BUP: cómo se votará y cómo impactará en la política argentina

La sanción de la nueva boleta tendrá repercusiones inmediatas en el sistema partidario y en la rosca: más personalización y fragmentación, pero también más provincialización. Algunas puntas para entender los cambios que se vienen.

La incorporación de la boleta única papel (BUP) en el sistema electoral argentino generará una serie de cambios bastante profundos. Quiero concentrarme en un par de ellos que, intuyo, serán los centrales. El primer punto para resaltar es que tendrá un efecto directo sobre los armados. En la jerga de la rosca, esto quiere decir: la negociación por las coaliciones que se forman para competir por distintos cargos públicos en juego y, consecuentemente, por los lugares en las listas.

La Argentina, como buen país federal, tiene su dinámica política electoral intensa en negociaciones para acordar el reparto de lugares en tres niveles: nacional, provincial y local. Esto es algo que se repite con mayor energía los años que se renuevan cargos ejecutivos (presidente, gobernadores e intendentes) y legislativos que en las intermedias de mandato, donde la mitad de las provincias ponen en juego la mitad de sus bancas de sus legislaturas. Esto es algo que ocurre cuando las elecciones nacionales van juntas a las provinciales, pero también cuando van separadas porque, aunque se desdoble el calendario, los dirigentes nacionales acuerdan con los provinciales quién va dónde, en qué lugar y para qué cargo antes de los cierres de listas para cada nivel de competencia.

¿Por dónde viene el cambio entonces? La boleta partidaria garantizaba, en las elecciones nacionales y provinciales que eran simultáneas, que los acuerdos políticos que se cerraban en noches de whisky quedaran formalizados jurídicamente en las listas pegadas una al lado de la otra. Ese diseño del instrumento de votación aseguraba que las coaliciones formadas por partidos que decidían competir en un distrito particular tuvieran una continuidad a partir del pegado de distintos candidatos para cargos nacionales y cargos provinciales. La coalición quedaba expresada en ese pedazo de papel largo y horizontal.

La reforma de la boleta única papel rompe con esta lógica por dos cambios que el proyecto original de 2022 no tenía y que fueron incorporados este año. El primero es que el nuevo diseño no contará con un casillero para “votar lista completa” a un mismo espacio político en los distintos cargos públicos en juego. El elector tendrá que tildar opción por opción que prefiera para cada uno de ellos. Esto corta el efecto arrastre al que estaba acostumbrada hasta hoy la política argentina. Toda la política argentina, sea peronista, radical, macrista, socialista, provincial o liberal-libertaria.

El segundo es la inclusión de un artículo concreto que indica que, en caso de que las provincias adhieran su calendario electoral al nacional, no podrán utilizar el mismo instrumento de votación para los cargos de ambos niveles, sino que tendrán que ser separados y distintos. Sea una boleta única la que se use en el distrito que unifica o sea partidaria. Esto quiere decir que, nuevamente, el elector tendrá que tildar cada opción de su preferencia, pero hacerlo en dos momentos distintos: primero para cargos nacionales en una boleta, después para cargos provinciales en otra boleta distinta.

Habrá, entonces, una nueva dinámica. Muy probablemente tendremos más elecciones desdobladas de las que venimos teniendo. Desde el Centro de Investigación para la Calidad Democrática (CICaD) venimos escribiendo documentos de discusión (como este que te comparto sobre el tema) y recopilando información electoral de calidad. Y, entre muchas cosas, registramos la cantidad de elecciones provinciales que fueron simultáneas con las nacionales vs. las que fueron desdobladas. La tabla a continuación sintetiza esos datos y muestra la proporción de provincias que se separaron de la lógica nacional (tasa de desdoblamiento).

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Si ves en detalle los valores anteriores vas a ver que la práctica reciente fue la de separar (adelantar, sobre todo) elecciones provinciales de las nacionales. En las últimas dos rondas presidenciales solamente 4 distritos votaron junto con la renovación del máximo cargo político del país. Es muy posible que la tasa de desdoblamiento se mantenga a futuro o, incluso, que llegue al 100%.

