Opinión

China y la cooperación nuclear

El vínculo entre Argentina y el gigante asiático en materia energética ofrece perspectivas saludables para el desarrollo nacional.

En los últimos meses, mucho se ha dicho y escrito sobre el posicionamiento de la República Popular China en el sistema internacional y su eventual rol en el mundo post-pandemia. Quienes nos hemos interesado en el estudio del gigante asiático y las oportunidades para una asociación inteligente con nuestro país, rápidamente comprendemos que —cuando de China se habla— las circunstancias de un mundo en cuarentena representan solo un impasse en la normal ejecución de la estrategia de un país que planifica su desarrollo —y naturalmente, su política exterior— con una mirada de largo aliento.

Recientemente, informes sectoriales dieron cuenta que China, a la cabeza de un grupo países asiáticos, fue la responsable de traccionar la demanda de bienes argentinos y motivo del desplazamiento de Brasil como principal socio comercial argentino. Esta información coincidió con la difusión de un informe del Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (INTAL) del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que dio cuenta de esta situación en perspectiva regional con la clara excepción de las exportaciones de petróleo, por obvias razones: el desplome de su demanda y consecuentemente el de sus precios internacionales de referencia en el medio de una de las peores crisis económicas de la historia del capitalismo. 

Las relaciones entre China y Argentina bajo la cuestión nuclear

A partir de la Política de Reforma y Apertura china y el establecimiento de relaciones bilaterales con la China continental en febrero de 1972, y particularmente durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner, las coincidencias en la manera de ver y pensar las oportunidades y desafíos de la compleja realidad internacional, el intercambio de visitas de alto nivel cada vez más frecuentes y la firma de instrumentos bilaterales —acuerdos, protocolos, memorandos, declaraciones conjuntas, entre otros— representaron un claro indicador del interés y la decisión política de avanzar en la consolidación de lo que finalmente concluyó en el establecimiento de un Mecanismo de Diálogo Estratégico para la Cooperación y Coordinación Económica, una Comisión Binacional Permanente y una Asociación Estratégica Integral con un Plan de Acción Conjunta evaluado de forma periódica.

Instrumentos celebrados con la RPCh desde el establecimiento de la relación bilateral (1972-2019), discriminados por gobierno argentino.
GobiernoInstrumentos bilaterales
Dictadura cívico-militar (1976-1983)8
Raúl Alfonsín15
Carlos Menem13
Fernando De la Rúa7
Eduardo Duhalde2
Néstor Kirchner20
Cristina Fernández de Kirchner60
Mauricio Macri36
Fuente: Elaboración propia de acuerdo con el registro de la Biblioteca Digital de Tratados del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto. Disponible en : https://tratados.cancilleria.gob.ar/busqueda.php

En materia de cooperación nuclear, dos hechos fortuitos alcanzaron su madurez y se solaparon en el momento oportuno: por un lado, tras la reactivación del programa nuclear argentino iniciada en el año 2006 —cuyos estandartes fueron el proceso de terminación de la Central Nuclear Atucha II y el inicio de la construcción del prototipo del primer reactor de potencia argentino, CAREM—, nuestro país comenzaba a pensar en la construcción de lo que por entonces el Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios (MINPLAN) dio a conocer inicialmente como el “Proyecto Cuarta Central Nuclear”. De forma paralela, China, tras un camino que había comenzado a recorrer a comienzos de la década de los ochenta cuando incursionó en el desarrollo de sus capacidades nucleares con fines civiles, consolidaba el desarrollo de su tecnología de centrales nucleares y empezaba a apuntalar su potencial exportador.

Concretamente, la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma china —a través de sus compañías subsidiarias—, en línea con el interés de promover la globalización de su industria en general y la nuclear en particular, comenzó a impulsar sus capacidades a un alto nivel político y para ello utilizó –y utiliza– su influencia económica y diplomática. Entre una de las prioridades para llevar adelante esta estrategia se encuentra el proyecto para la construcción de una central nuclear en territorio argentino. 

