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¿Quién es el dueño de la tierra de Messi?

Atlas de los propietarios del fútbol de Francia.

Hola, ¿cómo estamos?

No te voy a dar tiempo. Subite ya a este viaje por el atlas de la Ligue 1. 

¿Quién es el dueño de la tierra de Messi?

El primer encuentro con Nasser Al-Khelaïfi fue en 2015. Un paparazzi los encontró cenando. Hubo medios que titularon que el 10 se iba a París. Para esa época, Jorge Messi ya se tiroteaba con un sector de las noticias. “¿No puedo tener una reunión nada más?”, planteaba. Sólo ellos saben si el propietario del PSG ese día ya le quiso comprar al hijo. Recién seis años después se dio el arribo. Los suficientes para admitir que no se estaba definiendo una transferencia. Era el ágape de dos multinacionales. Uno constituía el delfín en el deporte de la Qatar Investment Authority, la corporación de la familia real que ejecuta negocios por fuera del gas. El otro, el apoderado del mejor futbolista del mundo. El club y el jugador más millonarios del planeta. 

Javier Pastore estaba en la Copa América de 2011 cuando su representante le comunicó que había una oferta del PSG. Enamoraba con sus gambetas y sus pausas a los sicilianos de Palermo. El propósito del equipo era clasificarse para la próxima Champions League. Lo ficharon por 43 millones de euros. Transcurría el primer mercado de pases de los qataríes. En siete futbolistas, golpearon la mesa invirtiendo 86 palos. Pusieron por su pase 43 millones de euros. En siete temporadas en el club, el ex enganche de Huracán cultivó una cercana relación con Nasser. Pese a confiar en la dirección deportiva del brasileño Leonardo -campeón del Mundial 1994-, al magnate le gustaba el mercado de pases. “Siempre lo viví de forma natural. Pero estaba hablando con el Rey de Qatar”, contó hace poco el futbolista para certificar la obsesión del París: “Todos los años quería contratar a Messi”. 

El PSG nunca tuvo el peso en Francia que exhibe hoy. Lo fundaron en agosto de 1970 y fue ocupando el espacio vacante del Racing de París, ahora perdido en la quinta división. Su segunda fundación data de 2011. Nasser ya era la máxima autoridad de la cadena de televisión Al Jazeera, cuya ventana deportiva es la señal Bein Sports. Qatar decidió meterse en el corazón de Europa por dos carriles hacia el mismo país: compró el equipo de París y los derechos televisivos de la Ligue 1. 

No había obtenido Francia su segundo Mundial. Ni París era la ciudad con mejores condiciones impositivas para poner la plata lavada del gas. La Ligue 1 se ubicaba por debajo del top 3 de competiciones con mayor cantidad de capitales. El Stade Française de rugby convocaba semanalmente el doble de público que el PSG. Algo olieron los qataríes en la capital de la edad moderna. Compraron el equipo que comparte los colores con Francia en 2011. El mismo año en que fue votado Qatar como sede del Mundial 2022. Si había una potencia emergente, la pelota sería el escenario para pornografiarlo. 

Solo una vez, la UEFA logró quemarle los papeles al PSG. Según la acusación, había gastado 101 millones de euros más que los que había ingresado en ese período. Una violación a la norma del Fair Play Financiero. Tan grotesca era la falta que, incluso dentro de esa cuenta negativa, se incluían unos 145 millones supuestamente aportados en materia de sponsors por la Autoridad de Turismo de Qatar. No hay registro de ninguna empresa en el mundo que haya decidido poner esa cantidad de plata en publicidad. No alcanza solo con apilar los billetes. Es necesario hasta un Estado para poder construir una ingeniería financiera así. 

Bienvenidos al PSG: el mayor Club Estado de la historia.

Guerra fría

Dimitry Rybolovlev vio que su sendero no estaba en el petróleo. La Unión Soviética se desmoronaba y empezó a estudiar las industrias donde podía ingresar. Desde 1991 hasta 1995, estudió el mercado del potasio. Entró. En 2005, ya era uno de los millonarios más famosos de Rusia.

