Volveré y seré millones

Foster Gillett prometió cuantiosas inversiones en dólares y una revolución en el fútbol argentino, pero hoy enfrenta dudas, incumplimientos y sospechas. ¿De estrella a meme?

Foster Gillett, “la gran esperanza blanca” del Fútbol-SAD de Javier Milei, desaparecido y convertido en meme desde hace días, asegura que no se rinde. Que no se fue. Febrero es el mes ideal para esquiar en Vail, en Colorado, su gran pasión, viejos pueblos mineros que, tras superar protestas ecologistas, se reconvirtieron en uno de los principales centros de esquí de Estados Unidos. En Vail, George Gillett, padre de Foster, es fundador y dueño de casi todo. Terminado febrero, Foster se hospedará en el Hotel Four Seasons, en Buenos Aires. El empresario cree que solucionará en breve inconvenientes burocráticos e inesperados con su fortuna en un banco de Inglaterra y, según su gente, afirma que volverá. Y que será millones.

Cuesta creerle. No puede hacerlo, por ejemplo, Valentín Gómez, central campeón argentino a los 21 años, futuro de selección y, supuestamente, figurita de Gillett para jugar en Italia, pero que tuvo que volver el último miércoles a Buenos Aires, porque el empresario estadounidense finalmente no pagó la transferencia a Vélez (8,5 millones de dólares), que tampoco aceptó avales del empresario como forma de pago. Tampoco puede hacerlo Rodrigo Villagra, volante de River, otro fichaje “verbal” e impago de Gillett (11,7 millones de dólares). Y menos puede hacerlo Juan Sebastián Verón, el ídolo presidente que hace solo dos meses anunciaba “Bienvenido a la Revolución”, porque Gillett cedía a Estudiantes al volante Christian Medina tras pagarle a Boca, esta vez sí, la cifra algo exagerada de 15 millones de dólares. 

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El presidente de Estudiantes de La Plata, Juan Sebastián Verón, desmintió una
posible ruptura del acuerdo con Foster Gillett: «No está en riesgo».

No llegó en cambio el préstamo de 9,6 millones de dólares que Gillett había acordado con Estudiantes. Y en La Plata no hay buen clima para la asamblea de socios que debe aprobar este mes la fusión por treinta años con Gillett, un mecenas atractivo en estos tiempos de dinero fácil, pero ahora bajo sospecha. ¿Nueva postergación de la asamblea para junio? ¿Julio? ¿Agosto? “La revolución –se llamó un libro notable del escritor argentino Andrés Rivera- es un sueño eterno”.

Guillermo Tofoni es la cara argentina de Foster Gillett. También es la cara del proyecto de Fútbol-SAD que impulsó Milei con el polémico DNU con el que el presidente inició su gestión como presidente de Argentina. Solo unos meses atrás, Tofoni me decía que el primer inversor de esta nueva era debía ser “modelo”. Y que serviría para impulsar el nuevo futuro dorado del fútbol argentino. Y sin repetir las experiencias fallidas del Loma Negra de Amalita Fortabat a comienzos de los ’80, Mandiyú en los ’90 (igual que Argentinos Juniors-TyC), Quilmes-Grupo Exxel en 2000 y Racing-Blanquiceleste luego.

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Pero las palabras van por un lado y los hechos por otro. La primera foto de la que debía ser la nueva era, hace exactamente un año, ya había sido un paso en falso. En la foto, Tofoni estaba con la diputada Juliana Santillán, la cara legislativa del proyecto SAD, y con Daniel Scioli, el ministro que fue anti-SAD o pro-SAD según el momento, y siempre con la misma pasión y energía (y la misma cara). Con ellos, posaba la gente de Partners 777, una firma con sede en Miami, “el primer gran inversor”, pero que ya en el mismo momento de la foto (bastaba con googlear en la web) sufría problemas graves en siete clubes de su cartera, uno de ellos Vasco da Gama, del que fue echado por la justicia brasileña. Partners quedó en offside por una denuncia de fraude de 600 millones de dólares en un juicio en Nueva York. La AFA de Chiqui Tapia, además, ya comenzaba a ganarle en la justicia al gobierno que privatiza, recorta o cierra, pero que no pudo con el fútbol, como ya le había sucedido antes a otros dos presidentes, primero Carlos Menem y luego Mauricio Macri.

