Burofax

Mujeres en Twitter

Hablé con tres mujeres que sigo y leo en Twitter sobre cómo es ser mujer y estar en esa red social.

Hola, ¿cómo estás? 

Yo tuve unas semanas movidas, y por eso no salió Burofax hace dos viernes. Tuve una entrevista de trabajo, lo cual implicó que yo hablara mientras otra gente me escuchaba. También tuve que negociar mis condiciones laborales, lo cual significó intentar hacer valer mi trabajo. Por todo esto, llevo dos semanas pensando y conversando (más de lo usual) sobre ser mujer y ocupar espacios. 

En el documental Knock Down the House (en Netflix), que sigue a candidatas demócratas en elecciones locales, una muy joven Alexandria Ocasio-Cortez se dice cosas a sí misma antes de ir a un debate con el otro candidato demócrata (un señor grande y con años de carrera). Acá podés verlo (qué cosa linda la interné, alguien puso el documental en su compu, filmó el pedacito con su teléfono y ahora lo tenemos a disposición), pero te lo cuento. La escena muestra a Alexandria preparándose y para eso se dice a sí misma: “Yo puedo hacer esto. Tengo la suficiente experiencia para hacer esto, tengo el conocimiento suficiente para hacer esto, estoy lo suficientemente preparada para hacer esto, soy lo suficientemente madura para hacer esto, soy lo suficientemente valiente para hacer esto. Todo el tiempo él va a decirme que no puedo hacer esto, que soy pequeña, que soy joven, inexperta”. Alexandria mueve los brazos como alejando esas malas energías. 

Hace dos años estaba en una conferencia, presenté mi trabajo, presentaron los demás, hubo una ronda de preguntas del público, empezamos a contestar y yo iba un minuto hablando (de los dos que teníamos cada uno de los panelistas) cuando un señor del público me dijo: “Jimena, ¿podés terminar? Hay poco tiempo y yo quiero escuchar al resto”. Me callé. El señor al día siguiente me mandó un mail diciendo que había sido un gusto verme, lo cual posiblemente fuera un pedido de disculpas. Pero la situación fue la que fue: yo estaba hablando, en mi panel, sobre mi trabajo, en el tiempo que me correspondía, y a un señor le pareció que yo estaba hablando mucho y le pareció correcto decirlo en voz alta. 

En el libro The Silent Sex: Gender, Deliberation, and Institutions les investigadores Christopher Karpowitz y Tali Mendelberg cuentan que las mujeres ocupan hoy muchos más espacios que antes y sin embargo hablan menos. Arrancan con este dato precisamente para derribar la idea de que para la equidad lo que hay que hacer es poner más mujeres en lugares. El libro muestra que aunque haya más mujeres, incluso aunque haya más mujeres que hombres (en la universidad, en el trabajo, en una reunión política), las mujeres siguen ocupando menos espacio. La evidencia que presentan proviene de encuestas, etnografías y experimentos, y muestra que, en clases, las mujeres participan menos que los hombres. En el trabajo, las mujeres son menos proactivas, y ocupan menos espacio de liderazgo. En la política, habrá mujeres y hombres en un recinto, y las mujeres hablarán menos tiempo, y si hacen una pregunta y les responde un hombre, el hombre dedicará menos tiempo a responderles a ellas que a ellos. 

Entonces, que haya más mujeres en estos espacios ayuda a que las mujeres estén más representadas, pero no es suficiente. ¿Por qué? Karpowitz y Mendelberg  dicen que las reglas del espacio importan porque esas reglas generan ciertas normas. En otras palabras, la discusión es un acto de comunicación y está gobernada por normas implícitas pero poderosas.

Quizás ya te diste cuenta adónde voy: a la participación de las mujeres en Twitter. Un espacio de discusión donde hay algunas normas explícitas y muchas implícitas y donde esas normas moldean fuerte el debate. Hablé con tres mujeres que sigo y leo, Eugenia Mitchelstein (@ugemitch), Sol Prieto (@holasolprieto)  y Tamara Tenenbaum (@tamtenenbaum), sobre su experiencia en esa red social.

¿Twitter es la sociedad?

Ya he citado aquí esa entrevista en la que, cuestionado por la violencia que hay en la red social que él creó, Jack Dorsey dice que Twitter es simplemente la sociedad. La sociedad es violenta, ergo, Twitter es violento. Pero eso, de modo bastante claro, no es así. Ya lo dije, lo vuelvo a decir: Twitter está diseñado, moderado, etc. y moldea tu comportamiento en un sentido específico. 