Las negociaciones comenzaron a cristalizarse el 13 de junio del año 2010 cuando el MINPLAN y la Agencia Nacional de Energía de China firmaron en Beijing un Memorando de Entendimiento en donde, a través de la CNEA, se invitaba a la Corporación Nuclear Nacional China (CNNC) a conocer el plan nuclear argentino y sus principales proyectos. El 26 de agosto de ese mismo año, la CNEA, Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NA-SA) y la CNNC suscribieron en Buenos Aires un Acuerdo de Intención de Cooperación en materia nuclear y, posteriormente, la CNNC se presentó en el proceso de calificación de potenciales proveedores argentinos con el modelo ACP-1000 —actualmente denominado HPR-1000—, del que posee los derechos de propiedad intelectual y lo respalda con el dominio completo de su ciclo del combustible nuclear.

Producto de las características de un proyecto como este y el volumen de recursos involucrados, la Argentina no se encontraba en condiciones de afrontarlo en ausencia de un socio internacional. En este caso, y de acuerdo con las definiciones políticas tomadas oportunamente respecto a la estrategia a adoptar por nuestro país de cara a la negociación con proveedores internacionales, la oferta tecnológica debía contemplar la posibilidad de garantizar financiamiento y al mismo tiempo estar dispuesta a maximizar la participación de la industria local y asegurar transferencia de tecnología en la medida de las posibilidades. 

Estas exigencias posicionaron a la compañía china como el único proveedor que comprendió la robustez de la industria nuclear local y consecuentemente se encontró dispuesto a encarar una negociación para celebrar un contrato que respetara dichas demandas. Fue así que se iniciaron las negociaciones para la construcción de dos centrales nucleares de potencia: por un lado, sobre la base de la experiencia operativa y considerando el desarrollo del Proyecto de Extensión de Vida de la Central Nuclear Embalse, se acordó la construcción de una central nuclear de tecnología de tubos de presión y agua pesada. La famosa “CANDU”, que nuestro país opera desde 1984 en la provincia de Córdoba. Por el otro, se iniciaron las negociaciones para avanzar en un contrato por la ingeniería, suministro y construcción de un reactor nuclear de tecnología de uranio enriquecido y agua liviana tipo HPR-1000 de diseño chino. 

Así, en el marco de la visita oficial a la Argentina del presidente de la República Popular China Xi Jinping en julio de 2014, ambos países firmaron el Acuerdo sobre la Cooperación en el Proyecto de Construcción del Reactor de Tubos de Presión y Agua Pesada y en febrero de 2015, en el marco de la visita oficial de la entonces presidenta de la Nación de la República Argentina a Beijing, se firmó el Acuerdo sobre la Cooperación en el Proyecto de Construcción de un Reactor de Agua Presurizada. 

En mayo de 2017, una vez lanzada formalmente la Iniciativa de la Franja y la Ruta, se conoció la existencia de fondos chinos para proyectos varios, que contemplarían —entre otras esferas— a la cooperación nuclear. De acuerdo con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), a la fecha existen 440 reactores nucleares de potencia en operación que representan -en promedio- el 10% de la energía generada a nivel global. Tanto en Argentina que opera 3 centrales nucleares como en China que opera 48, la energía nuclear representa -en promedio- un 5% de la energía generada.

Por su parte, de los 54 reactores en construcción en el mundo, 1 se encuentra en Argentina -el CAREM- y 11 en China, quien en la actualidad junto a la región asiática motorizan la incorporación de capacidad instalada de origen nuclear: mientras que el 31% de los reactores en operación se sitúan en Asia, el 65% de los reactores en construcción se sitúan en esta misma región. Adicionalmente, de esos 54 reactores en construcción, 44 -o el 81%- son de la tecnología tipo PWR que utiliza uranio enriquecido y agua liviana como moderador y refrigerante al igual que lo hará el CAREM argentino o que lo hace el HPR-1000 chino, a pesar de sus notables diferencias de escala y diseño.

El gobierno de Mauricio Macri de la mano de una política exterior errática en lo referido a la colaboración con China en grandes inversiones en infraestructura y energía mancilló los principales proyectos bilaterales en curso, comenzando con el intento de paralizar las obras en los aprovechamientos hidroeléctricos en la Provincia de Santa Cruz y culminando con la cancelación del proyecto de construcción de la central nuclear CANDU.