El poder le costó. Construyó su carrera al límite de lo legal. Hasta estuvo detenido once meses investigado por un presunto homicidio del que se lo sobreseyó. También fue apresado por destapar un escándalo en una casa de arte en Manhattan. Acababa de adquirir un cuadro de Rodin cuando sintió que lo estaban estafando y desató una batalla campal.

Llegó a manejar el 70% de la industria del potasio. Tras más de una década al frente, la vendió. El fútbol sería su nuevo escenario en la geopolítica. Eligió Mónaco como un club que podía darle la visibilidad necesaria. Desde ese día, lleva las riendas de la institución que exhibe a Cesc Fábregas como su principal figura. 

Nada de eso conforma la razón de su huella más famosa. En 2015, se divorció de su esposa. Se convirtió en la contienda marital más millonaria de la historia. Su ex, Elena, lo demandó por 4.000 millones de euros. Según Forbes, la fortuna familiar superaba los 9.500 millones. Lo más escandaloso fue que trasladó todo su capital a un fideicomiso que puso a nombre de sus hijos. El partido judicial se jugó a cancha llena en Suiza. Al borde de la ley, pero siempre con viento a favor: venció y pagó mucho menos.

Frank McCourt es un estadounidense descendiente de católicos irlandeses. En 2016, aterrizó en Marsella para dar un primer paso en el Viejo Continente. Había amasado su fortuna en un enorme negocio inmobiliario por América del Norte. No fue su primera excursión en el cosmos del deporte.

Entre 2004 y 2012, se erigió el principal accionista de Los Ángeles Dodgers. Encabezó la época dorada del equipo de béisbol de la zona oeste de Estados Unidos. Conquistó tres títulos que quedaron en la memoria de todos. Su problema también aconteció familiarmente. Cedió la presidencia a su esposa. Cuenta la leyenda que la separación se dio tras una pésima temporada en la cancha. La despidió. A la semana, ella le presentó una carta de divorcio. Su enojo por la mala gestión le salió 130 millones de dólares.

Feos, sucios y malos

Jim Ratcliffe usa su fortuna como escudo para sobrevivir a las denuncias. Desde 2020, es el segundo inglés más rico. Antes, era el primero. Domina el escenario de la industria química. Es presidente de Ineos, una multinacional petrolera tan despreciada como protagonista del planeta. Ser el dueño del Niza es apenas un detalle en su vida. Aunque le haya costado 100 millones de euros.

“Este gobierno es patético”, declaró hace unos años cuando le frenaron uno de sus principales activos. Es que en Inglaterra se determinó que se suspendería el fracking -fractura hidráulica- en caso de que se detectaran temblores de más de 0,5 de magnitud. Eso desembocó en que se suspendiera de hecho la actividad. La Unión Europea presentó un documento en que se lo señalaba como violador de 176 normas sobre contaminación de agua y de aire. Sus escándalos no se resumen a Europa. Ineos firmó un contrato con los All Blacks por seis años de sponsor. Al día siguiente, Greenpeace comenzó una campaña de repudio contra el equipo de rugby de Nueva Zelanda.  


Hafiz Mammadov es el empresario más poderoso de Azerbaiyán. Sus principales negocios son el petróleo y el gas. En 1998, fundó el Baghlan Group, un conglomerado de 41 empresas. Desembarcó en el Lens, luego de un paso exitoso como propietario del Baku FC. Irrumpió en el territorio de la pelota cuando el Atlético de Madrid insinuaba quebrar. Justo un año antes de que arribara Diego Simeone. La adquisición de Radamel Falcao era insostenible para la institución. Una financiación extraña de Mammadov permitió salir a flote. 

Expone una característica que hace que caiga muy bien entre los futbolistas: regala plata y relojes. Tanto que una vez depositó en el cochecito del bebé de un arquero varios fajos que llegaban a los 50.000 dólares.

Waldemar Kita era un outsider absoluto de las canchas. El empresario polaco se posicionó en Francia y encontró una ruta en la salud oftalmológica. Invirtió su capital en el diseño y la fabricación de lentes intraoculares. Gravitó tanto el mercado que se encumbró en la principal firma europea de esta actividad. En el recorrido, se compró el Nantes.

