Que la ciencia te acompañe

Si no me protege el empleado mayor que proyecta todo el tiempo mi televisor

Vamos a hablar de temas mainstream: vacunas, salud mental, cambio climático.

Holis, ¿cómo andás? Yo acá, un poco preocupada. Pero no preocupada mal eh, o al menos no hasta ahora que vi que parece que van a agregar a una cuarta amiga nueva en el reboot de Sex and the City. Si ya era lo suficientemente problemática la perspectiva de una nueva temporada sin Samantha, esto es directamente inaceptable. Igual la voy a ver, obvio.

En fin, volviendo a la preocupación, me está agarrando una sensación rara respecto a algo que estaba esperando desde que empezaron estas cartas: poder hablar de algo más que la pandemia. Hay un poco de no saber si estaré siendo negligente, como si disminuir la cantidad de información al respecto alimentara el imaginario de que ya pasó cuando no es así. Pero también hay otra cosa, que es temor a que si el coronavirus deja de ser urgente y alarmante este newsletter y todo mi oficio vuelvan a la condición de irrelevancia previos a la emergencia sanitaria.

*El meme dice: No necesito terapia, ¡las tengo a ustedes!/Nosotras estamos igual de jodidas que vos, es como un ciego guiando a otro ciego

En el encuentro pasado del curso de literatura y los redondos que inspiran las reflexiones de este mes, llegamos al momento en el que Patricio Rey abandona los sótanos y copa los estadios. Ese punto de inflexión en el que deja de ser un circo ambulante para ser solo una banda de rock. 

La analogía con la comunicación pública de la ciencia es un poco imprecisa, no es que ahora llena estadios ni que antes de la pandemia era una apuesta multidisciplinaria anti establishment, pero es esa imprecisión, esa distancia, lo que me permite reflexionar hoy. Porque muchas veces, en el under, lo mainstream se presenta como ideal. Muchas veces me imaginé a la ciencia llenando estadios como un objetivo noble para el oficio. Y ahora que estamos a mitad de camino, que mucha gente se acostumbró a incluir noticias científicas en su panorama informativo, pero que esa nueva demanda no alcanza para que los comunicadores especializados salgamos de los medios independientes o de secciones específicas, hay que decidir si queremos que esta nueva atención crezca para generar espacios científicos en los medios tradicionales o si queremos generar nuevas lógicas de circulación de data.

Y ahí me encuentro con que, creo, lo mainstream viene con renuncias innegociables. Un poco lo de que las herramientas del amo no derriban la casa del amo. ¿Cómo se incluye una herramienta de pensamiento crítico en un formato comunicacional sostenido por la publicidad? Y vuelvo a pensar en los redondos y en lo bien que manejaron esa tensión, cómo hicieron para llenar estadios sin hacer un espectáculo de sus personalidades, y me pregunto si hay otro mainstream, otra posibilidad de lo masivo. 

Pero al toque vuelvo al principio y me pregunto por qué necesariamente darle valor a algo es hacerlo mainstream, por qué está tan instalado que, si la sociedad le diera valor a las ciencias, estas ocuparían el mismo lugar que el fútbol. La trampa es vieja, lo popular no se manifiesta a escala personal pero son personas quienes lo construyen. Y la mayoría de las veces, en los relatos de esas personas, lo masivo no aparece como objetivo sino como grata sorpresa, ¿viste? Ninguno dice: “Hicimos tal y tal cosa porque sabíamos que aumentaba nuestras posibilidades de ser famosos”.

Entonces acá estoy, pensando si la relevancia que la pandemia le dio a la comunicación científica es efectivamente valor y, si no, cómo hacer que tenga valor sin sucumbir a la idea de éxito que no puede disociarse de la masividad y de las estructuras que la digitan. Como realmente no tengo idea, pensé que podríamos dedicar esta edición a algunas cosas de ciencia tribunera y ver qué onda.

