Marti Benza: “Yo hacía videos en mi habitación mientras mis papás se separaban en la cocina”
La youtuber y conductora de Olga conversó con Emilse Pizarro sobre ansiedad, salud mental, redes sociales y cómo es crecer en internet mientras todos te están mirando.
En el año 2011, en Túnez, la policía le confiscó el carro de frutas y verduras a un vendedor ambulante. El hombre, desesperado porque perdía su único sustento, se suicidó prendiéndose fuego a lo bonzo. Sin saberlo desató la Primavera Árabe, las protestas y levantamientos populares contra los líderes autoritarios de Oriente Medio. Unos pocos meses después, Japón sufrió el terremoto y tsunami más fuerte de toda su historia.
A miles de kilómetros, en una casa de Lanús, a otra escala, que por doméstica no debe desestimarse –cuando algo es propio es trascendental– maceraba otra revolución y un tsunami hogareño:
–La primera imagen que tengo es que yo estaba haciendo videitos en mi habitación y mis papás se estaban separando en la cocina.
–¿Ellos sabían lo que estabas haciendo?
Sí, pero no me daban mucha bola en ese entonces.
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SumateOnce años, una computadora y mucho tiempo viendo YouTube hicieron a Martina Benza, Marti Benza, hija de Daniel y Silvina, argentina, 24 años, nacida en el sur del conurbano bonaerense y con más de 1 millón de suscriptores en YouTube.
–Cuando decís que estabas haciendo “videitos”, ¿exactamente qué?
Yo soy hija única: estaba el pedo y había desarrollado la creatividad por ese lado. Veía muchos youtubers, era la novedad total en mi vida. Quería ser como ellos y por eso todo lo que hacía lo grababa. Uno de los primeros que hice fue cuando me puse los brackets. Hice toda una historia de cuánto estaba sufriendo y me grababa yendo a ponerme los brackets. Nunca lo subí a ningún lado, pero lo tengo.
–¿Se lo mostrabas a alguien?
A mis papás. También hacía los videos de, por ejemplo, el cumpleaños de una amiga de mi mamá. «Felices 45, Karina”.
–“Todo lo que tenés de talentosa lo tenés de hija de puta”, dijo alguien. ¿Quién?
Lo puede haber dicho Cami Jara o Nico [amigos y compañeros de trabajo].
–Ninguno de ellos: tu viejo. Es un video que subiste vos.
Está bien –ríe sorprendida–; es muy acertado.
–¿Por qué?
Porque hago muchas cosas que a él le molestan mucho y tiene razón. Soy muy impuntual, todo lo que él no es. Él tiene que estar 15 minutos antes, impoluto. Yo siempre llego media hora tarde y desarreglada. Ese día yo me iba de viaje y él me iba a llevar al aeropuerto. Me lleva a todos lados. Mi papá es lo más. Cuando llegó yo tenía la valija sin hacer.
Viejos: quiero ser youtuber
Silvina (más conocida por el fandom de su hija por su apodo, Chivin) trabajó en varias empresas de tecnología, por lo que era común que cada tanto renovara la computadora. El descarte se lo quedaba Martina. Una de esas obsoletas, una laptop pequeña, tenía integrado el Movie Maker, un programa de edición.
–«Viejos: quiero ser youtuber”. ¿Esa charla existió?
Se fueron dando cuenta porque era lo único que hacía y de lo único que hablaba durante mi secundaria. Llegaba del colegio, me sentaba a merendar frente de la compu a ver YouTube, YouTube, YouTube. Sí fue un momento de charla cuando terminé el secundario. En marzo arranqué en la facultad pero yo no quería. Yo quería ser youtuber.
Daniel y Chivin escucharon y respondieron como todo padre criado a mantras de se ahorra en ladrillo y un título universitario te dará una vida próspera. Así que no: de ninguna manera Martina no estudiaría una carrera.
El primer video que subió a su canal fue en octubre del 2018. Era sobre su viaje de egresados. En febrero de 2019, una semana antes de comenzar las clases en la facultad, su canal pasó de 1000 a 45 mil suscriptores.
–Arranqué a estudiar y en simultáneo ese video se hizo viral, se empezó a hacer conocido y a atraer público. Y yo ahí dije, «¡Muchachos!”