Su prontuario parecía inmaculado hasta que ocurrió una desgracia horrible. El argentino Emiliano Sala fue vendido de Nantes a Cardiff. Camino a su nuevo club, se perdió su avioneta en el aire. Encontraron su cuerpo un tiempo después. Pese a que no se le comprobaron responsabilidades en el traslado, la familia del delantero mostró audios de WhatsApp en los que el futbolista denunciaba ser apretado por el empresario para ser transferido, a pesar de su voluntad.

El grupo John Cockerill se presenta como una corporación dedicada a diversas ramas de la ingeniería. El Metz se entronizó en su mejor cara. La peor tiene que ver con el desarrollo del comercio armamentístico. Pese a destacar su desarrollo en la siderurgia, su expansión se dio cuando Arabia Saudita le abrió las puertas para que vendiera sus productos en el país. Fundó el Campo Cockerill, el mayor centro de instrucción militar saudí. Amnistía Internacional denuncia todos los años que allí se educan los soldados que cometen crímenes de guerra en Yemen. 

Enfants de la Patrie

A Napoleón Bonaparte le pareció una herramienta indispensable el Consejo de Estado. Lo fundó en 1799. Un ente que asesoraba al gobierno en la formulación de leyes. Jean Michel Aulas, presidente del Olympique de Lyon, se cansó de la federación de fútbol de Francia y se apareció en ese ente para patear el tablero. Por la pandemia, se había tomado la decisión -ahora leída como insólita- de dar por finalizada la Ligue 1. Después de lograr una autorización para disputar la Champions League, el PSG aceptó la determinación. Se reanudó. El Lille se quedó con el torneo. Todo gracias al rebelde que fue directo al Estado para que revirtieran la situación.

Aulas es el dueño de Cegid, una multinacional del software, y el presidente del Olympique de Lyon desde 1987. Guarda un registro que pocos tienen: bajo su gestión, el club fue heptacampeón, desde 2001 a 2008. En ese tiempo, parió y vendió jugadores a alto costo: Eric Abidal, Karim Benzema, Florent Malouda, Mahamadou Diarra y Michael Essien. En el medio, contrató y terminó peleado con Lisandro López. Su éxito no se reduce al masculino. En 2004, apostó por el fútbol femenino. Un visionario. Adquirió el Lyon FC. El resultado es abrumador de solo oírlo: 31 títulos, 7 Champions League y un presupuesto de 15 millones de euros anuales. 


François Pinault no sólo es francés sino que cumple con todos los arquetipos imaginados. El holding Artémis invierte en arte, vinos, joyería, comida y perfumería. En 1998, en una transversal, asomó al fútbol. Compró el Rennes. Fue una manera de juntar sus tres pasiones: los cuadros, la bebida y la pelota. Aunque su principal activo es ser uno de los grandes accionistas de Puma. Ocupa un rol en el universo comunicacional desde su revista Le Point. 

Su colección artística nuclea diez mil obras. Abundan los Mondrian, los Picasso y los Man Ray. Es un jugador del mercado: es el mandamás de la casa de subastas Auction House. Posee dos prestigiosos museos: el Palazzo Grassi de Venecia y el Bourse de Commerce París. 

Según Transfermarkt, de los diez futbolistas más cotizados de la Ligue 1, hay ocho que son del PSG. Uno de los dos intrusos es Eduardo Camavinga. Un mediocampista de 18 años nacido en Angola por el que el Real Madrid anda enloqueciendo. Brota el principal activo del Rennes y está valuado en 55 millones de euros.

Loulou Nicollin era un personaje muy popular en Francia. Falleció en 2017. Su cuerpo era gigantesco, pesaba 130 kilos y adoraba cambiar su peinado de partido a partido. Un día se tiñó con los colores de sus amores. La segunda característica que lo tornó notorio es que coleccionaba camisetas. Cada vez que jugaba su equipo, el Montpellier, bajaba a los vestuarios visitantes a pedir que le regalaran una casaca. 

Su fortuna la había hecho con la basura. Se lanzó como una pequeña flota de camiones hasta terminar con plantas de reciclaje. Una industria muchas veces bajo la lupa. Situación de la que no pudo escapar. En varias oportunidades tuvo que declarar en la Justicia debido a su relación con las licitaciones del Estado. El 70% de sus ingresos provenían de sus servicios públicos. Terminó manejando casi todo el mercado en Francia. Nada lo hizo más feliz que la noche de 2012 en que sus jugadores vencieron al Auxerre y obtuvieron la Ligue 1. Su familia heredó la institución.