Eugenia Mitchelstein, profesora del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de San Andrés, nos aporta datos de por qué la red y la sociedad no son lo mismo: “Twitter es una pequeña parte de la sociedad. Según una fuente solo el 14% de les argentines están en esa red y según otra el 23%, y ese porcentaje está en baja”. ¿Es ese porcentaje una muestra representativa del total? Eugenia cree que no. “Creo que quienes usan Twitter están muy interesados en política, y quienes están muy interesados en política suelen tener preferencias políticas marcadas. Es como si hubiera una red social de fanáticos del fútbol. Difícilmente dialogarían socráticamente sobre los méritos de River o Boca para ser campeones”, me dijo.

Además, Eugenia hace referencia a algo clave, el diseño de la red, cosa directamente relacionada con los planteos de Karpowitz y Mendelberg sobre cómo las reglas moldean la discusión: “Twitter está diseñado para intercambios  cortos (140 caracteres originalmente, 280 ahora) en los que las replies tienen el mismo status que los posteos originales (cosa que no pasa en Facebook o Instagram por ejemplo) y en los que se puede citar a gente que no seguís (siempre y cuando no tenga candado). Me pregunto si no es por esas características que en Twitter nos congregamos este tipo de personas -interesadas en política, con opiniones fuertes y ganas de discutir-”.

Eugenia aquí plantea que el diseño atrae a un cierto tipo de gente, pero también es posible que funcione de otro modo: esto es, ese diseño cambia la manera en que actuamos. 

Sol Prieto, que se presenta como feminista y target frecuente del ataque en redes (algo de lo que puede dar fe cualquiera que la siga), cree que de ningún modo Twitter es la sociedad (“afortunadamente”, acota). Ella plantea algunas dinámicas particulares de la red. Una, las posibilidades de “coordinación”. Esto es la posibilidad de organizar ataques contra alguna persona. Dos, la simbiosis entre medios y Twitter: muchos periodistas en la red alimentándola y muchos medios sacando cosas de la red alimentándose. De acuerdo a Sol, “esto tiene pésimas consecuencias para el debate público en Argentina: la agenda es súper porteña, ABC1, y en mi opinión, demasiado sobregirada y desvinculada de las preocupaciones de las mayorías”.

Tamara, escritora y una persona que pasa mucho tiempo en internet, también habla de las reglas y las formas de interacción que habilita Twitter. Me dice: “Twitter para mí es una especie de intermedio entre una conversación de café y un blog, digamos: te permite escribir y articular argumentos de forma más prolija que en el café (aunque se use decir 'esto es Twitter' para decir 'acá solo se dicen boludeces', en un hilo de Twitter se pueden articular buenos argumentos que pueden organizar buenas discusiones, y a veces realmente pasa) pero a la vez tiene una inmediatez en la interacción que no tiene un blog o una columna”. O sea, pienso y hablo en Twitter de un modo específico. Ella también habla de otra cosa que para mí es de las más atractivas de la red: la gente con la que te cruzás. “Por supuesto, también amplía el rango de gente con la que te vinculás: yo tengo ‘amigos de Twitter’ con los que converso hace años, que nunca me crucé en la vida real y me abren mundos: por eso digo que es un gran lugar para pensar el presente por fuera de tu círculo inmediato, también porque me permite ver discusiones entre personas con posiciones políticas muy distintas a la mía como espectadora, gente que por razones socioculturales yo quizás jamás me cruzaría. Eso es lo bueno”, asegura.

¿Y lo malo? No hace falta pensarlo mucho. Sigo con Tamara: “Lo malo, obvio, es que habilita niveles de violencia que en la vida real están vedados por la costumbre, por la cortesía, por el hecho de que justamente con esa gente no nos cruzamos en ningún ámbito. Yo creo que puede ser muy nocivo, pero a la vez, bueno, es necesario. Igual eso es básicamente lo que pienso de casi todas las interacciones sociales”.

La violencia en Twitter, por género

En una edición anterior hablé de mujeres y tecnología y di datos claros sobre cómo la violencia en las redes es mayor hacia las mujeres. Converso con ellas tres sobre esto. 

Sol me dice que cree que hay dos motivos detrás de este fenómeno. Uno, que ella califica de estructural, es “correr a las mujeres de la palabra pública, siempre” (y así volvemos al libro del principio) a lo que se suma lo específico de la red. Pero Sol es clara: “Tanto dentro como fuera de Twitter, una mujer recibe más ataques por expresar lo que piensa que un varón; una mujer que comparte cosas sobre política y/o economía, recibe más ataques; si detenta algún tipo de credencial académica, más ataques; si no se orienta de alguna manera a cumplir con ciertos parámetros estéticos, más ataques; si la identifican como ‘pobre’ (y racializada), más ataques; y si se orienta más hacia la política del ‘campo popular’, por denominarlo en un sentido bien, bien amplio (que va desde Biden hasta Evo Morales pasando por el peronismo), más ataques. Estos ataques están concertados la mayoría de las veces de manera explícita (tipo las llamadas ‘cibertropas’) o implícita (a través de redes informales de amigos/as).”

