Las complejidades del destete: la última parada

El final de la lactancia forma parte del proceso, pero suele desestimarse: incluso en esta etapa, la sexualidad de las mujeres se minimiza y ridiculiza.

Dejar la teta puede ser por deseo o por necesidad, pero debe entenderse como una decisión. En el proceso, se actúa como un eslabón en un sistema que fomenta la soberanía de los cuerpos.

En lo técnico, el destete es a los 6 meses, cuando se introduce la alimentación complementaria. A partir de entonces, el destete puede suceder en cualquier momento.

El mejor escenario posible es un destete progresivo, porque le permite al bebé procesar ese momento. Sirve hablarle: poner en palabras, contarles que ya no van a tomar teta o que la teta no tiene más leche, validar sus sentimientos, tratar de no enojarnos si lloran, gritan, revolean algo y se muestran afectados. El rol de la persona adulta es muy importante, y debe acompañar con firmeza amorosa la decisión que se toma por deseo o por necesidad.

Y en este proceso existen varios motivos por los cuales la lactancia llega a su fin. El menos frecuente tiene que ver con la decisión del bebé y, en oposición, el más frecuente es motorizado por la madre. El motivo que se repite en loop es el regreso al trabajo remunerado de la mamá. Esta situación, sumada a la falta de políticas públicas y privadas, muchas veces hace que la lactancia sea insostenible a pesar de que haya deseo de continuar.

Declamar los beneficios de la lactancia en sí no colabora con la vida real de las madres: en la mayoría de los lugares de trabajo no hay lactarios y las mujeres tienen que extraerse la leche en los baños. Es preparar la comida en un baño.

También existen otros motivos como el cansancio que implica maternar sin red, los comentarios desafortunados del entorno, o las malas indicaciones en la consulta pediátrica.

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Que el bebé se destete solo es menos frecuente, pero, si sucede, hay que respetarla tanto como si fuera decisión de la madre.

A veces, si la mujer está amamantando y vuelve a embarazarse, los médicos indican el destete. La evidencia muestra que, en estos casos, si el embarazo no es de riesgo no hay motivo (que no sea el deseo de la mujer) para interrumpir la lactancia. De hecho, algunas mujeres practican la lactancia en tándem: amamantar a ambos bebés dándole prioridad siempre a quién acaba de nacer.

Pero, como con todo, no siempre se puede decidir. A veces hace falta interrumpir la lactancia. Lo más importante durante el proceso de destete es cuidar adecuadamente las tetas. Se recomienda aplicar los pads térmicos mamarios en frío, estimular suavemente con la mano solo lo necesario para aliviar el malestar, y, si es preciso, recurrir a analgésicos y antiinflamatorios para gestionar el dolor y la inflamación.

La leche materna no es gratis, porque no se compra en una góndola de supermercado. La leche materna se hace con la sangre de la mujer, y llevar adelante el proceso requiere de su dedicación, de sus horas, de su cuerpo, de su emoción y su mente.

No se puede asegurar que todas las mujeres puedan mantener una lactancia exclusiva, pero sí que todas van a poder destetar.


Esta nota forma parte del especial de Cenital llamado Poner el pecho. Podés leer todos sus artículos acá.

Puericultora Universitaria y Psicóloga Social especializada en el acompañamiento de la maternidad. Autora del libro #Yodoylateta.