El futuro de la cooperación nuclear

Actualmente, China ofrece la posibilidad de mantener un vínculo privilegiado debido a su performance como poder emergente tras su ingreso en la Organización Mundial de Comercio (OMC), especialmente si consideramos las necesidades de su enorme mercado interno y las oportunidades que otorga para acceder al financiamiento de grandes proyectos de infraestructura en donde participe como socio. Esta situación ubica a la Argentina en una posición inmejorable, pese a los riesgos relativos a las diferencias en la balanza comercial producto de una tendencia al deterioro de los términos de intercambio en favor de la economía asiática; asimismo deberán tenerse en cuenta las notorias brechas científico-tecnológicas y aquellas relativas a la incorporación de valor agregado a los productos y servicios intercambiados.

Frente a un escenario poco alentador para cualquier estrategia de desarrollo —como refleja el informe sobre perspectivas económicas publicado recientemente por el Fondo Monetario Internacional (FMI)— China sigue siendo una oportunidad para consolidar una inserción internacional inteligente y trascender un esquema de vinculación en donde el rol de nuestro país se limite a la provisión de materias primas, o lo que en términos de la socióloga M. Svampa podemos llamar el “consenso de los commodities”. La cooperación en materia de ciencia y tecnología en general, y la colaboración en material nuclear que incluya el financiamiento y la transferencia de tecnología en particular, serán clave en este sentido. 

Actualmente, la propuesta financiera china encabezada por el Banco Industrial y Comercial (ICBC) ofrecería la oportunidad de acceder al financiamiento del 85% del contrato de construcción del reactor HPR-1000 de acuerdo con los términos establecidos por nuestro país para definir a un crédito de tipo concesional, es decir,  brindaría una tasa de interés preferencial si se la compara a la ofrecida por el mercado y un período de gracia que equivaldría a la duración del proyecto, entre algunos elementos a considerar. De acuerdo con esta situación, Argentina accedería a un financiamiento de USD 7900 millones que comenzaría a repagarse 8 años después, cuando el reactor comience a generar energía eléctrica. 

Al mismo tiempo, nuestro país se encuentra haciendo todos los esfuerzos necesarios para rediscutir la participación nacional del 40% del monto total del contrato acordada durante la gestión anterior con vistas a incrementarla, toda vez que se continúa conversando sobre las condiciones para la transferencia de la tecnología para fabricar el combustible nuclear en el país, clave para complementar las capacidades que ya tenemos en la fabricación de los combustibles para las centrales en operación -Atucha I, Atucha II y Embalse-, así como también para comenzar a adquirir experiencia en la fabricación de combustibles de características similares a las que utilizará el reactor de diseño nacional, el CAREM. 

Por su parte, y teniendo en cuenta la cancelación del proyecto CANDU, la Secretaría de Energía en conjunto con NA-SA se encuentran trabajando en la posibilidad de reactivarlo, al tiempo que exploran con las contrapartes chinas las oportunidades tanto para NA-SA como para la industria nuclear argentina en su conjunto de capitalizar las experiencias y conocimientos adquiridos durante la extensión de vida de Embalse para poder proveer de servicios y componentes a la extensión de vida de las centrales nucleares CANDU que tiene China en operación y que deberán encarar estas tareas en el corto plazo.

En conclusión, el gobierno argentino parece haber tomado nota de la oportunidad que ofrece una asociación inteligente con China para promover el desarrollo nacional. Tras la ceremonia de asunción, durante la reunión que el flamante presidente de la Nación, Alberto Fernández, sostuviera con el vicepresidente del Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional Arken Imirbaki, enviado expresamente por el presidente Xi, se conversó sobre el proyecto nuclear teniendo en cuenta la importancia que tiene para Beijing y las indefiniciones registradas sobre el final de la gestión anterior. 

Posteriormente, en ocasión del primer encuentro oficial entre el embajador chino en el país, Zou Xiaoli, y el primer mandatario argentino en marzo de este año, la cuestión nuclear fue nuevamente uno de los ejes centrales que se trató en la conversación. Así las cosas, las condiciones que se estructuraron durante el período 2003-2015 hoy permiten que, decisión política mediante, estemos ante el inicio de un nuevo período en donde podamos avanzar de forma definitiva y exitosa en un proyecto central y estratégico para el futuro de ambos países.

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