Los dos Milei: entre un FMI electoral y el espejo incómodo de Francisco

La muerte del papa expone al libertario. Dólar, inflación y desconexión del relato presidencial. Las torpezas de Karina y de Georgieva. Macri, el "capitán araña" y un ministro en retirada. CFK, Kicillof y la inseguridad en la provincia.

Ni en el instante último del adiós en el Vaticano al “argentino más importante de la historia” Javier Milei logró sintonizar con el papa Francisco. Hizo un vuelo de 11.150 kilómetros a bordo del ARG 01, pero no asistió al velorio del pontífice, algo que hicieron presidentes como el brasileño Lula Da Silva o el francés Emmanuel Macrón. Milei pudo haberse despedido de Francisco antes de que sellaran su féretro, pero no quiso o no le importó.

El protocolo vaticano contemplaba que presidentes, reyes y líderes religiosos participaran de los funerales del sábado en la Basílica de San Pedro. Antes, de haber querido, Milei podría haber tenido una despedida más íntima y cercana. Ni Karina Milei ni el canciller Gerardo Werthein se lo propusieron. El retraso en Buenos Aires por el show pagano con el extravagante Jesús Huerta de Soto fue un detalle: en Roma, el mandatario apenas salió de su suite en el Intercontinental de Vía Veneto.

El desinterés sumó otra mancha a la impericia operativa de la hermanísima. Hubo lluvia ácida sobre el entornismo de Karina y la cerrazón de Werthein. Además, hay tormentas en el micromundo libertario. Se suman a los reproches por las torpezas electorales de los “karinos” –apuntan a a “Lule” y Martín Menem por el desastre en la elección en Santa Fe y los pactos igual de desastrosos en otras provincias–, todo amplificado por supuestos pedidos de diezmos de dirigentes de La Libertad Avanza (LLA), como se contó en El Fin de la Metáfora, por C+.

“Balubi”

Desde Roma, Milei se entregó a una catarsis furiosa por las críticas sobre el viaje demorado y su ausencia en el velorio. El presidente no puede domar sus impulsos frente a las objeciones. Es notable su rabia cuando un asunto lo irrita, la humorada tuiteril de la “balubi” que entró. Los modos del libertario son conocidos, pero, con Francisco en la conversación pública, explicitan la distancia abismal que lo separa conceptual y metodológicamente del papa.

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Es un espejo incómodo que magnifica el contraste cuando se deteriora el principal activo del Gobierno: la economía real. Los festejos de Luis “Toto” Caputo son efímeros o fluctuantes: el dólar tuvo una semana de subibajas que, a datos del viernes, ubican la devaluación del dólar mayorista en 9% en lo que va del mes, debajo del cálculo de 12% que sugerían las bandas y el precio de $1250 que sugirió Economía el sábado siguiente al anuncio de la reducción del cepo cambiario.

Los precios, así y todo, tuvieron un sacudón. La inflación de abril estaría, según consultoras como EcoGo (3,5), Equilibra (3,3) y PxQ (3,2), debajo del IPC de marzo que sorprendió con un 3,7. Otras, como Analytica, la proyectan por arriba: 3,8. Todas recortaron las estimaciones. Algunas, como Ferreres, pasaron de un indicador superior a 4 proyectado hacia mayo a otro que, según Fausto Spotorno, se ubicaría en 2,5%.

Escenas del cepo salarial

El debate más poderoso es respecto al poder de compra, un triángulo de las Bermudas donde se combinan salarios, caída en el consumo masivo y expectativa política. Caputo celebró los datos del SIPA que señalan que mejoró el volumen por pago de sueldos, pero no incorporó dos datos que observó Juan Manuel Ottaviano, de CETyD (Idaes-UNSAM): en el período, hubo una caída de 2,3% en cantidad de empleos y aumentó un 5,1% la cantidad de horas extras. Traducción: los datos del SIPA, que registra pagos en la seguridad social, reflejan que se pagaron sueldos más altos, pero a menos trabajadores que, además, trabajaron más tiempo.

Veamos. Menos trabajadores que trabajan más no implica ni mejor productividad ni mayor eficiencia laboral. Refleja, por un lado, incertidumbre –o conveniencia– empresarial que frente a la necesidad de incrementar la producción optan por pagar extras, en lugar de tomar nuevos empleados. Ottaviano hace otra diagonal: ¿cómo pueden aumentar los salarios respecto a la inflación si Economía pisa las paritarias en 1/1,3% mensual por debajo del IPC? El investigador sugiere que, además del aumento de horas extras, podría haber aumentos “fuera de convenio”, que no tienen efecto distributivo y supondrían, vía bonos y demás, una gambeta a la pauta política que fija la Casa Rosada. El evolutivo que muestra “salarios-SIPA” versus paritarias es elocuente.

