Stajanov y las 102 toneladas de carbón en un día
Un minero de la Unión Soviética extrae en 24 horas una cantidad de roca sedimentaria inusitada. Su vida cambiará para siempre.
El 30 de agosto de 1935, Alexei Stajanov extrajo 102 toneladas de carbón de la mina de Tsentrálnaya-Írmino, en una ciudad del Donbás, por entonces la Ucrania soviética.
Hubiera sido un día más en la mina, pero la producción promedio de un minero de carbón en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas era de entre 6 y 7 toneladas. El mejor promedio europeo era de 10. Stajanov había sacado, en un turno de 6 horas, más de 100 toneladas. Su vida había cambiado para siempre.
Claro que no había sido Stajanov solo. Las 102 toneladas las extrajo junto a una nueva brigada que él mismo había propuesto para reorganizar el trabajo. En un turno de seis horas, el minero usaba el taladro no más de tres horas seguidas (era pesadísimo, más de quince kilos, por lo que se usaba más el pico). El resto del turno, el mismo minero se dedicaba a trabajos de apuntalamiento. Así, en una jornada de dos turnos –12 horas– el taladro se usaba como máximo 6 horas.
Lo que ideó Stajanov fue una forma distinta de organizar el trabajo. Entraría a la mina una brigada compuesta de cuatro mineros: el primero usaría el taladro de forma permanente, otro pondría el carbón en la carretilla, el tercero apuntalaría el techo y el cuarto se encargaría de sacar el carbón en un poni (me gusta el detalle, aunque a los ponis tal vez no). Con ese sistema, Stajanov y su brigada obtuvieron más de 100 toneladas. El taladro se usaba más tiempo y la extracción se volvía más intensiva.
Debemos hacer algunas aclaraciones, dice en este texto León Sedov –también conocido por ser el hijo de Trotsky, exiliado junto a su padre por la persecución estalinista–, que quiere separar el mito estajanovista de lo que pasó. Primero, dice Sedov, se incorporaron más trabajadores a la brigada, por lo que el aumento de la productividad hay que dividirlo por esa nueva cantidad. El resultado no da 102 kilos por trabajador sino entre 30 y 35, que igual es significativo. Debemos agregar, dice Sedov, un quinto trabajador, que Stajanov incluyó como encargado de relevar al resto en sus tareas cuando llegan al agotamiento físico. Es que, aquí todos concuerdan, el gran incremento de la productividad se produce a instancias de una sobrecarga de trabajo.
Lo que sucede a continuación del episodio Stajanov es que se multiplican los récords en todo el territorio soviético. Otro minero extrae, a las pocas semanas, 406 toneladas de carbón en un solo turno. Días después lo superan: con el mismo método, un tercer minero extrae 800 toneladas. Los récords se desplazan a otras actividades: un tornero en Gorki produce 127 cigueñales por hora (contra 100 que produce la Ford), otro obrero forja 12 pares de ruedas en un torno por hora (contra la norma de seis). Las hermanas Vinogradov, tejedoras de oficio, pasan de hilar 70 a 144 bobinas.
¿Cenital te sirve? Ayudalo a que siga. Acá trabajamos para explicar de manera sencilla cuestiones complejas para que nuestra audiencia pueda tomar decisiones informadas con datos confiables. Entendemos al periodismo como un servicio público y por eso nuestras notas siempre estarán accesibles para todos. Pero producir cuesta plata y por eso les pedimos a quienes puedan que nos den una mano para financiar el periodismo que hace falta. Si te gusta lo que hacemos, sumate vos también.
SumateParte de la explicación, dice Sedov en su texto, es que la tecnología incorporada a la industria soviética estaba siendo utilizada por debajo de sus capacidades. Otra parte, dice también, se explica por otra razón. Estos récords de producción eran de una jornada especial. Al día siguiente de su consagración, Stajanov no volvió a extraer 102 toneladas de carbón. Ese nivel de extracción exige, primero, una preparación muy especial que no se puede replicar a diario. Por otro lado, un uso intensivo de la fuerza de trabajo que no se puede sostener durante un período largo de tiempo. El resultado, dice Sedov, “se obtiene bajo condiciones del todo especiales y completamente artificiales”. Los récords son inestables y, aún más, no son necesariamente indicativos de un aumento de la productividad media del trabajo.
Pero el día que Stajanov extrajo 102 toneladas de carbón pasó algo más que el nacimiento de una forma de organizar el trabajo. Había nacido un símbolo y un movimiento: el estajanovismo. El diario local publicó la historia del obrero que había establecido un nuevo récord. La noticia llegó al ministro de Industria, Sergó Ordzhonikidze, y rápidamente a Joseph Stalin. Cuando el periódico del partido, el Pravda, alabó “el método estajanovista”, la vida de Alexei dio un vuelco. Stajanov se convirtió en el símbolo que la propaganda estalinista estaba buscando. Un joven nacido en Lugovaya, un pequeño pueblo agrícola de Livensky Uyezd, que se une al naciente proletariado industrial y, en su trabajo en la mina, inventa una nueva forma de organización del trabajo que hace incrementar la productividad soviética. Su apellido se convierte en adjetivo. De ahí en más, un estajanovista es un trabajador que trabaja mucho. Un movimiento estajanovista es aquél que impulsa que el orgullo de los trabajadores incremente la productividad laboral.