Tamara me revela su intuición sobre esto: “En general, los varones se sienten ‘con más derecho’ a hablarte de cierta manera si sos mujer, y más aun si sos joven. Una que me pasa mucho es el paternalismo, onda ‘estás equivocada, Tam’. El vocativo en diminutivo me asesina, pero más allá de que me asesine, habla justamente de cómo funciona esto: te infantilizan, te tratan como a una nena que necesita ayuda. A un varón le pueden contestar con violencia (es internet, la violencia la sufrimos todos) pero rara vez sobrando así. Es muy difícil afirmarse en una posición de saber siendo mujer y joven, y yo tengo 32 años, no soy una nena: fui a la universidad, he vivido ya ciertas cosas, he investigado cosas, he escrito libros y columnas, no tengo 15. No quiero decir que esto me pase siempre o con todo el mundo: las cosas están cambiando, pero todavía persiste esta idea de que a las mujeres se les puede hablar así, este permiso.”

Eugenia coincide con Tamara en que a los hombres también los agreden y agrega que también hay muchas mujeres agrediendo a otras mujeres, pero marca diferencias: “Sé que -en promedio- hay menos mujeres que varones en Twitter, y tal vez eso sea por el tono habitual de conversación. Lo que sí veo es que con las mujeres hay más insultos ‘personales’, como ‘fea’ o ‘gorda’, pero eso es igual en la vida real”. Eugenia trae a colación un estudio de Nikki Usher y colegas que encuentra que, en Estados Unidos, hay más periodistas varones que mujeres en la red y que se citan y retuitean más entre ellos. Es posible suponer que esos resultados viajan bien a Argentina. También me cuenta, un poco en línea con lo que marcaba Sol más arriba, que las agresiones que ella recibe son sobre todo por opiniones políticas: “Sale mucho ‘tugo’ cuando critico algo de la administración Fernández, me parece loquísimo, ¿no podes criticar a un presidente porque lo votaste? No sé qué idea tienen de la democracia en general”.

¿Por qué estar en Twitter?  

¿Vieron que hay gente que ante cualquier cosa que una plantea dice “es así”, “no te quejes”, “si te molesta, andate” y etcétera? El otro día pensé que debe ser toda gente a la que de chiquita la disfrazaban de árbol para actos escolares, o algo igual de irrelevante. Yo no creo que debamos resignarnos a nada, y por eso les hice dos preguntas a estas tres mujeres: por qué y cómo estar en Twitter.

Ellas dijeron que todos, pero las mujeres y las minorías bastante más, nos la pasamos negociando, en la vida y en las redes. Eugenia me dice: “En eso de tener que defenderse, Twiter sí es como la vida: las mujeres recibimos comentarios sobre nuestra cara, nuestro look, etc, que no son relevantes para el argumento. Ya estamos acostumbradas”. ¿Por qué está ahí? Porque “me divierto/aprendo/difundo mi trabajo” y agrega que también recibe mucho amor y buena onda y que por eso se queda.

Tamara dice algo parecido: “Creo que es una negociación constante. Si hacemos la analogía con la vida de las mujeres en general creo que es claro: yo elijo circular de noche, elijo transitar ciertos espacios que quizás pueden ser peligrosos porque me divierten y me hacen sentir viva, pero también elijo los límites de todo eso”.

Sol me cuenta que está en Twitter por distintas cosas en distintos momentos: “Ahora más que nada lo uso para mostrar el trabajo que hacemos en la Dirección Nacional de Economía Igualdad y Género del Ministerio de Economía, pero también lo uso a veces para compartir algunas cosas sobre economía feminista y políticas con perspectiva de género en general. En menor medida, lo uso para plantear algunos debates políticos y también hacer un poquito de agitación y propaganda. Y también para hablar un poco de sociología y comentar cosas de ciencias sociales. Cuando era joven no la usaba con propósitos tan claros y perdía tiempo”. Y vuelve a la negociación: “Esto capaz suena medio antipático: creo que todas las elecciones tienen un costo; las elecciones políticas tienen un costo más alto; y las elecciones políticas que se traducen más o menos públicamente en una posición, tienen un costo más alto. Si, por ejemplo, vos formás parte de una organización, vas a otorgarle tu tiempo a esa organización, vas a trabajar por construir liderazgos, vas a contraer múltiples compromisos con tus compañeros y compañeras y con la población cuya vida querés transformar. Como persona que milita políticamente hace ya varios años, considero que que te insulte una persona que ni sabés quién es (que te diga ‘fea’, ‘lobotomizada’, o alguna de esas cosas) es un costo bajísimo comparado con los costos que se pagan en la vida analógica, y ni hablar comparado con otras épocas. Yo sé que la comparación suena medio brutal pero hace no mucho tiempo los incentivos negativos para el activismo en nuestro país eran la desaparición forzada, la tortura, la cárcel, el exilio. Ahora te ladran un poquito por Twitter algún ex funcionario macrista y, bueno, no es tan grave”.

