva urbana: un caso testigo muestra cómo ganar espacios verdes

Como los jugadores, a veces los barrios se quedan sin aire. Un grupo de vecinos de Almagro pide que un baldío sin compradores se convierta en una microrreserva urbana.

Imaginate un terreno vacío en el centro de Buenos Aires. Imaginate que ese terreno queda en uno de los barrios con menos espacios verdes de la ciudad. Ahora imaginate que el Gobierno nacional, a quien pertenece, lo subasta al mejor postor, pero nadie lo compra: una, dos, tres veces.

La historia es real. Desde el año pasado, el gobierno de Javier Milei viene intentando rematar un lote abandonado en el barrio de Almagro, a 10 minutos del Obelisco. La subasta queda desierta porque no hay privados interesados en adquirir un lote a ese valor. El precio son poco más de 380 mil dólares: mucho para una familia, pero un vuelto para el presupuesto de la capital argentina. El predio, si bien relativamente pequeño, cuenta en su interior con un bosque urbano que fue creciendo durante los treinta años que pasó abandonado.

Frente a esto, un grupo de vecinos está impulsando un proyecto tan lógico que casi se cae de maduro: que el gobierno porteño adquiera el lote y lo convierta en una microreserva urbana para una comuna que cuenta con apenas 0,02 hectáreas de espacio verde público por habitante.

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El caso

Originalmente, la casa de Acuña de Figueroa 981 hacía las veces de sede de la Secretaría Nacional de la Niñez, Adolescencia y Familia del Ministerio de Desarrollo Social. En un momento dado, el espacio –un lote de 8,66 metros de frente y 27 de fondo– dejó de usarse. Con el correr de las décadas, la vegetación fue tomando las paredes y levantando los pisos. Hoy es un baldío entre medianeras, con vegetación espontánea y sin ningún edificio construido.

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El gobierno de Milei, mediante la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE), puso a subasta el espacio entendiendo que el lote es uno de los inmuebles que no se encuentran afectados a un uso específico por parte de organismos públicos. Pero un grupo de vecinos, organizados bajo el colectivo Relieve, tuvo otra idea: en lugar de dejarlo al mejor postor para que construya otro edificio alto en una de las zonas de mayor concentración poblacional del país, proponen convertirlo en una microreserva urbana.

Los impulsores de la propuesta quieren convertir al lote en un pequeño oasis con bancos para que los vecinos puedan quedarse. Foto: Fernando Shapochnik

¿Qué es una microreserva urbana? De acuerdo con sus impulsores, se trata de un espacio verde de pequeña escala, inserto dentro del tejido urbano consolidado, con intervenciones mínimas de infraestructura. Un tipo de espacio que prioriza la conservación del suelo y de la vegetación existente, la incorporación de flora nativa y el acceso público, evitando –al menos en este caso– la realización de desarrollos edilicios de gran magnitud.

“No sólo se propone incorporar espacio verde en el barrio de Almagro, que tanto lo necesita, sino además servir como ejemplo de política pública para otros barrios que sufren de la misma problemática”, dice a Cenital la fotógrafa Mariela Paz Izurrieta, integrante del colectivo Relieve.

El primer llamado para la venta de este lote de 230 m2 salió en septiembre de 2025, pero el proceso fue dejado sin efecto. Se relanzó en noviembre con un precio base de 472.982 dólares y la subasta se declaró desierta. En febrero se realizó un tercer llamado y se redujo el precio base a USD 425.683. Tampoco hubo oferentes. Ahora el gobierno vuelve a la carga con un tercer llamado en el que se lo ofrece a USD 381.690.

“Resulta llamativo que vendan tierra pública a razón de 1.660 dólares el metro cuadrado, cuando en el mercado ronda los 2.200 dólares. Así, le estarían regalando 124.000 dólares a quien lo compre”, dice a este medio Mariano Pasi, otro miembro del grupo Relieve.

La iniciativa de convertirlo en un espacio verde fue declarada de interés comunal por la Junta Comunal de la Comuna 5 y cuenta con el respaldo de miles de firmas, físicas y digitales, reunidas por diferentes organizaciones barriales.

Del baldío al espacio verde

Un lote baldío no es necesariamente un vacío. A veces es un espacio al que la ciudad todavía no decidió qué hacerle. Puede convertirse en una plaza, en un edificio, en un estacionamiento o en algo más pequeño, acaso más valioso: un refugio para la naturaleza.

La idea tiene antecedentes en distintas ciudades del mundo. En Londres, la organización London Wildlife Trust lleva años trabajando sobre terrenos que, desde el punto de vista inmobiliario, podrían parecer irrelevantes: antiguos espacios ferroviarios, parcelas residuales y pequeños lotes urbanos. Algunos tienen apenas cientos de metros cuadrados, igual que el espacio de Almagro. Allí aparecen vegetación nativa, refugios para insectos y aves, actividades educativas y, en muchos casos, vecinos involucrados en su cuidado.