Junto a la hemoglobina me fui

Si vamos a hablar de mainstream, el primer paso es acordar qué es mainstream. Somos pocos y nos conocemos mucho, así que bien sabés que me gusta empezar con definiciones, como para decir lo mismo cuando queremos hablar de lo mismo. También sabés que soy un poco desprolija, así que hago cosas como definir con ejemplos. Hoy, para mí, mainstream, lo que se dice mainstream, son las vacunas. Casi el 60% de la población argentina tiene al menos una dosis. 

Y sí, definí con un ejemplo pero también asenté que mainstream no es la repetición de imágenes y discursos hasta el cansancio en los medios de comunicación y las redes sociales, sino un fenómeno de alcance masivo que interviene la cotidianeidad y la modifica.

Sin embargo, las barreras entre ambas cosas no están claras, así que vamos con un vacunanews, que después de todo es mi intento de adaptación de lo que se pide de la información (brevedad y precisión) para abonar el surgimiento de fenómenos mainstream.

1- VACUNA ARGENTINA. En este newsletter seguimos desde Cemento el desarrollo de la Arvac Cecilia Grierson, una vacuna de proteínas recombinantes (como la del VPH y la de la Hepatitis B) en la que está trabajando un equipo de UNSAM y Conicet. Según esta nota de Pablo Esteban, hay buenas noticias: los ensayos clínicos en humanos podrían empezar el año que viene. ¿La novedad? Ya hay un plan de Anmat que establece los pasos a seguir para cerrar la etapa de ensayos en animales y comenzar con la fase I con voluntarios. Entre los requisitos, se destaca la autorización por parte de un comité de ética. 

¿La no-novedad? Al desarrollo local le cuesta encontrar fondos. Hoy, se vale de una línea de financiamiento público de 60 millones de pesos que solo llega a cubrir parte de la fase 1. Fernando Peirano, presidente de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, declaró que “para las fases 2 y 3, como se deberán reunir a unos tres mil o cuatro mil voluntarios, vamos a diseñar otro instrumento que posiblemente tenga el formato de un crédito contingente, es decir, que deberá ser devuelto en caso de que la producción de la vacuna llegue a buen puerto y sea aprobada. De lo contrario, se asumirá como un costo para todo el sistema de producción. Entendemos que la relación costo-beneficio que hacemos con esta inversión es extraordinariamente ventajosa para toda la sociedad argentina”.

En el mejor escenario posible, la Cecilia Grierson podría ser empleada como un refuerzo anual del esquema de vacunación y exportarse a otros países de la región.

2- DOSIS DE REFUERZO. Para sorpresa de nadie, los países que compraron vacunas de más no solo no las quieren donar, sino que buscan adquirir aún más para darle terceras dosis a su población. Resulta que la OMS salió a pedir a los Estados de mayores ingresos que retrasaran la aplicación de tercera dosis. El mismo día de la declaración, Estados Unidos dijo que no. Y al otro día, tanto Francia como Alemania confirmaron que pretenden aplicar dosis de refuerzo a partir de septiembre a las personas con comorbilidades, aun cuando la Agencia Europea del Medicamento (EMA) no ha indicado que sea necesaria. En un comunicado conjunto con el Centro Europeo de Control y Prevención de Enfermedades, la EMA sostuvo que “las vacunas aprobadas hasta ahora [de BioNTech/Pfizer, AstraZeneca, Moderna y Janssen] ofrecen un alto nivel de protección frente al riesgo de enfermedad grave o muerte a causa del virus SARS-Cov-2, incluidas las variantes, tales como la Delta” y que es prioritario “animar con fuerza a quienes son aptos para la vacunación, pero todavía no se han vacunado, a que comiencen y terminen de hacerlo de acuerdo con el calendario adecuado”.

A su vez, Vivek Murphy, un estadounidense que ostenta el cargo de “doctor de la nación”, anunció que el plan para ofrecer una dosis de refuerzo a los adultos a partir de los 8 meses de recibida la segunda dosis de Pfizer o Moderna ya se encuentra en las oficinas gubernamentales correspondientes y espera aprobación. ¿La razón? Según datos de monitoreo, la protección contra formas moderadas y leves de la enfermedad estaría disminuyendo con el tiempo, mientras que la protección contra cuadros graves sigue siendo alta. Esto genera preocupación respecto a la posibilidad de que esta disminución se acreciente y, eventualmente, aumenten las hospitalizaciones y las muertes.