–¡Tengo la carta para jugarles!
Fue el momento perfecto. Tenía que aprovecharlo, pero cuando arranqué la facu no podía hacer videos porque no tenía tiempo. Tardé como un mes para subir otro.
– ¿Qué estudiaste?
Comunicación global.
– ¿Qué es global?
En realidad se llama Global Communication. La elegí porque era una carrera en la que se podía viajar, El primer año te ibas a Chile. «Bueno, por lo menos voy a Chile”, pensé. Estuve todo ese año peleándome con mi mamá porque ella me decía que no dejara la universidad. Pero a fin de año una amiga mía de la facu, la más inteligente, una de la que mi mamá pensaba “Ay, qué qué bueno que Marti tenga esta amiga”, deja la facultad.
–¿Razones?
Se fue a otra facultad [Ríe a carcajadas].
–Pero tu vieja lo único que supo fue que abandonó la facultad.
Claro. Entonces “mamá, ella dejó…”. Yo ya tenía 300 mil suscriptores. Le pedí por favor y lo entendió. Y ahí arranqué a full a meterle a YouTube.
La vida de Marti Benza en un vlog
–Un piba, un pibe está viendo un video tuyo. El padre, la madre, le pregunta qué está mirando. ¿Qué creés que le contesta?
Creo que tendría que mostrarle. Me pasa mucho que me dicen «Mi mamá ama tus videos, mi papá ama tus videos.» Pero porque están obligados a verlos, ¿viste? Estoy en el living, en la tele del living y los padres lo escuchan y es como, bueno, capaz que se terminan enganchando. Siento que si le dicen “hace vlogs de su vida”, yo le diría a mi hijo: «¿Vos ves esa pedorrada, boludo?»
–Pero defendete, Marti.
[Ríe] Pero cuando los ves entendés un poco más, quizás te gustan.
–¿El objetivo es hacer reír?
Es contar una historia y entretener. Si encima te hago reír, genial. Me gusta que el video tenga inicio, un nudo, que pase algo, sea lo que sea y un final, que eso esté bien marcado.
–La duración promedio de tus videos es de unos 12 minutos. ¿Cuánto tiempo laburás para esos 12 minutos?
Un montón. Si tengo una idea grabo directamente la idea. Pero si es un viaje o si me voy con mis amigas a algún lado o si es “un día en mi vida”, grabo todo. Entonces al final del día puedo llegar a tener 8 horas de crudo. Ahí me tengo que sentar y ver las 8 para cortar y reducirlas a 3 para sacar 3 videos, ponele.
Después hay que editarlo
–Uy
Sí. Quien haya editado un video sabe que lleva mucho tiempo estar sentado pensando qué querés contar. Hay que tener un criterio, qué va, qué no y confiar. ¡Y la música! La música es muy importante. Paso hoooras escuchando canciones, a ver cuál va bien.
–Te escucho hablar y pienso en quien pueda haberte dicho: «Pero andá a laburar» ¿Qué contestás a eso?
Cuando lo estoy haciendo yo siento realmente que es un re laburo. El momento de la creación del video a mí me exige un montón de horas pero entiendo que no es convencional y es un laburo super privilegiado también. Entiendo la crítica. Viene más de otras generaciones.
–Puede ser difícil de entender, “son 12 minutos de cómo se cepilla los dientes”
Sí [ríe].
–¿Te cansás de explicarlo?
A veces. A veces respondo “la verdad que no laburo”. ¿Qué querés que te diga?

Estar expuesta
–El que ve tanto tu canal de YouTube como el programa (Tarde de Tertulia –TDT– hoy en Olga, antes en Luzu TV), ¿te conoce?
Hay una gran parte que sí conocen. Sobre todo porque estando expuesta tanto tiempo no podés fingir o inventarte una personalidad. En vivo sos como realmente sos. En mis videos de YouTube sí puedo “fingir” un poco porque grabo todo, mis amigos tenían la tranquilidad de que pueden decir cualquier cosa y después en la edición lo que no va, algo por lo que nos cancelarían, lo saco. Pero a la vez, como en la vida real, pensás que conocés a las personas y en realidad hay toda una parte de la que no tenés ni idea.