No pelear con la estadística

No es de argentinos de bien enojarse ni pelearse con la estadística. Eso no implica ignorar que, desde el metro cuadrado de cada uno, la percepción no coincide con los datos fríos. Shila Vilker, de TresPuntoZero, que además de sus encuestas –que nutren los estudios de, entre otros, La Sastrería y Alaska– es muy reconocida por sus estudios cualis, detectó en sus últimos focus un clima: se deteriora la expectativa y el espíritu sacrificial –“la plata no me alcanza, ya no sé qué hacer”– y aparece la desconexión entre el mundo que cuenta Milei y la vida de cada uno. Vilker habla de un desfase: el relato presidencial que enumera inflación “cero” –matemática sinuosa que descuenta la inflación de Estados Unidos, cuenta la mayorista pero no la minorista, etc–, pero los precios no paran de aumentar.

El informe de Pulso Research de abril opera en varias de esas líneas. El deterioro de la percepción de la capacidad del Gobierno para resolver la crisis económica: 48% de los consultados dice que la gestión libertaria “no sabe cómo resolver los problemas económicos”. Casi 52% de los consultados no creen en la medición de inflación que hace el INDEC. El evolutivo refleja que hace un año el porcentaje que descreía era 42%, según la consultora que dirige Juan Adaro.

Una tesis es que esas miradas no respondan a dudas efectivas sobre la medición en sí –que, por otro lado, se renovará en estos meses según anticipó Marco Lavagna–, sino que sean la expresión de que cayó la capacidad de consumo de las familias. Equilibra, de Hernán Lacunza, mide lo que llama “Ingreso disponible” –capacidad de consumo masivo de las familias después de pagar gastos fijos– y detectó que en enero subió levemente respecto a diciembre, pero sigue abajo por el aumento de servicios respecto a noviembre del 2023. Hay otro dato accesorio tan o más significativo: en el AMBA, cuatro de cada diez hogares, tuvieron que usar “ahorros” para sus gastos habituales, algo que a fines de 2023 hacían tres de cada diez hogares. Este dato debe linkearse con salarios, horas extras y paritarias.

Kristalina conducción

En la semana de despedida de Francisco, con el manto de piedad que se tendió sobre la política criolla, la novedad vino desde Estados Unidos con una insólita intervención de Kristalina Georgieva, la titular del FMI sobre las elecciones de 2025. Pidió que Argentina no “descarrile” en el camino del cambio, lo que se leyó como una sugerencia para los votantes. 24 horas después dijo que era un mensaje para el Gobierno ante la tendencia de girar en años electorales.

Todas las interpretaciones son pecaminosas e inconvenientes para la Casa Rosada. La más razonable es que Georgieva quiera que al Gobierno le vaya bien en las elecciones porque es, digamos, la CEO de una institución que tiene enterrados USD 56 mil millones en Argentina, cuestión más que suficiente –desde su lógica– para entrometerse en asuntos domésticos, electorales y de todo orden.

Fuera de eso, es una torpeza. Porque escenificó la preocupación de que –electoralmente– pueda no irle bien a La Libertad Avanza (LLA), un tema que forma parte de las intrigas de los inversores. O porque expuso las dudas de la determinación de Milei y su equipo para mantener el rumbo, quizá el principal factor que genera confianza en el exterior: el dogmatismo del libertario respecto a superávit, ajuste y pago de sus deudas en los términos que sean.

El despropósito de Georgieva es, además de todo, inoportuno en términos políticos. Francisco fue, entre otras muchas cosas, un faro ideológico sobre la desigualdad y el capitalismo salvaje que puede atribuirse sin matices al FMI. El Fondo es una institución mal vista por casi siete de cada diez argentinos. Ninguna intervención del organismo terminó bien. Lo decía Milei cuando Luis Caputo era ministro de Mauricio Macri.

El Capitán Araña

Macri, jefe del PRO, expandió su disputa con LLA más allá de las fronteras de CABA. Validó que Cristian Ritondo fuera el negociador con la Casa Rosada porque es el único dirigente que tiene diálogo con él y con Milei al mismo tiempo. Pero el expresidente, además de apuntarle a los “comprados” y cuestionar medidas de Gobierno –como el Estado de las rutas, producto de la falta de obra pública– juega otra carta: deja avanzar a Ritondo para bloquear a Diego Santilli, pero además presiona desde abajo para que haya alguna oferta libertaria.