Y un día llegó Gillett. No importó que desde Liverpool, hoy acaso el mejor equipo del mundo, advirtieran que el apellido Gillett, asociado con el del Tom Hicks, marcó la peor gestión dirigencial en la historia del club (2007). El Gillett de Liverpool era George, el padre megamillonario de Foster, que también fue dirigente del club inglés y que ahora, con su parte de fortuna, quiere hacer negocios en el fútbol sudamericano. En Uruguay le fue relativamente sencillo. Pagó un adelanto de unos 700 mil dólares (con promesa de 7,5 millones) para controlar al Rampla Juniors, club histórico pero sin dinero, que buscará salir de la Segunda división con cuerpo técnico liderado por Leandro Somoza y mayoría de jugadores argentinos. La legislación uruguaya permite a los Clubes-SAD. También los alienta la propia Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF). Los Clubes-SAD lo ayudan a contrarrestar el poder de los clubes alineados en cambio con el dinero del empresario Paco Casal, un poder paralelo histórico en el país vecino.

Pero en Argentina es distinto. Los clubes SAD están prohibidos en los estatutos de la AFA, que sí permite en cambio los gerenciamientos encubiertos, una figura gris y excepcional en Primera (Defensa y Justicia, Riestra), pero dominante en los campeonatos de ascenso, en medio de fuertes sospechas de que hay entidades que directamente están sostenidas con dinero de casas de apuestas ilegales, con el riesgo que eso implica para la limpieza del juego. Desde un simple saque lateral, hasta una tarjeta amarilla. Y el marcador final también. “Eso sí, si sos menor, no apuestes”.

Tofoni acepta que se han cometido errores, pero rebate las críticas a Gillett. Afirma que River no tiene derecho a queja con el tema Villagra porque jamás se firmó nada y, simplemente, fracasó la negociación, como sucede miles de veces (“no hubo deuda ni daño”). Que sí se cometió un perjuicio con Valentín Gómez, porque se firmó un contrato con el jugador de Vélez, que viajó ilusionado a Italia, creyendo que ficharía con Udinese. “Raro que si Gillett tiene tanto dinero no haya aparecido otra vía para cumplir con el pago”, me dice gente cercana a la operación. Y con Estudiantes, concluye Tofoni, Gillett dio una muestra de su compromiso cediéndole por adelantado (sin que se haya firmado todavía el acuerdo societario entre las partes) los pases de Christian Medina y del delantero Facundo Farías, “activos de 23 millones de dólares”. Tofoni cree que fueron operaciones precipitadas, un error de Gillett, pero es un área, dice, que no le compete. Porque su misión no es la compra de jugadores, sino acercar inversores, como también hizo con la familia Mas, dueña del Inter de Miami de Lionel Messi, a quienes llevó hasta la Casa Rosada. Por último, respecto de Estudiantes, Tofoni afirma que fue el propio club el que pidió un adelanto de 10 millones de dólares para fichar más refuerzos. Y que allí sí falló el giro de ese dinero, porque Gillett, dice Tofoni, tiene retenidos más de mil millones de dólares en un banco inglés. Le dijo Tofoni a Insiders News: “Foster le dio a Estudiantes 23 millones en jugadores y está quedando como un boludo. Lo convirtieron en meme. Puso una fortuna y lo están puteando, estamos todos locos”.