3- COMBINACIÓN DE VACUNAS. En un horizonte en el que la inmunidad de las vacunas no sea de largo plazo por la combinación de los procesos biológicos normales y la aparición de nuevas variantes, asegurar la eficacia de la combinación de vacunas es sumamente importante. En Argentina, a quienes recibieron primera dosis de Sputnik se les ofrece la posibilidad de completar el esquema con vacunas de Moderna o de Oxford. Sobre intercambiabilidad, van 2 notas:

  • Esta de Valeria Román resume la data de 5 estudios. En uno, se vio que, con una primera dosis de la de Oxford y una segunda de Pfizer se genera una mejor respuesta que si se aplican al revés. En otro, que la combinación Oxford + Pfizer induce una inmunidad más robusta que solo una dosis de Oxford. En el caso de la Sputnik V, una investigación hecha en Azerbaiyán mostró que la combinación de Sputnik y Oxford es segura. En nuestro país, un estudio del Ministerio de Salud de la Nación tiene 9 ramas con combinaciones de diferentes vacunas que, hasta el momento, confirmó la seguridad de combinar Sputnik y Oxford. Además, la Agencia de Medicina Europea informó que “hay buenas razones científicas para esperar que esta estrategia sea segura y eficaz cuando se aplique a la vacunación contra el COVID-19. El uso de una estrategia de vacunación heteróloga puede permitir que las poblaciones estén protegidas más rápidamente y hacer un mejor uso de los suministros de vacunas disponibles”. 
  • Esta de Chequeado que explica qué son los errores programáticos. Tal vez hayas escuchado que los estudios locales para la combinación de vacunas surgían del monitoreo de casos en los que, por error, a una persona se le administró una segunda dosis distinta a la primera. Esto no es totalmente cierto. Si bien estas equivocaciones existen, no alcanzan para afirmar la seguridad ni la eficacia de mezclar vacunas, sino que son un puntapié inicial.

El sistema de vigilancia en vacunas recaba datos sobre estos errores, que se informan a los pacientes y conllevan un seguimiento. Andrea Gentile, miembro de la Comisión Nacional de Seguridad en Vacunas, cuenta que “la mayor parte de los resultados de vacunas y su seguridad en personas gestantes son por errores programáticos (mujeres que se vacunaron sin saber que estaban embarazadas o se enteraron al poco tiempo), ya que suelen estar excluidas de los ensayos clínicos”.

En resumen: no, no están recomendando la combinación de vacunas basados en que un par de veces se equivocaron y a la gente no le pasó nada. Los errores son esperables y se incluyen en las evaluaciones de seguridad. Al necesitar profundizar sobre un tema -en este caso, la combinación de vacunas- pueden servir como acervo informativo para ver si invertir más en estudios. O sea que el circuito es más algo así como “che, necesitamos saber qué onda la combinación de vacunas”, “ a ver, chequeá los errores programáticos a ver si le paso a alguien”, “acá veo que hubo un par de casos”, “¿les pasó algo? porque si se murieron va a estar complicado”, “no, están joya”, “buenísimo, iniciemos la investigación clínica entonces”.

4- EFECTIVIDAD. Cortita y al pie: parece que el tabaquismo disminuye la generación de anticuerpos dado por las vacunas, un incentivo más para dejar de fumar si lo hacés.

Un último secuestro ¡no! El de tu estado de ánimo ¡no!

El mes pasado, tres eventos pusieron en agenda la salud mental: la brutal represión policial ante las emergencias psiquiátricas de Chano y Victoria Núñez, el juicio por la tutela de Britney Spears y la retirada de Simone Biles de los Juegos Olímpicos. Esto es un ejemplo perfecto de lo que te decía antes, los discursos masivos no generan fenómenos masivos. ¿Todos los medios hablaron sobre salud mental el mes pasado? Si. ¿La implementación de prácticas de salud mental pasó a tener un lugar central en nuestras vidas? No.