Said Chabanne es franco argelino. Estudió ingeniería en alimentos. La rompió al diseñar una cadena de embutidos para los habitantes de origen magrebí en París. Lo echaron argumentando que era demasiado urbano y carecía de procedencia campestre. Se lo tomó a mal. Se reconvirtió a un especialista en la industria del etiquetado. En 1999, ya con bastante más que ahorros bajo la alfombra, compró la marca que lo había expulsado. Cosnelle ofrece fiambres exquisitos. 

En 2011, decidió probar suerte en el fútbol y compró el Angers. Así como nunca diversificó su negocio, optó por la misma lógica en la pelota. Desde su arribo, puso al frente del equipo a Stéphan Moulin y jamás lo echó. Una década con un entrenador que mutó en manager y lleva las riendas de la institución.

Chabanne hace un año que está investigado en la Justicia. Una de sus secretarias lo acusó de violación. Otras de manoseo. Al momento, no figura suspendido de su cargo. Pero no puede circular sin custodia policial.

Jean-Pierre Caillot se comporta como un bravo actor de la política francesa. Partió como emprendedor de taxis. Ahora lidera una empresa de transporte que circula por nueve regiones del país. Obviamente, está bajo la lupa hace años por la cantidad de licitaciones que fue obteniendo. En el medio, compró el Reims. Espacio que utiliza para ladrarle al presidente Emmanuel Macron. Su último pedido fue que eximiera a los clubes de abonar cargas sociales: “Estoy lanzando un SOS. Esto es un imperativo al gobierno”.

La pandemia golpeó mucho a la entidad. Pese a que empezó a escasear el dinero, proponían que la Ligue 1 no siguiera jugándose. Lógico. Bernard González, médico histórico de Reims, se suicidó tras recibir el resultado positivo de su test de Covid-19.

“Somos todos primos”, narra jocosamente Denis le Saint. La cabeza visible de la Fundación que administra el Brest construyó su fortuna en un negocio familiar. Largaron distribuyendo productos frescos alimenticios. Hasta instalarse con el centro del mercado de vegetales de Francia. De simples repartidores al engranaje insalteable para que un tomate arribe a cualquier parte. Su facturación anual de 550 millones de euros es una demostración de su poderío. Fue de los dirigentes que abogó por el final de la Ligue 1: “El fútbol no está ni en el primer, ni en el segundo, ni en el tercer escalón de intereses en este tiempo de la historia”.  

Un euro. A Mark Keller no le implicaba demasiado capital. Era comprarse un problema. Un sentimiento es algo ingambeteable. En 1991, se vistió como futbolista del Racing de Estrasburgo. En 1995, hizo historia y ganó la Copa Intertoto. Su carrera prosiguió en Inglaterra. Estuvo muy cerca de formar parte del plantel campeón de Francia 1998. En 2003, tras retirarse, asumió el cargo de director deportivo. Antes de que explotara todo.

La corporación IMG puso los pies en la institución en 2005. Keller se concedió un descanso. El corredor de bolsa Alain Fontenla aterrizó con una sed desesperada de comprar al Racing. Lo hizo, se mudó a Londres, lo abandonó, quebró y en 2011 el club cayó a la quinta división. Nadie quería agarrarlo. Keller lo adquirió por un euro. Su esposa, presidenta de la asociación de futbolistas mujeres de Francia, lo apoyó fervientemente. Seis años después recuperó su lugar en Primera. Orden, fútbol y progreso.

“Para asegurar la continuidad del club, hemos confiado a un banco de renombre la misión de seleccionar al mejor inversor”, la declaración apareció en forma de carta en la web del Saint Etienne. Bernard Caiazzo, principal accionista y presidente, lanzó esas palabras este año. Aspira a desprenderse de la institución que adquirió en 2004.

