Off the record

Oportuncrisis

El resultado del domingo fue un impacto del que el oficialismo aún busca razones. “Hay que fortalecer al gobierno”, la frase más repetida por los socios fundadores. Qué piensan Alberto y Cristina de los cambios en el gabinete. Los motivos de la derrota y la posibilidad de salir de la letanía.

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El resultado de las elecciones dejó varios aspectos sujetos a interpretación, pero -al menos- una certeza: la sociedad votó contra el gobierno. Si en el despido fallido de Federico Basualdo el oficialismo había llegado al límite de su disfunción, lo que ocurrió desde ese episodio hasta el domingo fue el deterioro permanente de la convivencia política de una coalición cuyos socios principales se recelan, el Presidente no logra acomodarse al papel que le tocó cumplir y un gabinete que se parece demasiado a una cooperativa de ministros donde la coordinación “ocurre” de manera espontánea. El Frente de Todos se subió a un tobogán el 12 de agosto de 2019 y terminó ayer en el arenero.

Para Alberto Fernández la situación es compleja por una decisión inicial de campaña: la de plebiscitar su gestión y acompañar a sus candidatos en los diferentes distritos. Los números en Formosa o Santiago del Estero -donde sus gobernadores orillan resultados muy superiores a los del domingo- pone de manifiesto que el rechazo fue generalizado. La elección de Victoria Tolosa Paz y Leandro Santoro depositaba previamente la elección sobre las espaldas de un Presidente que asumió tácitamente la responsabilidad al ser el único orador en el búnker peronista. En el Frente de Todos pasaron de disputar quién se apropiaba de un potencial triunfo en la Provincia de Buenos Aires a dejar huérfana a la derrota.

Sin embargo, creer que la paliza fue exclusiva responsabilidad de Fernández sería un error grosero para la coalición oficialista. Si bien es cierto que Cristina Fernández de Kirchner advirtió al menos tres veces en público sobre la falta de resultados de la gestión nacional, también lo es que sus impugnaciones o indultos a diferentes decisiones ministeriales generaron un marco de indefiniciones exasperantes. Cristina es la dirigente política más importante de la Argentina, la hacedora del triunfo peronista en 2019 y co-responsable como accionista minoritaria de la desautorización de Alberto Fernández. Todo junto. Se edifica un problema extra que debe estar evaluando la vicepresidenta: un tercero se está consumiendo su capital político mientras ella no maneja el joystick de las áreas más sensibles de gobierno aunque la prensa narra que sí. Todo costo. Hay un dato que se impone: sola, con un sello que armó en 48 horas y la persecución judicial más feroz de la que se tenga memoria a un dirigente político en democracia, Cristina sacó 700 mil votos más en las PASO de 2017.  

“Hay una injusta valoración del trabajo del gobierno en la pandemia y una justa valoración del trabajo del gobierno en lo económico”, dicen en el kirchnerismo. El destinatario de las críticas es Martín Guzmán. “Muchas veces los dirigentes se enamoran de los números de la macroeconomía, pero se olvidan de la microeconomía: del hombre y la mujer común que andan todos los días yugando para salir adelante”, había dicho Máximo Kirchner en Bahía Blanca. La suba de precios, la caída del salario real y el fallido aumento de tarifas son parte del reclamo K desde hace casi un año cuando CFK y el ministro de Economía discutieron por la decisión de discontinuar el IFE con el argumento que ese ingreso terminaba en el dólar blue.

Sin embargo, y a pesar del fastidio, el kirchnerismo no reclama el lugar de Guzmán aunque sugiere que debe circunscribirse al tema deuda y el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. El principal señalado por Sergio Massa es el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, a quien el Presidente de la Cámara de Diputados convidó a retirarse de una conversación con Alberto, CFK y Kirchner el domingo a la noche en el centro C. El Presidente, por su parte, le aseguró a uno de sus ministros que no va “a entregar a Santiago o a Matías”, en referencia al ministro de Desarrollo Productivo, otro de los apuntados por los socios de la coalición. “Con esa lógica también deberían pedir que Kicillof o Alicia hagan cambios en el gabinete”, decía ayer uno de los inquilinos de Casa Rosada. Al margen del análisis sobre el resultado, al vocero le andaba mal el clipping: Alicia Kirchner le pidió anoche la renuncia a todos sus ministros.

Consultado sobre la derrota, Cafiero replicó un análisis bastante repetido en los medios, encuestadores y analistas más cercanos al gobierno. Los oficialismos fueron, tras la pandemia, mayoritariamente derrotados. Facundo Cruz, en Cenital, puso en cuestión aquel dato. Los oficialismos, en pandemia, ganaron más de lo que perdieron. Lo hicieron en tres de cada cuatro elecciones celebradas. El dato merece un matiz, que favorece el análisis del jefe de Gabinete y de los politólogos a los que escucha. En las Américas, la situación de quienes gobiernan es mucho más incómoda. 