El método fue aprobado por Stalin. El Partido Comunista llevó a Stajanov a viajar por todo el territorio promoviendo su iniciativa. Así reclutó a miles de trabajadores de diferentes industrias y de la agricultura, con los que trabajó para rediseñar los procesos de manera más eficiente. La iniciativa comenzó a mostrar buenos resultados. En noviembre de ese mismo año, en el Kremlin de Moscú, se realizó la Primera Conferencia del Movimiento Stajanov. Hacia allí acudirían los trabajadores reclutados para contar las iniciativas que habían puesto en práctica. Hacia allí fue Stajanov (que ya había conseguido, acorde a su fama, un trabajo en el Ministerio de la Industria del Carbón, un departamento en Moscú y un caballo para moverse por el país). Hacia allí viajó un periodista de la revista Time para cubrir el encuentro. Allí los recibiría el propio Joseph Stalin.
Cerca de tres mil trabajadores se reúnen entonces en el Kremlin para el congreso. Durante algunos días intercambiarán experiencias. Los estajanovistas más avezados contarán sus iniciativas. Otros relatan sus récords. Una hilandera llamada Odintsova, cuenta Sedov en su texto, anuncia ante el público que se prepara para operar 150 telares. Las hermanas Vinogradov le gritan en respuesta: nosotras llegaremos a 208. Hay risas y aplausos en la gran sala que alberga el encuentro.
Llega el turno de Stalin que da un discurso. Hay registro, lo pueden leer acá. Dice allí que la misión del socialismo es superar la productividad del trabajo en el capitalismo y que el movimiento estajanovista es lo que va a permitir destruir las normas técnicas antiguas, por insuficientes. Miren a estos hombres: Stajanov, Busyguin. Los señala. Son hombres sencillos y modestos, sin ninguna pretensión de conquistar laureles. “Me parece que hasta están un poco perplejos ante la amplitud del movimiento que se ha desarrollado entre nosotros”, señala. Y es cierto: hace tres meses estaban dentro de una mina, ahora están en el Kremlin siendo elogiados por Stalin, un hombre que en la década del ´30 no se caracteriza por repartirlos. Explica entonces Stalin que esos hombres pudieron desarrollar un movimiento tan maduro, en tan poco tiempo, por cuatro causas. 1) Porque la vida llegó a ser más alegre. 2) Porque en la Unión Soviética no hay explotación. 3) Por la existencia de una nueva técnica. 4) Y por la aparición de nuevos trabajadores, cuadros obreros y obreras, capaces de ponerse al frente de esa técnica y hacerla avanzar. Como Stajanov.
Pravda informó al día siguiente: «Stalin habló brevemente durante aproximadamente una hora». En esa hora, hizo referencia a las tensiones que el estajanovismo estaba provocando en los lugares de trabajo. Cuenta el caso del Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación. Allí había un grupo de ingenieros que aseguraban que el límite para la construcción de vías ferroviarias era de 13 kilómetros por día. El grupo gozaba de autoridad en la materia. Stalin los convenció de que ese límite podría traspasarse. “Hemos tenido que tratar un poco duramente a estas respetables personas y ponerlas muy cortésmente a Ia puerta del aparato central del Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación”, relata en su discurso. Pero la tensión iba en varios sentidos. Cuenta el cronista de Time algunos casos de directores de fábricas estajanovistas que terminaron mal. En una automotriz de Gorki, los hermanos Iván y Feodor Kriachov asesinaron a un compañero de trabajo que había acelerado la producción diaria a 200%. Fueron condenados a muerte. Un ingeniero de una mina, en venganza por la “jactancia altanera” de los trabajadores estajanovistas les ordenó cavar una fosa extremadamente peligrosa dentro de la mina. La fosa se derrumbó sobre ellos.

Anuncia Stalin, al final de su discurso, que el Presidium del Soviet Supremo ha decidido que cien de los camaradas presentes ese día fueran propuestos para la recompensa suprema. Describe así, el cierre, la transcripción oficial: “Los delegados de la Conferencia de los estajanovistas ovacionan impetuosa y entusiásticamente al camarada Stalin. Tempestad de aplausos en toda la sala. Potentes hurras que hacen retumbar la sala. De todos los rincones salen innumerables exclamaciones en honor del jefe del Partido, camarada Stalin. La ovación termina con el canto de la Internacional. Los tres mil participantes en la Conferencia entonan el himno proletario”.
Al año siguiente, Stajanov estudiará en la Academia Industrial de Moscú. La Segunda Guerra Mundial lo encuentra al frente de la dirección de la mina 31 de Kagarandá, en Kazajistán. Su paso por la alta política soviética no es del todo virtuosa, aunque logrará ser diputado del Soviet Supremo a partir de 1943 y se desempeñará siempre en el Ministerio de Industria soviético. Cada último domingo de agosto es declarado, en su honor, el día del carbón en la Unión Soviética.
Con la muerte de Stalin, el ascenso de Nikita Kruschev y el comienzo de la desestalinización, Stajanov perdió su departamento en Moscú, su cargo en el ministerio y volvió a su ciudad de origen, en el Donbás. Mantuvo las dos órdenes de Lenin que había recibido e incluso sumó una más: en 1970 le otorgaron la Medalla al Héroe del Trabajo Socialista.
Siete años después murió allí, en la misma región que lo vio batir el récord de extracción. La ciudad de Kadieva llevó su nombre hasta 2016 cuando el gobierno ucraniano lo cambió en el marco de las leyes de desrusificación. El gobierno separatista de la región no reconoce la decisión y la sigue llamando Stajanov.