Caiazzo es un histórico del fútbol francés. Su multiplicación se dio a partir de la inversión en el área de marketing de diversos clubes. Comercializó durante un tiempo las vallas publicitarias del Parque de los Príncipes, donde juega el PSG. Se mudó a Marsella para comercializar publicitariamente a la institución. Con una condición deportiva que lo consagró de rebote: su etapa de mayor poder fue la temporada 1992/1993. Ese año, tras vencer al Milan, el Olympique obtuvo la única Champions League de un club francés. Su conocimiento de tantos clubes le dio el rol de representante patronal en las discusiones con el sindicato de jugadores. Ahora, agotado, quiere dar un paso al costado y retirarse del Saint Etienne.

“Puedo asegurar que Cristiano Ronaldo no jugará en el Lorient”. Loïc Fery es un jocoso dirigente del fútbol francés. Siempre ha rodeado a la pelota. Pasó por las gestiones del Niza, del Grenoble, del Nimes y del Sheffield United. Ese no es su principal engrosador de arcas. Es dueño Chenavari, una financiera que comenzó con peso en Francia, migró hacia Londres y actualmente define parte del destino de la guita de Hong Kong. 

Multinacionales

Durante la semana en que Messi envió el burofax, las oficinas del Manchester City no estaban con la cabeza puesta en el astro argentino. Al City Group, el mayor conglomerado de la pelota, le caía un meteorito con forma de 10. Tenían que, de repente, resolver una ingeniería financiera que les permitiera incorporar al crack sin tener problemas con el Fair Play Financiero. La novela murió rápido. Ferrán Soriano, director, estaba en Francia, colonizando Troyes.

Se convirtió en el décimo club de la escudería. De New York City hasta Yokohama City. De Melbourne City a Toque City. La cadena quería aterrizar en Francia. Era una plaza cotizada y Troyes fue una opción que emergió desde la Ligue 2. El éxito les ocurrió velozmente y a la temporada siguiente ascendieron.

Si la Ligue 1 finalizara hoy, el PSG podría ir a un desempate con el Clermont. Con una diferencia sustancial: el club de París dispuso de un salario de 35 millones de euros anuales para Lionel Messi mientras que la institución de Auvernia fue comprada en 2019 por tan sólo 4 millones de dólares.

El proyecto de Clermont está encabezado por el suizo-alemán Ahmet Schaefer. “No vengo a hacer una revolución”, aclaró, en un francés que sonó muy poco fluído. No se trata de un astronauta de la pelota: fue secretario de Joseph Blatter en la FIFA. Cuando el expresidente fue detenido por las llamas del FIFAGate, armaron un grupo económico con tres clubes. El trinomio lo completan el Austria Lustenau y el Vendsyssel de Dinamarca. Su objetivo es emular al City Group y sostener un modelo deportivo que se adapte a distintos países.  

El mercado de pases de propietarios también existe. El Lille es el último campeón de la Ligue 1. Lo extraño es que su dueño, Gerard López, transfirió el equipo cuando el triunfo arrancaba a gestarse. La razón: una montaña de deudas. Unos 225 millones de euros eran reclamados por el fondo Elliot Management (en criollo, los fondos buitres). Ahora el timón del club lo maneja Oliver Letang, presidente del PSG entre 2012 y 2017. Detrás suyo está Merlyn Partners, una especie de filial del JP Morgan.

En el amanecer de temporada, el fondo estadounidense King Street informó que no invertiría un dólar más en financiar al Girondins de Burdeos. Se especuló con la desaparición de la entidad. Ni lerdo ni perezoso, López, empresario con origen en Luxemburgo, líder del equipo Lotus de Fórmula 1, adquirió la institución. Un nuevo comienzo. Un nuevo final. O el caso de un grupo capaz de generar el problema para construir la solución.

Pizza post cancha

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Esto fue todo.

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Abrazo grande,

Zequi

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Soy periodista desde 2009, aunque pasé mi vida en redacciones con mi padre. Cubrí un Mundial, tres Copa América y vi partidos en cuatro continentes diferentes. Soy de la Generación de los Messis, porque tengo 29 y no vi a Maradona. Desde niño, pienso que a las mujeres les tendría que gustar el fútbol: por suerte, es la era del fútbol femenino y en diez años, no tengo dudas, tendremos estadios llenos.
@zequischer

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