–¿Algún comentario que recibiste te hizo repensar? Onda: «Ay, no me gusta la frente»
¡Las encías! Todos dicen, «¡¿Qué le pasó en las encías a esta chica?! ¡Tiene gingivitis!” Te juro que no tengo gingivitis. Son así, no me duelen. Están bien, están sanas.
–Vos te lo tomás con gracia, pero a otro le pueden cagar la vida
A veces veo fotos y digo, «Uh, yo entiendo por qué lo dicen» [ríe]. A veces me sorprenden a mí misma mis encías. Si viera una foto de una mina con esas encías diría “¡Qué grandes!”
–¿Pero le comentarías?
No, ni en pedo. Los comentarios sobre todo en redes sociales todo el tiempo te invitan a cambiarte. Antes de venir para acá estaba viendo videos de gente que se pone ácido hialurónico en la cara y pensaba “qué loco”. Que cada uno haga lo que quiera, pero siento que nunca podría hacerlo. Aunque pensé mil veces en cortarme las encías. Existe la operación. Y después pensé que dejaría de ser yo.
–A Aimee Lou Wood, la actriz de la serie The White Lotus, le dan con un caño porque tiene las paletas separadas. Ella refuerza que es su identidad.
Total. Además siento que es una cosa que empezás y no parás. Toda la gente que vi que arrancó con el ácido hialurónico cada vez se pone más. Me da miedo. Capaz que me meto y no freno.
–¿Pero a los 40? ¿Quizás te tirás un pinchazo?
Creo que no. Mi mamá a los 40 se inyectó los labios y para mí fue: «¡¿Qué hiciste?!”.
–“¿Dónde está mi vieja?”
Literal. Le dije que por favor no lo volviera a hacer. Lo hizo un par de veces y yo cada vez que lo hacía le pedía que dejara de hacerlo. Frenó.
–¿Te dijo por qué lo hizo?
Quería probar. Nos cagamos de risa. Fue un gran momento familiar: lo hizo sin avisarnos. Un día llegó con la boca así [lleva su mano a centímetros de los labios sosteniendo una manzana invisible]. No sé si puedo decirlo acá, pero dijo: “Me picó una chota».
–Creo saber de dónde viene tu humor.
Con mi papá nos quedamos en shock.
El camino elegido
–“¿Vieron que ser youtuber estaba bien?” ¿Hablaste de eso con ellos?
No, ellos lo entendieron. Pero aparte yo entiendo lo de estudiar y nunca cerré la puerta. En un futuro me gustaría estudiar algo.
–¿Una carrera convencional?
Sí.
–¿Alguna pista hacía dónde ir?
Me gustaría algo de cine, psicología, me gusta historia también. Más que nada para tener una herramienta más.
–Tu vieja es psicóloga, ¿no?
Sí. Re de grande estudió. Ella se recibió a los treinta de Marketing y después cuando yo terminé el colegio se recibió en la facu de Psicología, en 2018.
–Estaban estudiando a la par
Ella estudiaba, yo me rascaba el culo. Ella es muy estudiosa.

–Fuiste a sacar la licencia de conducir y se complicó. Te pidieron más cosas que a muchos. Algo que pasa mucho.
¿Sí?
–Sí.
En el momento de la entrevista dije que estaba tomando medicación. Me dijeron que tenía que llevar un certificado. Le cuento a mi psiquiatra y me hace el certificado. Lo entrego y me piden su teléfono. «Pero qué pasa, por Dios. Hay abuelos de 90 años manejando en la calle. Mi psiquiatra habla con esta persona que le dice «Sabemos que Martina es una figura pública, vimos un par de cosas que subió…» . ¿Esto es legal?, pensé. Tuve que volver a hacer el psicotécnico, me hicieron todos los tests que había.
–Te dibujaste en la lluvia. ¿Cómo te dibujaste?
¿Podés creer que dibujé un chabón?
–¿Te hicieron alguna referencia a eso?
No me dijeron nada. Mi mamá me dijo «¿Te dibujaste como un hombre?». Yo: Capaz soy [ríe]
–En mi época –tengo más de 40–, tener 11, 12, 13 años y sentir que te gustaba una piba era un garrón. ¿Cómo se lo digo a mis viejos? ¿Qué te pasó la primera vez que sentiste “me parece que me gusta y es una chica”?
