Cristina, Axel y las esquirlas de la novela peronista
La crisis entre la expresidenta y el gobernador escaló con una velocidad inédita. Negociación y reducción de daños. ¿Hubo o no hubo reunión entre ambos?
Los misterios alrededor de la cumbre entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof, a la que se otorgó duración (3 horas) y punto de encuentro (el domicilio, en Villa Crespo, de un dirigente camporista), con el picante extra de desmentidas y filtraciones, condimentará las 72 horas previas al cierre de listas para la interna del PJ nacional, donde restan al menos dos episodios más: un acto de Kicillof en Berisso y una reunión, prevista para el viernes, entre CFK y su rival, Ricardo Quintela.
En medio de rumores y reproches, recién el miércoles se alinearon las versiones sobre que no hubo reunión aunque, en paralelo, aparecieron indicios de que el encuentro ocurrió y fue duro. A la vez, tomó volumen la hipótesis de que hay, en curso, una negociación que no es fácil ni amable. “Ella estuvo todo el día en su casa”, aportó ayer una fuente peronista, del entorno de Cristina, con la certeza de quien estuvo todo el día apostado en la puerta. Cortina de humo.
El acto de Berisso y la cumbre del viernes, junto a un teléfono abierto entre La Plata y el Instituto Patria, conducen hacia la medianoche del sábado, cuando vence el primer deadline: el plazo para anotar las postulaciones. Cristina y Quintela activaron los operativos para juntar avales y el OK de cinco partidos provinciales, como demanda el reglamento del PJ. El declaracionismo es parte del escarceo de la negociación previa que, por lógica, debería derivar en un acuerdo.
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Nadie, de los que conocen la dinámica electoral, cree que la interna se pueda realizar. O, al menos, que se pueda hacer bien. El Consejo partidario podría, aun con las listas anotadas, considerar pertinente una postergación y estirar los plazos para negociar. Cristina dice que no quiere patear la fecha. Quintela lo mismo. Si todo sigue en pie, en 28 días se celebrarían, para organizar la logística para que puedan votar los 3.024.760 afiliados que, según el registro judicial, tiene el PJ a nivel nacional. En números, equivale a organizar una elección con el padrón de Córdoba –que tiene 3.065.088 electores– pero a lo largo de todo el país.
Eso incluye padrones, boletas, la búsqueda de lugares de votación, urnas y designar autoridades de mesa. Además, para evitar denuncias, el correo para el traslado de las urnas y algo de seguridad por las dudas. “Hacer una interna cuesta 500 mil dólares”, dijo el lunes a Cenital un operador que conoce de números. El miércoles la cifra tuvo inflación: 400 millones de pesos cada lista. Las pymes partidarias se relamen y hacen cuentas. Esos fondos los debe aportar el partido nacional, en cuyas cuentas no hay fondos para afrontar esos gastos. El tesorero partidario podría pedirle al jefe de Gabinete Guillermo Francos, o al secretario de Interior Lisandro Catatán, que el Ejecutivo adelante fondos partidarios. “Si nos dan la guita es porque quieren que nos matemos entre nosotros”, razonó un dirigente.
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Calibrado fino
Hay, con o sin cumbre, negociadores reservados entre Cristina y Axel. Quintela, a esta altura un observador lateral, habló el martes con el gobernador: contó, luego, que el bonaerense le negó una cumbre con CFK y el riojano lo liberó de involucrarse con el destino de su postulación al partido, para de ese modo, darle libertad de movimiento para acordar con la expresidenta. El riojano no estará en el acto de Kicillof en Berisso. El gobernador decidió un formato bien bonaerense y un discurso puntual: antagonismo con Milei, futuro y unidad.
Las horas previas al acto no fueron nada pacíficas. Apenas un detalle: Lucía Cámpora, secretaria general de la orga, tuiteó una foto de Máximo Kichrner junto a una mujer y una torta con la leyenda Cristina Conducción y el mensaje: “Qué me vienen a hablar de lealtad”. ¿Hay otro modo de leer el texto fuera de la lógica camporista de que Kicillof traicionó a la expresidenta? Es la música que está detrás: la crítica de que el gobernador se desmarcó de la jefa y osó, además, desafiarla.
Kicillof viene, hace meses, en una guerra fría con Máximo. Una tesis que circula en el peronismo es que minimizó el impacto de confrontar abiertamente con el diputado, desde la convicción de que los cruces con La Cámpora no podían leerse como lo que, con el tiempo, se leyeron: una pelea, por elevación, con Cristina. Hubo, en ese aspecto, un quiebre: fue tras el acto de Máximo en Atenas, donde anudó varias críticas contra el gobernador, cuando se instaló la convicción de que Cristina no podía ser ajena a esos desafíos de su hijo.
Si Kicillof calibró mal el efecto de la disputa con Máximo, Cristina pareció calibrar erróneamente –al menos hasta acá, hay que esperar hasta el final para saber– el peso de su nombre para alinear a la mayor parte del peronismo. El clamor fue flaco: pasadas dos semanas, todavía no habló ningún gobernador, aunque sí lo hicieron la mitad de los intendentes del conurbano. Además, Quintela sigue en carrera, aunque sea parte de una pulseada, e incluso pronosticó un fin de ciclo. “Y la CGT, lejos de guardar distancia, salió a jugar en contra”, dijo un peronista involucrado en el armado cristinista.
El silencio peronista
El silencio de los gobernadores, y de muchos jefes provinciales, tiene una lógica: desde la jefatura del PJ nacional, Cristina querrá tener un armado activo de las listas del 2025 de todo el país. Viene, hace rato, con advertencias sobre los conversos: citó a Edgardo Kueider, a “Camau” Espínola y, últimamente, a Osvaldo Jaldo y Raúl Jalil, gobernadores de Tucumán y Catamarca, respectivamente. Es el prólogo de lo que será militar la pureza en las boletas del año próximo.
Un dirigente que milita con Cristina analizó con preocupación ese proceso y lo puso en una dimensión mayor: el 13 de noviembre, saldrá el fallo de Casación que, se presume, podría condenar a la expresidenta por la causa Vialidad. En una lectura, quizá no la central pero importante, la sentencia podría tener otro impacto: sería contra una dirigente que, en pocos días, asumirá la jefatura del principal partido opositor. En lugar de llegar fortalecida a esa instancia, CFK lo hace marcada por los golpes de toda la disputa peronista.