Lo que antes era una excusa política de los gobernadores para no plegarse a un presidente que andaba medio cascoteado, ahora probablemente sea por el diseño del instrumento de votación. Tendremos, entonces, discusiones nacionales desancladas de las discusiones provinciales. Una política más desnacionalizada. Algo que, en un federalismo, no ayuda mucho al sistema en su conjunto porque, cuando pasan las elecciones, hay que acordar, debatir, aprobar e implementar. Gobernar, al fin de cuentas. Las coaliciones que se formaban y se formalizaban gracias a la boleta partidaria tradicional tenían su efecto directo positivo en la dinámica decisoria. La nueva normativa que incorpora la boleta única papel va a desatar los armados, los acuerdos, los cierres y, en definitiva, la lógica política argentina clásica.

Sobre la representación

También habrá un cambio importante en términos de la representación política. Esto son más hipótesis que afirmaciones con sustento empírico concreto, pero imaginemos el escenario futuro.

El cambio de la BUP traerá un cambio de diseño de boleta. Esto será más problema de diseñadores gráficos que de politólogos. La normativa establece algunos topes que tendrán que considerar a la hora de armarla, montarla y someterla a la aprobación de los partidos políticos. En los casos en donde se renueven cargos legislativos y la magnitud de distrito (que es la cantidad de cargos que se ponen en juego) sea mediana o grande, habrá un máximo de 5 candidatos listados, de los cuales solamente 2 tendrán su foto. El resto de los candidatos deberán aparecer en afiches pegados en el ingreso de las escuelas, clubes y otros centros de votación que se definan.

Sobre este punto tuve un intercambio bastante enriquecedor con un amigo rosquero y politólogo el martes pasado. Él me decía, muy convencido, que para las próximas elecciones, el que quiera sentarse en una banca solo va a tener que hacer unos meses de campaña para instalarse, ir a un par de streams y de canales del primetime para hacerse conocido, sumarse a algún partido político chico y listo. El resto dependerá de la suerte que le toque para tener un buen lugar en la boleta.

Yo no te digo que me convenció totalmente de que esto vaya a suceder, pero le dí validez a su argumento. Tiene un punto importante respecto de la fortuna. Dado que en la BUP tiene que entrar toda la oferta política ordenada de izquierda a derecha (donde los partidos y coaliciones se ubican en las columnas y los cargos que se renuevan en las filas), el lugar de la boleta que toque es por sorteo. Imaginate si hiciste tu mini campaña mediática en modo “Alica-Alicate”, conseguiste tu sello jurídico y te toca la primera columna. O la segunda. O la tercera. Sin mucha carrera política ya podés llegar a ser diputado, diputada, senador o senadora nacional. ¿Por qué? Porque leemos de izquierda a derecha. Y el diseño de la boleta impacta en el comportamiento del electorado.

También puede ocurrir otra dinámica en sentido contrario. El mismo amigo me desarrolló una segunda hipótesis a continuación de la primera. En aquellos distritos donde haya armados políticos fuertes, los que tienen la lapicera muy posiblemente pongan en los primeros lugares visibles a personas reconocidas y destacadas para el público, pero a partir del 6° lugar a totales ignotos y desconocidos, pero leales y disciplinados para quienes hicieron el armado. “Total, ¿quién se va a ir a fijar al afiche quiénes están?”, remató. Un porcentaje de la mesa, seguro. Pero no su mayoría.

¿Ambas dinámicas pueden darse? Posiblemente sí, posiblemente en simultáneo o posiblemente una sola. En términos de representación política el diseño del formato de la boleta en combinación con la estructura partidaria argentina actual puede favorecer fuertemente la personalización de la política. Tal como ha investigado la ciencia política en sucesivas décadas de papers, congresos y conferencias, campañas más personalistas hacen de la negociación posterior por las leyes y propuestas de reforma un proceso más engorroso, pesado, que lleva tiempo y que dificulta la toma de decisiones. Los partidos políticos, a partir del ejercicio de la disciplina interna, facilitan estas negociaciones porque las condensan.

