Xi se consolida y prepara a China para prosperar en el mundo

"Debemos estar preparados para enfrentar los peores escenarios y estar listos para soportar fuertes vientos, aguas agitadas e incluso tormentas peligrosas", dijo el mandatario durante el 20º Congreso del Partido Comunista.

El discurso que pronunció Xi Jinping durante el 20º Congreso del Partido Comunista es sobre todo un documento de continuidad. Presenta una visión para su tercer mandato que refuerza un modelo de desarrollo dirigido por el Estado, orientado hacia la seguridad nacional y la autosuficiencia tecnológica.

Cuando se iniciaba su segundo mandato, hace cinco años, Xi fijó un nuevo rumbo para el país, al declarar que el objetivo de sus predecesores de convertir a China en una “sociedad moderadamente próspera” había sido logrado. En aquel momento Xi estableció los nuevos objetivos de alcanzar la “modernización socialista” y “convertir a China en un gran país socialista moderno”, en lo que definió como “la nueva era del socialismo chino”. El contenido preciso de estos conceptos quedó vagamente definido, pero quedaba claro por aquel entonces que de acuerdo con el nuevo líder, China no solo necesitaba crecimiento económico continuo, sino también armonía social, unidad política y cuidado del medio ambiente, entre otras cosas.

Este reordenamiento de prioridades sentó las bases de nuevas formas de intervención estatales: regulación más estricta del sector financiero, controles a los desarrolladores inmobiliarios, objetivos agresivos de descarbonización, y mayor regulación de las plataformas de Internet. Un estado tecnocrático disciplinado y bien regulado con instituciones modernizadas, supervisadas por el Partido Comunista.

Todas estas medidas tuvieron costos deliberados en términos económicos a corto plazo en favor de lograr estos objetivos más amplios. Precisamente, el diagnóstico también se basaba en el reconocimiento de que los motores tradicionales del crecimiento de China estaban agotados (infraestructura y mercado inmobiliario) y que son necesarios nuevos vectores, principalmente grandes inversiones catalizadas por el Estado (en conjunto con la participación tanto de empresas públicas y privadas así como de los mercados de capital nacionales y extranjeros) en tecnología e industrias avanzadas. El domingo, Xi reafirmó: “el desarrollo es la principal prioridad de nuestro partido para gobernar y rejuvenecer a China, porque sin una base tecnológica material sólida, no podemos esperar construir un gran país socialista moderno”.

Lo cierto es que en última instancia fueron una serie de impactos globales los que terminaron ocupando buena parte de la agenda del segundo mandato de Xi: la guerra comercial con Estados Unidos (que a esta altura ya se ha convertido en un intento deliberado y a plena escala para contener el progreso tecnológico de China), junto con las interrupciones de la pandemia de Covid-19 y la guerra de Ucrania. Todos estos fenómenos han cambiado fundamentalmente la forma en que los líderes de China perciben el entorno internacional. Como advirtió Xi en su informe: “los intentos externos de reprimir y contener a China pueden escalar en cualquier momento… Por lo tanto, debemos ser más conscientes de los peligros potenciales, estar preparados para enfrentar los peores escenarios y estar listos para soportar fuertes vientos, aguas agitadas e incluso tormentas peligrosas”.

Lidiar con estos riesgos terminó de darle forma y contenido a la visión de Xi de la “modernización socialista”. En la actualidad, se trata fundamentalmente de equipar a China para sobrevivir y prosperar en un entorno global caótico en el que se desarrolla una competencia hegemónica con Estados Unidos. Para tanto, China necesita una economía fuerte y un crecimiento continuo, pero el crecimiento económico por sí solo no es suficiente. El enfoque de Xi está cada vez más enfocado en garantizar la seguridad nacional en el sentido más amplio posible: “salvaguardaremos resueltamente la seguridad del poder estatal, los sistemas y la ideología de China y desarrollaremos capacidades de seguridad en áreas clave: seguridad de los alimentos, la energía y los recursos, así como las cadenas industriales y de suministro”.

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A nivel político el 20º Congreso dejó también en claro la consolidación de Xi como el núcleo del liderazgo del Partido Comunista y de China. El anuncio de la formación de un comité permanente del Politburó compuesto principalmente por aliados Xi, confirma que dado el entorno internacional caótico y la intensificación de la disputa hegemónica con los Estados Unidos, el PCCh decide cerrar filas detrás de un liderazgo unificado y sólido. Xi ahora está claramente encaminado a permanecer en el poder durante al menos un cuarto mandato de cinco años a partir de 2027, y la constitución del PCCh se ha enmendado para establecer el papel de Xi como el “núcleo” de la dirección del partido.

Los análisis en los medios tienden a enfatizar el quiebre de reglas institucionales y los aspectos autoritarios que derivan de la consolidación de poder político de Xi, pero lo cierto es que buena parte del éxito del PCCh en evitar el destino de la ex-URSS se basó en la flexibilidad y capacidad de adaptación organizativas. Por mencionar apenas un ejemplo, Deng Xiaoping, el ídolo comunista de los liberales de Occidente, fue el centro del liderazgo de China durante más de 15 años sin ocupar nunca los máximos cargos institucionales, al tiempo en que durante ese periodo durante varios secretarios generales del PCCh fueron removidos de sus cargos antes de tiempo por disputas eminentemente políticas (Hua Guofeng, Hu Yaobang y Zhao Ziyang, entre otros). Más que un signo de atrofia o regresión institucional, el lugar de poder de Xi Jinping puede ser interpretado como una necesidad reorganizativa para enfrentar la nueva etapa de desarrollo y contexto internacional, en vez de el abandono absoluto de supuestas reglas internas que en cierto sentido nunca existieron.

Otro error de diagnóstico es la idea de que a partir de la consolidación del poder político de Xi Jinping, China abandona un pasado de políticas económicas de perfil técnico y burocrático por un presente de mayor intervención política. Lo cierto es que siempre hubo — y hay — fuerzas tecnocráticas y políticas que influyen en las intervenciones estatales chinas. En la actualidad, la política económica o las medidas para reducir los riesgos financieros relacionadas con el sector inmobiliario continúan teniendo una impronta fundamentalmente tecnocrática, así como en muchas otras áreas.

En síntesis, con un nuevo eje de prioridades definido por Xi, con mayor énfasis en el desarrollo tecnológico, la seguridad y menor importancia del crecimiento, es posible esperar menor estabilidad cíclica en la economía china. Al parecer se trata de un riesgo que los líderes de China están dispuestos a tolerar mientras intentan reestructurar el modelo de desarrollo y hacer frente a los desafíos externos.

Doctor en Política Internacional por la Universidad de Fudan (Shanghai/China).