La mirada de los otros

Un documental sobre la obra de Annemarie Heinrich resalta el valor de la documentación, conservación y la mirada un poco extranjera sobre las cosas.

I. Cuando terminó, mi amiga con la que estaba dijo: “Quería seguir viendo”. Un ratito antes yo había pensado “no quiero que se termine”. Es que Annemarie, el documental de Mariana Sanguinetti, producido por Paloma Torras (pueden consultar las funciones acá), es tan pero tan fresco, tan precioso y tan lindo y tan luminoso y agradable, y por momentos tan gracioso, que da ganas de seguir ahí. Mariana Sanguinetti, bisnieta de Annemarie Heinrich, dice en el inicio de la película, que de niña se preguntaba qué tenían de particular las fotos de su bisabuela que tanta gente las iba a ver en las exposiciones. También dijo, el día que ví la película –ella estaba ahí conversando con el público–, que recuerda de niña el velatorio de su bisabuela lleno de gente y de flores y de prensa, y que le costó entender que no todos los velatorios eran así. Otra vez algo había de particular en su bisabuela. Entiendo que esa es la pregunta que desencadena su investigación. Un trabajo que le llevó seis años, desde el primer interés, hasta el estreno de la película. Un trabajo de y con el archivo. Un trabajo, también, acerca de la transmisión familiar de un deseo.

II. Dice que se divertía mucho cuando se iba a sacar fotos con ella, que su madre decía que sus mejores fotos eran las que le sacaba ella. Subraya que “era alguien que te hacía sentir alguien”, y que esa mirada no era habitual, que esa mirada es enorme. Es Graciela Borges hablando de Annemarie. También dice, de su propia madre, que la miró amorosamente como nadie.

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III. Dice que fue su maestra, pero que no levantaba el dedo ni estrictamente enseñaba, sino que transmitía. Es Sara Facio hablando de Annemarie. Y pensé que lo que verdaderamente se aprende de otro nunca es porque ese otro nos alecciona, que lo que a uno lo marca es otra cosa, es algo de la transmisión del deseo como causa, de eso que al otro le hace algo. Alguna vez hablé acá de lo que Juan José Becerra subraya: la maestría se encuentra –no se busca, es un hallazgo– “en el deseo de entrar a un mundo exclusivo, en la electricidad que produce en el cuerpo la sensación de no saber (y el efecto retráctil de salir de allí como si uno estuviera bajo el agua), y en la pasión ya no de lo transmitido sino del transmisor que, volatilizado por el amor a lo que estaba describiendo, produjo una escena inolvidable en la que me veo como un pez mordiendo menos el anzuelo que su resplandor dorado”.

IV. Hablando de la mirada de los otros y del archivo, me gusta mucho el newsletter de Juan Pablo Mansilla que se llama Línea Documental. Me parece además muy valioso que alguien se tome el trabajo de curar los mejores documentales, y que nos podamos enterar de eso. Hoy en día es un trabajo enorme enterarse de cosas, porque lamentablemente el algoritmo nos fragmenta cada vez más todo. En una de las ediciones de Línea Documental se habla de Annemarie y Mariana Sanguinetti dice, refiriéndose al enorme archivo de Annemarie Heinrich (del que actualmente se ocupan sus hijos): «Por supuesto que no puede depender de la buena voluntad de la familia. Es una pregunta que excede el archivo de Annemarie. Es una pregunta sobre un montón de archivos que están en la Argentina. El de Annemarie tiene la suerte y la particularidad de que sus hijos son fotógrafos y saben cómo conservar ese archivo. Hay unas chicas que trabajan en el archivo y mucha gente interesada en cuidarlo. Pero no puede depender de tener la suerte de haber tenido hijos que cuiden eso. Hay muchísimas historias de archivos que se pierden o que están en mal uso. Incluso los que están conservados quizás no se ven porque es mucho trabajo el que hay que hacer. Mi postura es que el Estado se tiene que ocupar de garantizar eso porque es patrimonio cultural del país. Ojalá la película también pueda cumplir esa función de reivindicar ese reclamo, de cuidar los archivos y de armar una institución. Que no dependa de tener la suerte ni de tener que estar todo el tiempo consiguiendo dinero externo».

V. Pienso en estos tiempos en que la información, las imágenes y los acontecimientos terminan siendo efímeros y pasajeros; de cómo estamos asediados por imágenes que nos impiden mirar, quedarnos, contemplar e imaginar. Pienso que quizás por eso últimamente estuve especialmente afectada por películas que trabajan con el archivo y que constituyen, a la vez, uno. Son películas que se ocupan, también, de la memoria y del olvido: de los modos de olvidar y de recordar, de los modos de transmitir una memoria. Pienso en LS83, de Herman Szwarcbart (que desde hace un año se proyecta en el Malba), pienso en Diciembre, de Lucas Gallo (pueden consultar las funciones acá) y ahora también en Annemarie. Me doy cuenta de que quedo en un estado de emotividad muy particular cuando salgo de verlos. Y es que creo que en el ritmo en el que vivimos, nos hace falta una temporalidad distinta, la de otra mirada, la de un modo de mirar que nos posibilite también experimentar el latido de la carne.

VI. Un archivo: un lugar al que siempre se puede volver. Un lugar que también es un instante de detención del tiempo, un instante en el que el mundo deja de girar en redondo. Un archivo que, como diría Derrida, no se cierra, sino que se abre desde el porvenir. Porque la memoria no es simplemente un reservorio completo y absoluto, es una materia viva y vital. Y es que el pasado no está escrito del todo, se sigue escribiendo todavía.

VII. La mirada de los otros: un montaje que produce una verdad, el instante del advenimiento del yo como otro. Annemarie es también un documental sobre la mirada, sobre las formas de mirar y de ser mirado. Sobre la mirada de Annemarie, sobre la mirada de los otros sobre ella, sobre la mirada de Mariana Sanguinetti sobre Annemarie Heinrich, pero también sobre su propia familia; sobre la mirada que recae sobre una mujer cuando quiere dedicarse a la fotografía en un mundo machista, sobre la mirada siempre un poco extranjera que posibilita mirar mejor, sobre la mirada de una porción de lo argentino. Y también sobre los modos en que esa mirada se transmite y constituye mundos, sobre los modos en que la mirada palpa el mundo y, en ese gesto, es palpada, ella misma, por el mundo.

Es psicoanalista y docente de posgrado, magíster en Estudios Literarios por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y autora de los libros "Psicoanálisis: por una erótica contra natura" (2019, IndieLibros), "Y sin embargo, el amor. Elogio de lo incierto" (2020, Paidós), "Un cuerpo al fin" (2022, Paidós), "El sentido del humor" (2024, Paidós) y "El libro del dinero" (2026, Paidós).