En la contracara, la semana pasada Que la ciencia te acompañe estuvo dedicado al fenómeno más mainstream de todos: el cambio climático. Con menciones al informe del IPCC en los newsletters de Eli, Iván, Tomi y Lauti, el equipo de Cenital se puso la 10, no para instalar el tema sino para destacar que hagamos lo que hagamos, la maquinaria mainstream ya está en marcha: el cambio climático afecta y afectará todos los aspectos de esto que llamamos sociedad. Sin embargo, los medios de comunicación con más llegada no hicieron mucho espamento.

Y, como un rasgo fundamental de lo mainstream es su calidad compleja y abarcativa, me gustaría hacer un cruce profundizando sobre las fuentes del ya recomendado Diez palabras de Marcela Basch. En su última edición, Marce (le digo así porque ya es amiga de la casa), seleccionó un vocablo que desconocía, “ecoansiedad”, referido a las consecuencias que tiene este escenario de cambio climático para la salud mental.

Acá te resumo los dos artículos que citó:

1- Este de la APA (sí, la Asociación Americana de Psicología, culpable de que tengamos que citar en ese formato tan antiestético) se llama “Abordando las preocupaciones sobre el cambio climático en la práctica”. En primer lugar, se destaca que, si bien la idea de una inundación, una sequía o un incendio siempre fue estresante, se concebía como un evento excepcional, mientras que hoy se piensa como una sucesión de eventos recurrentes y un proceso que no termina. Después, tira algunos datos de una encuesta: el 56% de los adultos estadounidenses sostiene que el cambio climático es el mayor desafío de la actualidad, el 68% reporta tener al menos un poco de “ecoansiedad” (ansiedad o preocupación respecto al cambio climático y sus efectos) y el 48% de los adultos jóvenes afirma sentir estrés por el cambio climático de forma cotidiana.

¿Qué hacer con esto? Para empezar, no patologizarlo. Es perfectamente esperable que la gente se estrese ante situaciones estresantes. Sin embargo, cuando este estrés se manifiesta  como ansiedad o depresión, es sugerible trabajar con temas que hacen a la individualidad en el contexto, después de todo, no todos reaccionamos igual a las mismas cosas. También es importante que los terapeutas se informen para ofrecer herramientas para involucrarse en acciones específicas sobre eso que preocupa, que pueden ser individuales, como tener más contacto con la naturaleza yendo de campamento, o colectivas, como apoyar espacios comunitarios que lleven a cabo iniciativas al respecto como una huerta comunitaria.

2- Este de The Lancet se llama “Manejando los efectos sobre la salud del cambio climático”. Empieza tranqui, diciendo que “el cambio climático es la mayor amenaza para la salud a nivel global en el siglo XXI”. Por ejemplo, sostiene que, al hacerse más frecuentes los eventos extremos, más personas van a ser víctimas de desastres con consecuencias devastadoras para la infraestructura, especialmente en lo que respecta a la provisión de agua. Por supuesto, esto generaría ansiedad y depresión a largo plazo.

Por otro lado, el informe menciona una dificultad: si bien los modelos pueden incluir variables sociales, como por ejemplo cuánta gente deberá desplazarse de su hábitat de cumplirse ciertas condiciones que afecten el clima, las consecuencias para la salud mental no pueden predecirse en términos lineales, lo que dificulta aún más comprender la relación entre ambos factores y darle peso a la hora de pensar acciones de adaptación y mitigación.

Bonus track: este documento de Trabajadorxs de la Salud Mental inspirado en el formato de este news. Awww

La veo casi como un demonio

Hoy empecé esta carta hablándote de Sex and the City, que en mi vida es un ejemplo muy acabado de mainstream: un producto masivo que me marcó pautas concretas de vida. Para mí y para mis amigas (aunque no la hayan visto y la critiquen), esas 4 mujeres posibilitaron un futuro deseable en el que la familia ya no es más esa gente con la que se comparten genes sino las amigas. 

