¿China se queda con todo? El gigante asiático y las claves de un mundo posoccidental
Un análisis de la histórica caída de indigencia, el despliegue fabril masivo y las tensiones geopolíticas vigentes. Debate sobre obras públicas, soberanía digital e impacto comercial en Sudamérica mediante una perspectiva estratégica nacional.
En una nueva edición de Mundo Propio, el ciclo de política internacional de Cenital conducido por Iván Schargrodsky, se abordó una de las preguntas centrales del siglo XXI: cuál es el verdadero peso de China en el orden global?. La mesa contó con la participación de especialistas de primer nivel: Juan Elman, Martín Schapiro, Juan Gabriel Tokatlian y Mariana Altieri, quienes desmenuzaron desde la reducción de la pobreza hasta el exceso de infraestructura del gigante asiático.
El punto de partida fue la magnitud del desarrollo chino en las últimas décadas. Para Schapiro, este proceso representa el hito de movilidad social más grande de la historia contemporánea, señalando que «China sacó algo así como 20 Argentinas de la pobreza en 20 años». Esta transformación no solo se mide en estadísticas, sino en la vida cotidiana: según Altieri, el país experimentó una movilidad ascendente sin precedentes donde «tenes abuelos que se murieron de hambre, padres que salieron adelante e hijos universitarios». Sin embargo, este éxito plantea una paradoja geopolítica, ya que, como analizó Tokatlian, «China fue uno de los países que se benefició de la globalización que estaba pensada para Occidente», acelerando la transición hacia un sistema internacional donde Asia concentrará la mayoría de la clase media global.
La escala de la producción china sigue asombrando a los analistas. Juan Elman aportó un dato físico para dimensionar esta expansión: «China en 3 años consumió más cemento que Estados Unidos en los últimos 100». No obstante, esta velocidad ha generado desequilibrios internos. Schapiro advirtió sobre los límites de este modelo basado en la inversión masiva, explicando que «el problema de China hoy es que produjo más de lo que su gente puede consumir. Tiene un exceso de infraestructura». Este cuello de botella obliga a China a volcar sus excedentes al mercado externo, generando tensiones comerciales con las potencias occidentales que ya preparan barreras proteccionistas.
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SumateEl debate también se centró en la naturaleza del régimen y su compatibilidad con el desarrollo. Mientras Elman y Schapiro discutieron si es posible alcanzar este nivel de centralización bajo una democracia liberal, Altieri subrayó una diferencia cultural fundamental en la relación con el poder. Según la especialista, mientras en el hemisferio occidental suele haber una sospecha hacia el mando, en el gigante asiático la percepción es otra: «Nosotros tenemos una idea de que la autoridad, si puede, te oprime. En China se sienten protegidos por el Estado». Esta protección incluye un control estricto del espacio digital y el algoritmo, lo que influye directamente en fenómenos sociales como el desempleo juvenil y tendencias como el «estar tumbado» (tang ping).
Finalmente, la conversación aterrizó en el impacto directo sobre Argentina y la región. En un contexto donde Estados Unidos parece enfrentar una crisis de identidad en su política exterior, China avanza con proyectos de infraestructura crítica como el puerto de Chancay en Perú. Schapiro recordó la dependencia estratégica de la economía local frente al gigante asiático, afirmando que «el crecimiento de China es el motor del crecimiento de nuestras exportaciones». La conclusión de los panelistas fue unánime: aquellos países que no cuenten con un diagnóstico certero sobre este cambio de época padecerán las consecuencias de una competencia global cada vez más encarnizada.