La primera chica que me gustó fue a mis 13, 14. Nunca lo asumí. O la odiaba o me enojaba. En mi entorno, en mi colegio, no había ni un gay, no había una lesbiana declarados. Lo tenía muy tapado. De más grande sí tuve momentos lésbicos.
–Escarceos
Escondidos, en el fondo de mi mente, escondidísimo.
–¿Pero solo en tu mente o hubo contactos?
Hubo, pero era el mayor secreto de mi vida.
–¿Lo sentías como algo que estaba mal?
Sí. Culpa. ¿Qué estoy haciendo?
Una ola bien grande
Mientras cursaba quinto año, el país vivía la mayor ola de activismo feminista. Aunque no se logró porque el Senado lo rechazó, ese año se trató por primera vez en el Congreso el proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Las imágenes de la Plaza de Mayo colmada de mujeres con pañuelos verdes dio la vuelta al mundo. “Mi cuerpo, mi decisión”. Ese año, Martina egresó del colegio secundario.
–Fue un momento de cambio total en la sociedad. Sentí que empezaba a tener más opciones. Pensé “ok, pueden pasar otras cosas”.
–Te escucho y pienso en la ESI, que debería haberte hecho todo más fácil. ¿En tu colegio había ESI?
Sí, pero la ESI en mi colegio era la banana con el preservativo.
–No se hablaba de que te podía gustar una mina, podías sentir atracción…
Era como que sí, que estaba todo bien pero nadie lo hacía. Había una sola chica en mi colegio que era abiertamente lesbiana y le hacían bullying.
–Y vos pensabas “ni loca cuento”
Claro. Me acuerdo que esa chica –hoy la sigo la sigo viendo, es una capa– tenía todas las banderas: era lesbiana, abortera, vegana, feminista.
–Abrazó todo
¡Todo! Lo hizo por todas, era la única en el colegio.
–La primera vez que pensaste: “Tener novia está bien. Besarme con una chica en la calle está bien”, ¿fue una decisión o te tomó por sorpresa?
Al principio me costó bastante. Fue con Lu y las dos estábamos en la misma. En ese sentido crecimos juntas. Un video mío se hizo viral y al día siguiente uno de ella. Fue más fácil con ella.
Lu es Luli González, Lourdes, también youtuber. Después de cuatro años en pareja, en junio de 2024, publicaron un video que hoy tiene más de un millón de vistas.
Sentadas en la cocina del departamento de Marti, Luli toma la palabra:
–Martí la está pasando como el culo y decidió pasarla peor y por eso nos separamos. Decidió no estar conmigo.
Lo que sigue es una pareja que, con una lucidez y madurez admirable, se mira de esa forma. La inconfundible: la del tierno dolor de la despedida. Así, arriban a la conclusión de que una de ellas no puede dar lo que quisiera y tampoco sostener lo que hay. Ambas de frente a cámara. Una al lado de la otra.
–“¿Y por qué lo tienen que contar en un video?”
Porque lo hicimos todo mediante videos. Desde que nos conocimos. Fue una paja igual, no queríamos hacerlo. Tardamos un montón de meses en subir ese video.
–¿Se podía no decir nada?
Pasa que también la gente ya había empezado con teorías y a conspirar. Era más fácil que lo escucharan de nuestras bocas y listo.
–¿Qué era lo que te pasaba? La que estaba embarullada eras vos
Toda la vida tuve bastantes conflictos. Me cuesta mucho estar tranquila. Soy extremadamente ansiosa.
–¿No podés no pensar en nada?
No.
–No hay calma.
No, no suelo tener la cabeza en calma, entonces me cuesta mucho pensar. Tengo muchos pensamientos rumiantes todo el tiempo que me llevan a cualquier lado. Me cuesta mucho ponerle foco a las cosas. Siempre estoy como enroscada con algo. En un momento fueron las enfermedades, después fue que le pasara algo a alguien que quiero. La primera vez que fui a terapia fue porque hacía dos meses que sentía que me estaba quedando paralítica, que tenía todo el cuerpo dormido. Yo sentía esas cosas.
–Los síntomas los tenías.
Sí. Y le decía «No puedo más. Ayudame, por favor, ¿qué hago?»