El dinero retenido en Inglaterra, supuestamente, está superando controles y todavía no fue liberado por el banco. Está destinado a la comprar de un club de la Premier League. Sería el círculo ideal. Tener distintos clubes para cruzar negocios. Y tener también jugadores en Argentina, para cotizarlos primero y revenderlos luego. Parecido a la operatoria de su compatriota John Textor, que en 2024 coronó campeón de Brasil y de la Copa Libertadores a Botafogo. Tanto éxito le hizo ganar un dinero que transfirió al Olympique Lyon, su otro club en crisis en la Ligue 1 de Francia. Botafogo perdió DT, cracks y dinero, y, con su plantel debilitado, cayó en dos finales recientes (contra Flamengo la Recopa de Brasil y contra Racing la Recopa Sudamericana) y además cumplió su peor actuación histórica en el campeonato carioca. Los dineros del fútbol de Brasil, combo de SAD, casas de apuestas y TV, golean a los del fútbol argentino. Pero la era del inversor global, la multipropiedad, es un “daño colateral” del Fútbol-SAD.

Las fuentes locales me aseguran que el club inglés que quiere comprar Foster Gillett es Leicester City, que está en crisis, es firme candidato al descenso y pertenece a Aiyawatt “Top” Srivaddhanaprabha, hijo de un magnate de tiendas libres de impuestos en Tailandia que se mató en un accidente de helicóptero en 2018, tras coronar al club campeón inesperado de la Premier. En octubre pasado, efectivamente, hubo un rumor de venta y de que los dueños de Leicester habían contactado a Foster Gillet. Las fuentes desde Inglaterra me añaden que ese rumor ya ni siquiera existe y dudan seriamente que una operación así esté siquiera encaminada. “¿Puede ser que Gillett esté usando esto como una excusa para sus incumplimientos en Argentina?”, me preguntó la fuente desde Leicester. En Buenos Aires algunos se ríen. Cuentan que la familia Gillett frenó a Foster, entusiasmado porque se reunió con Milei y varios de sus ministros (Scioli, Patricia Bullrich y Mariano Cúneo Libarona) y vio más de treinta partidos en Argentina.

¿Y Estudiantes? Verón coronó a su club amado campeón argentino y de la Libertadores primero como jugador y conquistó luego cuatro títulos locales como dirigente. Construyó un estadio nuevo. Fortaleció un sistema educativo para todos los jugadores juveniles del club, para que no abandonen los estudios y tengan herramientas si no llegan a Primera. Pero quiere más. Pretende que Estudiantes compita de igual a igual contra el poder de Boca y River. Y, sin esa masa de hinchas ni de recursos, sabe que Estudiantes solo puede hacerlo con un socio inversor. “Sea cual sea la situación, se levanta la cabeza y se avanza. Siempre”, fue su último posteo, que ya no cita la palabra “revolución” y tomó distancia luego de que Milei quiso convertirlo en “león libertario”.

Días antes, Verón había amagado con renunciar si la Asamblea no aprueba la sociedad con Gillett. Verón es ídolo en Estudiantes. Pero Gillett no. Y, supuestamente, no hay número suficiente para darle la gestión del club por un mínimo de treinta años a cambio de 150 millones de dólares (¿5 millones por año? ¿sólo eso?) a un socio que en los últimos tiempos ha levantado sospechas. Macri, impulsor inicial de los Clubes-SAD, ya está lejos de Milei, la justicia falló en contra y Tapia es intocable porque tiene respaldo fuerte en la FIFA. El viento en contra, dice su entorno, no desalienta a Gillett, que constituyó una sociedad en Argentina y, en su momento de euforia, hasta amenazó con comprar al juvenil crack de River Franco Mastantuono. Hoy suena difícil, aunque todavía resulte difícil vaticinar de qué modo se definirá todo. Son tiempos raros. Tiempos de Make Argentina Great Again.

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Es periodista desde 1978. Año de Mundial en dictadura y formidable para entender que el deporte lo tenía todo: juego, política, negocio, pueblo, pasión, épica, drama, héroes y villanos. Escribió columnas por todos lados. De Página 12 a La Nación y del New York Times a Playboy. Trabajó en radios, TV, escribió libros, recibió algunos premios y cubrió nueve mundiales. Pero su mejor currículum es el recibo de sueldo. Mal o bien, cobró siempre por informar.