“Cristian se metió en la rosca con Milei porque sospecha del Colo. Mauricio lo deja hacer y le pide que muestre alguna oferta de pacto, pero Ritondo no tiene nada. ¿Van a cuidar a los intendentes del PRO o les van a meter un concejal que al día siguiente se convierta en el principal opositor?”; se pregunta un dirigente. En LLA ven que Macri, con su rechazo a ser candidato, pierde volumen: “Ningún dirigente del PRO de la provincia quiere ser candidato por fuera de un acuerdo”. Y, en un giro vintage, dicen que Macri es el Capitán Araña, protagonista de un dicho sobre aquellos que exponen a los demás sin sacrificarse ellos mismos: “Macri les dice: organicémonos y vayan”.

La tensión PRO-LLA aparece mediada por una necesidad: la Casa Rosada quiere contener a los quince diputados macristas que, según su mapa de pertenencias, responden a Macri y seguirán en sus bandas después del 10 de diciembre. Los términos de acuerdo que reconstruye el jefe del PRO son leoninos. Los libertarios apuestan a que no le quede otro margen que ceder. Tienen listo, si no, el relato de que la fractura en PBA puede ser la que explique una victoria del peronismo.

Versiones sobre Justicia

Días atrás, asomó un factor extra: que el pacto LLA-PRO implique, más adelante, que referentes del partido se sumen al Gobierno en lugares relevantes. Todo ocurre en medio de versiones sobre la salida de Mariano Cúneo Libarona del Ministerio de Justicia. Circuló el nombre del juez federal Marcelo Martínez de Giorgi, quien viene de tener un delicado tema de salud. Después del frustrado desembarco de Ariel Lijo en la Corte Suprema, aparece como otro guiño al mundo Comodo Py. Hay silencio en el mundo LLA.

Se encima con otra versión que habla de un dirigente territorial al lugar de Cúneo. Lo más interesante es el nombre que no suena: Sebastián Amerio, vice de Justicia, que oficia de ministro en las sombras y que no aparece como potencial sucesor. ¿Por qué? Porque Amerio está reservado para ir a ocupar la Procuración General de Eduardo Casal. De otro modo, sería el número uno indiscutible para estar al frente de esa cartera. El recambio, como tarde, se haría después de las elecciones y no sería el único si, como muchos consideran inevitable, Patricia Bullrich es candidata a senadora por CABA.

La teoría de fusionar Justicia y Seguridad no aparece como una opción razonable, según cuentan en LLA: los que están atentos a la operatividad del Gobierno admiten que ya hay demasiada concentración, lo que no siempre es bueno para la gestión, y no ven oportuno seguir esa línea con otras funciones. Coincide con eso Axel Kicillof: hace tiempo Sergio Berni le propuso fusionar ministerios y al gobernador no le pareció buena idea.

Quizá no sea lo correcto desde lo operativo, pero en la opinión pública ambas áreas están estrechamente ligadas. Sentimientos Públicos, la consultora de Hernán Vanoli, hizo un estudio sobre inseguridad en la provincia de Buenos Aires y detectó consensos –también diferencias, pero lo notable son los acuerdos– en materia de lucha contra el delito entre votantes de espacios políticos antagónicos.

Zoom sobre la inseguridad

Son mayoritarios –más de 85%– los planteos sobre desplegar más policías en las calles y la crítica a la actuación judicial frente a la delincuencia. El consenso baja a +/- 60% sobre la baja en la edad de imputabilidad y la mayor facultad de la Policía para disparar. Se reduce a 44% los que creen necesaria la pena de muerte mientras que 70% cree que las políticas de inclusión son necesarias para combatir la inseguridad. Un 52% cree que la inseguridad aumenta a consecuencia de las políticas de la gestión de Milei, mientras que Kicillof y su ministro de Seguridad son señalados por el 45% como responsables de la inseguridad en la provincia a la vez que Milei y Bullrich, sumados, son indicados por el 44% de los consultados.

Hacer zoom sobre los matices es todavía más interesante porque aparece, por caso, un consenso entre los distintos sectores políticos (o, al menos, sus votantes) respecto a que debe existir una política más dura contra la inseguridad.

Un insumo para la campaña electoral y un factor de disputa argumental entre Kicillof y Cristina Kirchner. Este lunes, los diputados bonaerenses suspenderán las PASO de la provincia, pero quedará para más adelante la discusión sobre el calendario electoral, que el gobernador quiere adelantar por pedido de la Junta Electoral provincial, que dice que con los plazos actuales no puede organizar la elección.

Otras lecturas

Ya casi no se imprimen diarios pero se percibe como un periodista gráfico. Escribió en Ámbito Financiero, Clarín y elDiarioAr pero todavía tipea mal. A veces aparece en la tele. Nunca vivió en CABA. Padre de tres.