¿Cómo estar en Twitter?  

Eugenia me dice que ella intenta no ser agresiva y mutea o bloquea a los que son agresivos. Ella tampoco, como Tamara, ve las replies de gente que no la sigue. Si alguien cita un tuit para bardear le contesta y le pregunta por qué lo hace. Dice que cuando hay agresiones (como una reciente que le pasó por tuitear una nota del New York Times sobre el abandono escolar en América Latina por la pandemia) se pone candado por un tiempo y cuando pasa lo peor se lo saca, pero me dice: “Es medio bajón usar candado también, va en contra de toda la idea de esfera pública. No tengo tantos seguidores -16 mil- pero extraño cuando me seguían 500 personas y los conocía a todos y no tenía estos líos”. 

Tamara apunta algo sobre la condición fundamentalmente caótica de la esfera pública. Si bien ella toma ciertas medidas personales (tiene “adaptadas” las notificaciones de Twitter para filtrar el bombardeo constante de negatividad, aunque de vez en cuando entra a mirar, combinando preservación y exposición), me hace un planteo más general sobre la red: “Creo que circula una fantasía de 'esfera pública seria' en la que solo opina la gente que sabe y que respeta los derechos humanos y los códigos y las autoridades y no sé qué: es una fantasía muy poco democrática para mi gusto. La única forma de que eso suceda es excluir a mucha gente del debate, y eso me parece poco atractivo y poco interesante en términos de lo que yo espero de la esfera pública, que no es principalmente la producción de saberes (hay otros ámbitos para eso) sino la participación lo más mezclada posible de todos los actores sociales, un lugar donde se debatan y se diriman ideas y preferencias de todo tipo y color y no solamente las que desde cierto punto de vista académico y progresista consideramos valiosas. Por eso no me gustan para nada los intentos de 'ordenar' el debate público restringiendo. Creo que lo mejor que podemos aportar al debate público, si queremos organizar, es articular nuestra propias ideas de la forma más clara posible y esperar que eso genere un efecto contagio: discutir con respeto sube el nivel de respeto, mucho más que restringir, al menos para mí”. O sea, predicar con el ejemplo. 

Sol me cuenta sus estrategias: “Ante la agresividad, bloqueo. Y cuando percibo que me están atacando o me van a atacar, pongo candado por las dudas. Los motivos de los ataques son muy variados, pero en general sé que me van a atacar cuando describo a algún dirigente del radicalismo o del macrismo, comento alguna política del gobierno de Macri o tengo algún tipo de reconocimiento por el motivo que sea”.

Eso en Twitter, ¿y en la vida? Sol es contundente: “Creo que no se puede cambiar nada sin combatir el machismo abiertamente, en todos los campos y sin parar”. 

Gracias por llegar hasta acá.

Un abrazo,

Jimena

PD: Desde hace meses recibo en mi casilla varios de los newsletters de Cenital, y ahora estoy (también) del otro lado. Si tenés ganas, podés colaborar con nuestro periodismo, acá. Y, si todavía no lo hiciste, te recomiendo que te sumes al canal de Telegram que lanzó Cenital.

Este es el newsletter Burofax de Cenital.
Podés suscribirte para recibirlo completo en tu correo. Es gratis.
Soy economista (UBA) y Doctora en Ciencia Política (Cornell University). Me interesan las diferentes formas de organización de las economías, la articulación entre lo público y lo privado y la relación entre el capital y el trabajo, entre otros temas. Nací en Perú, crecí en Buenos Aires, estudié en Estados Unidos, y vivo en Londres. La pandemia me llevó a descubrir el amor por las plantas y ahora estoy rodeada de ellas.
@jvaldeztappata
MÁS DE Burofax

Apoya nuestro periodismo

Si te gusta lo que hacemos, ayudanos a seguir haciéndolo.