En el último rewatch que hice, preocupada porque veía muchos artículos en internet que la cancelaban, me pareció que la serie resiste bien el paso del tiempo. Sus problemas ya eran problemas cuando se hizo: es heteronormativa en el sentido más abarcativo de la palabra y lo que muestra como “la vida en Nueva York” solo aplica a personas con alto poder adquisitivo. Pero esa parte, la de mostrar una buena amistad entre mujeres, sigue siendo inspiradora.

Algunos dicen que la versión millenial de Sex and the City es Girls, cosa con la que yo no concuerdo porque ahí justamente son todas unas amigas de mierda entre sí, la única coincidencia es que son 4 mujeres en Nueva York. Pero hace poco vi un intento muy mal logrado de versión centennial, The Bold Type, una serie que nunca entendí por qué vi entera y sin parar, centrada en la amistad de 3 trabajadoras de una revista de moda neoyorkina.

Más allá de los problemas de guión, vestuario, actuación y todo lo que se le quiera criticar, The Bold Type es malísima porque su construcción del mainstream es obvia: desde una plataforma de contenidos con millones de usuarios te manda a hacer cosas porque algún focus group lo sugirió. Por ejemplo, es evidente su intención de generar conciencia sobre el cáncer de mama.

En la serie, una de las protagonistas descubre que heredó de su madre, que murió de cáncer de mama, una mutación del gen BRCA, que la hace muy propensa a desarrollarlo ella también. Esto, por supuesto, no es un factor que hace a la complejidad de un personaje sino que se muestra como una serie de consultas médicas que parecen una campaña del Ministerio de Salud.

Este artículo del New York Times me hizo acordar a eso porque dice que las mutaciones en otro gen menos publicitado, el PALB2, pueden aumentar las posibilidades de cáncer de mama en mujeres casi en la misma medida, entre un 40 y un 60%.

Si bien ahora los test genéticos incluyen el PALB2, a quienes se testearon antes de 2014 no se les buscó la mutación, por lo que se sugiere que vuelvan a hacer la prueba. Para quienes tengan la mutación, las indicaciones incluyen resonancias magnéticas mamarias y mamografías cada 6 meses, pudiéndose sugerir una mastectomía preventiva.

El montaje final es muy curioso

Llegamos al final de esta edición y sigo sin saber qué hacer con tu atención. Me pregunto si vas a seguir escuchando mi remera cuando sea que termine la pandemia porque te convencí de que las ciencias son una herramienta relevante para situarnos en el mundo. Si es así, yo ya me siento mainstream.

Si bien no tengo ninguna conclusión o cosa iluminada para decir, creo que aquello que verdaderamente nos hace cambiar, lo que nos muestra que hay otro mundo posible, es lo que nos habla de cosas importantes sin ser declamatorio, sin comportarse con solemnidad. Eso que nos invita a la reflexión, no que nos la exige. 

Lo que sí me quedó claro es que necesito desarmar eso del mainstream como el lugar del deseo, de la comprobación de que hago bien lo que hago. Para eso, una reflexión de este curso de literatura ricotera me viene bárbaro. Lo que llega a ser parte de la historia es el mainstream que ha sido canonizado. Para pertenecer a la historia hay que obedecerla. Yo tengo claro que quiero que me recuerden como a una desobediente.

Te mando un beso enorme,

Agostina

p/d: todas las refes de este news son de esa obra maestra llamada Oktubre de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

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Soy comunicadora científica. Desde hace tres años formo parte del colectivo Economía Femini(s)ta, donde edito la sección de ciencia y coordino la campaña #MenstruAcción. Vivo en el Abasto con mis dos gatos y mi tortuga. A la tardecita me siento en algún bar del barrio a tomar vermú y discutir lecturas con amigas.
@Bcientifica

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