Una pequeña reserva urbana no reemplaza a un gran parque ni a un área natural protegida. Pero cumple otra función, ya que puede actuar como un “escalón ecológico” entre ambientes fragmentados. En ciudades donde el suelo está completamente ocupado, una sucesión de pequeñas manchas de vegetación representa una alternativa concreta frente a la dificultad de encontrar grandes superficies para nuevos parques.

En los Países Bajos, esa lógica tomó una forma muy reconocible. Desde 2015, la fundación IVN Natuureducatie impulsa el modelo tiny forest: bosques de entre 200 y 400 metros cuadrados plantados en escuelas, plazas y terrenos sin uso. La fórmula combina una alta densidad de especies nativas con una dimensión educativa. Los estudiantes participan de su cuidado, los vecinos se involucran y el espacio se incorpora a la vida cotidiana del barrio.

A veces estos espacios terminan funcionando como una respuesta a la decadencia urbana. En Detroit, ciudad marcada por décadas de desindustrialización, distintas organizaciones comunitarias fueron transformando terrenos abandonados en praderas y pequeños espacios de regeneración. La apuesta va más allá de su aspecto ecológico: es también la forma que encuentra la comunidad de darle un uso colectivo a suelos que durante años estuvieron asociados al abandono.

Plazas de bolsillo y otras yerbas

En la otra punta del mundo, y en una de las ciudades más densas que existen (donde cada metro cuadrado compite con otros usos posibles), Singapur comenzó a desplegar microbosques tropicales dentro de pequeñas parcelas. El CDL MicroForest, concebido como un laboratorio de investigación y educación ambiental, busca demostrar que una superficie reducida también puede funcionar como infraestructura ecológica para atraer fauna, moderar las temperaturas y ofrecer un contacto cotidiano con la naturaleza. La propuesta forma parte de una estrategia más amplia que incluye jardines, corredores, grandes parques y reservas. El objetivo es convertir a Singapur en una City in Nature.

Bastante más al sur, en Melbourne, la ciudad viene buscando sumar espacio público de proximidad con plazas de bolsillo o pocket parks. Bajo la premisa de que en las ciudades consolidadas el suelo disponible es escaso y caro, la pregunta pasa por identificar qué usos pueden convivir en una misma parcela. Un terreno de 300 o 500 metros cuadrados puede aportar biodiversidad, reducir el calor, crear un lugar de encuentro y ofrecer oportunidades educativas.

Un rasgo común de estas experiencias es que no surgieron de manera espontánea, sino como resultado de políticas impulsadas por los gobiernos locales. Son los municipios los que identifican terrenos vacantes o subutilizados, los incorporan a estrategias de infraestructura verde, financian su recuperación y establecen criterios para su gestión y mantenimiento. En algunos casos, el trabajo también se articula con universidades, organizaciones ambientales y vecinos.

Más que crear grandes parques desde cero, el rol del Estado local consiste en reconocer el valor ecológico y social de espacios que antes eran considerados residuales e integrarlos a una red urbana capaz de aportar beneficios ambientales distribuidos en toda la ciudad.

Concretemos

De vuelta en la Comuna 5, reaparece el desafío del lote vacante en Acuña de Figueroa. ¿Qué puede hacer el gobierno porteño frente a esta subasta de Nación que no encuentra interesados en el sector privado?

“El Gobierno de la Ciudad puede hacer dos cosas”, explica a este medio Manuel Socías, presidente del Consejo Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires (CESBA). “Una es una simple operación de compraventa con el Gobierno nacional. Ya se hizo en la época de (Mauricio) Macri y de (Horacio Rodríguez) Larreta. La otra es expropiar con cargo, como toda expropiación de acuerdo a la ley, donde interviene el Tribunal Nacional de Tasaciones (N. de la R.: en virtud de las facultades que la Ley 21.626 le reconoce para prestar servicios de valuación a provincias y municipios). Ambas cosas son posibles y sería lo lógico a esta altura del partido”.

El predio concentra unas 300 especies de desarrollo natural y podría incorporar un recorrido interno para que los vecinos puedan visitarlo sin alterar el ecosistema. Foto: Colectivo Relieve

Socías insiste en que, si bien es un terreno muy pequeño, su valor en términos urbanísticos es muy claro en tanto que permitiría sumar acceso a vegetación pública en uno de los barrios con menos espacios verdes de la ciudad.

“Lo que tiene este caso particular es que es pura virtud. Por un lado, es claramente un lote de bajo valor comercial. Es un terreno que puesto a operar de otra forma lo único que produciría es una degradación del entorno. Pero además ya está garantizada la apropiación comunitaria efectiva. En un momento donde se critica la lógica de los algoritmos y de vida digital, y en donde este tipo de conversaciones suele darse en el plano teórico, tenés algo que junta a la gente, una experiencia real, concreta”.

Es magíster en Economía Urbana por la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) con especialización en Ciencia de Datos. Cree que es posible hacer un periodismo de temas urbanos que vaya más allá de las gacetillas o las miradas vecinalistas. Sus dos pasiones son el cine y las ciudades.