–¿Antes de eso lo hablabas con alguien?
No, cero. Empecé terapia en 2022. Lo tengo más controlado ahora pero me sigue pasando igual. Lucho mucho con mi mente en el día a día.
–¿Quién gana?
Es agotador. Es agotadora la mente. Siento que a mucha gente le pasa que capaz está todo bien y hay algo que de repente te come la cabeza diciendo “no, no está todo bien”.
–Te llevo a diciembre del 2024. Avenida Cabildo, estás en tu auto.
Fue uno de los peores momentos de mis últimos años. Había tenido ataques de ansiedad pero ese día pensé que me moría. Estaba convencida de que estaba enfrentándome a la parca. Venía con un millón de cosas internas, justo fue todo el cambio de un canal al otro (de Luzu a Olga) y también fue el día después de haber perdido la pelea.
El 19 de diciembre de 2024 en el estadio de Vélez Sarsfield se llevó a cabo un evento de boxeo. Organizado por Luquitas Rodríguez, pelearon exfutbolistas como Pablo Migliore, un exboxeador como Sergio “Maravilla” Martínez y streamers. Marti era una. Se boxeó con Federikita.
–Creo que fue demasiado para mi cuerpo. Yo sentía que no podía más y seguí igual. Ese día iba en el auto, hablando por teléfono (por Bluetooth, eh). En la conversación estaba diciendo que no daba más, que sentía no llegaba a la noche. Apenas dije eso empezaron los síntomas. De repente no podía respirar, se me había acelerado el corazón, sentía puntadas, sentía el cuerpo entumecido. Me miraba al espejo y me veía blanca, los labios blancos y empecé a sentir que se me apagaba la visión.
–Son todos los síntomas de un ataque de pánico. Quedate tranquila –decía Chivin, su mamá, al teléfono mientras la guiaba para que respirara–.Esto que te está pasando no es real. No te vas a morir, no es real, está todo en tu mente.
La mente de Martina pasaba de aferrarse a esas palabras a un recuerdo (“Ayer me cagaron a trompadas”), a una posibilidad y sentencia (“me pegaron en algún lugar de la cabeza que me hizo algo”). Al cabo de dos horas Chivin y una ambulancia llegaron al lugar. Ya en el hospital, Martina seguía sintiendo que se moría.
–Me sentí un poco más tranquila cuando me tomaron los signos vitales y estaba todo bien, pero estuve tres días ahí.
–¿Tomaste alguna decisión ahí después?
Me planteé tomarme las cosas con calma y poder hablar con honestidad todo lo que siento en terapia.
–¿Venías hablando livianito?
Es que siempre hay más, un poquito más a fondo se puede ir. Ahora estoy mucho mejor, por suerte.
–Me aniquila que todo lo contás riéndote. ¿Llorás riéndote?
En terapia me río mucho.
–¿Y llorás?
Mi psicóloga me dice, «¿De qué te reís?». No sé. Me cuesta… siempre me tomé todo así, lo saqué de mi mamá. Mi mamá me contó las cosas más traumáticas de su historia de vida cagándose de risa. Yo era chica y las anécdotas eran terribles y eran humor de primera.
–¿Será una herramienta para subsistir?, ¿pensás que estás evitando algo?
El humor es una recontra herramienta para sobrellevar las situaciones. Todos los chistes tienen un poco de verdad; el chiste manifiesta muchas cosas. Tomarse las cosas que te duelen con humor es bastante sanador.
Una habilidad inútil
–Tenés una habilidad, no se si llamarla inútil
Sí, es inútil.
–¿Querés contar qué es?
Puedo hablar al revés. Nunca investigué de dónde viene, pero desde que soy chiquita lo puedo hacer y hace años que vengo lucrando con esto. Siempre que lo hago el clip se hace viral. Funciona. Puedo decir cualquier frase.
–¿Tenés que leerlo o con sólo escuchar…?
Sí querés preguntarme y yo te respondo al revés.
–¿Cuál es tu golosina favorita?
Im anisolog atirovaf ed zilager, sajor.
[Nos reímos ambas]
–Te dije que las de regaliz, las que son rojas. Las ácidas. Tengo una adicción con esa golosina.
Y ríe, claro.