Cuál de estas dos dinámicas prime dependerá mucho de la fortuna del sorteo. También de las campañas y del humor social general. Cuántos disciplinados entren y cuántos neófitos lleguen será una cuestión de números. Prueba y error. Pero sí será otro cambio revolucionario que va a pegarle de lleno a los partidos políticos argentinos. Que no están pasando por su mejor momento, pero que en momentos de tensión, crisis e inestabilidades, han sido salvavidas institucionales.

Sobre los partidos y las listas

El tercer y último cambio de la implementación de la BUP en el sistema político argentino será sobre la cantidad de partidos políticos y de listas que tendrán las próximas elecciones. ¿Dónde estamos parados hoy? En un sistema con una gran cantidad de partidos políticos, donde la mayoría compite en forma de coaliciones y con una cantidad de listas más compacta producto de la compresión que estos acuerdos generan sobre la oferta. Los siguientes dos gráficos ya los he usado para otras entregas, pero te los traigo de vuelta actualizados.

Fuente: elaboración propia en base a una base de datos compartida con Paula Clerici. El * indica elecciones PASO.

Arriba podés ver la cantidad de partidos políticos nacionales que decidieron competir en elecciones presidenciales (área naranja), la proporción que lo hace en una alianza (línea sólida) y la proporción de alianzas sobre el total de la oferta electoral que ve la ciudadanía (línea punteada). Con el correr de los años no solo suben los partidos que son reconocidos y que salen a la cancha, sino que en paralelo lo hacen cada vez más juntos y menos separados. La misma dinámica se ve en los partidos de distrito, que son los que pueden presentar listas legislativas nacionales.

Fuente: elaboración propia en base a una base de datos compartida con Paula Clerici. El * indica elecciones PASO.

Ambos gráficos te muestran que el sistema de partidos está inflado y sobrecargado de sellos. Tenemos alrededor de 50 partidos nacionales y casi 700 de distrito. Decime si no es un montón. El tema es que eso no se ve en el cuarto oscuro porque hay una mayor cantidad que van juntos, en acuerdos electorales, que los que van separados. De hecho, en las últimas 8 elecciones nacionales, contando PASO, generales y de mitad de mandato, el promedio de partidos por alianza electoral ronda los 6 sellos. Son coaliciones bastante grandes, más que las que competían en la década del ’90 y comienzos del 2000.

Esta tendencia puede cambiar con la BUP. Tal como te mencioné en el primer apartado, los acuerdos tienen pinta de que se van a desatar. Eso va a desnacionalizar más a la política. También puede haber un aumento de la personalización, motorizada por la facilidad para conseguir partidos que avalen esas mismas candidaturas individuales. Los gráficos te muestran que hay mercado. Si ambos cambios avanzan, entonces adicionalmente habrá mayor fragmentación política en la arena electoral. Dado que el nuevo instrumento de votación tiene que tener a todos adentro y disponibles, podemos llegar a pasar de la (mal llamada) lista sábana a una boleta frazada. CICaD dixit.

¿Y qué va a pasar? Un aumento de las listas. Mirá estos dos gráficos, también actualizados de entregas anteriores. Primero, la serie temporal de diputados nacionales.

Fuente: elaboración propia en base a una base de datos compartida con Paula Clerici. El * indica elecciones PASO.

Ahora la de senadores nacionales.

Fuente: elaboración propia en base a una base de datos compartida con Paula Clerici. El * indica elecciones PASO.

La dinámica coalicional argentina ha llevado a cierta economía de escalas en la cantidad de listas disponibles en el cuarto oscuro. Esto también potenciado por la incorporación de las PASO, algo que el Gobierno nacional también está pensando en modificar en el largo plazo. Si los tres cambios que te menciono se convierten en una práctica generalizada y, consecuentemente, en una tendencia, entonces bien podemos volver a un esquema de oferta política más similar a la del 2001–2003. Todo adentro del mismo pedazo de papel.

Politólogo, consultor e investigador independiente. Hoy lo encuentran dando clases en UBA y UTDT. Le encantan las elecciones y le sacan menos canas verdes que Racing. Un hobby que tiene es aprender la historia de los partidos políticos. Cree que la política marida muy bien con un tinto.