En Estados Unidos, Chile, Perú, Bolivia y Ecuador, las elecciones presidenciales arrojaron victorias opositoras y panoramas complejos. En Colombia y Brasil, el día a día es de grandes dolores de cabeza para Iván Duque y Jair Bolsonaro, cuyo respaldo popular es escaso y declinante. En América del Sur, apenas Luis Lacalle Pou, del otro lado del Río de la Plata, parece estar holgado. No es casualidad que la pandemia haya golpeado a la región con más severidad que a cualquier otra.

La tentación de hacer de la dificultad destino, aun fundada, es un exceso autoindulgente. En junio, México tuvo sus propias elecciones de medio término. La coalición oficialista que encabeza Andrés Manuel López Obrador superó a la opositora, además de que MORENA -el espacio del Presidente- fue, con mucho, el partido más votado. Que la narrativa de los medios haya enfatizado que la oposición impidió a AMLO alcanzar los dos tercios no debería opacar los datos. La gestión de la pandemia en México, tanto en número de fallecidos como en aumento del gasto público y la asistencia estatal cuenta al país entre los que peor respondieron. López Obrador, sin embargo, tuvo una fortaleza evidente. En un México en que la novedad política era su propio liderazgo, no permitió nunca que su conducción fuera puesta en duda y logró ser algo más que la prenda de unidad de la oposición al viejo orden  político, del mismo modo en que Lacalle todavía parece ser algo más que la unidad de la antigua oposición al Frente Amplio.

En los mercados extranjeros reina el interrogante sobre la fórmula que elegirá el gobierno para salir adelante. Si bien descuentan que vendrán rápidas medidas e intervenciones de aquí a noviembre, los informes de las consultoras y los medios internacionales especulan, sin demasiados elementos, sobre una eventual moderación o radicalización del gobierno. Todos coinciden en algo: el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional enfrenta más dificultades hoy de las que enfrentaba el viernes. Un detalle que pasó desapercibido tiene que ver con quién es el nuevo director para el Hemisferio Occidental del organismo, encargado del trato cotidiano con el país: será el banquero brasileño Ilan Goldfajn, quien fuera designado como presidente del Banco Central de Brasil por el gobierno de Michel Temer apenas consumado el golpe palaciego contra Dilma Rousseff. 

Aquel gobierno ensayó una respuesta a la crisis brasileña en línea con la vieja mirada del Fondo Monetario con la que la directora gerente, Kristalina  Georgieva, marca cada vez que puede sus diferencias conceptuales. Los resultados son elocuentes. Aun antes de la pandemia, Brasil producía menos que en 2011 y, como una Argentina sin Fondo, no había superado su década perdida.

Si los motivos de la derrota del peronismo son económicos y, en parte, producto del humor social provocado por la pandemia, las chances de volver a recuperar a ese electorado de cara a 2023 no son pocas. Más pesimista debería ser el oficialismo frente a las generales de noviembre aunque según trabajos que circularon por su comando de campaña dos tercios de los ausentes eran votantes del gobierno.

La oposición mantiene un 40% de voto legislativo desde tres elecciones. Parece ser más sólida en la representación del antiperonismo que el kirchnerismo o el pan kirchnerismo en la del peronismo. Esa solidez es fundamentalmente identitaria: la mayoría de los votantes opositores se definen como tales por el rechazo aunque el domingo se dio un resultado singular, por ejemplo, en la tercera sección electoral donde JxC pasó de perder por 36 puntos en 2019 a hacerlo por menos de 10 en estas PASO. El kirchnerismo necesita que le ayuden a imaginar nuevos horizontes. A veces quienes pueden hacerlo no lo empujan con suficiente énfasis por miedo a parecer desleales. La verdadera deslealtad es dejar de pensar. El Presidente, por su parte, puede elegir entre formar un gabinete potente que lo saque de a poco del pantano, voluntariamente, en diálogo y escucha con otros sectores, o hacerlo corrido por la opinión pública y a los ponchazos como hizo Macri. De esta última experiencia ya todos conocemos los resultados.

Bonus track

  • El desglose de los números en los barrios vulnerables de la Ciudad suscitó preocupación en el oficialismo local que vio cómo en las comunas 4 y 8 el economista libertario obtuvo votos que en otras elecciones fueron del peronismo. Temen, también, que pueda jibarizar a López Murphy y quedarse con una porción importante de los votos del ex ministro lo que alejaría a Vidal del 50% que necesita Larreta para consolidarse.

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Iván

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Soy director de un medio que pensé para leer a los periodistas que escriben en él. Mis momentos preferidos son los cierres de listas, el día de las elecciones y las finales en Madrid. Además de River, podría tener un tatuaje de Messi y el Indio, pero no me gustan los tatuajes. Me hubiera encantado ser diplomático. Los de Internacionales dicen que soy un conservador popular.
@ischargro

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